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"La segunda revolución"




La segunda revolución

Ferrán Adrià, el mejor cocinero del mundo, se reinventa. Tiemblan los fogones. ¿Y ahora qué? ¿Puede ser el fin del milagro gastronómico español? Los más grandes chefs apuestan por el futuro de un sector clave en un país rico en producto y con 50 millones de turistas.

FUENTE: ElPaís.com
JESÚS RODRÍGUEZ 04/04/2010
Fotos Flikr: Galeria de “iampolyester”

Ferran Adrià no es un cocinero. Es un agitador. El Che Guevara de la alta gastronomía. Ha liderado desde cero, sin formación ni subvenciones; sin un diseño previo, peldaño a peldaño, con los bolsillos vacíos y el discurso atropellado, la gran revolución de la cocina mundial. Y el nacimiento de una cocina española de vanguardia. Prohibido prohibir. Libertad de expresión. Osadía. Creación. Autoestima. Nunca dudó de que el suyo fuera el camino. Ni cuando pocos cruzaban el umbral de elBulli. Las críticas eran desfavorables. Sudaba para pagar la nómina. Y le llamaban loco. Lo confirman los que trabajaron a su lado. Por ejemplo, Andoni Luis Aduriz (1971), propietario del restaurante Mugaritz, a las afueras de San Sebastián; dos estrellas Michelin; poeta de la cocina y uno de sus grandes seguidores: “Ferran defendía su proyecto por encima del contexto. Yo había trabajado en 14 restaurantes antes de entrar en elBulli, en 1993, y siempre buscaban un equilibrio entre ganar dinero y hacerlo bien. En elBulli nuestra obligación era hacerlo perfecto, aunque no ganáramos un duro”.

Andoni Aduriz: “Ferráan tiró la puerta de la fortaleza y nosotros entramos detrás”
Ferran Adriá comenzó fregando platos y nunca pisó una escuela de hostelería
El Basque Culinary Center, en San Sebastián, será el punto de encuentro entre universidad y cocina
El 26 de enero, Adrià anunciaba en Madrid Fusión que cerraba elBulli en 2012. Conmoción
España no pintaba nada en gastronomía. Tras la guerra fue peor. No había ni género
Los franceses han perdido influencia en la cocina, pero dominan el mercado
A Ferran Adrià se debe la declaración de independencia de nuestros fogones frente a la tiranía francesa. El alistamiento de tres generaciones de chefs en su movimiento. Y la creación de una marca española que proyecta modernidad, cultura y calidad de vida fuera de nuestras fronteras; que vende jamón, vino y aceite y atrae millones de gastroturistas ávidos de movida culinaria y tapas. A Ferran Adrià ya no se le puede juzgar como cocinero. Ahí está la historia; las clasificaciones. Más de 1.500 recetas inmortales. Y el juicio de sus compañeros. Él anda en otra cosa. En la creación. “Componer, no interpretar”. Quiere ir más lejos; esquivar la monotonía. Y luchar para que los vientos de la crisis económica y la autocomplacencia de los cocineros galácticos no ahoguen una revolución que han hecho entre todos. “Que esto haya servido para algo”.
Todos a una. La rebelión de la cocina española se debe, en definitiva, a un centenar de grandes cocineros que hoy tienen entre 35 y 80 años. Y otros muchos que sin hacer gastronomía de vanguardia han alcanzado prestigio y estatus al rebufo del chef de elBulli. “Ferran robó el fuego de la creatividad a los franceses y lo repartió a los cocineros de todo el mundo”, afirma el sabio y blogger gastronómico Philippe Regol. Uno de esos cocineros, Joan Roca (1964), un flemático catalán con las codiciadas tres estrellas Michelin adornando su restaurante El Celler de Can Roca, en Girona, describe la relación de los grandes chef españoles con su gurú: “Hemos recorrido juntos el mundo. Sin codazos. Ese ha sido nuestro éxito. Nos ha diferenciado de los cocineros de otros países. Cuando vamos a Tokio, París o Nueva York, Ferran es Mick Jagger, y nosotros, los Stones. Se nos mira con respeto. Hay expectación. Quién nos lo iba a decir”. Una realidad que confirma Sacha Hormaechea, propietario de Sacha, uno de los grandes pequeños restaurantes madrileños. “Hemos logrado que Japón y Estados Unidos miren a España como aquí mirábamos en los setenta a Francia”. “Y te entran ganas de dejarte el pellejo”, explica Andoni Aduriz. “Yo me marcho ahora a Australia y voy con la idea de arrasar. Voy a dar lo mejor. Te sientes embajador de un movimiento. Y te lo curras a muerte. Ferran tiró la puerta de la fortaleza en nombre de la libertad y entramos detrás. Cada uno con su forma de cocinar. Lo difícil fue tirar la puerta”.
El Mick Jagger de la cocina baja La Rambla con la chaquetilla de cocinero escapando bajo su sobada zamarra de cuero. Llovizna. Algún paseante le saluda. Va sin afeitar. Viste con descuido. La cabellera rebelde es más gris y menos espesa; escanea cada situación con la que se topa con su mirada febril. Su existencia transcurre en la encrucijada de las calles de Carme y Portaferrissa con La Rambla de Barcelona. A mitad de camino de su laboratorio culinario (elBullitaller) y la oficina desde la que gestiona sus negocios gastronómicos (elBulliCarmen). Junto a sus escuderos Oriol Castro y Eduard Xatruch pone a punto en el taller un centenar de nuevos platos. Recetas que jamás existieron. Sin precedentes. Inverosímiles. Pero sin bromas. Nada más lejos de la caricatura de las “espumas y los humos y las gelatinas calientes y la carne que no es carne y el caviar que tampoco lo es y lo salado dulce y lo dulce salado y el postre al principio y el aperitivo al final” que han explotado sus enemigos para ridiculizar su modelo. En esta cocina se trabaja con método y disciplina. Documentación. Exploración de nuevos productos. Invención de técnicas y conceptos. Prueba y error. Y un minucioso archivo visual y escrito. Se hacen 20 pruebas al día. “Y si una sola cosa sirve ya es la leche”. Aquí están catalogados 23 años de creatividad. La tecnología robótica y la química que la leyenda negra adosa a su cocina no se vislumbran por ningún lado. Las manos son la herramienta. Y el veredicto definitivo, el paladar de Adrià. Mientras el maestro analiza una propuesta sus ayudantes permanecen expectantes. “Está bien”. Respiran.
Si una creación supera el cedazo de sus sentidos, si le emociona, si abre un camino, será clasificada con una, dos o tres estrellas. “Para entendernos, si esto fuera un taller de alta costura, tres estrellas se las daríamos a un vestido; dos, a una falda, y una, a un complemento. Y luego los iríamos combinando en la pasarela. Nuestra cocina es lo mismo. No, no te rías, que esto es serio. Son décadas de ideas. Desarrollar lo que hemos creado en este tiempo nos puede llevar 10 años”.
Adrià y su equipo permanecerán inmersos en esta singular tormenta de ideas hasta junio. Entonces volverán a alzar el telón de elBulli en cala Montjoi (Girona). Seis meses. Sólo cenas. Allí afinarán las propuestas gastronómicas esbozadas en el taller para 8.000 comensales; 50 al día. Los que sobrevivan a la criba de los dos millones de peticiones que recibe elBulli cada año. Esta será la penúltima temporada de elBulli como restaurante al uso. ¿Y después de 2011? “Los años 2012 y 2013 cerraremos al público. Vamos a estar liberados para lo que queramos. Para viajar y olfatear. No me voy bajo una palmera. Estaré trabajando. Me he deshecho de muchos de mis negocios. Podré irme tres meses a China, que es una fuente inagotable de inspiración. En 2013, la idea es crear un think tank donde grupos de becarios de todo el mundo vengan a pensar, cocinar, probar y producir nuevos conceptos y técnicas culinarias. Y ponerlos al servicio de la sociedad. Es lo que llevamos haciendo desde 1995. Pero lo compatibilizábamos con el restaurante. Y yo tenía que pasar en elBulli seis meses. Es como si John Galliano [el diseñador de Dior], además de crear los modelos, tuviera que ir a la fábrica y coserlos. Quiero hacer alta costura, no prêt-à-porter. No importa que me copien. No estoy en esa competición. La fundación de elBulli será una lanzadera de creatividad. Un vivero de ideas. Un paso más en nuestra evolución. Esto no cierra; cambia. Se reconvierte. Nos toca seguir siendo la vanguardia creativa de la cocina. Y si cada año te sale un cocinero como Aduriz o Quique Dacosta, será la hostia”.
No es fácil entenderse con Adrià. A una entrevista de cinco horas le sigue otra de cuatro. Y los encuentros podrían alargarse indefinidamente. Con él siempre falta algo. Es hiperactivo. Su torrente de ideas no cesa. Se atropella. Es de una profunda vehemencia. Cree en su revolución. Sabe que pasará a la historia. Algo sorprendente en alguien que empezó fregando platos, nunca pisó una escuela de hostelería ni tuvo un maestro. Es como su amigo Miquel Barceló. Todo está en su cabeza. Una anarquía codificada. Una tarde a su lado supone saltar de la monacal sala de reuniones de elBullitaller a la cocina; probar algo que uno no termina de identificar (es un guisante que no es un guisante, pero que tiene toda la magia de un guisante de primavera); de la cocina, al ordenador (en su despacho de revista de decoración) para fisgar qué hacen los chefs de la valorada cocina nórdica: “Nada nuevo, ese plato es de hace dos temporadas”. Del ordenador, al mercado de La Boquería a ver caza y setas; de allí, a su oficina con aire de loft de la calle de Carme, donde una pared aparece forrada con su rostro plasmado en decenas de publicaciones de todo el mundo. Vuelta a Portaferrissa. Un vistazo a los centenares de platos, fuentes, cubiertos y bandejas de todos los materiales, función, tamaños y fisonomía ideados por diseñadores industriales para acomodar sus creaciones. Se detiene ante unos feos trofeos de metacrilato que le acreditan como el mejor cocinero del mundo. “A veces los miro y me doy cuenta de que en este formato lo he conseguido todo. Ahora quiero hacerlo por placer. He trabajado 25 años para crear un modelo económico que sujetara esto. Ya lo tengo. Y en cuanto a satisfacer mi ego, mi deseo eran las tres estrellas Michelin, y las conseguimos en 1997. Y cuando en abril de 2004 la revista Time me declaró una de las 100 personas más influyentes del mundo; y cuando me llaman de Harvard para colaborar con ellos y me hacen doctor honoris causa, a mí que nunca pisé una facultad, tengo más reconocimientos de los que soñé. No quiero premios ni competiciones. Ya no necesito pasar cada día un concurso; lo que me gusta es crear. El modelo que tenemos puede conducirnos al aburrimiento. Pensaba dejarlo en 2012, cuando cumpliera los 50, pero me he dado cuenta de que lo que me gusta es la cocina. No puedo dejar esto por las buenas. Siempre tendré un compromiso con la cocina española. Con el formato que sea. Esto debe durar. Es importante para el país. Supone turismo e inversiones. Nuestro trabajo es que haya 10.000 bares de tapas cojonudos por el mundo como hay 10.000 pizzerías. Apostar por nuestros productos. Y conseguir que 10 restaurantes españoles estén entre los mejores. Quiero enseñar a pensar a una nueva generación de cocineros. Y necesito tiempo.
–¿Se podrá comer en elBulli en 2014?
–No sé cómo haremos. Quizá comidas en la cocina para gourmets, periodistas, cocineros, y que vean lo que estamos haciendo y lo difundan, porque yo también necesito presión. Pero está todo por hacer.
La chispa saltó un mes antes de esta conversación. El 26 de enero, Adrià anunciaba en la cumbre gastronómica Madrid Fusión que cerraba elBulli en 2012. Conmoción planetaria. Primera página en The New York Times, Le Monde y Financial Times. Adiós a Ferran. Nuestra pregunta al protagonista a través del teléfono fue: ¿Quién será su heredero? Se enfadó. “¡No me retiro. Nadie se ha enterado de nada. No es un adiós!”. No se marcha. Pero ya nada será lo mismo. “Él ha sido el tractor; él marcaba los cambios de ritmo. Ahora el ritmo lo tenemos que marcar el resto”, analiza Andoni Aduriz con una serenidad zen sobre las cenizas de la que fue la cocina de su restaurante, Mugaritz, consumido por las llamas el pasado 16 de febrero. “Y los Roca tendrán que empujar, y nosotros y Martín Berasategui [tres estrellas Michelin en su restaurante Lasarte] y la gente joven. Y Juan Mari Arzak, que lleva 40 años tirando del carro, y Quique Dacosta y Dani García [restaurante Calima, en Marbella]. Para mí ha sido muy cómodo. No soy competitivo. Y en este mundo de la cocina te comen si no eres fuerte. Con Ferran me he podido centrar en el trabajo y no he tenido que luchar por romper las normas. Él nos ha estimulado. Se mojaba. Y nosotros currando. Hemos convencido a la gente de que recorriera miles de kilómetros para venir a vernos. Ferran vino a decir: ‘Si yo, que soy un chaval de Hospitalet, lo he logrado, el mundo es vuestro’. Le seguimos. Ahora toca apechugar”.
El cambio de horizontes de Adrià supone el punto final de un ciclo irrepetible de la gastronomía española. Del liderazgo global de nuestra cultura culinaria. Se acaba un periodo. La pregunta es: ¿y ahora qué? ¿Qué va a pasar con esta gastronomía que lleva dos décadas asombrando al planeta? ¿Puede quedar en una burbuja como la del ladrillo? Se abre un periodo de reflexión. Algunas fuentes dicen que nos quedan pocos años al frente de la cocina mundial. El cetro pronto pasará a otro rincón del planeta. Brasil, Perú, Japón, los países nórdicos. China. O una mezcla de todos ellos. Lo llaman “multilateralismo culinario”. Ya no existe un centro como París durante siglos. La magia puede surgir en cualquier rincón. Y ese es el legado de los cocineros españoles: la libertad.
Tras hablar con los más grandes de los fogones se deduce que una de las claves para seguir marcando tendencia es volver a la esencia de las cosas. Y más aún en tiempos de crisis económica. Volver a la artesanía. A la sobriedad. A la simplicidad. Al servicio relajado. Japón es la inspiración. Producto y oficio. Mimar al pequeño productor. Apostar por la ecología y la salud. Aprender de otras cocinas. Philippe Regol habla del nacimiento de una tercera vía culinaria: “Lo mejor del producto, lo mejor del gusto y las mejores técnicas de vanguardia. Las mejores recetas de cada territorio interpretadas a través de los nuevos descubrimientos técnicos”. “Tener unas raíces profundas, pero que no te impidan volar alto”, describe Joan Roca. Alejarse del espectáculo. De los vinos de 200 euros y las facturas kilométricas. Recuperar la humildad. No todos los jóvenes cocineros deben aspirar a dirigir un tres estrellas. El éxito puede estar en un gastrobar. Y, ante todo, se trata de mimar la marca cocina española. Sacarle brillo. Ponerla en valor. Inversión, educación e innovación. La cocina española puede ser una mina de oro en un país que recibe 50 millones de visitantes cada año. “La cocina es el único sector de la cultura en que somos líderes mundiales. ¿Sabes lo que vale eso? ¿Sabes lo que vale en marketing ser la vanguardia?”, interroga Ferran Adrià.
Por eso, la segunda clave para sobrevivir pasa por seguir creando. Hay que ser la punta de lanza de la innovación gastronómica. La referencia de la modernidad. Es el sello que distingue a España. “La cocina es libertad y cada uno debe hacer lo que le salga y respetar a los demás”, analiza Juan Mari Arzak (1942), que mantiene tres estrellas Michelin desde 1989 en su restaurante Arzak de San Sebastián. “Y el que no haga cocina de vanguardia, que no la haga. Pero si te fijas en los demás, siempre aprenderás algo. Hay cocineros que cuando no les sale nada de evolución se meten con los que evolucionamos. Yo respeto todo y miro todo e intento entender conceptos que no se me habían ocurrido y puedo llevar a mi nivel. Cada año me paso una semana en elBulli y veo qué hace Ferran. No quiere decir que lo vaya a hacer igual. Pero miras, hablas y te inspiras. Y siempre das un paso adelante”.
Si Adrià es el Mick Jagger de la cocina, Arzak podría ser Paul McCartney (con el que apenas se lleva un mes). Ha estado en todas las barricadas culinarias de los últimos 40 años. Y aún le queda cuerda. “¿Adónde me voy a marchar, con lo bien que me lo paso haciendo feliz a la gente?”. Hoy se ha levantado de madrugada para comprar anchoas en el puerto de Pasajes. Comerlas en su cocina junto a él y Elena Arzak (1969), su hija, socia y cómplice, regadas con chacolí es una lección de gastronomía. Oficio y producto. Se acerca a la mesa una de sus aprendices con un plato en el que está trabajando. Una especie de flan de foie-gras. Arzak le da la vuelta (como hizo el arquitecto británico Norman Foster con los aeropuertos revolucionando su diseño) y rehace su estructura con las manos. Elena Arzak observa inescrutable. Es menos expansiva que el patriarca. Pero tiene una definición clara de su estilo, que es una declaración de principios: “Mi cocina es de autor, porque refleja mi personalidad; vasca, porque es una influencia innata en mí; y de vanguardia, porque está al día; no veo la cocina como hace cinco años, ni la veré igual dentro de cinco”.
La batalla de Arzak es mejorar la formación de los cocineros españoles, dejados durante décadas de la mano de Dios. Es otra clave de futuro para nuestra cocina. “El cocinero tiene que ir a la universidad. Está dando de comer a la sociedad y eso es muy serio”. Ha promovido junto a la Universidad de Mondragón y un grupo de cocineros donostiarras el Basque Culinary Center, una institución a la que el Ministerio de Ciencia e Innovación ha dotado con siete millones de euros y en la que participan el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno vasco con siete más, que supone el encuentro del mundo académico y la alta cocina. El proyecto se traducirá a partir del año próximo en una licenciatura en Ciencias Culinarias que abarcará todo lo relacionado con la técnica, la ciencia, la cultura y la gestión de la gastronomía. Del Basque saldrán los cocineros del futuro. Además de guisar, diseñarán restaurantes más habitables y mejor administrados; abiertos a los cinco sentidos; donde el camarero sea cómplice del comensal y el cocinero. Formarán equipos. Colaborarán con la ciencia y la industria alimentaria. Con los agricultores, viticultores, pescadores, ganaderos, diseñadores y centros de investigación. Apostarán por una cocina más equilibrada, sana y dietética. Y aprenderán a pulir y vender la marca Cocina de España. Cambiarán de piel.
La revolución más profunda. Porque la descripción que hacen los cocineros de su profesión hace sólo 30 años es la opuesta a esta definición. El cocinero era un paria. “Cuando en 1987 les dije a mis amigos que me iba a dedicar a cocinar me dieron el pésame”, recuerda Carme Ruscalleda, que veinte años después atesora tres estrellas en su restaurante Sant Pau de Sant Pol de Mar (Barcelona) y dos en el del mismo nombre de Tokio. “Ser cocinero era algo despreciable. Sucio, duro, asfixiante y sin futuro. Hemos hecho que cambie, entre los comensales y los cocineros. Y las mejores páginas están por escribirse. Los de nuestra generación somos autodidactas. Nos hemos apoyado en la intuición. Los de ahora tienen idiomas, han ido a escuelas, saben lo que se cuece fuera. Cuando se pongan en marcha van a arrasar”. La cocina de Carme Ruscalleda es la más bella de nuestro país. Femenina, limpia, moderna, abierta al mar, bañada por el sol del Mediterráneo. De aquí partimos de mañana en su Porsche con dirección a las laderas del Maresme en busca del mejor género de la primavera. El senyor Pla sale a nuestro encuentro con las primeras fresas; unos kilómetros más allá, el senyor Borrrell nos trae un par de cajas de setas shii take: “No les enseño cómo las cultivo, es secreto; trabajo como una escudería de fórmula 1”, explica. El recorrido termina en la lonja de Arenys de Mar, donde acaban de atracar los pesqueros. “Esta es mi cocina: libertad y mercado”, suspira Ruscalleda.
Hasta alcanzar esta tierra prometida que se refleja en las soleadas encimeras de Carme Ruscalleda donde huele a trufa, cilantro, menta y pulpitos a la brasa, los cocineros han tenido que sufrir. Viejos fogones de carbón, inmensas perolas, cuevas irrespirables, horarios asesinos. El cocinero era un hombre gordo, cabreado, sudoroso, borrachín y autoritario. “Este era un oficio militar. Muy francés. Con una disciplina tremenda. El chef era Dios. Nunca revelaba sus secretos. Ni se trataba con otros cocineros. Cuando alguien no sabía qué hacer con un hijo golfo le metía a cocinero”. Habla Luis Irízar (1930), un chef donostiarra que desde 1946 ha trabajado en restaurantes de Londres, París, Madrid o San Sebastián; ha conocido cinco generaciones de cocineros y recorrido el planeta antes de convertirse en maestro de maestros como Pedro Subijana (tres estrellas Michelin en su restaurante Akelarre) o el gran propagador mediático de la cocina española, Karlos Arguiñano. Tiene la planta y el mostacho de un viejo oficial británico. Sentado en la escuela de cocina que creó en 1992 frente a La Concha, hace un repaso a 65 años de profesión: “La gran cocina venía de Francia y se extendía por el mundo a través de los chefs franceses que cocinaban en hoteles de lujo, casinos y balnearios y que sólo utilizaban productos franceses: champán, burdeos, foie, aves. Su público era la alta burguesía. España no pintaba nada. Tras la Guerra Civil aún fue peor. No había género ni formación. Las escuelas eran pocas y malas. El cocinero era tan pobre como el país. Y realizaba una cocina pesada y calórica para matar el hambre. A comienzos de los sesenta, un grupo de cocineros vascos empezamos a reunirnos. Aspirábamos a hacer cosas nuevas. A usar el gran género de temporada. A recuperar productos de la región. A elaborar platos más frescos y ligeros. Nuestro referente era la nouvelle cuisine francesa, una nueva generación de cocineros que estaba acabando con aquella cocina rancia de gran hotel. Eran unos heterodoxos y les copiamos”. Pedro Subijana (1948) era el chef más joven de aquel movimiento de Nueva Cocina Vasca que pondría los cimientos de la actual vanguardia. “Hubo un sector inmovilista que fue crítico con nosotros. Pero la prensa nos apoyó. En un momento de transición política y terrorismo, nosotros éramos la única buena noticia que llegaba del Norte. No sabíamos qué estábamos haciendo, no estábamos organizados, no sabíamos qué era el marketing. Era puro inconformismo. Veíamos cómo los franceses estaban haciendo su revolución y empezamos a darle vueltas”.
Ferran Adrià opina que aquel movimiento funcionó “porque era el reflejo de lo que estaba pasando en España: la democracia, la movida, la cultura del ocio, una nueva generación de gente buscando su camino como en Francia con Mayo del 68”. En diciembre de 1976, aquel grupo de vascos viajaba a Madrid para poner de largo su movimiento en la Primera Mesa Redonda sobre Gastronomía de la revista Club de Gourmets. Los cocineros rompían su clausura y debatían el futuro con los anarquistas franceses de la nouvelle cuisine. Convertidos a la nueva religión, Arzak y Subijana marcharían a Francia como aprendices de Paul Bocuse, líder del movimiento francés, para chapuzarse de modernidad. El fenómeno explotaba periodísticamente. Y los activistas vascos entraban en contacto con los revolucionarios catalanes crecidos en torno al Motel Ampurdán y la Costa Brava. El eco de la revolución alcanzaría los fogones más inquietos de España donde estallarían revueltas regionales. Y esa onda alcanzaría también en 1984 a un joven de Hospitalet sin más formación culinaria que haber cocinado durante su año de mili para el capitán general de la Zona Marítima del Mediterráneo. Ese año, Ferran Adrià comenzaba a trabajar en elBulli, un inclasificable restaurante afrancesado situado en una cala perdida de Girona. Tenía todo por aprender.
No sabía que 15 años más tarde sería el cabecilla de la siguiente revolución gastronómica mundial. Tras estudiar, metabolizar y reproducir milimétricamente durante una década lo mejor de la nouvelle cuisine francesa en elBulli y ponerla al día a través de su visión mediterránea (“aquello no era creación, era reproducción”), 1994 sería por fin el año de su metamorfosis. No sabe explicar el porqué de esa transformación. “Las revoluciones no se piensan, se hacen. Yo no trataba de hacer nuevas recetas mediante la mezcla de productos y la variación de conceptos que ya existían (una croqueta, una tortilla, una ensalada), sino crear nuevos conceptos y técnicas. Quería construir un lenguaje nuevo. Estaba convencido de que las cosas se podían hacer sin copiar a los franceses. Era mi ruptura con la nouvelle cuisine, que estaba agotada”.
Todo coincidió en 1994. Ese año se celebraron en Vitoria unas jornadas gastronómicas en las que los grandes de la cocina española se reunieron para conocerse y discutir sus aportaciones culinarias. Las de Adrià no gustaron. Le zurraron fuerte. Pero Juan Mari Arzak, el patriarca, vio algo que otros no vieron. “No entendía nada de lo que hacía Ferran; pero lo poco que entendía era buenísimo. Había un camino”. Arzak acogió a Adrià bajo su manto, le dio respetabilidad y se inició una simbiosis que dura hasta hoy. “La generación de Arzak me podía hacer mucho daño. Pero fueron generosos”, relata Adrià. “Arzak, que era el número uno, podía haber roto conmigo. Pero dijo: ‘Me interesa’. Y en ese momento, su generación, la de la Nueva Cocina Vasca, se une a la mía, que es la de Carme Ruscadella, Martín Berasategui y Santi Santamaría. Y después se nos unió la siguiente, la de Dacosta, Aduriz, Arola y Roca. Y dijimos: ‘Vamos a conquistar el mundo”.
Esa revolución culinaria española fue contemplada con desdén por los chefs franceses. Comenzaron a perder los nervios cuando, a finales de los noventa, la prensa mundial empezó a hablar de “un nuevo movimiento culinario en España”. La puntilla llegaría en agosto de 2003 con una portada del magacín de The New York Times, el periódico más influyente del mundo, protagonizada por Adrià con un aire de zanahoria con concentrado de mandarina en sus manos y el título The nueva nouvelle cuisine. Peor les sentaría la proclamación en 2005 de elBulli como mejor restaurante del mundo en una clasificación liderada por tres chefs españoles. Se iniciaba la contrarreforma.
En la que han participado a lo largo de estos años muchos chefs franceses, algunos italianos y una mínima facción de españoles al mando de Santi Santamaría (tres estrellas Michelin en su restaurante Can Fabes). Desde mediados de 2000 han intentado sembrar la sospecha en torno al nuevo modelo gastronómico español liderado por Adrià. Tras escampar unos años, la artillería francesa e italiana ha vuelto a bramar tras el anuncio de cambio de modelo de Ferran Adrià y el desconcierto del resto de cocineros españoles. A mediados del mes pasado, los dos popes de la cocina gala, Alain Ducasse y Joel Robuchon (que nunca se han tragado), se reunieron en París con otra docena de chefs para iniciar la reconquista del poder mediático bajo el estandarte Cuisine de France y el siguiente razonamiento: “Debemos contrarrestar los efectos de los medios de comunicación, que consagran a España como líder mundial en materia de cocina, y combatir esa imagen que se está creando en el extranjero de que la cocina francesa está estática y envejecida frente a la cocina molecular de Adrià”.
Late un viejo juego de egos; de imagen y dinero. Ser líderes de la cocina mundial representa dominar un nicho de la cultura contemporánea. Tener una marca de prestigio. Atraer turistas. Colocar nuestros mejores productos en todo el planeta. Algo que, por el momento, aún monopolizan los franceses. Han perdido influencia, pero dominan el mercado de alta gama. De lejos y sin competencia. España es la primera productora mundial de aceite de oliva y la segunda de vino (detrás de Francia), pero la mitad de nuestro aceite se vende a granel a Italia, donde se envasa y exporta bajo marcas italianas, y nuestro vino viaja en cisternas por Europa y se termina destilando hasta convertirse en alcohol barato. Incluso los chinos y polacos comienzan a competir con nuestro jamón de pata negra. “En España ha faltado estrategia, agresividad, tenacidad, constancia y una política clara. Nos hemos dado cuenta demasiado tarde de que hay que vender calidad y no paella y sangría”, explica Gaspar Rey, editor de la revista Cocina Futuro. “Llegamos 20 años tarde. Y la Administración sigue apoyando tibiamente a nuestros productos. Puedes llegar a una feria en la India (un mercado de 1.000 millones de personas) y que haya un solo representante del Ministerio y que Francia haya mandado a 50; Italia, a 100, y Australia, a 500. Nos quedan dos o tres años en la cresta de la ola y ya podemos aprovecharlos”.
La Administración está intentando corregir ese déficit con el fichaje de Adrià como embajador de la marca española y la apuesta por el gastroturismo. En la Expo de Shanghai (China), que comienza el mes que viene y visitarán 70 millones de personas, esta nueva óptica se concretará en un festival de lo mejor de la nueva cocina española en torno al pabellón de España, que reunirá a chefs de todas las regiones con un total de 45 estrellas Michelin bajo el título: Spain in Shanghai: the new gastronomy fiesta. La artífice de esta idea, Carmen de los Reyes, afirma que “ha llegado el momento de que una Expo sirva para promocionar los mejores productos españoles en el mercado más grande del mundo”.
El cambio de tercio de Ferran Adrià ha abierto un nuevo capítulo de la alta cocina española. Un momento que puede relanzar el fenómeno o hacer que reviente como una pompa de jabón. Otra revolución es irrepetible. Pero los cocineros españoles han demostrado que con imaginación y trabajo de equipo se puede llegar lejos. Andoni Luis Aduriz, paseando junto a las ruinas humeantes de lo que fue la cocina de su restaurante, lo tiene claro: “Mis compañeros me han ofrecido dinero, un lugar donde seguir cocinando; se han prestado a acoger a mis cocineros. Es curioso, pero mi competencia es la que más quiere que siga en esto. Este proyecto está creado como cocina española. Y sólo así tiene sentido. No es de uno sólo. Ni de Adrià. Es global, y para que tenga sentido necesita mucha gente que vayamos en la misma dirección. Aún nos queda mucho por decir”.

jueves


Parque de la relajación. Torrevieja, Alicante:

No digo ni que este bien ni mal. No me meteré en camisas de once varas, ahora sí, digo que me hubiera gustado que este proyecto se hubiera terminado, por bueno, importante e interesante para regiones turísticas como las de mi tierra, que necesitan de reclamos de este tipo, de calidad que fomente turismo, puestos de trabajo.

Ahora bien, también es cierto que me hubiera gustado que se hiciera dentro de la legalidad y los marcos de un ecosistema único.

¿No se podría legar a un acuerdo?

http://www.via-arquitectura.net/10/10-110.htm

http://www.via-arquitectura.net/17/112-017.htm

http://www.elpais.com/articulo/cultura/edificio/arquitecto/japones/Toyo/Ito/languidece/Torrevieja/elpepucul/20100401elpepicul_4/Tes

http://www.toyo-ito.co.jp/

http://www.torreviejaip.tv/200901202837/actualidad_local/politica/iu_de_torrevieja_denuncia_en_fiscalia_obras_del_parque_de_relajacion

Por: Via- arquitectura.net

Parque de la relajación. Torrevieja, Alicante 1º

Propuestas preliminares para la creación de un parque de relajación en el término municipal de Torrevieja

Construcción de una pequeña colina

Se plantea la construcción de una colina de pendiente suave cubierta por un paisaje verde. El paisaje evoca a la naturaleza en su estado pristino recreado para proveer un lugar que responda al contexto siguiendo la geografía y las formas onduladas haciendo eco del entorno de la Laguna de Torrevieja y de la Mata.

Arquitectura ligera como el viento

La arquitectura se asemeja y funde con el flujo del ondulante paisaje. La intención de que la arquitectura no se imponga contra el paisaje hará conciliar la construcción con la naturaleza. La creación de una arquitectura ligera y sutil participará respetuosamente junto a la naturaleza brindando nuevos significados y funciones al sitio.

Cuerpo humano en armonía y descanso

Se propone crear lugares para el bienestar y la salud tanto del cuerpo como de la mente humana.

Esto se logra a partir de la sintonía entre el espacio otorgado por la Laguna y el espacio construido que busca recrear la naturaleza.

Al proponer distintas funciones y espacios variados se permite crear una fluidez a favor de los visitantes, otorgándoles distintos recorridos y paisajes que les permitan comunicarse con el entorno. Los recorridos forman parte del ejercicio y conciencia del cuerpo.

Materiales

Se busca crear un paisaje en consonancia con las actividades humanas y con las características del lugar. Esto se logra a partir del uso de distintos materiales tales como luz natural, tierra, arena, piedra, vegetación y árboles, permitiendo que el sitio se enriquezca con los cambios naturales de cada material y con el diálogo entre ellos.

Parque de la relajación, Torrevieja. Alicante. 2º

El proyecto reemplaza una actividad frecuente que se desarrolla de forma natural en el borde actual de la Laguna. Esta actividad de toma de baños de lodo, al deteriorar el borde natural de la Laguna, se propone que se realice en la zona objeto del proyecto.

Se responde al carácter funcional de la propuesta, a su vez, un nuevo paisaje natural aparece como mediador entre la soledad de un paraje y su uso propuesto. La actuación, con la mediación de la naturaleza, se propone como Parque en el que realizar determinadas actividades, que tengan que ver con la relajación y el paisaje.

Como define Masahiro Ikeda, ingeniero estructural del proyecto, la palabra clave del proyecto fue la “espiral”. La estructura se transformó en una cáscara sostenida por presión entre el interior y el exterior.

Cinco espirales apoyadas en una estructura de hormigón se cubren con listones y contrachapados de madera sosteniendo una plataforma colgante en su interior. Las espirales se resuelven con redondo macizo de acero de 6 centímetros de diámetro, el redondo se curvó y giró para adaptarse a la forma de la membrana exterior. El hecho de que la plataforma del suelo se sustente directamente sobre la membrana dota a la piel estructural de estabilidad, a la vez que produce una sensación de estar flotando dentro del espacio interior de las construcciones.

Se busca crear un paisaje en consonancia con las actividades humanas y con las características del lugar. Esto se logra a partir del uso de distintos materiales tales como luz natural, tierra, arena, piedra, vegetación y arboles, permitiendo que el sitio se enriquezca con los cambios naturales de cada material y con el diálogo entre ellos.

La arquitectura busca el hacer desaparecer los límites entre lo natural y lo artificial referenciando las formas y las ideas de proyecto a huellas de la naturaleza y del tiempo, como son el viento y las dunas. La experiencia experimental consiste en ir encontrando la relación entre forma y programa preguntando e investigando la relación existente entre la naturaleza y las acciones que en ella se desarrollan.

Geométricamente el proyecto se adapta a unas curvas de Bezier y se construye a través de cinco espirales que se retuercen adaptándose a secciones pentagonales.

Toyo Ito Spain & Associates S.L.:
Toyo Ito
José María Torres Nadal
Antonio Marquerie
Arquitectos de

Proyecto/Project Architects:
Ken-Ichi Shinozaki. Japón
Joaquín Alvado Bañón. España

Emplazamiento/Location:
Enclave Laguna de Torrevieja
/Torrevieja Lagoon (ALICANTE)

Ingeniero estructural/Structural engineer:
SAPS (Sasaki y
/and Partners)
MIAS (Masahiro Ikeda Architecture Studio)
OMA (Obiol & Moya Arquitectos, S.C.P.)

Constructora/Contractor:
JOSTSA

Promotor/Client:
Excmo. Ayuntamiento de Torrevieja/
Torrevieja Town Council

Fotografías/Photographs:
Arquitectos
/Architects

Infografías/Photographs:
Daniel Suárez y José Corraliza


domingo

entrevista de Pau Alborna en www.7canibales.com



7 canibales
http://www.7canibales.com/

Pau Albornà i Torras | La Entrevista
13/7/2009


Quique Dacosta
“Ningún país del mundo tiene cuatro generaciones en activo de tan alto nivel como España”

Quique Dacosta
• Cocinero de Quique Dacosta, Restaurante, en Dénia, Comunidad Valenciana.
• Un referente: aquellos que persiguen sus ideales y luchan por conseguirlos.
• Un producto: el aceite de oliva.
• Un deseo: que haya un equilibrio de posibilidades en el mundo para que la gente no muera de hambre.
• Una frustración: que este ocurriendo lo anteriormente mencionado. Me sonroja y me llena de ira. No me puedo creer que en la sociedad que me ha tocado vivir suceda esto. No puedo pensar ni ver que en las noticias aparecen, cada día, niños muriendo de hambre y explotados. Lo digo de corazón. Soy padre de una niña de 14 meses.
• Un principio: el respeto.


¿Qué quieres transmitir titulando a la carta de su restaurante, “Universo local”?
Se trata de un nombre que casi se define a si mismo: es construir a partir de lo más cercano, de la cultura, de un ecosistema… nuestro propio mundo. Cuando hablamos del ecosistema de nuestro restaurante y entorno, hablamos del Mediterráneo, del Montgó, de la tradición, de la memoria gustativa, del conocimiento cultural de un pueblo, de una región y de sus maneras de entender la vida; pero estas acciones también son las mismas que las que puede tener el restaurante de enfrente. La gran diferencia es que nuestro equipo opera desde unas directrices personales que se apoyan exclusivamente en lo local, en mis pensamientos y en mi manera de entenderlo y, así, plasmarlo.
De lo concreto a lo general.
Evidentemente, hay una ventana abierta al resto del país y otra al mundo, pero siempre tienen menos porcentaje de influencia conceptual, técnica y de producto que las locales. Al final es una cuestión de inclinación natural a lo próximo, por mayor conocimiento de los productos y compromiso con nuestra tierra, mar y sus productores, recolectores o pescadores. También es una manera de dignificar y dar a conocer a los que, desde cualquier lugar del mundo, se acercan para conocer nuestro trabajo y mostrarles nuestra huella de identidad: puedo hacer un plato muy moderno en todos los sentidos pero que haya partido de algo muy próximo y primitivo. Empezamos adentrándonos en lo que somos. Es un mirada al interior, más que al exterior.
¿En qué etapa de tu evolución profesional te encuentras?
Llevo 22 años en la cocina, empecé a los 14 y tengo 37, pero de momento no tengo previsto parar. Lo que sí es cierto es que pongo fecha límite a mi estancia en la cocina, no sé concretamente el tiempo que seguiré, pero no pretendo estar toda la vida en los fogones y seguir siempre con el ritmo actual. Quiero hacer más cosas. Los cincuenta son una buena fecha…
No eres como Arzak, que dice que se va a morir en la cocina…
Es que yo no sé si al final acabaré haciendo eso… Creo que la cocina nos la metemos un poco en vena, es tan fuerte la pasión que nos convertimos en sus prisioneros. Yo entiendo a Juan Mari, me voy de vacaciones y no paro de darle vueltas a mi cocina. Estoy en Dénia, con elPoblet cerrado, y si no voy y me tomo un café, me siento en el ordenador, escribo algo, o huelo a cocina… no se vivir, al fin y al cabo es mi espacio natural. Todo esto es una especie de maratón: es una cuestión de aplomo, de saber conectar con tus clientes, de crear un gran equipo, de medir muy bien los tiempos y de saber el tipo de inversión que se hace. Al final hay que ser realistas, los restaurantes son una caja sin fondo y no puedes hipotecarte hasta el infinito. Mi fecha límite son los 50 años, con una holgura de dos o tres años. Si no te dicen cuántos kilómetros vas a correr no sabes cuando tienes que acelerar, dosificar, frenar o esprintar. Ahora mismo me encuentro en un momento muy importante de mi vida profesional, creo que es el mejor. He comprado el 50% de elPoblet que hasta ahora no era mío, aunque nunca nadie me puso ninguna traba en mi quehacer diario y estoy profundamente agradecido. Pero, además, es el mejor momento porqué tengo el mejor equipo que nunca pude imaginar: Juanfra Valiente a la cabeza de la cocina; Ricard Tobella, Pedro Ortega y Didier Fertilati, en la sala. Giovanni, Jose Antonio…y el resto del equipo, hasta cuarenta y cinco personas. Ellos son Quique Dacosta, ellos son "Quique Dacosta, Restaurante", ellos hacen realidad unos sueños que también son los suyos.

Quique Dacosta en su Restaurante:
¿Estás de acuerdo con los que definen tu cocina como compleja?
No estoy en este mundo para discutir… Es verdad que mi cocina es mucho más compleja que simple, pero no se puede generalizar. La “Gamba hervida”, por ejemplo, no es compleja técnicamente, pero sí gustativamente. El “Moshi” es un plato técnicamente complejo pero el concepto y la parte gustativa son bastante simples. Creo que no hay ningún cocinero que con una sola palabra pueda definir todo el quehacer de su obra…
Juegas con muchos ingredientes, siempre intentas buscar un concepto…
Trabajo con muchos ingredientes y siempre intento buscar un concepto… Concepto es sinónimo de idea. ¿Verdad? En un momento en qué la tendencia es ir hacia el minimalismo, yo creo que debo utilizar tantos productos como sea necesario para culminar el objetivo que me he propuesto, sin que por ello resulte barroco. Por ejemplo, el “Higado de rape” tiene 3 ingredientes: un calçot frito, el hígado y la piel de rape. La “Bruma” tiene 20, y el “Bosque Animado”, 70. Y, sin embargo, todos están dentro de un mismo movimiento de cocina. Quiero ser libre. No quiero estar atado a nada, me parece absurdo. Sólo me preocupo por hacer las cosas con respeto al producto, a la técnica, a la cocina, a los cocineros, a los clientes; y no traicionar a mis ideales y, mucho menos, a mi gente.
Parece que has pasado de una cocina pictórica, artística… a otra más esencialista, basada en buscar la pureza del sabor.
No hay cambios radicales en nuestra cocina. Todo es la evolución de los pasos que hemos dado anteriormente y de lo que hemos aprendido. En nuestro restaurante siempre hemos estado muy pendientes de la esencialidad de los sabores, de realzarlos desde un punto de vista natural y de conocer su gen gustativo. Hemos pasado por muchas fases que han venido marcadas por unas líneas de trabajo anuales: la época de los crustáceos, los vegetales en estado embrionario, el arroz, el aloe vera, la stebia rebaudiana, la mineralización, los paisajes, la aromaterapia, el impresionismo y el expresionismo… Actualmente, quizá no seguimos una línea concreta, sino que construimos a partir del bagaje adquirido y de lo que vamos aprendiendo. Nos hemos liberado para no ser tan redundantes en algún tema concreto, como en 2008, que fue un año muy esencial mirando al mar. Por otro lado, si mi cocina no se come y sólo se ve en fotos, libros o congresos, puede parecer que se inmiscuye en el mundo del arte para expresarse como tal. Esto puede provocar que se perciba como superficial. Cuando en 2008 se creó el “Salmonete Mark Rothko”, la gente lo pudo ver simplemente como la representación de un cuadro de un gran artista, pero si no te lo comes no puedes narrarlo. Toda la gente con la que hablo, me dice que aunque hayan visto el plato en una ponencia, sienten muchas más cosas cuando lo comen, como no puede ser de otra manera. La cocina sólo se puede enjuiciar y analizar comiendo aquello que se propone. Me indigna que alguien se haga con ideas preconcebidas sin conocerme. Aun así, sé que no puedo cambiar el mundo y me resigno como cualquier ciudadano.


Cuando se come tu cocina, da la sensación que siempre existe una razón detrás. ¿Crees que todo plato debe tener un motivo y buscar un perfeccionismo?
La razón, siempre está por encima de todo. Sin razón y sentido común no sé cocinar. Buscar el perfeccionismo es uno de los objetivos, se trata de conseguir el mejor producto, la mejor técnica, el sistema de trabajo, la metodología, la perfección en un sistema de investigación y desarrollo… no sólo ejecutar perfectamente y para dos personas, sino para un comedor completo y diariamente. Tener un motivo es vital para crear, pero no puedo dogmatizar y decir que sea una vía obligatoria para todo el mundo. Normalmente partimos de una idea concreta y luego nos ponemos a trabajar con los productos que vamos a utilizar y las técnicas o elaboraciones que aplicaremos. Es muy difícil que nuestro punto de partida no sea una idea, a no ser que consigamos un producto tan sugerente que sea el detonante, o una técnica tan trascendental que nos genere automáticamente un concepto. Lo peor que podemos hacer los cocineros es querer extender nuestro modelo y que valga para todo el mundo.
¿El hilo conductor de tu cocina es el mundo natural?
Cocinamos el mundo natural. Si analizas realmente este concepto, te das cuenta que se trata de un paso más de la cocina del terroir, un término que se usaba mucho en la nouvelle cuisine y que se basaba en coger los productos de la tierra e interpretarlos a partir de la memoria gustativa. El concepto del paisaje fue contextualizado por Albert Adrià, junto a Ferran, al crear el término Natura y, posteriormente, otros cocineros como Andoni Luis Aduriz, Joan Roca y muchos otros, lo hemos utilizado. En síntesis, es fijarte en los paisajes de tu entorno para construir un plato. La cocina, al fin y al cabo, es la manipulación de la naturaleza y de los alimentos. Hemos trabajamos mucho con este estilo y ahora, que no está tan presente en nuestro día a día, nos sigue quedando su reducto.
En el menú se nota que te decantas por referentes, quizá, más ‘grises’… los platos respiran más lluvia que sol.
Se trata de una cuestión circunstancial. Es curioso, porqué algunas personas me han dicho lo mismo, hasta me han dado nombres de autores y poetas de un perfil ‘oscuro y melancólico’. Casualmente, ha sido este año el que ha derivado en 3 platos más grises, a lo mejor también va relacionado con nuestro carácter inconsciente. Sin embargo, siempre he pensado que nuestra cocina es el reflejo de lo que somos y del lugar donde se desarrolla. Yo lo hago en Dénia, en la Comunidad Valenciana, la Costa Blanca, hasta incluso se podría decir que es la representación de la luz, del fuego, del blanco, del mar mediterráneo, de la alegría, la pasión, la tecnología, la técnica, sus productos y elaboraciones…las hogueras de San Juan, la arquitectura de Calatrava, las fallas de Valencia… es la tierra en la que vivo y mi cocina forma parte de ella. En 2006 había 3 platos, de los 16 que integraban el menú gastronómico, que sabía que a la mayoría de las personas no le gustaban, pero que yo tenía claro que eran centrales en aquél año y en mi obra. En el menú “Universo local” necesitaba tener la licencia para entrar en un radicalismo gustativo. Esto me permitió seguir evolucionando, aunque mi cocina no siempre gustase a todo el mundo. Quise perseguir ese ideal y, tras ese tiempo, aprendí muchas cosas que han servido y me van a seguir sirviendo para el resto de mi vida. Además, el radicalismo gustativo, ir al filo de lo asumible, no me hace mejor cocinero.
Entonces, ¿el cocinero tiene que seguir al máximo su intuición o también debe adaptarse al gusto del cliente?
Esto es un negocio y, si el cliente no te acepta, no tienes más remedio que cerrar. Pero no puedes cocinar pensando en el gusto de todos los clientes, porque entonces no tendríamos ni personalidad ni estilo y, además, no convenceríamos a todo el mundo… como tampoco lo hacemos ahora. Las cuestiones culturales influyen mucho en el disfrute de un menú. A una gran mayoría de los ingleses, por ejemplo, les horroriza la cabeza de la gamba. El mundo musulmán no come cerdo, nosotros no comemos perros… Lo que sí que tengo claro es que sabemos qué platos son más asumibles para la gran mayoría. Es imposible convencer a todo el mundo.


¿El comensal puede simbolizar un límite a la creatividad?
Uno de mis grandes objetivos cumplidos ha sido la libertad creativa. Desde 2000 y 2001 el cliente nos ha dejado ser nosotros mismos y hemos podido desarrollar nuestras ideas con libertad. También es cierto que dependes de la aceptación del cliente, lo que te hace decidir si el plato es más o menos estacional o si se convierte en un clásico y pasa al menú Nuevas Tradiciones, que es donde recojo los grandes platos de nuestra carrera profesional. El cliente nunca nos ha condicionado a nivel creativo, pero si en la aceptación de la creación y en su durabilidad en la carta o en el menú.
¿Qué opinas de las sinergias entre el movimiento llamado “cocina supernatural” (lema de un congreso organizado por René Redzepi en Dinamarca y tendencia creciente en Estados Unidos), que prefiere basarse sólo en el producto autóctono… y la cocina que apuesta por combinar producto y tecnología para enriquecer la creatividad?
No hay ningún estilo de cocina que tenga que enfrentarse con los otros. Todos los estilos son válidos si están bien hechos y se trabaja con honestidad, calidad y profesionalidad. Además, tienen que ser respetuosos con los otros movimientos y sus representantes. A partir de aquí, cada uno puede hacer lo que quiera. Precisamente, la cocina de René, cocinero al que le profeso todos mis respetos y admiración, es una de las que más se está inspirando en la cocina de vanguardia española. Habría que definir muy bien todo esto porqué, por ejemplo, en el proceso para hacer un helado hay tanta maniobra técnica como en cualquier proceso de la alta cocina contemporánea.
En uno de tus postres, los “Lichis”, se presentan varios tipos de texturas donde el nitrógeno es necesario para su ejecución.
Pero en este caso se trata de un producto. Técnica es freír un huevo. Un sifón, un rallador microplane o un ‘biberón’ son utensilios, mientras que el microondas, el horno rational o el congelador sí son tecnología. El producto se maniobra muchísimo. Para hacer un sorbete de lichis se tiene que triturar el producto, pasarlo por una sorbetera y ponerle un edulcorante o un anticristalizante para que la durabilidad sea instantánea. Lo que quiero decir es que existe una transformación del producto hasta un estadio que no tiene nada que ver con la forma y textura original. ¿Qué tiene que ver el vino con la uva? Se trata de la transformación más radical de la gastronomía y, además, es natural. La sacarina es un producto natural que viene del petróleo…


Entonces, ¿dónde crees que encaja tu cocina?
¿Tiene que encajar en algún esquema predefinido o predeterminado? El sentido común es muy importante en la cocina y en nustro restaurante pretendemos que el círculo sea lo más cerrado posible para evitar fisuras en el sistema. En ello convergen la calidad de los productos, el conocimiento cultural de la tradición, las aplicaciones técnicas, la no cocina y las elaboraciones más simplistas, en algunas el barroquismo, en otras el minimalismo, la cocina supernatural… No me puedo posicionar en un lado o en otro. El “Hígado de rape” tiene una parte supernatural, una de cocina tradicional y otra de cocina de vanguardia radical, donde utilizo todos mis recursos culinarios para desarrollar el plato. Personalmente, no quiero acotar para nada la posibilidad de evolucionar, siempre que haya un orden y un respeto. El tema tecnológico se ha magnificado excesivamente en todo el mundo, creo que la tecnología no ha sido el detonante de la revolución de la cocina española.
¿Por qué hay quién se empeña en hacer una división?
La verdad es que no lo puedo entender. O sí… Si en los últimos 10 años nos preguntamos cuáles han sido los 10 aparatos que han marcado un antes y un después en el mundo de la cocina, seguramente no los encontraremos. Todo ha sido fruto de la aplicación conceptual y del ingenio.
¿El arte?
O la artesanía, la creatividad, la audacia y la sensibilidad. Por ejemplo, el Roner sí que ha perfeccionado la cocción a baja temperatura y la cocción al vacío, que ya existían. Tanto para la cocina tradicional, como la moderna… para todas. Un aparato genial y muy útil, a la vez que práctico y manejable en una cocina. ¡Pero una simple montadora de nata con barillas me ha resultado muy útil y me ha hecho conseguir cosas mágicas! También habría que ser lo suficientemente honestos para decir que el nitrógeno es un producto… pero que necesita una tecnología para meterlo en una bombona a -180ºC y que así se pueda utilizar.


Al final siempre necesitamos una técnica…
El problema es que hablamos siempre para profesionales y los cocineros todavía no hemos sido capaces de crear un lenguaje para el pueblo. Cuando los medios generalistas han entrado en los congresos para profesionales, han visto nuestro lenguaje desde dentro y se han asustado. Es como si metemos a la televisión en un congreso de medicina y graban como aplican toda la tecnología necesaria para operar un tumor cerebral. Ya decía antes, que para freír un huevo, se requiere de una técnica, una destreza y unos conocimientos mínimos: saber que el aceite tiene que estar bien caliente porqué si no el huevo se embeba de aceite; una mínima tecnología: el gas; unos utensilios: sartén y espumadera; productos: aceite, huevos, sal… Y que todo sea de la mejor calidad. Eso… freír un huevo.
¿Con qué termino definirías la alta cocina española actual?
Sin querer, tu ya has dicho un nombre. Creo que el término que utilizamos todos, consciente o inconscientemente, es “cocina de vanguardia española”. Muchas veces, cuando se habla de un nombre parece que tenga que tener un decálogo y, quizás, es lo que le falta, pero todavía no se ha escrito de forma consensuada con los protagonistas. Los cocineros podemos ayudar, pero no podemos estar demasiado pendientes de estos temas.
Hace 15 años, cuando se empezaba a mezclar un puré de chirimoya con un salmonete… ¿ya se hacía cocina de vanguardia?
Hacíamos cocina de autor. Para hacer cocina creativa lo tienes que crear todo, y en la cocina de vanguardia no es necesario que todo lo que haya en el plato sea nuevo o que lo haya creado uno mismo. Se trata de un movimiento. Cocina: modo o arte especial de preparar los alimentos de cada persona, región o país. De: expresa el origen o procedencia. Vanguardia: movimiento artístico e intelectual formado por un conjunto de personas precursoras o renovadoras en relación a su sociedad y a su tiempo.


¿Vanguardia es transgresión?
Normalmente suele ser transgresión. Se puede ser vanguardista sin crear algo nuevo. En nuestro restaurante hacemos vanguardia y es posible que en un porcentaje del plato yo no haya creado nada nuevo. Yo no he creado el pudding, sin embargo en el “Rap Negre”, donde se representa un hígado de rape, he reinterpretado el concepto pudding, la técnica y la elaboración para darle una dimensión nueva. El cocinero de autor es aquél que cocina a su libre albedrío, apoyándose en el conocimiento y en la cocina tradicional para interpretar una nueva receta. La “Nueva Cocina Vasca” empieza a interpretar la tradición desde un punto de vista más anárquico, sin seguir al milímetro el recetario popular vasco ni el de Auguste Escoffier. ¿Por qué todo lo que es realmente creativo tiene que estar relacionado con la técnica? Yo nunca había comido la piel de rape, la técnica es simplemente la cocción en su propio caldo, pero al final resulta algo nuevo.
Parece que estemos debatiendo en el estrado de un congreso…
En las mesas redondas de los congresos tiene que haber debate, pero no podemos pretender que de ahí salga un punto final. Tiene que haber diferentes opiniones, marcadas desde la base, porqué sino es una mera exposición sobre un tema.
Dos de tus grandes aportaciones han sido el tratamiento de los arroces y la utilización de la Aloe Vera en la cocina. ¿Todavía los sigues utilizando? y, ¿cuál será el siguiente paso?
Es importante decir que son dos productos que ya existían y que habían sido descubiertos, con los que nosotros hemos hecho un gran trabajo de investigación. Cuando empezamos a trabajar con la Aloe Vera, estábamos sumergidos en el mundo de los germinados, un producto en el que todavía no había recetarios ni un mercado del micro-vegetal. Entonces, descubrimos que se hablaba de la Aloe Vera como la reina de las plantas, hecho que nos empujó a querer saber mucho más sobre ella. No teníamos antecedentes de su utilización en la cocina y nuestra intención inicial sólo era saber sobre ella. Luego, empezamos a experimentar y, de modo casi accidental, nos dimos cuenta que tenía una serie de propiedades que iban más allá del simple acto de comerla: es emulgente, gelificante y estabilizante. Tuvo una importancia en nuestra cocina que ha persistido, pero que hoy es menos reivindicativa. Tampoco creo hayan sido cosas tan centrales de mi cocina, tienen la misma relevancia que, por ejemplo, la stebia, los minerales o los paisajes. Actualmente, no estamos desarrollando una línea en concreto, nos decantamos más por el perfeccionamiento de las elaboraciones y en el conocimiento del producto. Queremos sacar mucho más partido a las cosas, no me gustaría que nadie me censurara por querer avanzar.
¿Una revolución tranquila?
No entiendo que me critiquen por investigar. En la cocina todavía se permite la licencia de poder atacar a la vanguardia por su deseo de evolucionar. Es una manera de entender la vida y en todos los campos se investiga, se evoluciona, se respeta y se ensalzan las tradiciones de los pueblos. También es muy bueno y sano que haya diferentes puntos de vista, que se analicen y se debatan.


¿Qué significa para ti haber hecho realidad un proyecto como el libro interactivo que has confeccionado con Montagud Editores?
El proyecto no nació tan ambicioso para llegar al punto de hacer un libro sobre 6 años de nuestra carrera, una página web, vídeos, stages virtuales… Quería hacer retrospectiva para cerrar esta época tan importante de nuestra vida profesional, pero al final había tanto contenido que se acumulaban 1500 páginas en papel. ¡No había Dios que lo pusiera encima de la mesa! Entonces, empecé a hablar con Javi Antoja, de latilde.es y que por aquel entonces era el director de Apicius, y buscamos fórmulas para que el proyecto se pudiera materializar en una sola edición. Automáticamente, pensamos en Internet como la herramienta absolutamente plural para llegar a todo el mundo, incluir todos los formatos y establecer una interacción con los lectores. Creo que si fuera más económico, muchos cocineros escogerían esta línea. El problema es que sale tremendamente caro ya que ha intervenido muchísima gente: todo el equipo del estudio de creatividad de nuestro restaurante, con Juanfra a la cabeza, personas de mi oficina, una editorial como Montagud, un fotógrafo y un operador de cámara, músicos, diseñadores, programadores… El año que viene, me gustaría que mi cocina se pueda vender en un libro a unos 8 euros, ser más artesanal.
Siguiendo con el debate… este libro sí se puede considerar vanguardia.
En este sentido, es vanguardia. Aunque existía Internet, los libros en papel, los vídeos, la música… todavía no se había hecho un libro uniendo todas estas herramientas. El libro en papel representa un 20% de lo que está colgado en Internet. A mi me gustaría seguir haciendo libros en este formato, sobretodo si se trata de obras retrospectivas. El año que viene elPoblet cumple 30 años y, si las condiciones lo permiten, queremos publicar 3 libros a la vez, informativos y personales.
¿Cómo afecta a Quique dacosta Restaurante, estar situado en una zona donde no abunda una gran oferta de cocina de vanguardia?
Hay gente que dice: “te va bien, porqué así no tienes competencia”. Sinceramente, yo prefería estar en un entorno más poblado, gastronómicamente hablando. Pensando en mi, y en los clientes, ya que de esta forma el viaje les resultaría mucho más fructífero. Me da igual si se trata de restaurantes tradicionales o modernos, pero que haya buenos restaurantes. Entiendo que es difícil venir a Dénia como único motivo del viaje, ya que no tenemos tantos recursos. Si te vas a Valencia, hay espacios destinados a la cultura, al deporte y a muchas otras actividades, de manera que repartes más la responsabilidad. Las personas que vienen de Estados Unidos, Italia, Bélgica, Galicia, Madrid… lo hacen a propósito y merecen tener una recompensa muy grande en cuanto a satisfacción gastronómica, porqué entiendo que venir hasta aquí para ’sólo’ comer en elPoblet es tremendamente costoso y no muy productivo. Esta sensación de ’soledad’ tiene más cosas malas que buenas. En Catalunya hay una maravilloso recorrido gastronómico, lo mismo que sucede con el País Vasco. Me parece maravilloso. Ojala pase aquí. Se que lo conseguiremos…
Paco Morales ha llegado a la Comunidad Valenciana. ¿Qué crees que puede aportar?
La Comunidad Valenciana tiene una gran oferta gastronómica en general. Quizás queda mal que lo diga yo, respetando mucho al resto de comunidades, pero creo que es la tercera potencia gastronómica del país, en número de restaurantes y en su pluralidad de norte a sur. Ca´Sento, La Sirena, la Finca, Monastrel, Casa Pepa, Arrop, Riff, Alejandro del Toro, La Sucursal, Villa Da Vinci, L´Escaleta, Torrijos, Casa Alfonso, Oleo, Maestral, La Ereta, Neptuno, Alto Colon… entre otro muchos que están haciendo una gran labor en cocina contemporánea; más los líderes de la cocina tradicional como Paco Gandia, Casa Viçent, Piripi o Nou Manoli, Casa Salvador, Peix&Brases, Morgado, Kailuce, Askua, Casa Manolo, Casa Montaña, La Cuina, Casa Carmina, El Faralló, Casa Granero, Rincón del faro, La Taula de Llíria, Can Broch… En el mundo dulce está el señor Paco Torreblanca y sus hijos, un referente mundial y que son maestros de todos nosotros. Los líderes son Catalunya y el País Vasco, me da igual en qué orden. El hecho que hayan llegado Paco Morales y Ruth Cotronero a Bocairent es bueno y suma. Sólo llevan unos meses aquí y tendrán que construir su proyecto, pero cuantas más personas y profesionales buenos vengan, mejor. Yo no puedo pretender que los clientes coman en elPoblet los 7 días de su estancia en la zona. Estoy contento de su incorporación a la Comunidad Valenciana. Están haciendo un buen trabajo.

Hace unos tres años desembarcaste en Madrid con Sula. ¿Cómo funciona la experiencia?
Sula es una experiencia muy buena. Es un concepto totalmente diferente al de Quique Dacosta elPoblet, pero igualmente válido. Hablando con los términos que están de moda, en un mismo espacio convergen un restaurante gastronómico, un bistrot, un gastrobar y una tienda centrada en los productos alimentarios de los dos socios que hacen posible el negocio: Cayo Martínez, de La Catedral de Navarra, y José Gómez, de Joselito. Con este formato me libero de tener que llevar elPoblet a Madrid. En su día no estaba tan asentada la tendencia de los gastrobares y los bistrots, y me costo mucho que la gente entendiera que iba a Madrid para montar un establecimiento de este tipo. Seguramente tampoco fuimos lo más precisos que hubiéramos podido ser, pero el modelo se ha consolidado y va por buen camino.
¿Algún proyecto nuevo?
¿Hacer más Sulas? De momento, no. Estamos muy centrados en nuestro restaurante y nuestra cocina en Dènia. Al ser copropietarios en Madrid, la situación socio-económica que se vive en el mundo no es lo suficientemente atractiva para hacer más restaurantes. Eso no quiere decir que no nos lancemos el mes que viene si se dan las circunstancias apropiadas. Como tampoco quiere decir que no podamos llevar a efectos la dirección gastronómica de cualquier restaurante en España o fuera, tanto en la versión de alta cocina como en la versión Sula.
Parece que la generación de cocineros de la que formas parte se muestra imparable… ¿Qué perspectivas tienes?
Somos la tercera generación. Los que lideraron el primer movimiento, donde Luis Irizar ejerció como maestro, fueron Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Ramón Roteta, Karlos Arguiñano, José Juan Castillo… y posteriormente vinieron Martín Berasategui, Ferran Adrià, Carme Ruscalleda, Pedro Morán, Manolo de la Osa, Santi Santamaria, Toñi Vicente, Toño Perez, Carles Gaig, Fermí Puig, Hilario Arberlaitz, Aitor Elizegui, Koldo Rodero, Bittor Arginzoniz, Enrique Martínez, Carlos Cidón, Pilar Idoate, y muchos otros. Luego, viene nuestra generación: donde está Joan Roca, que va a caballo con la anterior pero que pertenece a la nuestra, Andoni Luis Aduriz, Albert Adrià, Oriol Castro, David de Jorge, Sergi Arola, Nacho Manzano, Pepe Rodríguez, Jordi Vilà, Paco Roncero, Óscar Velasco, Francis Paniego, Elena Arzak, Fina Puigdevall, Isaac Salaberria, Ramón Freixa, Jesús Sanchez, Mario Sandoval, Pepe Solla, Nandu Jubany, Xavier Pellicer, Marcelo Tejedor, Carmelo Bosque, Aitor Basabe… Pienso que lo bueno que tiene la cocina española es que habiendo figuras tan importantes como Ferran Adrià, que han marcado tanto el transcurso de la cocina mundial e histórica, también hay cocineros de otras generaciones que han sido capaces de construir su propio universo a partir de lo establecido y sobre una parte más personal. España tiene una gastronomía de gran valor ya que no todo converge en una cuantas personas, hasta hay una cuarta generación que ya es una realidad: con Dani García, Josean Martínez Alija, Juanfra Valiente, Marcos Morán, Eneko Atxa, David Muñoz, Benito Gómez, Ángel León, Rodrigo de la Calle, Iñigo García, José Ramón Piñeiro, Iñigo Lavado, Benito Gomez, Aizpea y Xabi de Xarma… entre otros. Y, seguramente, dentro de poco también aparecerán cocineros hoy muy jóvenes, que nos van a sorprender. Ningún país del mundo tiene cuatro generaciones de tan alto nivel que estén coincidiendo en un mismo momento y que, además, se retroalimenten. La perspectiva de mi generación es muy buena ya que somos los herederos de un bagaje cultural impresionante. Esto va a permitir que la cocina se vaya reinventando continuamente.

¿Qué aconsejarías a los jóvenes cocineros que te relevarán a ti?
Creo que estamos más para recibir consejos que para darlos, pero pienso que a la cocina se la debe tratar con el mismo respeto que nosotros recibimos. Si hemos de dejar algún legado, que no me preocupa lo más mínimo, tenemos la obligación de ofrecer y defender, por lo menos, lo que hemos heredado. La cocina no tiene la culpa de nuestros problemas, la cocina es mucho más importante que los cocineros. Nosotros somos meros transcriptores de la cocina en un momento de la historia, pero la cocina seguirá y nosotros nos iremos. La cocina es lo mas importante.
El reconocimiento de los clientes y los cocineros está sobradamente demostrado. Por otro lado, mucha gente opina que te mereces la tercera estrella Michelin, y has quedado en el número 61 del ranking de la revista Restaurant a los mejores restaurantes del mundo… ¿Consideras que estás lo suficientemente reconocido por las guías y críticos gastronómicos?
Me siento muy querido por los clientes y por mis colegas de profesión. En la guía Michelin, evidentemente, me gustaría tener las tres estrellas. En la lista de la revista Restaurant, preferiría estar en el número 1 que en el 61. Pero mi trabajo es cocinar y hacer las cosas bien; todo lo demás, no lo puedo controlar. En cuanto a las estrellas, es una competencia de los señores de la guía Michelin, que bajo mi punto de vista hacen su trabajo estupendamente. En el tema de la revista Restaurant creo que, con lo grande que es el mundo, estar en el número 61 es un dignísimo puesto. Cuando empecé a cocinar, hace ahora 22 años, ¡ni me lo planteaba! Pero, ya que jugamos a esto, trabajamos para tener el máximo reconocimiento posible. No me siento discriminado porqué se que esto es una carrera de fondo: los resultados son cuestión de tiempo y, en el fondo todo, es muy subjetivo. Cuando todos los restaurantes de mi alrededor tenían alguna estrella, yo no tenía ninguna. Hay que seguir trabajando, seguro que vendrán esos reconocimientos… y si no, seguiremos igualmente, pero mejor con ellos. Si, como es nuestro caso, no estás en algún centro neurálgico, es importante que el mundo empiece a mirar hacia ti para no ser sólo un sitio de referencia, sino el centro. Vivimos en un momento en que hay que atender el tema de los medios de comunicación porqué, para bien o para mal, afectan mucho a la transcendencia de tu trabajo y a tu posicionamiento en el mapa. Hay muchos factores que intervienen para que puedas llegar a ser presidente de los Estados Unidos. También es cierto que la gastronomía española tiene tanta fuerza por la gran labor de maîtres, sumilleres, camareros, enólogos, bodegueros, agricultores, pescadores, ganaderos, recolectores… Los medios de comunicación y los críticos han hecho y siguen haciendo un trabajo divulgativo sin parangón en la historia de la cocina. A ellos hay que felicitarles y agradecerles igualmente, porqué buena parte del éxito es también suyo. Me han tratado bien, en términos generales.


* Entervista ilustrada en; http://www.7canibales.com/?p=1519

sábado

"La Gamba Roja de Dènia, BCN Vanguardia & Quique Dacosta, Restaurante"





"La Gamba Roja de Dènia, BCN Vanguardia & Quique Dacosta, Restaurante"

http://www.gastronomiaycia.com/2010/03/27/quique-dacosta-en-bcn-vanguardia/


Tras unos días en Alimentaria y dentro de esta en BCN Vanguardia, congreso gastronomito que el grupo GSR a la cabeza Roser Torras, la dama de la gastronomía española y su hijo Pau, os paso un link donde mis amigos de Gastronomia&Cia, han grabado buena parte de mi ponencia monográfica sobre la Gamba bajo el paraguas de un titulo de la Ponencia “ Estrategias para conseguir y optimizar presencia en grandes listas y guías”.
Esta fue junto a dos amigo cocineros, a los que admiro infinitamente y de los que cada día aprendo muchísimo. Ellos son Martín Berasategui y Marcelo Tejedor.

viernes


Se llama Jorge Guitian. ( en la foto, abajo en el medio )

Os invito a la fectura.
Son sus impresiones de su visita por casa. Este es el gancho, lo que sí quiero, es que guardeís la dirección de su Blog, para que lo sigaís bien de cerca.
Disfrutarlo.

QD


Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo


Porque Comer es sólo el final de la historia. Premio Nacional Álvaro Cunqueiro de Periodismo Gastronómico 2008. I Premio Navarra Gourmet al Mejor Blog Gastronómico 2009.


http://gourmetymerlin.blogspot.com/2010/03/quique-dacosta-restaurante.html



http://gourmetymerlin.blogspot.com/

sábado

Fallas 2010.








Quique Dacosta, Restaurante.

FALLAS 2010.


* Cada día se oye desde las plazas de los pueblos y ciudades una secuencia de estruendos que hacen recolocarse todos nuestros interiores. Es la mascletà. Especialmente conocidas las que se celebran entre el 1 y el 19 de marzo a las 14h en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia. Cada día, es un día menos, y estas nos manifiestan a gritos, que las fallas se acercan y con ellas se culminarán el día de San José.
Son las fallas en sí mismas, un cúmulo de infinitas sensaciones. Muchas sentimentales, mucho de emoción, de sugestión y sobre todo, cuando la fiesta es tuya, se convierte en pasionales.
Dènia, tiene también sus fallas. Increíbles, como cualquier otras. Tal vez más relajadas, pero tenemos nuestro falleros y falleras, nuestras mascletà, unas fallas impresionantes y nuestro jolgorio. Así pues aquellos que nunca vivisteis las fallas, este es o puede ser un buen momento.

El fuego, símbolo de las fallas como de la cocina, os espera en estas tierras.
del 1 al 19 Marzo.

http://www.flickr.com/search/?q=fallas
http://es.wikipedia.org/wiki/Fallas
http://www.fallas.com/
http://www.valencia.es/
http://www.denia.net/es/index.html

viernes

Coow it Raw 2010







Cook it Raw


El 22 23 y 24 de Enero del presente año, paso algo mágico en Collio.

Al noreste de Italia y mas en Eslovenia que en la misma Italia, pude disfrutar de un equipo de una cocina muy singular. De un movimiento que espiritualmente me llena muchísimo, y del que me siento muy orgulloso y feliz de pertenecer.

“Cook it Raw” se llama el mismo. Cocinando la prehistoria, podría ser la traducción. Un movimiento donde las reducción al máximo de la energía eléctrica, la conservación del ecosistema, la colaboración con ecologistas, ganaderos, pescadores, agricultores artesanales, la potenciación de lo Bio, lo ancestral, la crudo, lo asado, lo tradicional, lo moderno, lo clásico, la vanguardia, lo mas sensato y las locuras más equilibradas, tienen cabida y convergen entre si, con total naturalidad. 13 cocinero de todo el mundo y sus manos derechas (Juanfra en mi caso) pasamos tres días con el fin de encontrarnos y de evolucionar con motivos muy claros.
Fue absolutamente mágico, los allí vivido, queda para nosotros, y seguro marcará la cocina de todos para siempre.

Adjunto link, para que podáis haceros una idea.

http://www.cookitraw.org/wp/movies/

http://www.cookitraw.org/wp/

http://www.youtube.com/user/CookItRaw2010#p/u/15/38bxqd1Ghf8