#CódigoAbierto. Proponer no es obligar. El debate está servido
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| el Bosque animado 2003. Inspiración en paisajes Naturales. |
El 8 de abril fui invitado a
participar como conferenciante en los 10 Años de Diseño Comunitario, organizado
por la OAMI (Oficina de Armonización del Mercado Interior).
He de decir que hasta ese momento no
sabía ni la diferencia entre una patente, el copy right y un registro. De
repente me vi envuelto en un tema en el que antes apenas me había parado a
pensar: el registro de mis creaciones.
Me fue fácil saber cuál iba a ser mi
discurso: nunca he registrado un plato, no pienso hacerlo en el futuro. Creo
firmemente en la divulgación en la cocina y esto es fácil de entender. Todas
las técnicas aprendidas, todos los platos que me han inspirado, todas las
recetas que he interpretado desde mis comienzos han llegado a mi a través de
los libros, congresos, experiencias compartidas con otros colegas, en fin, una
simple y aceptada por todos DIVULGACIÓN.
El encontrarme en Londres con alguna
de mis creaciones es, como bien dice mi amigo Alberto Chicote, motivo de
orgullo y es una prueba de las dimensiones que alcanza dicha divulgación.
Sin embargo, el problema que se me
plantea va más allá del ámbito profesional, del de colegas que se admiran y
respetan mutuamente, de los que se aprende a diario. No, el problema puede
llegar en el momento en que una gran industria alimenticia (multinacional o
como quiera llamarse) entra en juego y pueda comercializar en masa una de
nuestras creaciones. Es ahí donde me pregunto ¿qué posición debemos tomar?
| Samonete Marck Rotkho. Inspiración en arte. |
No pretendo que se patente la paella
-como mal me ha interpretado algún periodista- no lo pienso, ni lo pretendo, ni
me gustaría. Recetas como la tortilla de patatas, el cocido, el arroz a banda,
etc., hacen parte del recetario popular y ni se sabe quién fue su creador en su
día.
Yo hablo de creaciones particulares
de la cocina de autor que, por su singularidad, pueden ser objeto de
comercialización no autorizada por parte de grandes compañías.
Llegados a éste punto, qué debemos
hacer? Yo tengo muy claro que en el plano profesional voy a seguir defendiendo
un #CódigoAbierto en la cocina, apostando por la divulgación a través de
publicaciones, congresos y la formación que doy a todos los que pasan por mi
restaurante. Pero, y a nivel empresarial, ¿Qué debemos hacer?
www.quiquedacosta.es
elPaís.
Cubalibre de ‘foie-gras’, marca registrada
Proteger el empleo
El diseño comunitario es un arma imprescindible para luchar contra las copias en la Unión Europea: con su solicitud, una marca obtiene un derecho protegible en 27 países. Hasta 2003, año en que se puso en marcha, Luis Chico de Guzmán, presidente de Hispanitas, vivía acosado por la piratería. “Llegábamos a una ciudad y al poco encontrábamos copias de nuestros zapatos un 40% más baratas. Actuaban con total impunidad”, cuenta el empresario, quien nunca creyó que el diseño fuera a protegerle. Hoy Hispanitas está en lo más alto del ranking de registros de diseños. “Con una copia de tu zapato y un tique de compra, en España consigues que en dos días se intervenga una tienda. Hemos conseguido hasta operaciones simultáneas en Madrid, Valencia y Barcelona; y en el Ifema se llegaron a incautar hasta 50 zapatos copiados. En Alemania, una empresa nos copió un modelo”. Abogados mediante, enseguida se avinieron a negociar y retirar el zapato, cuenta Chico de Guzmán.El registro comunitario es también un espejo de la apuesta de parte del empresariado español por la calidad. Hispanitas es la tercera empresa de una familia que como muchas zapateras españolas encontró inspiración en el calzado italiano hasta los ochenta. A partir de ahí, se decidió a crear un diseño para un consumo de calidad sin descentralizar la producción. Hoy desde la localidad de Petrer (Alicante, 34.000 habitantes) exportan a 40 mercados distinos. Generan casi 600 puestos de trabajo directos en 13 empresas de la zona y 2.500 indirectos. “Hay que proteger la calidad”, sostiene Chico de Guzmán. “Las falsificaciones destruyen empleo”.
Patricia García Escudero, directora general de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), no entiende que marcas “preciosísimas” como el helado o el cubalibre de Dacosta no hayan sido registradas aún. “Si tienes un plato que perdurará en el tiempo, regístralo. Primero, el diseño del plato, su estética; luego, la marca y el proceso industrial, si es nuevo. Se puede hasta patentar un instrumento que hayas usado para conseguir una nueva textura. El monopolio del helado caliente sería suyo por 20 años. Es un alimento nuevo, no existía, como la nueva textura de café que patentó Ferran Adrià y creó para Lavazza. Son activos intangibles de una empresa y hay que protegerlos”.
Precisamente, el cocinero Ferran Adrià, como pionero que fue en muchas cosas, ya registró en 1996, en la OEPM, Pequeñas Locuras, una vajilla que imita las formas de la papiroflexia ideada por jóvenes diseñadores barceloneses. Los ejemplos se han ido sucediendo desde entonces: las vajillas del restaurante Mugaritz; los diseños de Ana Bendicho, del Estudio Novo; piezas de pastelería como la trenza de Almudévar; elementos de embalaje como los bombones Quesicos de La Mancha; cuberterías, cristalerías... Solo en torno al chocolate hay 700 registros de diseños, y los expertos piden a los chefs que avancen desde el punto de vista del alimento.
No se trata de registrar algo como la paella, de la que nadie conoce la receta original. O la tortilla española, de la que solo sabemos que tiene menos de 500 años —cuando llegaron las patatas de América— y cuya invención, según la leyenda, fue obra de un general hambriento en plena guerra carlista. ¿Quién sabe quién inventó la textura del flan? Si alguien hubiera registrado el hojaldre se hubiera enriquecido. El fenómeno de la cocina no es de ahora, pero “es muy nuevo y complejo”, explica el experto en derecho de propiedad intelectual e industrial y catedrático de Derecho Mercantil José Manuel Otero. “El derecho siempre va detrás de la vida. Posiblemente no tenga una fórmula satisfactoria para todos los aspectos (como el registro de una receta, por ejemplo), pero la realidad es que tenemos una magnífica pléyade de maestros que no solamente cocinan deliciosamente y tienen unos platos que les caracterizan y se pueden registrar por dos razones: una, reconocer la autoría, y dos, evitar que una cadena industrial fusile un diseño. ¿Por qué no se va a poder sacar provecho de ello?”. En las oficinas de patentes y marcas lo tienen claro: también se come por lo ojos. Y eso debería costar. El debate está abierto.
http://economia.elpais.com/economia/2013/04/19/actualidad/1366384294_659809.html



















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