puntos de partida del 2011 y último menú de la temporada"Sale el Sol"
"Asumamos que hay épocas, líneas,
estilos, corrientes de pensamiento, tendencias o vanguardias que terminan. Pero
eso no quiere decir que no haya otras".
Treinta años
Frente a nuestro mar Mediterráneo
cumplimos 30 años. Mi equipo, mi familia y yo hemos estado trabajando con
ilusión para que este 2011 sea mágico.
Abrimos de nuevo como si de un
espacio nuevo se tratara, donde nuestra única intención es dar de comer y de
vivir, de comer y de soñar, de comer y de sentir, de comer y de emocionar...
Estas paredes, testigos
singulares de grandes historias, llevan haciendo esto 30 años. Sólo 30 años...
Ecosistema. Mis 60 km a la redonda
Si hay un elemento que describe mejor nuestra cocina desde que se abrió esta casa, éste es sin duda el trabajo, identificación e interpretación de los productos de nuestro entorno, de esos maravillosos 60 kilómetros a la redonda: arrozales y albuferas, mediterráneo y montaña, campos de cítricos, de frutales, nuestras huertas, setas y hongos, vegetación marina...
Ecosistema. Mis 60 km a la redonda
Si hay un elemento que describe mejor nuestra cocina desde que se abrió esta casa, éste es sin duda el trabajo, identificación e interpretación de los productos de nuestro entorno, de esos maravillosos 60 kilómetros a la redonda: arrozales y albuferas, mediterráneo y montaña, campos de cítricos, de frutales, nuestras huertas, setas y hongos, vegetación marina...
Denia se encuentra muy cerca de
unos de los puntos geográficos más emblemáticos de España: el Cabo de Sant
Antoni y el Cabo de la Nao, punto de referencia obligada de navegantes y
comerciantes a lo largo de la historia de la civilización occidental. El puerto
romano de Denia (Dianium, en latín) era uno de los lugares claves de Iberia
para el comercio de los caldos producidos en Levante y era, a su vez, punto de
entrada de innumerables productos llegados desde el Mediterráneo Oriental.
El mar forma parte de nuestra
tierra y nuestro milenario puerto sigue siendo su celoso centinela: próximo,
cómplice, fiel, enorme fuente de inspiración y permanente despensa de sabores,
frescura y producto.
El mar y yo hemos firmado un
pacto que aquí descubro. Me he convertido en su discípulo, en su trabajador
infatigable, tratando de descubrir los secretos de su magia para convertir lo
natural en magistral, lo casero en universal, lo cotidiano en extraordinario y
todo, como siempre, desde este rincón, desde este pequeño pueblo que se mece
sobre las aguas del Mediterráneo.
Bajo la atenta mirada de un
Montgó monumental ejercemos nuestro oficio. Este parque natural de 825
hectáreas es nuestra fuente natural de recursos. Es la referencia botánica que
se ha convertido en el epicentro de la cocina vegetal de nuestro restaurante.
La relación entre el Montgó y mi cocina es tan íntima que ésta está marcada por
la temporalidad de las más de sesenta especies y variedades de plantas comestibles
que empleamos en el restaurante. Es un “volcán” cuya lava desemboca en nuestra
cocina y en nuestras mentes.
Tradición. Corazón de toro
En mi restaurante empecé a contextualizar y construir una nueva cocina de la Comunidad Valenciana y española a principios de los años 90; una cocina actualizada con nuevas técnicas, reduciendo los puntos de cocción, aligerando de grasas, sin harinas ni gluten para evitar que la nuestra fuera una cocina pesada.
Desde este espacio gastronómico
que mira al Mediterráneo, se crea, a partir de los productos locales, para
seguir estableciendo un diálogo entre mi tierra y nuestros clientes. Además, de
este modo, mostramos a nuestros amigos que recorren bastantes kilómetros para
visitarnos de qué manera interpretamos dichos productos y cómo evolucionamos en
nuestra manera de entender la cocina.
Mi único compromiso es conmigo
mismo, con la vanguardia, la vanguardia que queremos transmitir a nuestros
comensales, siempre respetando las tradiciones, ya que al conocer la tradición
podemos expresarla, dignificarla y potenciarla. No sólo eso, sino que la
tradición está en la base de cualquier paso que podamos y queramos dar.
La tecnología, así como las
técnicas que aplicamos este año, estarán menos presentes, en apariencia, para
transmitir una cocina con ciertas dosis de rusticidad y humanidad.
Tengo una gran sensibilidad con
los animales, especialmente con los que están en vía de extinción, tanto que
este año 2011 he dejado sistemáticamente de trabajar con ciertas especies como
muestra de repulsa a su captura indiscriminada.
Me propongo seguir observando e
incluso agitando nuestro particular reloj de arena, para marcar los tiempos...
En el pasado está la evolución, la tradición. En el presente el estudio,
análisis y la reflexión. En el futuro estará nuestro presente, lo que hoy es
vanguardia.
Cinco pensamientos
elSegundo
emocionar y emocionarnos con lo que hacemos
emocionar y emocionarnos con lo que hacemos
elTercero
crear un universo plagado de destellos intimistas a través de los cuales nos expresamos
crear un universo plagado de destellos intimistas a través de los cuales nos expresamos
elCuarto
ser serios, cautos, respetuosos con nosotros mismos, con la cocina, con nuestros colegas y, sobre todo, con los clientes
ser serios, cautos, respetuosos con nosotros mismos, con la cocina, con nuestros colegas y, sobre todo, con los clientes
elQuinto
la vanguardia me acompañará siempre. mi equipo y yo tenemos un comprimiso en ella.
la vanguardia me acompañará siempre. mi equipo y yo tenemos un comprimiso en ella.
estética y naturaleza
La expresión artística de la
cocina es también una vía de sensibilización y la empleamos como método de
transmisión emocional. Por lo tanto, si lo que pretendo es sensibilizar a los
clientes con nuestra manera de cocinar, la expresividad artística es también
una herramienta que nosotros, de una manera innata, potenciamos. Nos dejamos
llevar por esa expresión y vía de inspiración.
La escenografía de los platos y
las maneras de servirlos en la sala son una prolongación de cómo entiendo la
cocina. Es la cadena final de transmisión de sentimientos, desde la cocina
hasta el comensal. Esta estética y escenografía humaniza una propuesta
personal, personalísima.
Por cierto, ¿recordáis la década
de los 90? ¿El efecto 2000? De niños veíamos el año 2000 como el año de los
extraterrestres, de los coches que volaban, de marcianos e invasión del
universo... Nuestra segunda residencia estaría en Marte y nos íbamos a
alimentar de pastillas.
Afortunadamente nada de todo eso
pasó y nuestra generación se ha replanteado lo que queremos en el futuro.
Queremos arreglar, cuidar, mimar
esta Tierra que tan dañada está. Queremos y debemos cocinar productos frescos,
cultivados por nuestras gentes; silvestres, salvajes o de granjas biológicas.
Creemos en la sostenibilidad y en un mundo orgánico.
Heredamos nuestra cultura como un
legado a respetar y a enriquecer. Creemos en el conocimiento y en el trabajo,
así como en la intelectualización de las personas, para tener argumentos que
sustenten estas teorías. Vivimos en este mundo, tenemos un compromiso con él.
Familia, mi equipo
Este restaurante no soy yo
únicamente. Esta casa es la suma de una cantidad infinita de historias
personales, de carreras profesionales intachables. El día a día es siempre
imprevisible. Cada servicio es diferente al anterior y al posterior. Y todo lo
que acontece en este lugar se debe gracias a Juanfra Valiente, Ricard Tobella en cocina y los equipos que dirigen , a Didier Fertilati, José Antonio Navarrete y
Giovanni Mastromarino en sala y el equipo que dirigen, y a Rut Mud.
Ellos y las personas que están a
su cargo son mi equipo e indudablemente forman ya parte de mi familia. Son
personas que siempre acompañarán la historia de este restaurante.
www.quiquedacosta.es


