domingo
Grandes chefs tras la barra del bar.
Grandes chefs tras la barra del bar
Proliferan las nuevas fórmulas de negocio acometidas por cocineros de prestigio internacional
FEDERICO SIMÓN - Valencia - 23/10/2011
"Es una mezcla de tapas del sur y del norte de España pasada por el tamiz de los grandes cocineros". Así describe a grandes líneas Alfredo Argilés, crítico gastronómico de EL PAÍS, los locales que proliferan a lo largo y ancho de España de la mano de chefs con prestigio internacional. Locales con marchamo de calidad pero aspecto moderno donde se pueden degustar unas anchoas del Cantábrico en "pan de cristal", una tortilla de patata de toda la vida en versión mini, unos buñuelos de bacalao, un tramezzino con sobrasada, queso manchego y mojama o unas navajas con aire de limón.
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Salvador dice que así se aprovecha "el 'Know how' de la alta cocina"
Y para esta tendencia hay dos teorías y sus correspondientes defensores. Por un lado, los que aseguran que es una manera de dar a conocer la gastronomía de calidad, de democratizar la investigación que se hace en las mejores cocinas. Y por otro, los que piensan que en tiempos de crisis los grandes restaurantes no hacen caja. "Parece que todo el que tiene una estrella Michelin ha de sobrevivir con un bar", resume Argilés.
"En Estados Unidos, Italia o Francia los grandes cocineros abrían bistros, tascas y otro tipo de negocio con toda normalidad", explica Quique Dacosta, Premio Nacional de Gastronomía de 2005 y con dos estrellas Michelín en su restaurante de Dénia El Poblet, "en España parecía que un cocinero con estrellas sólo podía abrir otro restaurante similar con vocación de conseguir estrellas".
Por eso, para Dacosta, es una fórmula natural de expansión. De hecho, él ya disponde de tres locales con conceptos diferentes. Por un lado, Aire Tapas Bar, en el aeropuerto de Alicante, dirigido a un viajero curioso. Y ya en Valencia, Mercatbar, un bar que ofrece las tapas de toda la vida pero reinterpretadas por el genio creador de Dacosta. Y más reciente, Vuelve Carolina, con el concepto de restaurante moderno a precio más asequible y el laboratorio del chef detrás. "Son fórmulas existentes en otros países, tanto en tiempos de bonanza como en tiempos de crisis", asegura Dacosta.
Y afectivamente, ya hace años que cocineros de prestigio como Alain Duchase, con sus restaurantes Spoon, o Joël Robuchon, que consigue estrellas con locales en los que se come en la barra sentado en taburetes, abrían nuevos espacios muy alejados en concepto de sus estrellados negocios. Es más, Michelin sorprendió hace días otorgando por primera vez dos estrellas a un pub inglés. En España, mientras, el fenómeno ha llegado un poco más tarde. Argiles explica que los precursores serían Dani García (dos estrellas para Calima, en San Sebastián), que exporta desde Andalucía la fórmula de La Moraga, y en Cataluña el grupo Tragaluz. Pero luego se han incorporado los mejores cocineros nacionales, desde Ferran Adrià y Martín Berasategui, hasta Sergi Arola, Joan Roca o Andoni Luis Aduriz.
En Valencia, los precursores fueron Ricardo Camarena (restaurante Arrop) y Ricardo Gadeu (Askua), que en 2006 abrieron una fórmula más econmómica, el Fudd, en la calle Joaquín Costa, local que ahora ocupa el Mercatbar. "Quizá fueron demasiado pioneros", explica Argiles. El caso es que su fórmula de menú cerrado con platos de calidad y a menos de 25 euros no acabó de conectar con el cliente joven. Pero cinco años después la fórmula va viento en popa. Fórmula gastronómica pero no astronómica (en cuanto a precios) a la que se suman jóvenes cocineros con largo aprendizaje en los más afamados restaurantes, como es el caso de Guillermo Pérez y Rubén Navarro en el Mar d'Avellanes. Y fórmula que sorprende especialmente cuando son los grandes chefs los que se suman a los que algunos llaman cocina low cost.
En Valencia se puede encontrar a Raúl Aleixandre (estrella Michelin en Ca Sento), también Premio Nacional de Gastronomía, en 2004, en su nuevo local Trencadish, en el barrio de El Carmen. Allí intercala tanto las recetas que reivindican la mejor materia prima, con los guisos tradicionales, como arroces, fideuàs o cazuelas marineras, y los "atrevimientos" del chef.
En L'Eixample, Javier Andrés Salvador (estrella Michelin en La Sucursal) abrió en junio pasado Coloniales Huerta, un proyecto que recupera la veterana y tradicional tienda de ultramarinos de la calle Maestro Gozalbo, y a la que incorpora su experiencia en los fogones. "El local era un referente en Valencia, la última generación de la familia no iba a continuar y decidimos abrirlo con productos coloniales de barrio de toda la vida y con una oferta gastronómica", explica Salvador. "Nos sirve para diversificar el negocios", explica el chef, "para ponernos en contacto con el público joven y quizá sirva para que vaya acercándose a la casa madre".
Preguntado sobre si la crisis influye, Salvador explica que "crecer hacia abajo" es una tendencia consolidada en otros países. "Es una manera de aprovechar el know how (conocimiento) de la alta cocina, mejorando la producción y poniendo los productos en la mesa a un coste menor", asegura. Además, explica, "cuanta más gente lo disfruta, mejor, y es más sano para todos, también para el negocio".
También en estos términos habla Dacosta, que menciona la "democratización" de la alta cocina, es decir, pasar de ofrecer una experiencia gastronómica de primer nivel a un reducido número de personas a "poner en escena la investigación de todo un año" para mucha más gente. El cocinero de Dénia cree que los grandes restaurantes españoles, los de primera categoría son hasta tres veces más baratos que los similares en el resto del mundo, pero reconoce que "150 o 200 euros no se los gasta uno todos los días, aunque a le mejor te los gastas en el fútbol, es cosa de valores". De ahí los nuevos espacios creativos, aunque con la misma exigencia. "No puedes fallar, aunque sea una croqueta de dos euros".
"Si tuviera tiempo, equipo y dinero, abriría cada año tres locales distintos", asegura entre risas Dacosta, "lo que a mí me motiva es parir nuevos proyectos, diseñar un nuevo espacio, crear un nuevo ambiente, seleccionar tipografías, confeccionar al carta, inventar nuevos platos...".
- Mercatbar. Nueva propuesta de Quique Dacosta, cocinero de El Poblet (Dénia).
Calle de Joaquín Costa, 27. 0034 973748558 . Se admiten reservas a partir de 6 personas. www.mercatbar.es
- Vuelve Carolina. También de Quique Dacosta.
Calle de Correos, 8. Teléfono: 96 3218686. www.vuelvecarolina.com
MercatBar en El Magazine
Texto de Cristina Jolonch
Cuando el año pasado abrió en Valencia MercatBar y Vuelve Carolina, del que ya se habló en estas páginas, recordó aquel manjar de la infancia. “Así como en Alicante hay una gran tradición de comer en la barra, en Valencia la mayoría de la gente prefiere sentarse a una mesa. Y yo tenía ilusión de abrir un local muy vivo, con ambiente de mercado, con buenas croquetas, con productos frescos, guisos y algún arroz”.
Transcurrido el primer año, y aunque ya no se forman a la entrada las colas de los primeros meses, el local sigue concurrido y se ha ganado una clientela asidua que disfruta del producto de mercado y de elaboraciones sencillas e impecables que se sirven tanto en la barra, donde cuentan con cocina a la vista, como en las mesas, cuyos platos preparan en la cocina situada al fondo del local. Además de los clásicos del tapeo, la ensaladilla rusa, las bravas, los boquerones o las gambas de Dènia (pequeñas) fritas y las albóndigas con sepia, tiene éxito una elaboración a base de pan de cristal, que él mismo describe como un híbrido entre la coca y la pizza y que rellenan con diferentes productos (recomendable la de cuatro quesos con huevo de codorniz).
Dacosta apuesta también por los platos con los que homenajea a algunos de sus colegas: desde el pulpo ahumado con patata de los hermanos Roca, las patatas bravas de Arola, la merluza rebozada de Francis Paniego o la centolla donostiarra de Luis Irizar. Son platos con los que hace un ejercicio de creatividad recorriendo el camino inverso de la cocina de vanguardia a la popular.
Arroces y fideuà
- Arroz a banda.
- Con verduras de la huerta y pato.
- Arroz de bogavante.
- Arroz de pulpo y pichón.
- Fideuà negra con sepia
Datos de contacto
Valencia. Joaquín Costa, 27. Tel.: 963-748-558. Precio aproximado 20 euros.
www.mercatbar.es
www.quiquedacosta.es
www.mercatbar.es
www.quiquedacosta.es
Mercatbar. 1 año y 1 cubalibre.
esta semana MERCATBAR cumple ya un año.
A TODOS LOS QUE OS ACERQUÉIS A MERCATBAR A COMER O CENAR ESTA SEMANA OS OBSEQUIARÁN CON UN 'CUBALIBRE DE FOIE' plato con el que celebraremos nuestro primer aniversario. Gracias Valencia!!!! Estamos muy felices!!!!
www.mercatbar.es
sábado
la paella NO huele a podrido. Quique Dacosta promueve y logra que Greenpeace retire el vídeo contra la paella.
"Defiendo la pesca sostenible
pero también la paella como un plato de calidad"
La delegación británica de Greenpeace lanzó una polémica campaña contra la pesca ilegal en la que señalaba que "la paella huele a podrido". Así, en un video de denuncia, Greenpeace comenzaba destacando que cualquiera que pida una paella puede detectar su "olor a podrido" y advierte de que si la pesca de arrastre española continúa "saltándose las normas comunitarias" este típico plato valenciano "se quedará fuera del menú".
A través de la cuenta de Twitter de Quique Dacosta @QiqeDacosta el cocinero de Denia y propietario de Quique Dacosta Restaurante, con 2 estrellas Michelin y Premio Nacional de Gastronomía, inició un movimiento en el que defendía la pesca sostenible y absolutamente defendía la paella como un plato de calidad:
@QiqeDacosta: "España no se merece el ataque que siempre sufrimos. El slogan 'la paella huele ha podrido' no lo acepto".
Tras inundar twitter en unas horas de las quejas de muchos tuiteros Greenpeace United Kingdom ha eliminado el polémico vídeo.
Tras la eliminación del vídeo...
@greepeace_esp: @QiqeDacosta Gp UK ya nos ha confirmado q va a retirar el video. Seguimos d todas formas hablando d la destrucción de los océanos. Salu2. Gp
@QiqeDacosta: Me parece la mejor de las decisiones q podéis tomar. Estoy a vuestro servicio para luchar contra la mala práctica en el Mar.
Quique Dacosta: Quede claro que estamos con Greenpeace en todo lo que habitualmente hace. Nos consideramos activistas de nuestro ecosistema, respeto al medio ambiente, el mar y las especies vegetales y animales. Promovemos la agricultura respetuosa con la tierra, el cultivo orgánico y una vida biológicamente sostenible.
Reciclamos y censuramos todo lo que ética y moralmente nos hace ver que se atente contra la Naturaleza, las especies que la habitan y creemos que, por una cuestión también ética, hemos reivindicado y defendido un plato de calidad como la paella.
www.quiquedacosta.es
La Comunidad Valenciana ha hecho los deberes para tener un 3 estrellas Michelin
por EFE
El cocinero Quique Dacosta tiene claro lo que supone que el día 24 de noviembre concedan la tercera estrella Michelín a su restaurante de Dénia, "el máximo reconocimiento" que "nunca ha sucedido en la Comunitat", donde, según destaca, la gastronomía "ha hecho los deberes". "Me gustaría enormemente tener las tres estrellas Michelín, por mí, por mi familia, por mi equipo, por mi proyecto y por la Comunitat Valenciana. Considero que se vería bien recompensado el gran trabajo que se está haciendo", ha explicado a EFE el consagrado restaurador, durante la celebración del aniversario de su establecimiento 'Mercatbar' en Valencia.
El cocinero dos estrellas Michelín considera que "muchos cocineros importantes" de la Comunitat están haciendo una gran labor "por sus negocios, por la agricultura, por la pesca", por lo que mantiene que, si recibe un tercer galardón de este tipo, "de alguna manera", también se verán recompensado el esfuerzo de sus compañeros de profesión. "Es una singularidad, es el máximo reconocimiento que nunca ha sucedido en la Comunitat", destaca el cocinero que comenzó en el mundo de la gastronomía trabajando en un restaurante tan sólo con "catorce años y medio".
Dacosta cree que su restaurante de Dénia, que lleva su nombre, "tiene una gran posibilidad" de recibir esa "máxima condecoración", aunque asegura que no está a la "espera" de esta distinción porque, a día de hoy, "lo único" que sabe es que han trabajado "bien" y que se han hecho "los deberes". El restaurador ha celebrado hoy el primer año de apertura de su establecimiento 'Mercatbar' en Valencia, del que se siente "más identificado", ya que fue un proyecto que sacó a la luz "con naturalidad" y como un "ejercicio brutal" para "despegarse del gastronómico de Dénia". En este año, 'Mercatbar' ha recibido a un total de 50.000 personas, "unas poquitas", según comenta entre risas el cocinero, quien esperaba "el cariño y la aceptación de la gente valenciana" ya que "siempre" ha sido su clientela potencial. "Viniendo a Valencia sabía que venía a casa", recalca.
Dacosta centra ahora sus objetivos en "asentar" su oferta y en "los eventos" para "democratizar de alguna manera" su modelo de restaurante en Dénia, de una forma "multitudinaria". De momento, lo hará dentro de España, ya que "para salir fuera", según comenta, está "a expensas de situaciones propicias para poderlo hacer", aunque por ahora "la única gran limitación es la falta de tiempo". En un ambiente distendido, Dacosta profundiza en este último aspecto y considera que, de puertas afuera, "la cocina española está muy mal representada", debido a las dificultades a la hora de "hacer llegar los productos de aquí". "Nuestra cocina es muy dependiente del producto" y ahí es donde reside la "complejidad de la gastronomía española", ha comentado a EFE Dacosta.
El cocinero cree que "posiblemente, éste haya sido un fallo de los españoles", entre los que se incluye, ya que Dacosta tampoco ha podido, de momento, "conseguir que un proyecto como Mercatbar" cruce las fronteras. "Hasta el momento, nuestra exportación de producto elaborado o semi-elaborado, no ha ido más allá del gazpacho de tetrabrik", ha indicado. Para Dacosta, el único modo que tiene España "de llegar al mundo es desde la calidad", una pauta que él también intenta transmitir en su cocina, con los productos "de siempre". Tiene clara la fórmula: "desde la croqueta, pero de calidad; desde la rosquilleta de jamón, pero de la buena. Para la mala, nos han comido la tostada ya. Ya no llegamos".
El cocinero Quique Dacosta tiene claro lo que supone que el día 24 de noviembre concedan la tercera estrella Michelín a su restaurante de Dénia, "el máximo reconocimiento" que "nunca ha sucedido en la Comunitat", donde, según destaca, la gastronomía "ha hecho los deberes". "Me gustaría enormemente tener las tres estrellas Michelín, por mí, por mi familia, por mi equipo, por mi proyecto y por la Comunitat Valenciana. Considero que se vería bien recompensado el gran trabajo que se está haciendo", ha explicado a EFE el consagrado restaurador, durante la celebración del aniversario de su establecimiento 'Mercatbar' en Valencia.
El cocinero dos estrellas Michelín considera que "muchos cocineros importantes" de la Comunitat están haciendo una gran labor "por sus negocios, por la agricultura, por la pesca", por lo que mantiene que, si recibe un tercer galardón de este tipo, "de alguna manera", también se verán recompensado el esfuerzo de sus compañeros de profesión. "Es una singularidad, es el máximo reconocimiento que nunca ha sucedido en la Comunitat", destaca el cocinero que comenzó en el mundo de la gastronomía trabajando en un restaurante tan sólo con "catorce años y medio".
Dacosta cree que su restaurante de Dénia, que lleva su nombre, "tiene una gran posibilidad" de recibir esa "máxima condecoración", aunque asegura que no está a la "espera" de esta distinción porque, a día de hoy, "lo único" que sabe es que han trabajado "bien" y que se han hecho "los deberes". El restaurador ha celebrado hoy el primer año de apertura de su establecimiento 'Mercatbar' en Valencia, del que se siente "más identificado", ya que fue un proyecto que sacó a la luz "con naturalidad" y como un "ejercicio brutal" para "despegarse del gastronómico de Dénia". En este año, 'Mercatbar' ha recibido a un total de 50.000 personas, "unas poquitas", según comenta entre risas el cocinero, quien esperaba "el cariño y la aceptación de la gente valenciana" ya que "siempre" ha sido su clientela potencial. "Viniendo a Valencia sabía que venía a casa", recalca.
Dacosta centra ahora sus objetivos en "asentar" su oferta y en "los eventos" para "democratizar de alguna manera" su modelo de restaurante en Dénia, de una forma "multitudinaria". De momento, lo hará dentro de España, ya que "para salir fuera", según comenta, está "a expensas de situaciones propicias para poderlo hacer", aunque por ahora "la única gran limitación es la falta de tiempo". En un ambiente distendido, Dacosta profundiza en este último aspecto y considera que, de puertas afuera, "la cocina española está muy mal representada", debido a las dificultades a la hora de "hacer llegar los productos de aquí". "Nuestra cocina es muy dependiente del producto" y ahí es donde reside la "complejidad de la gastronomía española", ha comentado a EFE Dacosta.
El cocinero cree que "posiblemente, éste haya sido un fallo de los españoles", entre los que se incluye, ya que Dacosta tampoco ha podido, de momento, "conseguir que un proyecto como Mercatbar" cruce las fronteras. "Hasta el momento, nuestra exportación de producto elaborado o semi-elaborado, no ha ido más allá del gazpacho de tetrabrik", ha indicado. Para Dacosta, el único modo que tiene España "de llegar al mundo es desde la calidad", una pauta que él también intenta transmitir en su cocina, con los productos "de siempre". Tiene clara la fórmula: "desde la croqueta, pero de calidad; desde la rosquilleta de jamón, pero de la buena. Para la mala, nos han comido la tostada ya. Ya no llegamos".
Una Comida en Quique Dacosta
por Ignacio Medina
La
gamba roja de Quique Dacosta concentra la atención general en cada
cambio de carta. Desde que lanzó aquella gamba con polvo de carbón
vegetal, en el viejo El Poblet –y abrió una polémica que todavía colea
sobre la necesidad o no de “tocar” un producto como este-, ninguna de
sus apariciones ha provocado indiferencia en la parroquia. Este año, la
gamba de Quique Dacosta es una y trina. Tres en una, una en tres o más
aún, un galimatías elevado a la cuarta potencia: una en cuatro que son
tres. Cuestión de números de gambas y de ver hasta donde es capaz de
llegar el sabor de este pequeño animal que se esconde en estas y otras
partes del litoral mediterráneo (Rosas, Denia, baleares, Alborán,
Cerdeña, Livorno, Sicilia…). No hay misterio: esta vez era una gamba
que finalmente fueron tres y llegaron a la mesa en cuatro servicios. La
primera, la que todos esperan: brevemente cocida en agua de mar –¡como
cambia una gamba cuando se cuece así en lugar de utilizar agua dulce
con sal!-, sin pelar, con la carne entera y fragante y la cabeza
estallando en líquidos que parecen esconder el secreto de la vida. La
segundoa se mostró frita. Pelada, abierta y medio rota, había pasado
por el tamiz de la fritura parcialmente envuelta en una masa ligera y
suave -supongo que harina de arroz- que cubría algunas partes. La
fritura transforma el sabor de la gamba a tonos más neutros, aunque los
recupera en parte con la crema preparada con los jugos de la cabeza que
acompaña la fritura. Tercera entrega: la cola de la gamba pelada, cruda
y atemperada. Llega con el color exterior apenas matizado por el calor
y una sutil cobertura de aceite para recordarnos la plenitud de los
sabores del mar: profunda, intensa, perfumada, sabrosa… No hacía falta
ir más lejos ¿o sí? Por si acaso, aparece la cuarta entrega: un bol con
un caldo oscuro integrado por el jugo de la cabeza de las gambas y, en
el centro, una pella –le llaman bombón- que contiene los sesos. Un
estallido de sabor de magnitud sideral: la máxima exaltación que
conozco de los sabores y los aromas del mar.
Todo esto acaba llamándose “Gamba Roja de Denia”. Un micromenú en cuatro servicios dentro del menú degustación que cierra la temporada 2011 de Quique Dacosta. El próximo 1 de noviembre cerrará las puertas hasta la primavera (o poco antes, ya veremos) como vienen haciendo otros comedores de altura (Mugaritz, Calima…). La necesidad de dedicar tiempo al trabajo creativo y la obligación de mostrarse en congresos y eventos internacionales –el éxito también viene hoy de la mano de la promoción internacional- empuja a algunos chefs a utilizar el cierre temporal como forma de progresar.
De vuelta a la mesa. La relación con el cliente se plantea en esta casa en torno a dos menús, llamados Universo Local y Sale el Sol (el más largo y completo; nueve aperitivos, diecinueva platos salados y tres postres por 145 €). Una ventana a los sabores más ligados a la tradición culinaria de la Marina Alta y un descubrimiento de los recursos naturales que habíamos dejado caer en el olvido. También es la constatación de una cocina instalada desde hace dos años entre las más avanzadas y sólidas del país.
Es posible que esta sea una de los cinco mejores comidas que he hecho en los últimos dos años.
Me ha impresionado la capacidad de Quique Dacosta para convertir un menú de alta cocina de vanguardia en un muestrario de sabores locales y ejecutarlo desde una sencillez que aún me persigue, una semana después del encuentro. Una simple hoja de kalanchoe rellena de pequeñas sferificaciones de aceite de oliva y una rama de raim de pastor encurtido –dos de los apetitivos que abren la comida- lo dejan muy claro desde el primer momento. Aún incluso cuando encuentra combinaciones más lejanas, como la del kumquat con un relleno de huevas de pez volador, que convierten la fruta en una especie de yema rellena de más huevo. Como sucede con algún otro cocinero, la aparente sencillez de algunas propuestas esconde muchas horas de trabajo. Lo pienso mientras disfruto con el sabor primigenio de una remolacha asada que me recuerda a las cabalazas, también asadas, tan tradicionales en el final del otoño de algunas comarcas de la comunidad valenciana. Pocas cosas de apariencia tan simple y sin embargo tan llamativas. Un bocado difícil de olvidar.
El primer gran impacto llega nada más cerrar los aperitivos con la hoja de rompepiedra, planta tradicionalmente empleada en la zona para infusionarla y ayudar a deshacer las piedras que se forman en el riñón. Aparece cubierta por una lámina de ventresca de caballa perfectamente desespinada y untada con un poco de aceite de oliva. La combinación es grata, sutil, incluso elegante, hasta que acabas con la ventresca y te
llevas a la boca el último trozo de hoja, de repente transformada en un compendio de amargos y picantes. Una agresividad que desaparece en contacto con cualquier elemento graso.
Todo sigue siendo natural y con regustos antiguos. Las salazones, por ejemplo –bonito, huevas de corvina, huevas de maruca y pulpo semiseco pasado por la brasa-, o el aguacate, también cultivado en la zona, apenas cortado en trozos y condimentado con el tono cítrico que aporta el propio hueso rallado. Luego será el turno de un gran plato de chufas –sopa de chufa, chufas y falsas chufas rellenas de crema de foie-gras- o los guisantes. Un plato casi enciclopédico capaz de recorrer de punta a punta el pequeño universo del guisante: semillas, flores, hojas, trozos de la vaina, granizado de guisante y una sopa de guisante unificándolo todo. Hay otros juegos cercanos, como el del tomate –agua de tomate helada, sobre una crema de tomate completada con trozos de tomate semiseco- o las almendras: láminas de almendra de leche crudas y una lámina de almendra amarga sobre un ajoblanco helado, imagino que pasado por nitrógeno líquido.
La ostra no necesita tanta compañía. Es suficiente un poco de agua de mar gelatinizada y la ralladura de unos limones inmaduros para reafirmar su naturaleza. Al salmonete –un filete preparado con mimo en papillote- le basta con una salsa preparada con erizo y las propias entrañas del animal, untada sobre la piel después de abrir el papillote, y una juliana de tirabeques al vapor, mientras que el tuétano se conforma con un cambio de roles: el tuétano se recompone con la forma del hueso y en su lugar llega un jugo de carne tibio ligeramente gelatinizado.
Juegos, miradas y verdades, a veces absolutas y otras parciales, se alternan en un menú que muere exigiendo atención a través de dos postres: el coco –genial para quien no es precisamente un defensor de este fruto- y la miel. No voy a describirlo. Es un descubrimiento que está al alcance de quien se acerque hasta Denia.
Todo esto acaba llamándose “Gamba Roja de Denia”. Un micromenú en cuatro servicios dentro del menú degustación que cierra la temporada 2011 de Quique Dacosta. El próximo 1 de noviembre cerrará las puertas hasta la primavera (o poco antes, ya veremos) como vienen haciendo otros comedores de altura (Mugaritz, Calima…). La necesidad de dedicar tiempo al trabajo creativo y la obligación de mostrarse en congresos y eventos internacionales –el éxito también viene hoy de la mano de la promoción internacional- empuja a algunos chefs a utilizar el cierre temporal como forma de progresar.
De vuelta a la mesa. La relación con el cliente se plantea en esta casa en torno a dos menús, llamados Universo Local y Sale el Sol (el más largo y completo; nueve aperitivos, diecinueva platos salados y tres postres por 145 €). Una ventana a los sabores más ligados a la tradición culinaria de la Marina Alta y un descubrimiento de los recursos naturales que habíamos dejado caer en el olvido. También es la constatación de una cocina instalada desde hace dos años entre las más avanzadas y sólidas del país.
Es posible que esta sea una de los cinco mejores comidas que he hecho en los últimos dos años.
Me ha impresionado la capacidad de Quique Dacosta para convertir un menú de alta cocina de vanguardia en un muestrario de sabores locales y ejecutarlo desde una sencillez que aún me persigue, una semana después del encuentro. Una simple hoja de kalanchoe rellena de pequeñas sferificaciones de aceite de oliva y una rama de raim de pastor encurtido –dos de los apetitivos que abren la comida- lo dejan muy claro desde el primer momento. Aún incluso cuando encuentra combinaciones más lejanas, como la del kumquat con un relleno de huevas de pez volador, que convierten la fruta en una especie de yema rellena de más huevo. Como sucede con algún otro cocinero, la aparente sencillez de algunas propuestas esconde muchas horas de trabajo. Lo pienso mientras disfruto con el sabor primigenio de una remolacha asada que me recuerda a las cabalazas, también asadas, tan tradicionales en el final del otoño de algunas comarcas de la comunidad valenciana. Pocas cosas de apariencia tan simple y sin embargo tan llamativas. Un bocado difícil de olvidar.
El primer gran impacto llega nada más cerrar los aperitivos con la hoja de rompepiedra, planta tradicionalmente empleada en la zona para infusionarla y ayudar a deshacer las piedras que se forman en el riñón. Aparece cubierta por una lámina de ventresca de caballa perfectamente desespinada y untada con un poco de aceite de oliva. La combinación es grata, sutil, incluso elegante, hasta que acabas con la ventresca y te
llevas a la boca el último trozo de hoja, de repente transformada en un compendio de amargos y picantes. Una agresividad que desaparece en contacto con cualquier elemento graso.
Todo sigue siendo natural y con regustos antiguos. Las salazones, por ejemplo –bonito, huevas de corvina, huevas de maruca y pulpo semiseco pasado por la brasa-, o el aguacate, también cultivado en la zona, apenas cortado en trozos y condimentado con el tono cítrico que aporta el propio hueso rallado. Luego será el turno de un gran plato de chufas –sopa de chufa, chufas y falsas chufas rellenas de crema de foie-gras- o los guisantes. Un plato casi enciclopédico capaz de recorrer de punta a punta el pequeño universo del guisante: semillas, flores, hojas, trozos de la vaina, granizado de guisante y una sopa de guisante unificándolo todo. Hay otros juegos cercanos, como el del tomate –agua de tomate helada, sobre una crema de tomate completada con trozos de tomate semiseco- o las almendras: láminas de almendra de leche crudas y una lámina de almendra amarga sobre un ajoblanco helado, imagino que pasado por nitrógeno líquido.
La ostra no necesita tanta compañía. Es suficiente un poco de agua de mar gelatinizada y la ralladura de unos limones inmaduros para reafirmar su naturaleza. Al salmonete –un filete preparado con mimo en papillote- le basta con una salsa preparada con erizo y las propias entrañas del animal, untada sobre la piel después de abrir el papillote, y una juliana de tirabeques al vapor, mientras que el tuétano se conforma con un cambio de roles: el tuétano se recompone con la forma del hueso y en su lugar llega un jugo de carne tibio ligeramente gelatinizado.
Juegos, miradas y verdades, a veces absolutas y otras parciales, se alternan en un menú que muere exigiendo atención a través de dos postres: el coco –genial para quien no es precisamente un defensor de este fruto- y la miel. No voy a describirlo. Es un descubrimiento que está al alcance de quien se acerque hasta Denia.
lunes
Un año de Mercatbar....
...da para mucho. Pero lo más importante es que esta semana estamos de celebración. Mercatbar cumple 1 año y muchas anécdotas ya han ocurrido entre estas cuatro paredes... Ahí van algunas. www.mercatbar.es
...Rafael Ansón otorgó con el Premio Nacional de Gastronomía 'Sánchez Cotán'
a Quique Dacosta y Javi Antoja en Mercatbar.

...salimos en páginas nacionales de la sección de política
por una reunión que, según cuentan, tuvo lugar en Mercatbar.
...nos visitó Ferran Adrià.

...Francis Paniego y Vicente Patiño nos visitaron, entre otros muchos colegas de profesión. Agradecidos...
...nos visitaron Moreno Cedroni y Mauro Uliassi, chefs italianos...
y muchas más cosas pasaron que podrás ver en nuestra página de Facebook de Mercatbar
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