sábado

Semana Santa 2012 en "Quique Dacosta Restaurante" imagenes.

amanece en nuestra playa. Las Marinas km 3.
Vista del Montgó, desde la pradera tras nuestro restaurante
fachada Sur del Restaurante

Nuestro mercado. Tan bueno como el mejor.

 
Un universo infinito. La huerta de esta tierra es unica.
Aguacates, piel de sapo
que se terminan.

anti todo.
Nuestras manzanas. Multitud de variedades.
a la menta?
una nueva tapa de esta semana Santa.
EL Capo. Jefe de Cocina de Quique Dacosta Restaurante, secando pulpo.
Imagen primaveral en nuestra Cocina. Flores de Ajo, silvestres del Montgó.
Abriendo Ostras para el servicio.
Lomos de caballa

Ventresca de Caballa.
salmonetes.
caracoles y sus huevas
Suquet.
Gambas Rojas y Hervidas en agua de Mar.
Ultimando la cena de historicos de este mes en Vuelve Carolina, maridado por Manuela Romeralo
"la Bruma" en el menú Universo Local, de Historicos y Clásicos.
el campanario a media tarde.
entre servicio y servicio, un momento para jugar con mis hijos. Figuritas de plastilina
lubina al horno, para cenar Noa.


Un paseo por la Rotas al anochecer.
con Citricos.



un atmosfera unica.
Que bien se vé.


www.quiquedacosta.es

Quique Dacosta


lunes

"Quique Dacosta Restaurante" por Jose Carlos Capel.

El mago de las 48 tapas

30 marzo 2012 

por: JOSÉ CARLOS CAPEL

EL SABOR DEL MEDITERRÁNEO
 
QUIQUE DACOSTA estrena en su restaurante de Dénia un menú de temporada lleno de color y trampantojos divertidos
Con el mismo entusiasmo de años anteriores, Quique Dacosta ha iniciado su nueva temporada primavera-verano 2012 rodeado de expectativas. Justo las que corresponden a un cocinero de su talento capaz de armonizar técnica y libertad creativa con una línea de pensamiento. Tras la retirada de Ferran Adrià, los platos que surgen de ese cuerpo de élite en el que milita Dacosta poseen, si cabe, más trascendencia que nunca. ¿Hacia dónde se encamina la alta cocina? ¿Tiene sentido continuar aludiendo a la vanguardia? "No esperéis más revoluciones", aseguró el propio Adrià no hace muchos meses. ¿A cuento de qué, entonces, ese miedo enfermizo que demuestran algunos a que otro cocinero español o europeo arrebate a Adrià la condición de genio que nadie le discute?

Plato Cerezo en flor del restaurante de Quique Dacosta en Dénia- PELUT i PELAT

QUIQUE DACOSTA Restaurante

Carretera de Las Marinas, kilómetro 3, esquina con Rasacassa, 1.  
Dénia (Comunidad Valenciana).  
Coordenadas GPS  38º51`13.50``N 0º05´06.50´´E Elev. 17 pie(s)
Teléfono: 965 78 41 79.  
Web: www.quiquedacosta.es.  
email: quiquedacosta@quiquedacosta.es
Abierto: del 1 de Marzo al 4 de Noviembre 2012
Cierra:  lunes y martes.
Precios: entre 150 y 200 euros por persona.
Menú Universo Local, 120 euros.
Menú El Sabor del Mediterráneo, 150.

Entrada desde los semilleros del Restaurante.

Si las vanguardias artísticas presuponen una anticipación a su tiempo, en el ámbito de la tecnococina hemos entrado -no se sabe por cuánto tiempo- en un periodo de apacible estancamiento. Las técnicas se dan por sabidas y las escasas aportaciones que se realizan llegan con cuentagotas. Es lógico que la nueva creatividad se fundamente en el empleo de productos inéditos, en despensas de rango vegetal de proximidad rabiosa o en alimentos de procedencia lejana resultado de una globalización imparable.
Esta edición, a lo largo de su extenuante menú -El Sabor del Mediterráneo- compuesto por 48 tapas, Dacosta rinde homenaje a las larguísimas degustaciones de elBulli en Cala Montjoy. Exhibición de envergadura en la que se manifiesta conceptualmente tranquilo, menos rebelde y provocador que en otras ocasiones. Bocado tras bocado, superpone esencias y tendencias de años pretéritos a algunas ideas novedosas. Se aferra con razón a sus viejos iconos como las gambas rojas de Dénia, y recupera algunos de sus clásicos, tipo el delicioso cubalibre de foie-gras. Mantiene platos ya presentados en 2011, del estilo de la suculenta ventresca de caballa sobre una hoja con sabor a wasabi (rompepiedra), y las cebolletas encurtidas, y no se olvida de la mesa de salazones (maruca, bonito, pulpo seco y huevas de mújol), pescados que se trocean a la vista.
No menos evocadores resultan sus siete servicios del pichón (fantástica la pechuga con germinados, así como la coca de Dacsa), degustación fraccionada del ave que recuerda la liebre en varias secuencias de Adrià (2010).

Tartufo Bianca del Montgó.

 

Técnica portentosa

Algo innegable es que Dacosta ha vuelto a recuperar el contundente sentido cromático de sus composiciones. Peculiaridad que queda de manifiesto en todos los trampantojos (play-food), una de sus armas favoritas. Son deliciosos los falsos pimientos del piquillo que elabora con sandía; delicadísimas las cocochas de jamón al pilpil, sin un ápice de pescado, y aceptable la horchata y trufas, que recuerda las chufas al foie-gras del año pasado. Lo mismo que sus nidos de golondrina. En todos los casos, composiciones de técnica portentosa. Magnífica su versión del bloody mary (María), revolucionario el plato de anguila, soberbia la tartita salada de manzana Campari, exquisitos la concha de erizos y el té de gambas con bleda (acelga), y divertido el Cocohuete Margarita (coco y cacahuetes). Entre los postres destaca el pastisset de boniato. En la sala, Didier Fertilatti y el sumiller José Antonio Navarrete elevan el nivel a cotas infrecuentes.
Didier Fertilati, Jose Antonio Navarrete y Giovanni Mastromarino.


Trailer un día en "Quique Dacosta Restaurante"
 http://elviajero.elpais.com/
http://elviajero.elpais.com/articulo/buena/vida/mago/48/tapas/elpviabue/20120330elpvialbv_2/Tes

www.quiquedacosta.es

viernes

Lluis Ruiz. Gastronostrum

Quique Dacosta Restaurante, al relevo de El Bulli


Las expectativas despertadas el año pasado en torno a la refundación de Quique Dacosta Restaurante —en lo empresarial y en lo gastronómico— se concretaron en un menú titulado Sale el Sol, que resultaba impactante pese a cierta falta de calado en platos concretos. Las carencias se han superado notablemente en 2012. El Sabor del Mediterráneo —¿es una mera coincidencia que el menú de 2012 se llame igual que el primer libro de Ferran Adrià?— resulta tan sugerente en su mecánica —48 platos-pases-bocados— como el de 2011 y, encima, la mayoría de ellos resultan sobresalientes. Además, la intención de ofrecer algo tan sólido como novedoso se pone de manifiesto en la puesta en escena. Es tan exquisita como siempre y más amena que nunca, con una clara intención de ofrecerles a los incondicionales del estilo Bulli lo que ya no encuentran en Cala Montjoi.
La cocina de Ferran Adrià —considerada “tecnoemocional” por sus teóricos, que incluyen en la tendencia a Quique Dacosta— reivindica el menú degustación como su única forma de expresión pertinente. El año pasado, el chef de Dénia profundizó en ese sentido al darle un valor de mensaje único, de discurso que no procedía descomponer en platos a la hora de interpretarlo: para comprenderlo, había que entender el menú Sale el Sol como un todo indivisible, no como una suma de pases. El nuevo menú de Quique Dacosta era algo así como una novela: no una recopilación de palabras-productos, ni siquiera de frases-platos, sino una manera determinada de ordenarlos y de relacionarlos entre ellos y con su contexto.

TODA UNA EXPERIENCIA

Aunque “chufas” o “tomate” —en versiones mejoradas— reaparecen entre las propuestas de este año y “qué fue primero” o “corazón de toro” perviven en nuevas interpretaciones del mismo concepto —”nido de golondrina” y “corazón de vaca”—, la revelación de 2011 no fue ninguno de los platos, sino ese concepto de menú, unívoco e indisoluble, con un ritmo acompasado e impactante que transmite sensaciones difíciles de explicar apelando a los detalles de cada pase. Probablemente, el secreto está en una sucesión continua y prolongada de pequeños impactos —30 en 2011, 48 en 2012—, cada uno de los cuales le llega al comensal cuando todavía no se ha repuesto del anterior. El análisis de su contenido queda en segundo plano para dar prioridad a las sensaciones.

Así, se lleva a sus últimas consecuencias otra máxima tecnoemocional y bulliniana: no se va a un gran restaurante a comer, sino a vivir una experiencia en torno a la comida. La experiencia, eminentemente lúdica, está hecha de sensaciones, es unívoca y lineal, forma un todo indivisible. Es un discurso con un significado propio para el que resultan determinantes el ritmo, la puesta en escena o las sensaciones que todo ello produce.
El Sabor del Mediterráneo es tan efectista, virtuoso, impactante, innovador, vanguardista y hermoso como el de 2011. Y, además, sus platos resultan redondos: el queso ahumado frito, la panceta adobada, la papada al pimentón, las cocochas de jamón, la anguila, el corazón de vaca o los siete servicios del pichón, incluyendo un memorable arroz con pichón, regaliz y naranja. La otra propuesta de Quique Dacosta para este año, el menú Universo Local, incluye clásicos como el “cubalibre de foie”, la “bruma” o el “arroz senia con cenizas”.
Universo Local cuesta 120 euros y El Sabor del Mediterráneo, 150. El impecable maridaje de vinos —José A Navarrete va adecuando su exuberante manera de ejercer la sumillería a un estilo más ‘foodie’— cuesta 50 y 70, respectivamente. Los precios no incluyen el 8% de IVA, con lo que la “experiencia” al completo sale a 243,20 euros por barba. Según Quique, es lo que viene a costar un día de fútbol en Mestalla con desplazamiento y comida o cena.

 

 QUE SEA DIVERTIDO

 
Otro rasgo del menú de este año, anecdótico quizá, son las alusiones al recetario autóctono, eje de la temprana etapa neotradicional del chef, que habían perdido relevancia: la gamba amb bleda, el allipebre, la coca de dacsa, los fartons, el pastisset de moniato, el buñuelo de calabaza o el arrop i talladetes. Perviven del año pasado algunas especialidades atávicas como el “raïm de pastor” —preparado en salmuera a la manera tradicional— y los salazones que sirven Didier Fertillatti o Giovanni Mastromarino desde una mesa como las de los quesos de la restauración clásica. Es el perfecto exponente de una puesta en escena tan amena e iconoclasta —fundamentalmente, divertida— como rigurosa y exquisita, y que eleva al rango de gastronomía vanguardista esas especialidades tan arraigadas: algo así como lo que ha hecho René Redzepi en el Noma de Copenhague con algunos endemismos de la despensa danesa.
En suma, la nueva fórmula ha madurado notablemente en esta segunda edición. La renuncia a la expansión de Daco&Co —los exitosos gastrobares de Valencia y El Altet, que nacieron con la vocación expresa de consolidar una marca exportable a otros lugares de España y de Europa— le ha permitido a Quique Dacosta centrarse en su restaurante de Dénia y el resultado ha sido brillante. La fórmula era talentosa y la intención estaba clara. Solo le faltaba rodaje y ya empieza a tenerlo.

El chef se proponía reinventar la cocina de vanguardia y hay que tomárselo muy en serio. Ya lo había anunciado el año pasado: ”Si hay vanguardias que terminan, también hay otras que comienzan”. Su apuesta por una fórmula más bulliniana que nunca, con la vocación explícita de hacer de la visita al restaurante una experiencia, ante todo, divertida —según la máxima de Juli Soler como ideólogo de El Bulli— no puede ocultar sus intenciones. La era adrática ha terminado y Quique Dacosta toma posiciones para recoger el testigo con una propuesta renovadamente bulliniana.

TEXTO: LLUÍS RUIZ SOLER
FOTOS: LARS TER MEULEN y GASTRONOSTRUM









domingo

HORCHATA Y CHUFOIES


CREMA DE HORCHATA CODIDA Y FRÍA, CON CHUFAS DE FOIE GRAS UNTUOSAS AL JUGO DE TRUFA NEGRA
                        
RECETA:
Horchata Chufoies 2011/12:
Para la crema de foie gras y trufa:
800 gr de foie gras,
150 de nata cocina 27%,
200 gr de jugo de trufa negra.
100 de agua,
sal,
pimienta negra,
arrope
Trocear el foie gras y meter en thermomix, hervir la nata mezclada con el agua y añadir al foie gras nada más hervir a la termomix. Triturar y poner a punto con el resto de ingredientes añadiéndolos suavemente en la misma termomix.
Tamizar y meter en mangas pasteleras, enfriar y reposar en cámara un mínimo de 4 horas.
Para las chufoies:
Crema de foie gras y trufas, manteca de cacao, color cacao para lamanteca.
Escudillar la crema de foie y trufa sobre una bandeja sobre hielos y plástico teflonado dándole forma de pequeñas chufas. Congelar rápidamente.
Fundir la manteca hasta 70º y disolver el color cacao, primero en una pequeña(20%) parte de la manteca y luego añadir al resto(80%).
Una vez congeladas las chufoies pinchar con una brocheta por la parte plana y bañar en la manteca de cacao. Es muy importante que la manteca este entre 25º y 30º.
Cuando terminemos de bañar las chufoies tamizar la manteca .
Para la chufa hidratada:
Lavar las chufas hasta que el agua salga transparente.
Selección de chufas en salmuera a 17º Baume:
174,04 gramos de sal y 825,96 gramos de agua mineral a 15º centigrados.
Elaborar esta salmuera y meter junto con las chufas en un cubo alto, las chufas que floten se desechan.
Volver a lavar las chufas en abundante agua concienzudamente, esta vez para eliminar toda la sal.
Hidratar en abundante agua durante dos días en cuatro aguas diferentes y lavando sobre colador cada vez que cambiemos el agua.
Para la horchata cocida:
600 de chufa hidratada,
900 gramos. de agua mineral.
110 gramos jugo de trufa negra.
5 gramos de sal y 12’5 gr azúcar.
Triturar en thermomix la chufa y el agua mineral a máxima potencia sin calor durante 3 min ,y a velocidad 6 y 78º durante 12 minutos mas, pasamos por chino fino apretando con cacillo  y cuando enfríe un poco por superbag limpísima apretando con ayuda de unos guantes, ponemos el punto de sal y azúcar con la ayuda de una varilla.
Además:
Laminas de chufa hidratada (3 laminas gruesas por plato).
Emplatado:
Disponer tres cucharadas soperas en el centro del plato, repartir 5 chufoies por plato y 3 laminas finísimas de chufa hidratada.

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sábado

S Moda, Revista.

Fina Puigdevall, ideas en erupción

Avalada por dos estrellas Michelin, su cocina de terruño es reivindicativa y respetuosa. A pocos kilómetros de su restaurante, Les Cols, aguarda una casa repleta de armarios de hierro, material que domina su íntimo hábitat.

Fina Puigdevall
Fina, con traje de Hugo Boss, camisa de Ramón Ramis y zapatillas All Star. El collar es de IKKS. Así vistió el día que le dieron la segunda estrella Michelin a su restaurante, Les Cols.
Foto: Pere Peris
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Hace 22 años inauguró el restaurante Les Cols, en Olot (Girona), tierra de volcanes, en un ala de la antigua residencia familiar, una tradicional casa pairal catalana rodeada de campos de labranza. Su trabajo es una forma de vivir, de amar y de ser. «Mi profesión y mi vida siempre han ido de la mano, si no, no podría hacer lo que hago y, seguramente, no habría esa comunión tan íntima entre mi obra y mi persona. En general, noto que tiendo a simplificar y que cada vez necesito menos cosas», nos dice. Se percibe en su vestuario. Suele vestir vaqueros, «un clásico»; camisetas ajustadas, muchas de ellas con el color y el estampado alterado por el paso de tiempo, «valoro esa pátina del uso»; camisas de Ramón Ramis, «un buen amigo que ha diseñado también el vestuario del personal del restaurante»; y chaquetas y vestidos coloristas de Custo. «Me encanta, quizá porque ofrece un punto de distensión a mi sobriedad habitual», comenta rotunda.
Le cuesta deshacerse de las cosas. Las prendas antiguas vuelven una y otra vez a sus cajas o escalan una situación de privilegio en el armario. «Recupero artículos que hace tiempo que no me pongo. ¡Mira esta chaqueta! Los topos eran de terciopelo, pero el relieve ha desaparecido. ¡Es genial!», cuenta divertida.
Hija de familia numerosa –tres chicas y dos chicos–, su madre siempre estuvo pendiente de vestirlos a la última. «Era ella quien nos hacía la ropa. Utilizaba los patrones de la revista Burda». Asegura recordar hasta los colores de las prendas. «Mi vestuario solía ser rojo o azul marino; el de mi hermana, con la que me llevo nueve meses, verde». Hoy en su vestidor predomina el negro con algún respiro blanco. «¡Es un dúo cromático que me gusta hasta para escoger las películas de cine que quiero ver!», comenta.
A la búsqueda de lo esencial. Sus botas moteras y su flequillo, que un día fue punk, descubren un alma rockera. Siempre al filo de la radicalidad, entiende que no hay nada más transgresor y universal que lo local. «En mi cocina hay una vuelta al origen, a los alimentos primarios, a los productos que han estado apunto de desaparecer, como el alforfón, un cereal que se ha recuperado y que aparecía a menudo en los paisajes pintados por los famosos artistas de la Escuela de Olot».
Llega al restaurante la primera, sobre las 10 de la mañana. Antes recoge unos 10 litros de leche de una granja vecina y algunos quesos. «Tenemos nuestros propios proveedores de setas, cazadores y productores de cereales… Como de todo, pero desde que mi hija Martina tuvo un conejo no puedo catarlo, tampoco la liebre», confiesa. Las verduras suelen ser de su propio huerto o del que está plantado junto al restaurante, el mismo que le acompañó en su infancia. Calçot en tempura de carbón, huevo de gallinero escalibado con mayonesa y atún o cordero con leche de oveja y tomillo, por ejemplo, son tres sorpresas autóctonas tamizadas por el saber hacer característico de Fina Puigdevall.
Su fuerza creativa exigía un cambio arquitectónico en Les Cols que llegó hace 10 años y que ha recopilado el premio FAD de la Opinión 2003, el premio arquitectura Girona 2003 y el premio Contractworld.award 2005. Una potencia estilística que reconcilia lo que se ve con lo que se come y con lo que se siente, porque los frutos y los animales se funden en el entorno y forman parte del paisaje habitual.
El singular equipo arquitectónico RCR firma la obra del restaurante y también la de su casa, estrenada hace apenas cinco años. Formada por unos cubos de hierro y cristal, la propuesta del estudio fue arriesgada, pero se produjo un flechazo y acuerdo inmediato. Fina no quería muebles. «Me encanta sentarme en el suelo y utilizar el sofá como respaldo», asegura. Así, no hubo concesiones y todo el mobiliario se realizó en hierro como una prolongación de la propia arquitectura.
Cuando vuelve a casa se prepara un café, escucha a Camarón o a Maria Bethânia, se sienta en el mueble de la cocina y mira hacia la ermita de Sant Martí. «Admiro la contención y el refinamiento de Japón», afirma, «El libro del té o El elogio de la sombra son libros que suelo llevar conmigo y que releo una y otra vez».
Los armarios de hierro que la rodean encierran el vestidor, el menaje, los juguetes de sus hijas, los libros de ensayo, literatura, cocina, arte… «En nuestros viajes compramos muchos. La cultura y la gastronomía, y también la moda, van unidos», comenta mientras nos muestra un vestido de Custo, en blanco y negro. «Lo compré porque el estampado me recordaba a Palazuelo», explica al ojear un monográfico del artista.
Fina Puigdevall
En la pared de su dormitorio, vestido de Custo y botines de Calvin Klein. "A pesar de no ser habituales en mi vestuario, me encanta ir con tacones y sé llevarlos", afirma Fina.
Foto: Pere Peris
Fina Puigdevall
Su biblioteca gastronómica, fundamentalmente nacional, está bien nutrida.
TIENE DOS LIBROS NUESTROA A LA VISTA, QUE SON "MÁS ALLÁ DE LOS SABORES" Y "ARROCES CONTEMPORÁNEOS". GRACIAS FINA, QUE EN EL OTRO ESTANTE DE LOS 10 O 12 QUE TIENE, GUARDA TAMBIEN MI LIBRO WEB, "QUIQUEDACOSTA.COM"
Foto: Pere Peris
Fina Puigdevall
El comedor tiene salida al exterior y se prolonga hacia el huerto y el gallinero. La mesa de hierro discurre por todo el espacio.
Foto: Pere Peris
Fina Puigdevall
Fina Puigdevall: "Sentarme en la cocina de casa y mirar las vistas, mientras tomo un café, me relaja mucho".
Foto: Pere Peris
Fina Puigdevall
A Fina le gusta utilizar las vajillas antiguas de la familia, como la que se ve en primer término guardada en el armario de hierro.
Foto: Pere Peris
Fina Puigdevall
El vestidor con su fetiche, una cazadora motera.
 http://smoda.elpais.com/
 http://smoda.elpais.com/articulos/fina-puigdevall-ideas-en-erupcion/1253

http://www.lescols.com/

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Foto: Pere Peris