El restaurante que lleva su nombre, en Dénia, suma tres estrellas Michelin y figura en las listas de los mejores del mundo
por Cristina Jolonch.
"Este paisaje me da tanto como me quita". Lo dice Quique Dacosta
(Jarandilla de la Vera, 1972), desde la proa de un barco, mientras
contempla el amanecer entre el mar y las nubes. Cuenta que se enamoró
del lugar siendo un adolescente, cuando dejó Extremadura para irse a
vivir con su madre -que lo parió con 14 años- a Dénia. "Al principio
todo me era extraño, hasta la frontera entre lo dulce y lo salado:
recuerdo pedir una pasta en una cafetería y al mojarla en el café con
leche, pensando que era dulce, encontrar que en el líquido flotaban
espinacas y guisantes".
En Dénia decidió cambiar los estudios por
el trabajo en la cocina. "Al principio en la pica, fregando platos. Era
un chaval inquieto. Necesitaba acción". Lo atraparon los fogones mucho
antes de saber lo que era la alta cocina y las estrellas Michelin. "La
primera vez que escuché mencionar la guía no sabía de qué hablaban. Unos
años después me fui de ruta con un amigo por algunos restaurantes
estrellados y dormíamos en el coche porque apenas nos alcanzaba el
dinero para pagar la cuenta del restaurante, si el chef nos hacía buen
precio. En el maletero, una americana que alguien nos había dejado y una
corbata". La única que tenía el que acabaría convirtiéndose en el chef
más presumido y con más trajes en el armario de toda la alta cocina
española.
Hace un par de años vio cumplido su sueño de obtener la
máxima puntuación en la biblia roja de la gastronomía para su
restaurante de Dénia (antes El Poblet, ahora Quique Dacosta, y bajo el
nombre, como un subtítulo, la grafía de los tres macarons). "El paisaje
me aporta una riqueza de producto extraordinaria. No hay nada como la
gamba de Dénia, que toma el mejor alimento en las profundidades y
adquiere una grasa buenísima. Es una joya y por eso me gusta servirla
envuelta en un celofán rojo. Como un regalo. Esta costa es reserva
natural. También es una maravilla la montaña del Montgó, donde hay una
variedad de hierbas inmensa. Más que una despensa es una inspiración".
El
paisaje le da tanto como le quita. "Es difícil que el aficionado a la
gastronomía se escape hasta aquí. Estamos fuera de los circuitos de la
alta cocina. Y no tiene nada que ver tener un tres estrellas en Dénia o
tenerlo en Barcelona, Girona, Madrid o San Sebastián". No le ha faltado
la tentación de hacer las maletas. Pero quiere seguir su carrera de
fondo. La tercera estrella del 2013 no fue la meta, sino parte crucial
del camino.
El cocinero sigue corriendo para llegar aún más
lejos. Quiere ser algún día el mejor chef del planeta. Lo quiere por él y
por su equipo, que se deja la piel. Dacosta corre y corre. Por las
mañanas, temprano, bordeando la costa, de faro a faro. Y corre por la
selva de la alta cocina, exponiéndose a la mordedura de la crítica,
aunque dice -¿será verdad?- que prefiere no leerla para que no le
entorpezca el camino. Y al ataque por sorpresa de los rankings que hoy
te ignoran, mañana te susurran bellas palabras al oído y, cuando menos
lo esperas, muestran la zarpa.
Quique Dacosta se acomoda en la
popa del barco, donde sopla el viento de la mañana. Confiesa que no se
imagina toda la vida con la misma presión. Ha decidido apearse de la
ruta de los congresos por España. "Busco la calma en la vida. Momentos
como este, frente al mar, que a veces busco en mitad de un servicio. Me
voy solo a la playa, bajo la luz de la luna". Está satisfecho con el
trabajo de esta temporada, que se refleja en un menú al que ha puesto el
nombre de Tomorrowland, y muy ilusionado con lo que ya prepara para el
próximo año. No puede desvelar secretos pero sonríe y apunta, nada más,
que la palabra misterio será importante. A través de esos menús
larguísimos, de cerca de cuarenta elaboraciones, asegura que aún tiene
mucho que contar. Nunca se tiene todo. "A pesar de ser un tres
estrellas, hay noches en las que hago ceros. Ni un cliente".
viernes
Joan Roca y Quique Dacosta, estrellas de Mercat de Mercats
Los chefs protagonizan un debate sobre territorialidad y cocina de vanguardia en la última jornada de la cita gastronómica
por Cristina Jolonch:
La carpa del Aula Gastronòmica, situada en la plaza de la Catedral, se ha quedado pequeña para acoger a todos los visitantes que han querido escuchar el debate sobre territorialidad y cocina de vanguardia y ver la complicidad entre dos grandes chefs: Joan Roca y Quique Dacosta, estrellas del último día de Mercat de Mercats. "Cada vez hay más cocinas de autor y no tanto de territorio, pero está claro que cuanto más rico es el entorno de un restaurante más diversidad puede aportar a la cocina" explicó Joan Roca, quien aseguró que en El Celler tratan de redescubrir el paisaje desde todas las vías posibles. “Lo hacemos, por ejemplo, a través del trabajo de un botánico que forma parte del equipo y que ha catalogado hasta trescientas variedades de hierbas y flores comestibles de la zona”.
Se busca, según el reconocido chef, la tipicidad tanto en la cocina como en el paisaje (“Un 60 por ciento aproximadamente de la cocina que hacemos es cocina catalana o de productos de aquí”), pero sin perder la curiosidad por todo aquello que los propios cocineros descubren en sus múltiples viajes. “La gira que realizamos por Lationamérica durante el pasado verano nos ha servido para interesarnos por un montón de ingredientes y para encontrar similitudes entre nuestras culturas y nuestras propias cocinas. El producto fresco viaja mal pero las semillas han viajado siempre. Y nos hemos traído algunas que estamos plantando para que nuestra cocina siga manteniéndose viva y creativa. Es algo que queremos que ocurra sin dejar de seguir las líneas de ese recetario tradicional que nosotros mismos vamos transformando”. Roca habló de esos menús degustación “largos y estrechos”, con múltiples pequeñas elaboraciones de una gran laboriosidad y complejidad técnica. “No es un acto de soberbia, como pueden creer algunos, sino una forma de mostrar nuestro trabajo, nuestra filosofía y nuestro entorno. Y cuanto más cosas del entrono tenga ese menú, más memoria del gusto se llevará consigo el viajero”.
El chef explicó que tanto él y sus hermanos como su colega Quique Dacosta, en Dénia, tienen la suerte de encontrarse en territorios con magnetismo gastronómico. Dacosta explicó que en su caso el territorio es fuente de inspiración y que trata de mostrar a sus clientes, que en su mayoría son extranjeros, los productos y las formas de elaboración de la zona en la que se encuentran. “No podemos olvidar que ellos no tienen los mismos referentes ni la misma memoria gustativa, de la misma manera que para mí es totalmente novedoso, e incluso me parece vanguardia pura, la comida que hace unos días pude probar en un monasterio de Corea, de donde acabo de regresar”. Roca recordó que el visitante quiere saber dónde se encuentra, a pesar de que el cocinero interprete su entorno, y que los chefs de vanguardia se esfuerzan en buscar esas conexiones con el paisaje y los productos cercanos sin perder la curiosidad por productos foráneos ni dejar de lado el juego, parte fundamental en su propuesta. “No queremos renunciar al juego, como no queremos renunciar al inconformismo, la creatividad o la innovación que hacen que la gente quiera desplazarse hasta nuestras casas, a las que ya nadie llega por casualidad”.
Quique Dacosta señaló también el papel de los grandes cocineros en la conservación de las tradiciones, como archiveros del gusto. “Yo he recuperado algunas formas de trabajar los productos, como el secado del pulpo en la cúpula del restaurante, que algunas personas creen que es invención mía cuando en realidad es algo que se ha hecho siempre”. Dacosta explicó también que con productos de su entorno recurren a elaboraciones de otras latitudes, como los cebiches y destacó que los cocineros intervienen de algún modo en el modo de producción, a través de la complicidad con los pequeños productores. “Es algo que ocurre cuando por ejemplo le pedimos que queremos los guisantes muy pequeños”.
Los asistentes preguntaron a los reconocidos chefs sobre su trabajo. Cuestiones como si el conocimiento puede encorsetar la creatividad, curiosidad sobre las intolerancias alimentarias en los grandes restaurantes, que los cocineros explicaron que tienen absolutamente en cuenta, la importancia de la ciencia en su cocina o qué les emociona a genios de los fogones como ellos que viajan y comen en tantos lugares. Mientras Dacosta afirmó que la autenticidad, a veces de la cocina más sencilla al otro extremo del planeta, suele sorprenderlo e inspirarlo a veces incluso más que el trabajo de sus colegas de vanguardia, “en quienes puedo ver un filón pero no puedo copiar”, Joan Roca habló de emoción, pasión y carino. “A mí lo que sigue impresionándome es ver a quienes llevan toda la vida trabajando en la cocina con el mismo cariño y la misma pasión que el primer día. Ver el entusiasmo de Juan Mari Arzak, ver a los padres de Ramon Freixa, que están cocinando en Mercat de Mercats con toda la ilusión o ver ami madre, que sigue al pie del cañón en Can Roca con un ánimo envidiable. Eso me hace pensar que me queda mucho tiempo de seguir disfrutando con este trabajo”.
www.quiquedacosta.es
QUIQUE DACOSTA REGRESA A TOKIO POR LA PUERTA GRANDE
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El chef ofrece en la capital nipona una selección de sus platos más conocidos
No podía faltar su mítico "Bosque animado", que ha servido de inspiración a muchos chefs de todo el mundo.
Un recital a cuatro manos en los que el chef extremeño ha estado acompañado por el japonés Yosuke Suga en la elaboración de un menú ensamblado por la armonía de los vinos.
Se trata del tercer viaje de Dacosta a Japón, un país indispensable en la cultura gastronómica mundial que le ha interesado siembre por lo distinto que es.
"Nuestras cocinas son polos opuestos, el tratamiento que le dan al arroz, al pescado... Me interesa mucho por lo que aprendo. No espero hacer nunca cocina japonesa, pero sí aprender de sus técnicas", explica el cocinero.
La excusa para ir de nuevo a Japón ha sido una cena organizada en el exclusivo Roppongi Club de Tokio por la bodega valenciana Vicente Gandía, que ha tirado de la cocina de vanguardia de Dacosta y Suga para promocionar sus vinos en el país asiático ante 140 importadores, restauradores y críticos.
Todo un reto para un cocinero que solo utiliza ingredientes que se pueden encontrar a 80 kilómetros a la redonda de su restaurante de Dénia, un local que lleva su nombre y que acaba de revalidar sus tres estrellas Michelín.
Dacosta, de 42 años, ido hasta Tokio acompañado de cinco personas de su equipo que le han ayudado a sacar adelante un menú lejos de casa, para el que ha sido necesario "mucho trabajo previo, intercambio de ideas vía email y elegir los productos a distancia".
"El proceso ha sido muy diferente al que normalmente hace un cocinero. En esta ocasión el guion a seguir eran los vinos. A partir de un blanco, un cava o un rosado de Vicente Gandía empezamos a pensar en los platos. A la inversa de lo que suele ocurrir", cuenta entusiasmado.
El cocinero cacereño afincado en la Comunitat Valenciana ha llevado hasta Tokio un gazpacho muy especial, su "Sopa fría de frutos rojos y crustáceos", un plato que creó en 2001 y que ha revisado este año.
No podía faltar su mítico "Bosque animado", que ha servido de inspiración a muchos chefs de todo el mundo desde hace un década y que representa en palabras de Dacosta "un paisaje muy personal de su extremadura natal".
Desde Valencia a Japón ha llegado también el indispensable "Arroz Ceniza" y un "Campo de cítricos" como postre.
Los platos mediterráneos del español se fueron intercalando con los del japonés, discípulo aventajado de Joël Robuchon y afincado en París.
"Me tomo muy en serio la divulgación internacional de nuestra cocina. En 2015 he decidido no hacer congresos en España voy a centrar todos los esfuerzos en el exterior", apunta el cocinero que el año que viene tiene ya un agenda con actividades en 16 países.
"Están pasando cosas súper interesantes en gastronomía por ejemplo en lugares de América Latina como Perú, México y Colombia. Se nota en la formación. Hay cuna, escuelas. Tienen además un potencial de producto, tradición, y está creciendo económicamente", comenta.
En Europa, asegura que el país donde hay mayor actividad de profesionales y clientela es Bélgica, y recuerda que no se puede olvidar Londres, "la ciudad del mundo donde mas tendencias se generan, un lugar que hay que tener en cuenta", y donde él, confiesa, no descarta abrir su próximo local.
www.quiquedacosta.es
Un recital a cuatro manos en los que el chef extremeño ha estado acompañado por el japonés Yosuke Suga en la elaboración de un menú ensamblado por la armonía de los vinos.
Se trata del tercer viaje de Dacosta a Japón, un país indispensable en la cultura gastronómica mundial que le ha interesado siembre por lo distinto que es.
"Nuestras cocinas son polos opuestos, el tratamiento que le dan al arroz, al pescado... Me interesa mucho por lo que aprendo. No espero hacer nunca cocina japonesa, pero sí aprender de sus técnicas", explica el cocinero.
La excusa para ir de nuevo a Japón ha sido una cena organizada en el exclusivo Roppongi Club de Tokio por la bodega valenciana Vicente Gandía, que ha tirado de la cocina de vanguardia de Dacosta y Suga para promocionar sus vinos en el país asiático ante 140 importadores, restauradores y críticos.
Cuatro platos de altura
"He querido servir cuatro platos muy representativos de mi cocina. Es
una oportunidad muy buena para que aquí se conozca lo que hago. He
tratado de traer conceptos, filosofía, hacer nuestra cocina con
productos de aquí", apunta el chef.Todo un reto para un cocinero que solo utiliza ingredientes que se pueden encontrar a 80 kilómetros a la redonda de su restaurante de Dénia, un local que lleva su nombre y que acaba de revalidar sus tres estrellas Michelín.
Dacosta, de 42 años, ido hasta Tokio acompañado de cinco personas de su equipo que le han ayudado a sacar adelante un menú lejos de casa, para el que ha sido necesario "mucho trabajo previo, intercambio de ideas vía email y elegir los productos a distancia".
"El proceso ha sido muy diferente al que normalmente hace un cocinero. En esta ocasión el guion a seguir eran los vinos. A partir de un blanco, un cava o un rosado de Vicente Gandía empezamos a pensar en los platos. A la inversa de lo que suele ocurrir", cuenta entusiasmado.
El cocinero cacereño afincado en la Comunitat Valenciana ha llevado hasta Tokio un gazpacho muy especial, su "Sopa fría de frutos rojos y crustáceos", un plato que creó en 2001 y que ha revisado este año.
No podía faltar su mítico "Bosque animado", que ha servido de inspiración a muchos chefs de todo el mundo desde hace un década y que representa en palabras de Dacosta "un paisaje muy personal de su extremadura natal".
Desde Valencia a Japón ha llegado también el indispensable "Arroz Ceniza" y un "Campo de cítricos" como postre.
Los platos mediterráneos del español se fueron intercalando con los del japonés, discípulo aventajado de Joël Robuchon y afincado en París.
20 países en un año
La cena anoche en Tokio, donde desde el salón se mostraba a través de
pantallas la actividad de la cocina, forma parte de la frenética
actividad internacional de Dacosta, que en el último año ha visitado 20
países."Me tomo muy en serio la divulgación internacional de nuestra cocina. En 2015 he decidido no hacer congresos en España voy a centrar todos los esfuerzos en el exterior", apunta el cocinero que el año que viene tiene ya un agenda con actividades en 16 países.
"Están pasando cosas súper interesantes en gastronomía por ejemplo en lugares de América Latina como Perú, México y Colombia. Se nota en la formación. Hay cuna, escuelas. Tienen además un potencial de producto, tradición, y está creciendo económicamente", comenta.
En Europa, asegura que el país donde hay mayor actividad de profesionales y clientela es Bélgica, y recuerda que no se puede olvidar Londres, "la ciudad del mundo donde mas tendencias se generan, un lugar que hay que tener en cuenta", y donde él, confiesa, no descarta abrir su próximo local.
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