
TANIA CASTRO | 07-08-2010
"Un ser en orden crecía junto a mí, y mi desorden serenaba. Amé su limitada perfección". Homenaje a Francisco Brines.
A los finos olfatos
ALFREDO ARGILÉS 07/08/2010
La coliflor es una flor. Hermosa, amplia, de carnes prietas y blancas por lo general, que proporcionan un bocado suave y untuoso cuando están cocidas, y crujiente cuando tomamos cada una de sus pequeñas inflorescencias en estado natural, sea formando parte de una ensalada, sea animando un cálido arroz.
Fruto de invierno, la coliflor parece que alimenta su virtud con el frío
No obstante, nos advierten los botánicos que la flor no es tal, sino un proyecto frustrado, una inflorescencia hipertrofiada cuyos bulbos nos comemos con delectación. Aunque justo es confesar que mejor no deleitarse con su aroma. Mala fama tiene esta flor entre los finos olfatos; está llena de azufre, que se evapora cuando el calor lo penetra y así se eleva a nuestra pituitaria, resultando su química del olor de los huevos podridos, por lo que deberemos cocerla al abrigo de narices indiscretas.
Comerla es otro cantar, el azufre quedó lejos y dentro de sí permanecen los más dulces sabores, que deben combinarse para mayor delectación con las fórmulas que albergan la leche en su composición, tal que la que propuso Madame Du Barry a su amante el rey Luis XV, que la hacía crema acompañada de patatas y el imprescindible jugo de las ubres. De esta suerte, la favorita del rey alcanzó gran predicamento, al que no fue ajeno el mito -por otra parte, y de forma asombrosa, común a casi todas las verduras que en el mundo existen- de su gran poder vigorizante en lo sexual, y por ende en lo amatorio.
Esta fuerza afrodisíaca la elevó a los más ilustres altares, y el gran La Quintinie, jardinero en los jardines de Versalles, la adoptó entre las elegidas, y la plantó a las puertas del palacio para que la nobleza pudiese solazarse con su visión y regodearse de antemano con los placeres que se prometía tras su ingestión, haciendo caso omiso a su poder flatulento y a su larga digestión.
Mas para contemplar las coles no es necesario ir a Francia, mucho más cerca las tenemos. Su origen, aunque dudoso, la hace aparecer en las costas atlánticas, en los mundos celtas, desde donde se extienden por doquier, mutando su forma pero no su cualidad. Fruto de invierno, parece que alimenta su virtud con el frío, e inmejorables son aquellas que han permanecido bajo la nieve protegidas por las gruesas hojas que la recubren y que permiten -además- que la función clorofílica no tiña su blancura inmaculada al posarse en ellas los rayos del sol.
Cocida, rebozada con huevo y harina y frita; al horno cubierta con bechamel; napada con los más distintos quesos; guisada con jamón según aseguran procede hacerla en la Canal de Navarrés; hecha una mousse y aderezada por exóticas especias como el clavo, la mostaza y el estragón; marinada con soja para acompañar los embutidos o la ensalada de queso, o bien componiendo un flan con mantequilla nos servirá como aperitivo, comida o postre, aunque debamos acompañarla, única e indefectiblemente, con rica agua del manantial.
LA RECETA
Coliflor a la plancha con sardinas a la sal
Quique Dacosta 07/08/2010
Ingredientes: Ocho sardinas hermosas, sal gruesa marina, coliflor pequeña, y muy fresca, aceite de oliva virgen extra, sal fina, cebollino picado. Elaboración: Escamaremos las sardinas, y las desvisceramos, con mucho cuidado de no romper la fina piel.
Una vez limpias, las secamos bien, para evitar que cuando las pongamos en la sal esta se pegue a la piel del pescado.
Después completaremos la forma rectangular.
Unos ocho minutos van a tardar en hacerse nuestras sardinas a la sal, sobre la plancha. Mientras tanto haremos la coliflor, de una forma muy sencilla y poco habitual. A la plancha.
Una de las formas que por otro lado a mí más me gusta. Sacamos los arbolitos de la coliflor. Cortamos estos en rodajas de un centímetro y grillamos a la plancha, con no demasiado aceite. Ponemos a punto de sal y tras cuatro minutos de plancha dándoles la vuelta, las sacamos y ponemos aceite de oliva virgen extra y cebollino recién picado. Acompañamos las sardinas, jugosas, con la coliflor a la plancha y un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Se puede hacer igualmente con salmonetes.
Restaurantes recomendados
- Aqua. Pintor Oliet, 3 (Hotel Luz Castellón). Castellón. Tel. 964 201 010. Muy sabrosa la mezcla del pastel de berenjenas con cecina de buey.
- La Sirena. Avenida de Madrid, 14. Petrer, Alicante. Tel. 965 371 718. Email: info
EL CÓCTEL
Love Sauvignon
Javier Andrés Salvador 07/08/2010
Tres cucharaditas de miel, una parte de whisky Glenmorangie The Original, una de vodka Beldevere, 1/2 de Sauvignon-Blanc, una de zumo de manzana verde. La coliflor muestra una gran potencia aromática, levemente escaldada o encurtida.
Para acompañarla puede ser muy adecuada la acidez y frescura que encontramos en los vinos blancos de la variedad sauvignon-blanc. Los aromas de manzana verde y los toques cítricos se entremezclan con las hierbas frescas. Estas notas cítricas y frutales se resaltan en este combinado que se suma al auge de los wine cocktails. Mezclar la miel con el whisky y el vodka. Añadir los otros ingredientes, agitar con hielo y verter en un vaso pre-enfriado. Decoramos con una juliana de manzana verde.
fuente:
el País.
www.elpais.com
http://www.elpais.com/espana/cvalenciana/
Quique Dacosta, Restaurante.
www.quiquedacosta.es
0034 965784179




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