Unas
gotas de Tennessee Whiskey y Fever Tree Ginger Ale sobre un lecho de
foie es la fórmula culinaria que ideó el genial Quique Dacosta para
crear el cóctel comestible que entonó la reciente presentación de la
botella Old nº 7 de Jack Daniel’s.
La vanguardia no es rentable
¿Sabemos vendernos?, pregunto; «¿Y saben comprarnos?» contesta Dacosta. «Me gustaría hablar con cualquier empresario interesado. Por nuestras cocinas pasan jóvenes con talento que no encuentran un lugar para desarrollar lo que han aprendido. Una cosa es que el modelo de alta cocina de vanguardia no sea rentable, pero ese es nuestro problema, porque buscamos la excelencia, y otra, muy distinta, que no valga. Es importante aprovechar esta época de crisis para reestructurar el modelo de negocio», explica el chef. Y añade: «España tiene como objetivo destacar por la calidad de sus servicios y sólo en esta línea encontraremos un hueco en el mundo empresarial y de oferta turística para poder competir. Por eso, al gobierno que tome el poder sólo le pediría sensibilidad».
Recetas como el bosque animado o la ostra Guggenheim han pasado a su memoria culinaria y uno de los platos estrella de la temporada ha sido el aguacate con dasy de gambas y sal ahumada. La vanguardia y la producción sostenible fue, es y será la tendencia que sobrevuela los fogones de los maestros: «Siempre he tenido conciencia para recuperar las especies en peligro de extinción, los vegetales a partir de la semilla. No cocino atún y eso que es uno de los productos que más me gusta, pero se trata de la única manera que tengo de quejarme contra la pesca indiscriminada».
La tapa, un valor en alza
Para Quique Dacosta «la tapa y la cocina informal son el futuro y el pasado», por eso se fija un objetivo: «Me gustaría exportar el modelo de alta cocina española de vanguardia, al estilo de Alain Ducasse. Hemos conseguido crearlo, pero no hay restaurantes de este tipo en el mundo. Los comensales deben viajar para conocernos».

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