martes

Día 10, Verduras a flor de piel. ElPaís


Foto que ilustra la columna verduras a ras de piel

TANIA CASTRO | 10-08-2010

"Bajo la copa del altivo mango nuestro lecho gentil cubrí celosa con delicada alfombra de hojas blandas, donde la luz lunar juega entre las flores". Homenaje a Gonçalves Dias.


ALFREDO ARGILÉS

La humilde acelga

ALFREDO ARGILÉS 10/08/2010

Bordea los límites del misterio el porqué la acelga es más humilde que el resto de sus compañeras verduras a los ojos del mundo. Cada vez que se nombra a la Beta vulgaris -¡otra vez esa forma de señalar!- se le antepone el calificativo que la conceptúa como la más desfavorecida entre las de su clase, lo cual dista mucho de ser realidad. Sus pencas -blancas y tiernas- y sus hojas -verdes y suculentas- nada tienen que envidiar a las de las espinacas u otras verduras de consagrada fama.


Una sola planta nos puede ofrecer diversos momentos de placer

La acelga es familia de la remolacha, lo cual en nada las determina para lo que a nosotros concierne, que es su cualidad comestible. La remolacha se ha impuesto por su gran raíz y lo que nos interesa de la acelga son sus hojas. Las hojas en toda su extensión, con la indispensable condición de su juventud y lozanía, ya que las de áspero tacto -que indica que están a punto de florecimiento-, o las arrugadas y marchitas -indicio de haberse recolectado algunos días atrás-, poseen menor calidad gastronómica.

No obstante, si disponemos de un huerto destinado al cultivo de la acelga nada debemos temer: la recolección del hermoso vegetal tanto puede practicarse en un solo golpe o con amputaciones sucesivas, diferidas en el tiempo, de suerte que una sola planta nos puede ofrecer diversos momentos de placer sin más que ir dosificando la tala de sus hojas, a medida que encontremos sus carnes en sazón, cortándolas por la base con infinito cuidado, de forma que no dañemos al conjunto de la planta, que con el tiempo irá perfeccionando y engordando a placer las hojas sucesivas.

De esta suerte podremos regodearnos con la más simple preparación que es la ensalada, en la que las jóvenes hojas se consumen crudas y rodeadas de toda suerte de acompañantes -como puede ser el queso- y aliñadas al gusto con diversas vinagretas.

Asimismo, podemos comerlas fritas, como acontece en la cocina alicantina, para lo cual es necesario en principio someterlas a cocción. Después, bien escurridas, se fríen, y a los diez minutos se les añaden unos huevos batidos que se revuelven con el vegetal, para dar lugar a un ente, cercano a la tortilla y con la primacía del vegetal.

Por más que la cocina valenciana las tiene en la mayor estima, al formar parte de dos de sus clásicos más intransferibles. El primero sería el que combina nuestra verdura con el arroz, plato popular donde los haya, y que en primera instancia obtiene su sabor del inevitable sofrito y los ahora impagables caracoles, aunque otras versiones, quizá menos primigenias, se permiten el añadido de bacalao o costillas de cerdo -cada una en su diferente perversión- para redondear el sabor del plato, que no su suavidad y ligereza.

Y la otra es la casi extinguida receta que une la casi desaparecida gamba de río con las acelgas, en una ligazón que tanto sirve para sabroso aperitivo como para crear la farsa con que rellenar unas impagables empanadillas.


EL CÓCTEL

Ruibarbo Cosmo

JAVIER ANDRÉS SALVADOR 10/08/2010

1/16 de sandía fresca en dados, dos partes de vodka, 3/4 zumo de lima, 3/4 de zumo de grosellas o arándanos, 1/2 de licor de melón, 1/8 licor de lima, 2 de Campari. La acelga ruibarbo es ampliamente utilizada en la repostería. Cocinada con azúcar, combina a la perfección con diversas frutas, como fresas, manzana o sandía. A su vez, es uno de los principales integrantes del popular Campari, utilizado en su receta precisamente por sus peculiares notas amargas. De los cientos de combinados con Campari hemos optado por esta divertida versión. Con la ayuda de una maza triturar los dados de sandía en la base de la coctelera. Añadir el resto de los ingredientes, agitar y servir en un vaso pre-enfriado. Decoramos con unos tallos de Ruibarbo cortados en juliana.


LA RECETA

'Farcellet' de acelgas con cangrejo blandos

QUIQUE DACOSTA 10/08/2010


Ingredientes:


Un cangrejo de piel blanda (soft crab), cuatro acelgas frescas, 250 gramos masa de tempura, recién hecha y fría, aceite para fritura, 10 gramos aceite de oliva virgen extra, una cebolla tierna picada, un diente de ajo, una cucharadita café, de pimentón agridulce de la Vera, 200 gramos de caldo de cangrejo base.

Elaboración:

Limpiaremos el cangrejo, quitándole la parte inferior del mismo. Lo ponemos a punto de sal y lo envolvemos en las hojas de la acelgas escaldadas, lo colocaremos 12 segundos en agua hirviendo y refrescaremos después.

Una vez el cangrejo esté bien tapado con las hojas, pasamos estas por la masa de tempura y los freiremos a 180ºC durante tres minutos. Tiempo necesario para cocer el cangrejo, que quede meloso y la tempura crujiente.

Mientras tanto estamos haciendo las pencas de las acelgas, cortadas de forma regular.

Pondremos en un cacillo el aceite de oliva virgen extra, el ajo picado, la cebolleta tierna picada. Cuando el ajo empieza a bailar, añadimos el pimentón agridulce y un instante después mojamos con el caldo de cangrejos y ponemos las pencas.

Cocemos durante cinco minutos a fuego vivo y lo ponemos en el centro de un plato hondo, con un poquito del caldo de la cocción.

Sobre estas pencas (tres pedazos por persona de 5x2 centímetros) acomodamos la tempura de acelgas y cangrejo.


fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/


Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179

lunes

Día 9, Verduras a flor de piel. ElPaís


Cardo a flor de piel

TANIA CASTRO | 09-08-2010

"Las cosas han cambiado desde que me amas: Me he convertido en un niño que juega con el sol y en un profeta cuando sobre ti escribo". Homenaje a Nizar Qabbani.


Ligado a los conventos

ALFREDO ARGILÉS 09/08/2010

El paseo por la pintura y literatura de la España profunda nos recuerda sin cesar que el cardo estaba entre los alimentos que eran habituales en la comida de los conventos de su época, a la vez que también era sufrido por el pueblo llano con ocasión de las abstinencias, voluntarias o forzadas, a los que le sometía la pobreza y la religión.

Los cardos se comen en invierno, sobre todo durante las fiestas navideñas

Las hermosas pencas que dibuja nuestro pintor son fiel reflejo de la realidad, los tallos del cardo pueden medir hasta dos metros, y su carne es blanca y suave una vez que se ha desprendido la arisca y espinosa capa exterior y algunos de los filamentos que la estructuran, quedando de esta suerte lista para cocer.

El cardo, cuya planta tiene el mismo origen que la alcachofa, es producto mediterráneo, lugar donde nació y aun se cultiva, no teniendo gran difusión en otros países en los que ha permanecido ignorado para su agricultura y gastronomía, si no es todo el cono sur americano, al que llevaron la planta los descubridores.

Los comían los romanos, crudos y aliñados, y hervidos, y también fritos y asados, aunque no podemos averiguar con nuestros limitados medios si los fondos de cardos de los que hablan los recetarios se refieren a la planta Cynara cardunculus o a su compañera de género, la Cynara scolimus, que representa la alcachofa.

Hay otros muchos cardos, pero no son cynara y por tanto no comestibles, aunque se utilizan por sus magníficas consecuencias para la salud y en especial para el hígado y la vesícula, al decir de los expertos, como el llamado cardo mariano, también conocido por Sylibum marianum; o el cardo bendito -Cnicus benedictus- que se utiliza para desinfectar heridas; otros presentan distintas utilidades, tal es el Dipsacus follonum, también llamado cardo cardador, y que tenía su servicio en cardar la lana; el Centaurea calcitrapa, también conocido como azotacristos, cuyas propiedades el nombre las define, aunque en la realidad el mote le viene por su nombre Calcitrapa, que según consta en Wikipedia deriva del latín caltrops, arma de guerra que consistía en unas bolas de hierro con púas, que estaban unidas por una cadena. También hay cardos borriqueros, que no solo son personas de difícil carácter y ninguna simpatía, sino plantas del género que comentamos recubiertas de pinchas por doquier. Terminemos con la excepción gastronómica que son los cardillos, los Scolimus hispanicus, que se utilizan en nuestro país -el nombre nos proporciona la exclusiva- para aderezar unas sopas o componer la sustancia de diversas tortillas silvestres.

Bien, los cynara se comen en invierno, con especial predilección en las fiestas navideñas, cuando se cuecen acompañados de almendras picadas y pan remojado en leche, que les proporciona la densidad y sabor del que carecen en su finura; aunque también tiene asiento en nuestra cultura, y en la de nuestros vecinos y limítrofes, el cocerlos solos y después acompañarlos con sabrosas rodajas de tuétano escalfado.


LA RECETA

Ceviche de Cardo blanco rizado con hielo

QUIQUE DACOSTA 09/08/2010

1 kilo de cardo blanco. Hielo, 1,5 l. de agua mineral, para la salmuera del cardo, 4 gr. de sal, para la salmuera del cardo, 1/2 limón en rodajas, para la salmuera del cardo, 100 gr. aceite de oliva arbequina. 1 manzana verde, 1 rama de romero. 1 rama de tomillo, 6 bayas de enebro. 20 gr. vinagre de sidra. Zumo de medio limón verde. Piel de medio limón verde rallada. 6 bolas de pimienta rosa. Cebolleta morada en juliana muy fina.

Elaboración:

Por un lado limpiaremos de hilo y fibra el cardo. Es una operación lenta y que requiere cierta destreza (no más que limpiar una penca).

Según lo limpiamos lo iremos introduciendo en agua con abundante hielo y medio limón cortado en rodajas y con un punto de sal, muy suave. Una vez todo el cardo hecho, ponemos un plato encima de donde esté para así tenerlo siempre en contacto con el agua y hielo y evitar que se ponga negro.

Mientras pasa unas 6 horas en frío, hacemos un ceviche con el aceite, el vinagre, la piel y zumo de limón, sal, pimienta rosa, rama de tomillo y romero, la manzana cortada en gajos y la juliana de cebolla morada.

Dejamos en frío todo para que se vayan mezclando los sabores. Pasado este tiempo, sacamos el cardo del agua, lo secamos un poco, sin presionarlo y lo metemos en el ceviche...dejamos 1 hora todo junto en frío.

A la hora de comerlo, lo ideal es ponerlo al centro. Y coger con palillos de cocina japonesa, bien el cardo, como la manzana, la cebolla en juliana... en fin, al gusto.


Restaurantes recomendados

- Casa el Tío David. Bancal del Clot, 2. Alfafara, Alicante. Tel. 965 510 142. La pericana de la Sierra de Mariola es su producto más representativo.

- Palace Fesol. Hernán Cortés, 7. Valencia. Tel. 963 529 323. Pueden acercarse al centro de Valencia y probar el esgarraet con mojama, las cocas de titaina o el encebollado con sardina.

- Casa Jaime. Avda. Papa Luna, 5. Penyíscola, Castellón. Tel. 964 480 030. Llama la atención el "Capricho del Papa Luna", erizo relleno de alcachofa con denominación de origen de Benicarló.

- Veranda. Mossèn Ricardo Miralles, 4. La Vall D'Uixó, Castellón. Tel. 964 690 984. Con un poco de pimiento, berenjena o cebolla se lleva a cabo un pudin de verduras, y si se busca algo menos sofisticado, el puré de zanahoria, patata y beicon es una buena opción.


EL CÓCTEL

Amarcord

Javier Andrés Salvador 09/08/2010

1 parte de Amarcord, 1 parte de Vermut blanco dulce, 1 parte de zumo de naranja natural.

El Amarcord, también conocido como Amaro di Cardo, es una bebida originaria de la Isla de Cerdeña, adecuada para la hora del aperitivo pues tiene la capacidad de abrir el apetito debido a un pronunciado final amargo. Para preparar este cóctel disponemos de un vaso mezclador con abundante hielo, mezclamos el Vermut, el Amarcord y el zumo de naranja recién exprimido. Servir en un vaso con un par de cubitos de hielo y decoramos con una corteza de naranja. Recomendamos acompañar este cóctel disfrutando de la obra maestra de Fellini, con cada trago verá como se ralentiza el tiempo.



fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/


Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179


domingo

Día 8, Verduras a flor de piel. ElPaís



Espárrago

TANIA CASTRO | 08-08-2010

"Muslos que querían muslos, boca que quería estrago, vara de carne maciza sobre muslo sonando". Homenaje a Jaime Sabines.

Blanco y verde: La difícil elección

ALFREDO ARGILÉS 08/08/2010

La confusión entre fondo y forma subyace en nuestra cultura, y el problema se arrastra desde hace siglos. Como ejemplo de lo antedicho consta que en los conventos de la Edad Media estaba prohibido comer espárragos por las derivaciones eróticas o afrodisíacas que de la ingestión del fruto se pudieran derivar, asumiendo que la descarada forma del vegetal sin duda se debía a un proceso genético o químico -en aquel momento alquímico- mediante el cual las virtudes o defectos que en su entraña portaba el espárrago le salían a la cara, o por mejor decir, al tronco.

En la Edad Media se prohibió comer espárragos por su derivación erótica

Aunque la ciencia fue adelantando una barbaridad -lo cual hizo desaparecer la absurda creencia o confusión- la estética siguió persiguiendo el consumo en público del Aspargus officinalis, sobre todo entre las damas de la pacata y malpensada sociedad burguesa, que consideraba del peor gusto verlas introducir el espárrago en su boca. Y además con la mano, forma oficial y satisfactoria de tomar el alimento, ya que permite disfrutarlo en plenitud de un solo bocado.

De origen mediterráneo, el fruto se consumió por las culturas sucesivas que en la zona se implantaron, pero sin duda la romana se llevó la palma en cuanto al aprecio, ya que consideraba al vegetal digno de ser cultivado en los más escogidos huertos y más exclusivas llanuras. Misteriosamente, después de tan señero recorrido, desaparece nuestro producto de la faz de los banquetes principales hasta bien entrado el siglo XVII, momento en que vuelve a hacer furor, considerándose alimento dedicado a las clases dirigentes, que lo tomaban solo o como acompañamiento de asados y otras carnes.

El espárrago surge con color blanco o verde según se oculte o no del sol durante su crecimiento, pues es bien sabido que la exposición de los vegetales a los rayos del astro rey activa su pigmentación en verde, y de ahí al correcto funcionamiento de la función clorofílica solo hay un paso. Para conseguir que los susodichos sean blancos y suaves es preciso taparlos con tierra durante su crecimiento, y recogerlos de esta suerte, sin que la clorofila que contienen se haya manifestado.

Los de color verde poseen sabor más fuerte, sin duda producto de su vida a la intemperie, y se cocinan de distintas suertes, aunque en general resultan agradables asados a la plancha o combinados con huevos, en forma de tortilla o revuelto entre ellos. No obstante su bondad, es justo reconocer que el sabor anhelado se logra en plenitud con los que nacen silvestres, recogidos a la orilla del camino, enjutos de talla y plenos de frescor, con algún repunte amargo que los perfecciona ante el verdadero gourmet.

Si la pretensión del comensal es más sutil en lo gastronómico sin duda deberemos dirigirnos a los de color blanco, que se hierven y combinan con toda suerte de excitantes y lubricantes, de vinagretas o mayonesas; y también se cocinan al gratén, recubiertos de mantequilla o alguna suave y pesada salsa.


LA RECETA

Maneras distintas de comer espárragos

Quique Dacosta 08/08/2010

- El espárrago blanco, pelado y crudo.


Hacemos láminas muy finas, sin que al hacer las láminas, pierdan la forma del espárrago. Una vez conseguido, ponemos el espárrago blanco a punto de sal suave, lo pintamos de aceite y lo grillamos a la plancha.

- Espárrago triguero encurtido.

Sabemos que en crudo es como las verduras conservan todas sus propiedades naturales y saludables. Pues bien, para un espárrago triguero de cultivo, haremos un caldo de encurtido a base de agua, sal, vinagre de arroz, hierbas aromáticas -tipo tomillo, orégano y romero-, y la piel de un limón, y dejamos reposar una noche en la nevera. Al día siguiente un aperitivo fresco y saludable, para comer con las manos.

- Ajoblanco de espárragos.

Sustituimos en la receta tradicional de ajoblanco, las almendras por los troncos, y el agua de los espárragos blancos, cocidos y en conserva, para hacer el ajoblanco de espárrago y guardamos las yemas de los espárragos para la guarnición de la sopa fría.

- Gazpacho de espárragos verdes trigueros y tomates verdes.

No solo se trata de sustituir el tomate por el espárrago, sino que debemos unirlos cromáticamente. A los epárragoss verdes los escaldamos durante 2 minutos en agua hirviendo, y los conservamos fríos. A partir de ahí hacemos un gazpacho con tomates poco maduros, a partes iguales que espárragos escaldados y les damos un punto fresco con hojas de albahaca...


Restaurantes recomendados

- La Finca. Partida Perleta, Polígono 1, número 7. Elche, Alicante. Tel. 965 456 007. Email: info@lafinca.es. Múltiples verduras: desde habas con puntilla de calamar a guisantes con espardeñas o alcachofas con gambas rojas.

- Selma Benicàssim. Avda. Barcelona, 66. Benicàssim, Castellón. Tel. 964 304 122. Podemos pedir la tempura de verduras -calabacín, zanahoria, cebolla- aliñada con salsa de soja.

- Casa Salvador. L'Estany de Cullera. Cullera, Valencia. Tel. 961 720 136. Con huerta propia.



EL CÓCTEL

Black Velvet

Javier Andrés Salvador 08/08/2010

1 parte de Cava Brut, 1 parte de Cerveza Negra.

El espárrago es uno de esos productos que resultan difíciles de armonizar con una bebida. En la propuesta de hoy aunamos la cerveza negra y el cava, para elaborar un sencillo cóctel donde se integran las levaduras de la cerveza con las del vino. Una auténtica sinfonía de aromas tostados y de bollería sustentados por una densa cremosidad que nos permitirá disfrutar de cualquier preparación donde intervengan los espárragos.

Utilizaremos una copa de cerveza de tipo flauta. Volcamos la copa levemente para llenar la mitad con cerveza negra bien fría. Acabar de llenar pausadamente la copa con cava. Ésta debe quedar con unos 4 cm de espuma para su presentación y disfrute.


fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/


Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179


sábado

Día 7, Verduras a flor de piel. ElPaís


TANIA CASTRO | 07-08-2010

"Un ser en orden crecía junto a mí, y mi desorden serenaba. Amé su limitada perfección". Homenaje a Francisco Brines.


A los finos olfatos

ALFREDO ARGILÉS 07/08/2010

La coliflor es una flor. Hermosa, amplia, de carnes prietas y blancas por lo general, que proporcionan un bocado suave y untuoso cuando están cocidas, y crujiente cuando tomamos cada una de sus pequeñas inflorescencias en estado natural, sea formando parte de una ensalada, sea animando un cálido arroz.

Fruto de invierno, la coliflor parece que alimenta su virtud con el frío

No obstante, nos advierten los botánicos que la flor no es tal, sino un proyecto frustrado, una inflorescencia hipertrofiada cuyos bulbos nos comemos con delectación. Aunque justo es confesar que mejor no deleitarse con su aroma. Mala fama tiene esta flor entre los finos olfatos; está llena de azufre, que se evapora cuando el calor lo penetra y así se eleva a nuestra pituitaria, resultando su química del olor de los huevos podridos, por lo que deberemos cocerla al abrigo de narices indiscretas.

Comerla es otro cantar, el azufre quedó lejos y dentro de sí permanecen los más dulces sabores, que deben combinarse para mayor delectación con las fórmulas que albergan la leche en su composición, tal que la que propuso Madame Du Barry a su amante el rey Luis XV, que la hacía crema acompañada de patatas y el imprescindible jugo de las ubres. De esta suerte, la favorita del rey alcanzó gran predicamento, al que no fue ajeno el mito -por otra parte, y de forma asombrosa, común a casi todas las verduras que en el mundo existen- de su gran poder vigorizante en lo sexual, y por ende en lo amatorio.

Esta fuerza afrodisíaca la elevó a los más ilustres altares, y el gran La Quintinie, jardinero en los jardines de Versalles, la adoptó entre las elegidas, y la plantó a las puertas del palacio para que la nobleza pudiese solazarse con su visión y regodearse de antemano con los placeres que se prometía tras su ingestión, haciendo caso omiso a su poder flatulento y a su larga digestión.

Mas para contemplar las coles no es necesario ir a Francia, mucho más cerca las tenemos. Su origen, aunque dudoso, la hace aparecer en las costas atlánticas, en los mundos celtas, desde donde se extienden por doquier, mutando su forma pero no su cualidad. Fruto de invierno, parece que alimenta su virtud con el frío, e inmejorables son aquellas que han permanecido bajo la nieve protegidas por las gruesas hojas que la recubren y que permiten -además- que la función clorofílica no tiña su blancura inmaculada al posarse en ellas los rayos del sol.

Cocida, rebozada con huevo y harina y frita; al horno cubierta con bechamel; napada con los más distintos quesos; guisada con jamón según aseguran procede hacerla en la Canal de Navarrés; hecha una mousse y aderezada por exóticas especias como el clavo, la mostaza y el estragón; marinada con soja para acompañar los embutidos o la ensalada de queso, o bien componiendo un flan con mantequilla nos servirá como aperitivo, comida o postre, aunque debamos acompañarla, única e indefectiblemente, con rica agua del manantial.


LA RECETA

Coliflor a la plancha con sardinas a la sal

Quique Dacosta 07/08/2010

Ingredientes: Ocho sardinas hermosas, sal gruesa marina, coliflor pequeña, y muy fresca, aceite de oliva virgen extra, sal fina, cebollino picado. Elaboración: Escamaremos las sardinas, y las desvisceramos, con mucho cuidado de no romper la fina piel.

Una vez limpias, las secamos bien, para evitar que cuando las pongamos en la sal esta se pegue a la piel del pescado.

Así pues, pondremos sal gruesa en la plancha, daremos forma rectangular a la sal y no más alta de dos centímetros. Este rectángulo se ajustará a las dimensiones de las sardinas una vez colocadas, dos por rectángulo de sal, las cubriremos con la misma proporción de sal, y el mismo grosor.

Después completaremos la forma rectangular.

Unos ocho minutos van a tardar en hacerse nuestras sardinas a la sal, sobre la plancha. Mientras tanto haremos la coliflor, de una forma muy sencilla y poco habitual. A la plancha.

Una de las formas que por otro lado a mí más me gusta. Sacamos los arbolitos de la coliflor. Cortamos estos en rodajas de un centímetro y grillamos a la plancha, con no demasiado aceite. Ponemos a punto de sal y tras cuatro minutos de plancha dándoles la vuelta, las sacamos y ponemos aceite de oliva virgen extra y cebollino recién picado. Acompañamos las sardinas, jugosas, con la coliflor a la plancha y un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Se puede hacer igualmente con salmonetes.



Restaurantes recomendados

- Aqua. Pintor Oliet, 3 (Hotel Luz Castellón). Castellón. Tel. 964 201 010. Muy sabrosa la mezcla del pastel de berenjenas con cecina de buey.

- La Sirena. Avenida de Madrid, 14. Petrer, Alicante. Tel. 965 371 718. Email: info


EL CÓCTEL

Love Sauvignon

Javier Andrés Salvador 07/08/2010

Tres cucharaditas de miel, una parte de whisky Glenmorangie The Original, una de vodka Beldevere, 1/2 de Sauvignon-Blanc, una de zumo de manzana verde. La coliflor muestra una gran potencia aromática, levemente escaldada o encurtida.

Para acompañarla puede ser muy adecuada la acidez y frescura que encontramos en los vinos blancos de la variedad sauvignon-blanc. Los aromas de manzana verde y los toques cítricos se entremezclan con las hierbas frescas. Estas notas cítricas y frutales se resaltan en este combinado que se suma al auge de los wine cocktails. Mezclar la miel con el whisky y el vodka. Añadir los otros ingredientes, agitar con hielo y verter en un vaso pre-enfriado. Decoramos con una juliana de manzana verde.


fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/


Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179


viernes

Día 6, Verduras a flor de piel. ElPaís


Hojas de espinacas entre cabellos de mujer

TANIA CASTRO | 06-08-2010

"Sobre la almohada Desatado en cabello Primavera en ondas" Homenaje al poeta japonés Yosa Buson.


Para el ardor de boca

ALFREDO ARGILÉS 06/08/2010

Dicen los sabios de la Escuela de Salerno en el prefacio de su Regimen Sanitatis: "La espinaca es buena para el ardor de la boca, / I comer espinaca amarga va bien a los estómagos ardientes".

La espinaca se consume cruda o cocida, en ensaladas o con bechamel

La historia o la leyenda adjudican la creación de la primera escuela de medicina del mundo, allá por el siglo IX, a cuatro mentes preclaras: el griego Pontus, el árabe Adela, el judío Helimus y el latino Salernus, que justo en Salerno (Italia) juntaron sus saberes, que eran -nada más y nada menos- aquellos que provenían del clásico mundo griego representado por Hipócrates, Galeno y Dioscórides, añadidos a los de todos los que fueron sus alumnos y traductores en los imperios que les siguieron.

Desconocemos lo que es el ardor de boca, aunque conocíamos bien -hasta el advenimiento del omeprazol- lo que era sufrir de estómago ardiente, exceso de ácido que ahora sabemos combatían nuestros mayores con la ingesta de la planta quenopodiácea antes citada, la cual ha quedado en la actualidad, y para estos menesteres, relegada al consumo de los adictos a las medicinas alternativas que en mundo existen.

Nuestros descreídos contemporáneos, sin embargo, ahora las comen solo por su rico sabor y porque están llenas de vitaminas, fibra e hidratos de carbono, lo cual las convierte en muy aconsejables para el tránsito intestinal y poco más; ni siquiera los niños las consumen para ser fuertes como Popeye, porque es sabido que su contenido en hierro no es de la magnitud que aseguraba el héroe del cómic.

Cultivada todo el año está en sazón en la época más fría, y se consume en crudo o cocida, formando parte de ensaladas y guisos con bechamel, o cocinadas con mantequillas para de esta suerte acompañar a las carnes de aves y otros mayores animales como la vaca. En nuestra cultura las cocemos y comemos sin más aparato que el aliño de aceite y vinagre, o sofritas con ajos, o formando parte indispensable de las llamadas empanadillas vegetales, siendo así que no llevan el habitual ingrediente del atún.

Mucho le deben las espinacas a Ferdinand Carré y Charles Tellier, avisados ingenieros que no dudaron -entre los años cincuenta y ochenta del siglo XIX- de las posibilidades que proporcionaba el frío para la conservación de los alimentos, dando lugar a los congelados que ahora conocemos, y a los que nuestra verdura se somete con fruición y gran éxito, siendo así uno de los productos que más se expende en ese gélido estado. Aunque no es extraño ese comportamiento, habida cuenta que -cuenta la tradición- bolitas de las hojas de esta planta, bien cortada y después cocida y prensada, se vendían como rosquillas en los mercados del más profundo Medievo, siendo sus principales comensales aquellas personas a las que sus muchas obligaciones no les permitían demorarse en hacer sofisticados y complejos platillos, o aquellos otros, como los estudiantes, cuya economía pasaba por una frugal y rápida colación.


LA RECETA

Berberechos a las dos espinacas

Quique Dacosta 06/08/2010

Ingredientes:

Hojas de espinaca y hojas de lechuga de mar, con berberechos frescos.

Elaboración:

La idea es simple. El invitado no sabrá cuándo esta comiendo una cosa u otra, hasta que se lo meta en la boca. La lechuga de mar, cortada en pedazos del tamaño de la espinaca que tengamos.

Tendremos un caldo base de crustáceos, que hemos hecho potencialmente a partir de unos mejillones.

Haremos un sofrito de ajo picado, punta de guindilla y perejil picado.

Cuando el ajo empiece a bailar, añadir un poco de vino blanco seco y seguidamente el caldo de mejillones. Dejamos levantar el hervor y en ese momento añadimos a parte iguales la lechuga de mar y la espinaca, sin la penca central.

La cocción de la lechuga de mar es un poco más larga que la de la espinaca, por lo tanto la ponemos tres minutos antes al caldo que las hojas de acelga. Una vez hayan cocido cuatro minutos (tres con la lechuga de mar y uno con la espinaca) añadimos los berberechos grandes, frescos y de muy buena calidad, bien limpios.

Seguidamente añadimos una cucharada de Maicena exprés para espesar un poco y en el último momento, dos gotas de vinagre de jerez.

Probamos y ponemos a punto de sal.

A este plato se le puede poner un huevo poché en los últimos momentos.


Restaurantes recomendados

- Óleo. Plaza de Juan Antonio Benlliure, 9. Valencia. Tel. 963 675 865.


EL CÓCTEL

Iceland tea

Javier Andrés Salvador 06/08/2010

Cuatro partes de té negro frío, una de whisky de malta, hielo picado. Té en cualquiera de sus variedades, para cuya elaboración utilizaremos agua mineral. De entre los diversos métodos existentes para su preparación, tal vez resulte más adecuada la maceración en frío: obtendremos un té más nítido y limpio, pero preservando todas sus cualidades. Macerar las hojas de té en agua y azúcar unas 12 horas. En este caso hemos optado por un té negro inglés para acompañar el whisky de malta. De esta forma ya tenemos la base para nuestro cóctel y solo nos resta mezclar los ingredientes. Agitar y verter en un vaso coctelero enfriado. Unas hojas tiernas de espinacas ligeramente aliñadas con aceite y limón resultan el mejor snack para acompañar este refrescante cóctel.



fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/


Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179

jueves

Día 5, Verduras a flor de piel. ElPaís


TANIA CASTRO | 05-08-2010

"La vida del pez. La vida del crótalo. Con todo ese miedo mal apretujado bajo las escamas". Homenaje a Sergi Gros.


La sutil amargura

ALFREDO ARGILÉS 05/08/2010

Si dejamos de aclarar las hojas de la planta que da lugar al pepino obtendremos pepinillos, porque ya se sabe que es difícil mantener con un mismo sueldo muchos hijos, que pueden dar en entecos.

Las virtudes del pepino se han visto despreciadas a lo largo de los tiempos

Y es que los pepinillos, aunque gozan de las mismas limitadas propiedades de sus mayores, mayormente aprovechan para ser avinagrados o edulcorados, tratados con cien eneldos y otras hierbas, transmitiendo su aguada carne los sabores que lo perfeccionan.

No sucede así con su hermano de mayor tamaño, que goza de un peculiar sabor, admirado por muchos, odiado por otros tantos, y que tiene en su fondo un amargo deje y un lejano y leve dulzor. No podía ser menos, siendo cucurbitácea y por tanto familia directa de los melones, de los que obtiene el nombre por una larga serie de errores y derivaciones. Como pepón se conoce al melón en el lenguaje medieval, que deriva del mismo apelativo -pepon y pepo- que le dieron griegos y romanos por ser maduro, y a pepón como aumentativo le siguió el diminutivo pepino, por su menor tamaño, aunque ambos se adornan con las mínimas calorías y similar exceso de agua en su composición.

Aunque consumido en abundancia, sus virtudes gastronómicas a lo largo de los tiempos se han visto casi despreciadas, y parecía que el pepino debía ser paladeado, después de bien aclarado, aliñado con aceite y vinagre, sea en soledad, sea en ensalada con otros congéneres, o sea formando parte del gazpacho, versión andaluza, que no deja de ser más de lo mismo pero triturado; similar destino se le buscó al pepinillo, que debía conformarse en ser aperitivo excitante o ingrediente de salsa tártara, con la honrosa excepción que lo hace compañero de patés y otras pastas derivadas de las carnes del cerdo, así la sustanciosa rillette, a la que mata sus grasas.

Sin embargo, los tiempos contemporáneos y los nuevos cocineros han reconsiderado esta postración, y lo hacen singular protagonista de algunas veleidades. Así, el peruano Toshiro Konishi enrolla en pepino trozos de salmón, y los anima con una salsa de camu camu, que como todos conocen es una fruta amazónica repleta de vitaminas. Isaac Salaberría, del restaurante Fagollaga, en Guipúzcoa, los asa en cuartos para que formen parte de un risotto con jugo de moluscos; o elige su jugo y sus pepitas asadas para que acompañen a hermosos bogavantes. Los hermanos Sergio y Javier Torres, en Cataluña, lo mezclan con ostras y tendones de ternera. Andoni Luis Aduriz, del restaurante Mugaritz, rememora y mejora una clásica receta que los batía y trituraba junto con yogur, añadiendo a ese conjunto unas ostras que de esa suerte se perfuman. Y también en Valencia, en el restaurante Arrop, Ricard Camarena baña los boquerones con vinagre en un pil pil de pepino que realiza rallando el fruto, sazonándolo con sal, limón, comino y pimienta negra, macerándolo al vacío durante algunas -bastantes- horas, y mezclándolo limpiamente con una suave mayonesa de aceite de la Arbequina.


LA RECETA

Pepino con yogur y ostras

QUIQUE DACOSTA 05/08/2010

Ingredientes:

Un pepino del terreno, un yogur natural griego, hojas de pimpinela (hierba aromática, apepinada), pimienta negra recién molida muy fina, ocho ostras Guillardeau grandes, una hoja de gelatina, un limón verde.

Elaboración:

Abrimos con mucho cuidado, para no romper la carne, las ocho ostras que hemos conseguido, muy, muy frescas. Mientras las abrimos tendremos cuidado de no verter su agua. Agua que vamos a guardar para gelificarla con la hoja de gelatina. Para ello tendremos la hoja de gelatina previamente hidratada en agua y hielo, y una vez hidratada (lo notarán por la flexibilidad de la misma), calentamos el 25% del agua de ostras reservada, en el micro, con la hoja dentro. Le damos unos 40 segundos. Suficiente para fundir la hoja. Mezclamos esta agua con el resto del agua. La ostra la pondremos en un molde de su tamaño (los hay de pvc). Una vez colocada la ostra la cubriremos con su agua. Dejamos en frío y tras unas dos horas tendremos una ostra gelificada con su propia agua.

Pepino del terreno: lo pelamos y nos quedaremos con el interior. Sus semillas nos proporcionarán, además de la parte más refinada en sabor y aroma del pepino, también la textura en boca de las semillas. Cortamos muy unas finas rodajas a modo de carpaccio que colocaremos en el fondo del plato.

Yogur. Propongo el griego. Más untuoso y con connotaciones ácidas muy interesantes para este plato. Sobre el pepino, pondremos un par de lágrimas de yogur y en el centro del plato la ostra gelificada.


Restaurantes recomendados

05/08/2010


- Casa Manolo. Paseo Marítimo, 5. Daimús, Valencia. Tel. 962 818 568. Verduras en tempura co

- Nou Palas. Avenida de la Estación, 9. Alicante. Tel. 965 227 555. Huevos poché a la florentina (con espinacas), ensaladas, acelgas a la catalana, alcachofas a la marinera, milhoja de berenjena con queso de cabra.

- Can Broch. Plaça de les Drassanes, 4. Dénia, Alicante. Tel. 966 421 784. Corazón de alcachofa sobre un lecho de tomate, napado con queso de Alsacia y un poco de hueva de atún por encima; pimientos asados con anchoas, ensaladas de la huerta con producto de campo.

- Ambigú. Adernos les Bains, 7. Segorbe, Castellón. Tel. 964 711 744. La desconstrucción de fabada, con sus ricas alubias, es su especialidad.


EL CÓCTEL

Gin-tonic

JAVIER ANDRÉS SALVADOR 05/08/2010


Una parte de Gin Hendrick's (enfriada previamente en la nevera), tres de tónica, ocho cubitos de hielo, rodaja de pepino, cáscara de limón.

El Gin-tonic, adecuado como aperitivo o trago largo de sobremesa, es un ejemplo de las cualidades de buen combinado: acidez, toques dulces y un final amargo y fresco. A su popularidad ha colaborado la irrupción de las ginebras premium, elaboradas con originales especias. Para preparar un Gin-tonic necesitamos una copa de balón. Añadimos los hielos y agitamos con una cuchara mezcladora, incorporamos una parte de ginebra, el pepino y volvemos a agitar. Finalmente, añadimos la tónica y removemos suavemente la preparación. Aromatizar con un twist de limón.




Quique Dacosta, Restaurante

www.quiquedacosta.es

0034 965784179


miércoles

Día 4, Verduras a flor de piel. ElPaís


Un guisante

TANIA CASTRO | 04-08-2010

"Camina hacia el pozo. Gira, gira, como gira la tierra y la luna alrededor de lo que aman". Homenaje a Mawlana Rumi.

Entre el aprecio y el desdén

ALFREDO ARGILÉS 04/08/2010

Dicen que tiene una edad de 10.000 años, y que en su tierna infancia convivió con los más rudos y potentes cereales allá en la India, donde nació y se desarrolló, y desde donde se expandió hacia el este y el oeste, llegando en su viaje hacia nuestro hemisferio a las puertas de Egipto, civilización que cautivó a partir del advenimiento del Nuevo Imperio, aquel que va desde Ahmose I hasta los Ramsés. Las crecidas del Nilo propiciaban las huertas, y de ahí el gran desarrollo de las verduras, que se trasladaban a nuestras provincias desde sus lugares de origen -en buena parte se generaron en los territorios que hoy serían Irán e Irak, Persia y Mesopotamia, el Éufrates y el Tigris, la cuna de las civilizaciones- siguiendo la ruta del sur, en vez de como parecería natural dirigirse por Turquía a las otras tierras conocidas.

La verdura era menospreciada en sus ágapes por las clases dominantes

Desde que se instalaron en nuestra cultura los guisantes han sufrido diversas cotizaciones en el mercado de las ambrosías, pasando de ser comidas por los ricos a ser alimento de las capas más desfavorecidas de la población -que diría un eufemístico- e incluso forraje para los animales.

En la Edad Media se sustituían algunos cereales por legumbres y hortalizas, más al alcance del pueblo llano, que las disfrutaba a placer teniendo en cuenta que su dieta más ordinaria, según los tratados que de esa época se ocupan, consistía casi en exclusiva de pan y vino, y algunos restos de carne, más los inevitables guisantes. Así el médico de Francisco I de Francia, Bruyerin Champier, en su De re cibaria los desprecia en especial, junto con las habas, considerando ambos productos indignos de su señor. Dos siglos después Rétif de La Bretonne seguía confirmando que los campesinos menos acomodados basaban su sustento en "una sopa con guiso de cerdo salado, cocido con coles o con guisantes".

La verdura era menospreciada en sus ágapes por las clases dominantes, que se cegaban con las carnes -fuesen de caza o domésticas- y las frutas de sartén, bien repletas de harinas y grasas.

Pero llega la burguesía y todo cambia, los paladares se refinan y al fin se reconoce el valor de los sutiles sabores y aromas de lo verde. Así, el propio Alejandro Dumas dice del guisante: "Los guisantes son, sin duda, una de nuestras mejores legumbres. Cuando están bien frescas, bien tiernas y cocidas desgranadas, forman un entremés que siempre es bien acogido".

Aunque lo agradecemos, no era necesario que el novelista nos convenciera con su autoridad: quien ha probado los guisantes, tales de Llavaneras, tan solo cocidos y aliñados, o sofritos con jamón, deberá hacer examen de conciencia y concluir que la simiente del guisante lo desborda con su suavidad. Y el afortunado que haya podido sucumbir a un tofée de guisantes con percebes, como el que prepara Martín Berasategui, convendrá en que ningún acompañante puede ignorar la primacía que entre los suyos ostenta el hermano menor de los huertos.

Turrón líquido de guisantes

QUIQUE DACOSTA 04/08/2010

Elaboración:

Ingredientes:

250 gramos de guisantes verdes congelados (los de mejor calidad que pueda comprar). 250 gramos de caldo de jamón (venden una caldo en tetrabrik de cocido de muy buena calidad. Si no puede hacerlos en casa y en verano, por querer disfrutar más del día, puede recurrir a ello. 30 gramos aceite de oliva virgen extra, koroneki (en su defecto arbequina).

Para la guarnición:

16 tirabeques (guisante del que se come la vaina entera), 16 dados de turrón blando, daditos de milímetros, 1 loncha de jamón, para chicharrón de jamón.

En un microondas incorporamos los guisantes y el caldo de jamón. Calentamos a máxima potencia durante tres minutos. En ese tiempo el caldo calentará tanto que cocerá los guisantes. Directamente pasamos el conjunto a un vaso americano para turbinar junto al aceite de oliva y hacer este ligera crema tibia y dulce, con un punto suave de sal que pondremos, que nos va a recordar a un turrón vegetal y que en cuatro minutos está hecho. Mientras cocemos dos minutos los tirabeques, ponemos una loncha (solo una loncha) de jamón en un plato y la metemos en el microondas, hasta que se quede crujiente. Una vez fría, picamos finamente.

Y si tenemos turrón a mano, hacemos unos daditos de milímetro y colocamos cuatro junto a los tirabeques y el chicharrón de jamón, en el fondo de un plato sopero.

Desde el mismo vaso americano, tibia, al plato.

Bon profit!.


Restaurantes recomendados

PEIX&BRASES. Plaza de Benidorm, 18. Puerto de Dénia. Dénia, Alicante. Tel. 965 785 083. Email: denia.