sábado

Critica de Carlos Maribona en su portal "Salsa de Chiles" en ABC

QUIQUE DACOSTA por Mikel Ponce

Quique Dacosta: estrenando la tercera estrella

Publicado por el feb 13, 2013



El miércoles pasado, un mes antes que en años anteriores, abría sus puertas al público. Dos días después pasé por Denia para estrenar la temporada de un nuevo tres estrellas Michelin: QUIQUE DACOSTA. Una temporada que comienza con tanta fuerza como ilusión. Y, sobre todo, con muy buenas sensaciones en la mesa. Cocina sólida que se plasma en un larguísimo menú de altísimo nivel general, sobresaliente casi siempre, a través de medio centenar de pequeños bocados, que recuerda mucho a los de El Bulli en su planteamiento aunque con personalidad propia, con las señas de identidad que han caracterizado siempre a este cocinero afincado en Denia: investigación, creatividad, emoción, sorpresa, producto, sabor. Como diferencia con años anteriores, los platos son más entendibles, están más pegados al suelo. Y el menú, además, es mucho más ligero de lo que era habitual. Muchos toques exóticos que se alternan con los productos de la zona, en una cocina que es a la vez internacional y local. Todo se divide en seis actos para disfrutar al máximo, a la altura de lo que cabe esperar de un tres estrellas, y en el que juegan un papel fundamental Didier Fertilati, ese grandísimo director de sala, y José Antonio Navarrete al frente de la bodega. Dos magníficos profesionales que contribuyen a una experiencia global que está muy por encima de los 165 euros que cuesta el menú degustación (sin iva). Quique Dacosta ya juega, por méritos propios, en la máxima categoría de la gastronomía.


Como ocurría en El Bulli, la primera parte del menú, los snacks (foto superior), se sirven en el pabellón acristalado que hay en el jardín. Allí nos conducen nada más llegar. Todo blanco. Cómodos sofás donde disfrutar de los primeros bocados y de la primera copa de champán. Quique Dacosta nos ofrece una especie de carpeta que contiene un librito que refleja la filosofía de su cocina, un bloc de notas, un lápiz y un sobre con la carta, que en realidad son los dos menús degustación que se ofrecen como única posibilidad: el “Universo local”, que recoge casi todos los clásicos de la casa, con su año de creación, y que cuesta 135 euros, y el de temporada (165 euros), que aún no tiene nombre. Ambos comparten todo el primer acto, los snacks, para luego tomar caminos diferentes. Una vez elegida la opción, empieza el festival con un original gin tonic de manzana que lleva al lado una rosa natural cuyos pétalos interiores son láminas de manzana con aceite de rosas. Primero de los muchos trampantojos que contiene el menú, especialmente en su parte inicial. Aperitivos que se toman con la mano o con la ayuda de unas simples pinzas. Por ejemplo el plato de hojas, frescas unas, secas otras, solas o con algún ingrediente encima: de castaña, de maíz, de manzana, en escabeche… En el centro, a modo de raíces del árbol, unas cortezas de boletus. Una piedra negra rodeada de otras piedras igual de negras, resulta ser una crema de parmesano con trufa. Las otras son auténticas. Siguen la cañaílla, que lleva el caldo de su cocción en la concha; el raim del pastor, una planta del Montgó conocida también como uña de gato que sirven encurtida… y terminamos con lo mejor de toda esta primera parte: una emulsión de ostra servida en su propia cáscara y que se come mojando en ella un alga dulce a modo de pan chino. Espectacular.



El segundo acto son las tapas. Ya en el comedor, en el que se han eliminado los manteles de las mesas (cuestión discutible) y se ampliado el espacio entre unas y otras. La mayoría siguen siendo para comer con la mano. Para no cansarles con todas, les menciono las más destacadas. Empezando por la primera, María (foto superior), que ya pudimos probar en aquella cena de ceviches que Dacosta dio hace unos meses junto a Gastón Acurio en el Astrid y Gastón madrileño. Se trata de un bloody mary sólido que estalla en la boca, con unos tallos de apio al lado. Notable también el “pesto” un saquito de pasta brick relleno de un pesto muy suave. Auténtica delicadeza el “turrón de almendros”, unas flores de almendro con una ligera crema de turrón licuado encima. Un bocado que desgraciadamente no durará mucho, sólo lo que lo hagan las flores en cuestión. Entre lo destacado, también la empanadilla de sepia, en frío, una especie de tartar con tobiko, wasabi y lima. Intensidad de sabor en el ceviche de erizos (foto inferior, con el tarthai de navajas al fondo). Tiene un potente caldo de cilantro. Potencia que tiene continuidad en la “bomba ibérica”, un buñuelo de carne recubierto, a modo de ravioli, con una fina lámina de manita de cerdo. De todas estas tapas, algunas de las cuales estaban en años anteriores, la más floja es la cococha pig pig, otro trampantojo ya que en realidad se trata de jamón al pilpil, excesivamente contundente, demasiada grasa en un menú tan largo.


Antes del tercer acto, Didier nos ofrece la posibilidad de probar otro que estuvo el año pasado y  que ha quedado relegado al menú clásico: la mesa de salazones. Los corta y los emplata ante nuestra mesa. Hay bonito, pulpo seco y mújol, caseros los dos primeros. Se acompañan con cebolletas frescas encurtidas e higo liofilizado en una bolsita. Del tercer acto, tres sobresalientes: la imprescindible y magnífica gamba roja hervida, santo y seña de Dacosta, envuelta como para un regalo (foto inferior), que lleva al lado un “té” (consomé) de gambas y acelgas; la anguila, con sabores ahumados que recuerdan mucho a un plato de Marcos Morán; y el arroz de bacalao, que llega oculto con un velo y que va cambiando de matices y de sabor, desde un potente ahumado al principio hasta un refrescante toque cítrico en la última parte.  Lo más flojo, la ostra con caviar cítrico y granizado de caipirinha, perdida la ostra entre tantos sabores intensos, muy diferente de la del aperitivo.


El cuarto acto, en un proceso muy similar, de nuevo, al de El Bulli, está dedicado a la caza. Se rompe con lo anterior y se apuesta por el clasicismo. El protagonista es un pichón que se sirve en varios y atractivos servicios. El hígado por un lado; la pechuga, en su punto, con germinados (demasiado amargos); el consomé en una copa; y un arroz (foto inferior) de la misma pieza con emulsión de remolacha, puré de hierbas y migas de avellanas. Muy bien el juego en su conjunto, que se remata, para aligerar y cambiar sabores, con un chutney de mango servido en forma de flores.


En los postres, la escarcha de yogur y naranjas sanguinas es un plato con gran técnica detrás, pero le falta la intensidad de sabor de otros elementos del menú. Lo subsanan el pastisset de boniato y el buñuelo de calabaza, que rinden homenaje a la pastelería tradicional valenciana y están muy buenos. Por último, dos nuevos juegos: una falsa rama de canela rellena de chocolate, y una ciruela pasa cuyo hueso se puede comer. El sexto acto vuelve a tener como escenario el pabellón del jardín. Allí se sirven el café y las copas, acompañados por “La caja mágica” (¿les suena?) con diversos macarrons y chocolates, y un árbol de cuyas ramas penden otros bocados dulces.
Los menús se pueden acompañar con vinos seleccionados por Navarrete con un coste añadido de 65 euros en el tradicional y 85 en el degustación. De acuerdo con el propio Navarrete, elegimos como vino base para el menú un champán. En este caso un Jacques Selosse Initial. Un capricho. Al fin y al cabo estrenamos un tres estrellas. Y luego, en algunos platos concretos, nos sirve copas de otros vinos: manzanilla pasada de La Bota 40; riesling Uhlen 2004; borgoña Dugat Py 2007; un tinto de la tierra, Quincha Corral 2006; un dulce también de la tierra, Casta Diva; y para el chocolate final un oporto Nieport 2000. En la terraza, con los cafés, una copita de armañac Dartigalongue 1962. Al fin y al cabo estábamos a pocos minutos, paseando, del hotel.

Este menú abre temporada e incorpora novedades junto a platos del año pasado. Como no pude probarlos entonces para mí han sido una novedad. Si ya los tomaron sepan que en marzo el menú ya será completamente nuevo, y que irá cambiándose bastante a lo largo de la temporada. Sea como sea, el listón está muy alto. Y el disfrute, garantizado.

P. D. Recuerden que estamos en Twitter: @salsadechiles

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domingo

Critica Pedro Garcia Mocholí. 22-03-13

Las 'estrellas' de Quique Dacosta

comedor Quique Dacosta Restaurante, paratan solo 25 comensales

 

22.03.13


Durante las Fallas del 2003, recibí la visita de mi buen amigo y crítico gastronómico Rafa García Santos. Después del consabido recorrido fallero con Mascletá incluida, nos acercamos a tomar un pequeño aperitivo a la taberna Alkázar.
Situados en la barra, nos encontramos con José Rausell. Después de las preceptivas presentaciones, José, con tímida voz nos comentó: «Rafa, el otro día unos amigos fueron a El Poblet -en aquellos años se llamaba así-, y la cocina de Quique, no les convenció». Rafa, le contestó sin inmutarse, «cambia de amigos».
José y yo nos quedamos perplejos debido a la contundencia de la frase.
Yo nunca me hubiera atrevido a contestar con semejante crudeza -lo podría haber pensado-, incluso habría intentado disculpar al cocinero con las manidas frases: «es posible que el cocinero no tuviera el día.»
Pero Rafa, desde un principio vio el potencial que poseía Quique, y no dudó.
En el 2001 lo nombró cocinero del Año, en 'Lo Mejor de la Gastronomía', mucho antes que la Michelin de diera la primera estrella. Un premio que le volvió a otorgar a Quique en el 2005. También se adelantó a la Michelin en la segunda estrella.
Dacosta, desde que se hizo cargo de la cocina de El Poblet, siempre inició una línea creativa y vanguardista en su cocina y, pudiera que fuera su ya legendario cubalibre de foie, el inicio de estas intenciones. Poco a poco fue incrementado su involución con la cocina creativa, partiendo desde su visión personal, propia. Ella se basa en su depurada técnica, y en conocimiento exhausto del producto y de los ingredientes que componen su cocina, y sin los cuales, es difícil de desarrollar. Y a ellos unimos esa madurez que se reclama en otras situaciones, y que el cocinero también debe alcanzar.
Hemos seguido a Quique los últimos años y hemos visto su evolución permanente. Su cocina ganaba en intensidad y gracias a ello, cada nueva temporada nos sorprendía con una veintena de nuevas creaciones.
Nuevas creaciones donde se incrementaba el sabor, el gusto, y donde la estética estaba muy presente, y nacía lo que en alguna ocasión he comentado o denominado como la intelectualidad en la cocina de Quique.
Una intelectualidad que viene refrendada por una época que podríamos definir como arquitectónica y paisajista. Quién no se acuerda de la 'Ostra Guggenheim', del 'Bosque Animado', la 'Roca', el 'Iceberg' o 'La Bruma'. Quique buscaba sensaciones que nos recordara antiguos platos, pero trasladándonos a momentos actuales, en los que las sensaciones se acentuaban y la mayoría nos sorprendían. En marzo del 2011, Quique inició con el menú 'Sale el Sol', una nueva etapa, mucho más vanguardista y creativa que en épocas anteriores, e iniciaba la nueva andadura del restaurante, pues cambió el nombre de El Poblet por el de Quique Dacosta.
En el 2012, Quique siguió manteniendo su compromiso con la creatividad con un menú llamado «El Sabor del Mediterráneo».
Y llegamos a este 2013 con las mismas pretensiones de creatividad y vanguardia pero con una situación especial; la Tercera estrellaestrella Michelin que luce en la puerta.
El menú de este año se denomina 'Sin Título' y en él encontramos sin duda al mejor Dacosta de la historia. La madurez es espléndida, la técnica soberbia, la exigencia que encontramos es incomparable. Y como un ente que todo lo aglutina encontramos el Mediterráneo.
Nuevas sensaciones
Hay producto, ingredientes, creatividad, clasicismo, vanguardia, compromiso y por supuesto intelectualidad. Una intelectualidad que sorprende plato tras plato, detrás de cada bocado, vives sensaciones desconocidas, que mantiene a lo largo de los 50 platos-bocados de los que se compone el menú, y que pasan ante tus ojos, como una flahs back. Seis actos son los que nos ofrece Quique: Sancks, Tapas, Platos, Ave, Postre y La Caja Mágica.
Las primeras sensaciones son refrescantes con el gin tonic de manzana, y los pétalos de rosa. Continuamos con unas líneas vegetales a modo de hojas deshidratas con sabores diferentes: Dubonnet, de maíz, hierbas en escabeche manzana o castaña. La primera genialidad: piedras de parmesano, que recuerda a otro gran clásico de Quique; la trufa blanca del Motgó. La segunda genialidad: alga dulce con emulsión de ostra. Un plato yodado, marino y gustoso, donde encuentras una sensación desconocida; te estás bebiendo el mar, al tiempo que lo saboreas. No se asusten, la mayoría de las tapas no superan los dos bocados. Mantiene varios clásicos anteriores como la cañaílla y el raïm del pastor. Conforme avanza el menú encontramos diferentes líneas de fusión, dulces, amargas o ácidas, pero todas ellas manteniendo sabores delicados, equilibrados, y una situación muy importante; mantiene un ritmo de servicio que respeta todo el rigor y los gustos que los platos necesitan: Helado caliente de patatas a la vainilla, con un ligero matiz de trufa blanca. Tarta de Campari y manzana (cóctel sólido). Empanadilla de sepia, el tiradito de corvina, ceviche de erizos, tarthai de navajas, bocados que evidencian los puntos fusión de su cocina.
Delicadeza
Ecuanimidad y delicadeza en las fresitas, turrón almendros, coca de dacsa o el taco mediterráneo. Y su siempre y apreciado cubalibre de foie.
La potencia gustativa no está exenta. En los últimos platos de este acto la encontramos: kokotxa pig pig-Pan de humo. Papada de pimentón y la bomba ibérica. Pero son platos tratados con delicadeza. No falta la gamba hervida que la acompaña con un te de bledas (acelgas), recordando a un plato de la zona. El punto de cocción de la gamba continua siendo incomparable. Al igual que la anguila, y que cuyas carnes delicadas sorprenden por el sabor que le trasmiten sus propias pieles. O el arroz de bacalao, gustoso y sápido. O el garrofó, donde realiza un guiso con esta leguminosa y que enriquece con un de riñón de cordero. El menú finaliza con el pichón en servicios. Arroz car'narolli' de pinchón, remolacha y avellanas. Hígado-consomé y 'chutney' de mango.
Un menú que se refuerza gracias al equipo que Quique ha diseñado y ha compuesto a lo largo de estos últimos años. Juanfra Valiente en cocina y creatividad. Y en sala a Didier Fertilati, Giovanni Mastromarino. El servicio de vinos de la mano de Juan Antonio es un aliciente más para visitar Dacosta. El nivel de conocimiento y divulgación que trasmite José Antonio, te hace más, amar el vino.
Quique logró la temporada pasada la tercera estrella, y hay que reconocer que para Denia y para la Comunitat Valenciana es todo un éxito esta circunstancia. Son muy pocos los restaurantes en el mundo que puede lucir esta situación, y solo se encuentra a 90 kilómetros de nuestra ciudad.
Esta temporada, hay que reconocer que Quique nos ha hecho disfrutar como en pocos momentos de la cocina. Una sensación que estoy seguro que va a seguir manteniendo año tras año.
¡Ah! Si algún amigo les comenta que la cocina de Dacosta no les convence, cambien de amigo

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