domingo

Critica Pedro Garcia Mocholí. 22-03-13

Las 'estrellas' de Quique Dacosta

comedor Quique Dacosta Restaurante, paratan solo 25 comensales

 

22.03.13


Durante las Fallas del 2003, recibí la visita de mi buen amigo y crítico gastronómico Rafa García Santos. Después del consabido recorrido fallero con Mascletá incluida, nos acercamos a tomar un pequeño aperitivo a la taberna Alkázar.
Situados en la barra, nos encontramos con José Rausell. Después de las preceptivas presentaciones, José, con tímida voz nos comentó: «Rafa, el otro día unos amigos fueron a El Poblet -en aquellos años se llamaba así-, y la cocina de Quique, no les convenció». Rafa, le contestó sin inmutarse, «cambia de amigos».
José y yo nos quedamos perplejos debido a la contundencia de la frase.
Yo nunca me hubiera atrevido a contestar con semejante crudeza -lo podría haber pensado-, incluso habría intentado disculpar al cocinero con las manidas frases: «es posible que el cocinero no tuviera el día.»
Pero Rafa, desde un principio vio el potencial que poseía Quique, y no dudó.
En el 2001 lo nombró cocinero del Año, en 'Lo Mejor de la Gastronomía', mucho antes que la Michelin de diera la primera estrella. Un premio que le volvió a otorgar a Quique en el 2005. También se adelantó a la Michelin en la segunda estrella.
Dacosta, desde que se hizo cargo de la cocina de El Poblet, siempre inició una línea creativa y vanguardista en su cocina y, pudiera que fuera su ya legendario cubalibre de foie, el inicio de estas intenciones. Poco a poco fue incrementado su involución con la cocina creativa, partiendo desde su visión personal, propia. Ella se basa en su depurada técnica, y en conocimiento exhausto del producto y de los ingredientes que componen su cocina, y sin los cuales, es difícil de desarrollar. Y a ellos unimos esa madurez que se reclama en otras situaciones, y que el cocinero también debe alcanzar.
Hemos seguido a Quique los últimos años y hemos visto su evolución permanente. Su cocina ganaba en intensidad y gracias a ello, cada nueva temporada nos sorprendía con una veintena de nuevas creaciones.
Nuevas creaciones donde se incrementaba el sabor, el gusto, y donde la estética estaba muy presente, y nacía lo que en alguna ocasión he comentado o denominado como la intelectualidad en la cocina de Quique.
Una intelectualidad que viene refrendada por una época que podríamos definir como arquitectónica y paisajista. Quién no se acuerda de la 'Ostra Guggenheim', del 'Bosque Animado', la 'Roca', el 'Iceberg' o 'La Bruma'. Quique buscaba sensaciones que nos recordara antiguos platos, pero trasladándonos a momentos actuales, en los que las sensaciones se acentuaban y la mayoría nos sorprendían. En marzo del 2011, Quique inició con el menú 'Sale el Sol', una nueva etapa, mucho más vanguardista y creativa que en épocas anteriores, e iniciaba la nueva andadura del restaurante, pues cambió el nombre de El Poblet por el de Quique Dacosta.
En el 2012, Quique siguió manteniendo su compromiso con la creatividad con un menú llamado «El Sabor del Mediterráneo».
Y llegamos a este 2013 con las mismas pretensiones de creatividad y vanguardia pero con una situación especial; la Tercera estrellaestrella Michelin que luce en la puerta.
El menú de este año se denomina 'Sin Título' y en él encontramos sin duda al mejor Dacosta de la historia. La madurez es espléndida, la técnica soberbia, la exigencia que encontramos es incomparable. Y como un ente que todo lo aglutina encontramos el Mediterráneo.
Nuevas sensaciones
Hay producto, ingredientes, creatividad, clasicismo, vanguardia, compromiso y por supuesto intelectualidad. Una intelectualidad que sorprende plato tras plato, detrás de cada bocado, vives sensaciones desconocidas, que mantiene a lo largo de los 50 platos-bocados de los que se compone el menú, y que pasan ante tus ojos, como una flahs back. Seis actos son los que nos ofrece Quique: Sancks, Tapas, Platos, Ave, Postre y La Caja Mágica.
Las primeras sensaciones son refrescantes con el gin tonic de manzana, y los pétalos de rosa. Continuamos con unas líneas vegetales a modo de hojas deshidratas con sabores diferentes: Dubonnet, de maíz, hierbas en escabeche manzana o castaña. La primera genialidad: piedras de parmesano, que recuerda a otro gran clásico de Quique; la trufa blanca del Motgó. La segunda genialidad: alga dulce con emulsión de ostra. Un plato yodado, marino y gustoso, donde encuentras una sensación desconocida; te estás bebiendo el mar, al tiempo que lo saboreas. No se asusten, la mayoría de las tapas no superan los dos bocados. Mantiene varios clásicos anteriores como la cañaílla y el raïm del pastor. Conforme avanza el menú encontramos diferentes líneas de fusión, dulces, amargas o ácidas, pero todas ellas manteniendo sabores delicados, equilibrados, y una situación muy importante; mantiene un ritmo de servicio que respeta todo el rigor y los gustos que los platos necesitan: Helado caliente de patatas a la vainilla, con un ligero matiz de trufa blanca. Tarta de Campari y manzana (cóctel sólido). Empanadilla de sepia, el tiradito de corvina, ceviche de erizos, tarthai de navajas, bocados que evidencian los puntos fusión de su cocina.
Delicadeza
Ecuanimidad y delicadeza en las fresitas, turrón almendros, coca de dacsa o el taco mediterráneo. Y su siempre y apreciado cubalibre de foie.
La potencia gustativa no está exenta. En los últimos platos de este acto la encontramos: kokotxa pig pig-Pan de humo. Papada de pimentón y la bomba ibérica. Pero son platos tratados con delicadeza. No falta la gamba hervida que la acompaña con un te de bledas (acelgas), recordando a un plato de la zona. El punto de cocción de la gamba continua siendo incomparable. Al igual que la anguila, y que cuyas carnes delicadas sorprenden por el sabor que le trasmiten sus propias pieles. O el arroz de bacalao, gustoso y sápido. O el garrofó, donde realiza un guiso con esta leguminosa y que enriquece con un de riñón de cordero. El menú finaliza con el pichón en servicios. Arroz car'narolli' de pinchón, remolacha y avellanas. Hígado-consomé y 'chutney' de mango.
Un menú que se refuerza gracias al equipo que Quique ha diseñado y ha compuesto a lo largo de estos últimos años. Juanfra Valiente en cocina y creatividad. Y en sala a Didier Fertilati, Giovanni Mastromarino. El servicio de vinos de la mano de Juan Antonio es un aliciente más para visitar Dacosta. El nivel de conocimiento y divulgación que trasmite José Antonio, te hace más, amar el vino.
Quique logró la temporada pasada la tercera estrella, y hay que reconocer que para Denia y para la Comunitat Valenciana es todo un éxito esta circunstancia. Son muy pocos los restaurantes en el mundo que puede lucir esta situación, y solo se encuentra a 90 kilómetros de nuestra ciudad.
Esta temporada, hay que reconocer que Quique nos ha hecho disfrutar como en pocos momentos de la cocina. Una sensación que estoy seguro que va a seguir manteniendo año tras año.
¡Ah! Si algún amigo les comenta que la cocina de Dacosta no les convence, cambien de amigo

www.quiquedacosta.es

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