lunes

15 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Gastronomía popular

ALFREDO ARGILÉS

Los automóviles hirieron de muerte al bacalao, que otrora se encontraba triunfante en su monopolio, como pez en el agua en los páramos y las umbrías, a mil millas de cualquier mar conocido. Después, ya todo fue desdicha y los pescados de aquí y de allá viajaron por carretera y hasta por autopista, llegando a la boca de cada comensal que lo requiriese sin más que abrirla y solicitarlo.
La sal funciona en el bacalao como una fuente alternativa de sabor
Bien en verdad que en aquellos momentos el bacalao flotaba envuelto en una montaña de sal, que le había sido impuesta en los caladeros de los mares del norte para su mejor conservación, ya que desde la edad de bronce se conoce la propiedad de ese mineral para beberse el agua que la rodea y dejar los cuerpos que la portaban secos como una mojama y por tanto sin temor a la putrefacción. Después, como es bien sabido -hablamos del siglo XVI- el pescado cecial se extendió como la mancha de aceite por las geografías, ocupando los territorios y logrando de esta suerte la fortuna de los pescadores y la salvación de los creyentes, que con el suministro anti bula asegurado, pudieron cumplir con la Iglesia sin tener que recurrir a la ingeniería teológica, que buscaba demostrar verdades tan discutibles como que los patos o los batracios no se alineaban con la especie que representaban entreotros las perdices y los conejos. Seguro que no habían leído a Linneo.
Porque el bacalao triunfó en la gastronomía por dos principales razones: porque fue el remedio para las abstinencias y porque en su salado adquiere -la química es muy agradecida- propiedades sápidas que no existían en su estado de fresco, que por lo general presentan carnes blandas y poco sabrosas.
La gastronomía popular, decimos, ha llevado al bacalao a las más altas cotas, haciendo como es norma de la necesidad virtud, y utilizando la imaginación para sobrellevar con buen ánimo e incluso con golosina la obligación de comer casi todos los días que durase la cuaresma el dichoso bacalao, como nos recuerda el que fuera famoso alcalde de La Coruña Don Manuel María Puga y Parga en su libro "Vigilia reservada", donde se explaya en el tema además de consignar las esperadas recetas. No será necesario recordar algunas de las más famosas: la primera de todas las que lo suaviza con la fórmula del pilpil, mediante la que desprende toda la melosidad que llevaba oculta; o la que lo eleva asado y rodeado en su asombrosa conjunción con la salsa vizcaína; también gratinado en las brandadas junto con la patata; en croquetas y buñuelos, de similar composición aunque redondos y fritos y que no falten piñones; con pimientos rojos riojanos, con tomate; frito y con all i oli; asado y con pasas; formando parte sustancial de imprescindibles platos de cuchara, como el que lo cuece con garbanzos, o con patatas, o con arroz. O aquellas en que se utilizan en vez de los sempiternos lomos los más suaves y gelatinosos callos, que como bien sabemos, son la vejiga natatoria que recorre al animal.

EL APERITIVO DE MARÍA GRIÑÓ

Tapas y claritines para mis suegros queridos


Voy siempre tan acelerada, que una vez llegué a olvidar que mis suegros venían a comer justo el día en que me había propuesto ponerme a dieta, había descongelado una lasaña para mi marido y los únicos inquilinos de mi nevera eran unas latas de cerveza, un bote de mayonesa y un limón reseco.
Y allí estaban. Sentados alrededor de la mesa, esperando que sirviera la comida. Busqué en la despensa unas latas de conservas y el pan de molde. Y junto con la mayonesa, me puse manos a la obra. Iba a hacer tal cantidad y variedad de canapés que no sabrían por dónde empezar. Y para beber... ¡Sólo 3 latas de cerveza!. Pero cuando más presión tienes más creativa te vuelves. Abrí unos sobres de litines, los mezclé con agua en una jarra grande de cristal, añadí el zumo del limón reseco, un poco de azúcar y vertí las cervezas. Lo complementé con unos cuantos cubitos de hielo. Claritines lo llamé. Me sentía tan orgullosa de mi misma.... Lo acerqué todo a la mesa explicándoles que la comida iba a consistir en un aperitivo a base de tapas variadas y Claritines.
Mi suegro, hasta las cejas de comer hervido a todas horas, mostró cara de satisfacción. Mi suegra, arisca como de costumbre no paraba de repetir, eso sí, entre canapé y canapé, que la gente joven no cocinaba como antes. Bueno, ni como antes ni como ahora. No cocinaba.
Finalmente todo salió bien y quedaron saciados. Aunque yo, por culpa de los nervios, no probé ni pizca del aperitivo.
Maria Griñó es pintora

Me caso
TANIA CASTRO
Como cada domingo me desperté de un salto. Los domingos me gustan. Me enfundé en lo primero que encontré. No creo que nadie confirme esta afirmación pero queda mejor que decir: tras una hora larga conseguí decidir con que enfundar las lonchitas de este cuerpo. Defectos de presumida. Gafas de sol y a la calle rumbo a uno de mis hábitos favoritos. Desayuno y periódico en la cafetería del Ivam. Me hace feliz saludar al mismo camarero. Un hombre alto, con aspecto sano y mofletes rosados. Mientras me sirve café y cruasán dos frases, como siempre, del tema común favorito: "Vaya, ha empezado pronto el fútbol este año. Ese nuevo que han traído parece espabilado, pero ninguno como Villa". Si, eso sí... Me siento, comienzo a leer y el teléfono interrumpe mi nirvana personal. Escucho: "¡Me caso!, ¡si me caso!". Tras ocho años viviendo juntos se casan. Me alegro, la felicito y pregunto ¿por qué ahora? "Llevo ocho años despertándome con el mismo hombre. Iba siendo hora de convertir un habito tan constante en un ritual". Colgamos, me giro hacia la barra y pido otro café. El codo arrastra al cruasán hasta mi falda, esa que me costó una hora elegir, y de pronto veo...¡una mancha! Devuelvo el cruasán a su lugar y le digo muy seriamente: ¡como sigas así, te pido el divorcio!. Y es que cada uno se casa con quien quiere.

Bacalao y su gratén
QUIQUE DACOSTA
Como cocinaría un bacalao desalado un cocinero japonés, con nula información sobre el producto y ninguna cultura de nuestra manera de cocinarlo? Es una reflexión válida para todos. Sin querer se empieza a construir un universo creativo, de investigación empírica, que puede dar unos resultados inesperados, algunas veces maravillosos. Pero a lo que vamos ¿Cómo haría un bacalao un japonés? ¿Al pilpil? ¿Lo salaría? Seguro que no hubiera dado este paso, puesto que la sal en Japón es inexistente... En fin, culturas que enriquecen.Me remontó a uno de los primeros bacalaos que cocine en mi vida. Seguro que con errores y aciertos, pero gustaba, que es importante cuando tienes un restaurante. Corría el año 1990 y en mi restaurante hacíamos un bacalao al all i oli con graten de patatas, sobre base de ajo arriero. Dios, que bueno. Para el gratén, un puré de patata con cierta consistencia, al que en el momento final de su elaboración incorporamos all i oli, al gusto, perejil picado y un huevo. Lo dejamos reposar en nevera un par de horas. Después, napar (cubrir) los lomos de bacalao desalados, siempre sentiditos. Y al horno en una bandeja, sobre una base de ajoarriero y tras unos 8 minutos (dependiendo del grosor del lomo) tendremos un bacalao gratinado sobre ajo arriero.


JOSÉ MARÍA GANDÍA Presidente de Bodegas Vicente Gandía 

 

"No hemos dado al vino valenciano la notoriedad acorde a su calidad"

FEDERICO SIMÓN - Valencia

José María Gandía (1940), presidente de Bodegas Vicente Gandía, cogió el tercer relevo de la empresa familiar en los sesenta y se apuntó dos hitos, embotellar por primera vez un vino (Castillo de Líria) y acometer la internacionalización: el 75% de los 35 millones de botellas que producen al año se exportan a más de 80 países. Ahora, sus hijos, la cuarta generación, se encargan de producir vino en otras denominaciones como Ribera del Duero, Rioja o Rueda, mediante el alquiler de bodegas en el terreno.
"La gente que hace vino muy caro lo tiene un poco más crudo"
"Hay muchas bodegas en venta en España. Aquí las hay en pérdidas"
"Antiguamente el vino era una bebida energética, sobre todo en el campo"
"En un restaurante no pagaría más de 100 euros por una botella"

Pregunta. Evolucionar o morir de éxito.
Respuesta. Sí. En tiempos de crisis hay que espabilarse más para poder subsistir. Esto es cosa de mis hijos.
P. Pero sin gastar en bodegas.
R. Es a través de joint ventures con bodegas de otras zonas.
P. Y si fracasan es más fácil dar marcha atrás.
R. Eso por supuesto. De todo este proyecto habrá unas iniciativas que funcionarán muy bien, otras regular, y otras que habrá que desechar. Pero habrá que dejar pasar un año o dos.
P. Han ido a por las DO con más tirón en el extranjero.
R. En el extranjero y en el mercado nacional. No vamos a descubrir que Rioja y Ribera son las más punteras de España.
P. ¿Las más punteras o imagen? ¿El vino valenciano tiene algo que envidiar?
R. La calidad de los vinos valencianos en los últimos 20 años ha mejorado mucho. No hemos llegado a darles la notoriedad acorde a su calidad.
P. ¿Tanto pesa la imagen del vino a granel valenciano?
R. Eso no da notoriedad a una denominación. Romper tabúes es cosa de muchos años. El primer vino que embotellamos, Castillo de Líria, era como en la escuela, empezar a leer el catón. Luego ya sacamos crianzas, reservas... subiendo de gama.
P. ¿Una revolución?
R. Una evolución normal. Los que no lo han hecho han desaparecido. Así de fácil.
P. La técnica amplía la competencia en todo el mundo.
R. La feria mundial de Burdeos, Vinexpo, me asusta. Allí ves vinos japoneses, ingleses, canadienses. La vid se cultiva casi casi desde el Polo Norte hasta el Polo Sur. Ahora con técnica se solventan muchos problemas.
P. ¿En qué ha cambiado el vino desde los sesenta?
R. No se parece absolutamente en nada. Yo siempre digo que antiguamente era una bebida energética, sobre todo en el campo, el agricultor que cogía la caballería, el hatillo con la comida y la bota, que se tiraba labrando todo de sol a sol, si a mediodía no se tomaba medio litro no podía seguir trabajando. Ahora es una bebida que da placer. Y claro, el listón de la calidad crece.
P. El consumo está cayendo.
R. En litros estamos en 16 per cápita al año. Cuando entré en el negocio estaba en 80 litros. El vino y la cerveza se han invertido. En lo países vitivinícolas, Francia, Italia, España y Portugal, el consumo está bajando. Y en otros sin tradición como Estados Unidos o Inglaterra, sube. Pero a nivel mundial no sé si se equilibran.
P. Luego lo lógico es exportar.
R. Los expertos dicen eso. Menos mal que nosotros llevamos haciéndolo toda la vida.
P. ¿Qué es mejor, mucho vino barato o poco vino caro?
R. La gente que hace vino muy caro lo tiene un poco más crudo. Nosotros estamos en hacer ciertos volúmenes.
P. ¿Cuánto está dispuesto a pagar por una botella?
R. Como consumidor, no digo entendido, en un restaurante no pagaría nunca más de 100 euros por una botella. A partir de un cierto precio no aportas nada más. El más caro que he bebido, porque me invitaron, costaba entonces 500.000 pesetas, y me decepcionó. Por ese precio pides que el vino te cante... y no.
P. ¿Hay modas en vino?
R. Hay modas y hay que seguirlas. En tintos, en los últimos años la moda eran vinos con mucho cuerpo, potentes. Lo que ocurre es que a veces exageran y cuando te echas el vino a la boca se te caen los dientes de golpe [risas].
P. Hay mercados difíciles.
R. Los más grandes son los más difíciles. Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. Pero ahí concurren todos los productores.
P. El vino tiene alcohol ¿hasta qué punto es un problema?
R. Pero el vino es cultura. Y si nos atenemos a la religión, es un símbolo del cristianismo. No puede ser algo nocivo si se toma con moderación. Si te tomas 10 kilos de plátanos te pones malo.
P. ¿La crisis cierra bodegas?
R. Hay muchas bodegas en venta en España. En la Comunidad Valenciana también hay bodegas en pérdidas.
P. ¿Está a favor de fusionar las denominaciones valencianas?
R. Es un tema espinoso. Una marca paraguassería muy interesante. A nosotros, cuantas más armas nos den y más juego, mejor.
P. También se ha interesado por el turismo y el arte.
R. Sí. Hace años empezamos a desarrollar el enoturismo en la finca Hoya de Cadenas, una casa solariega de 1820. Y lo último ha sido un museo con barricas decoradas por artistas. Vamos a recibir ahora una de Francisco Esplá.
P. En lo que no han caído es en encargar una bodega a un arquitecto de lujo.
R. Son muy bonitas pero cuestan muchísimo dinero y el mantenimiento de obras de Santiago Calatrava o de Frank Gehry no me lo quiero ni imaginar. Nosotros somos muy pragmáticos.


FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es


domingo

14 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

 

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Una salsa inmejorable

ALFREDO ARGILÉS

Las gallinas ponen huevos para reproducirse. Al igual que hacen los patos, los avestruces, los salmones y las sardinas. Y no lo hacen las personas, ni las ballenas, ni otros muchos mamíferos. La ciencia asegura que los huevos existen porque era necesario preservar el medio líquido para que el embrión se desarrollase con seguridad, a cubierto de las inclemencias del tiempo y otros agentes externos que lo malograsen. Seguridad que se acrecienta cuando la cáscara que lo conforma es de sólida consistencia y en su interior la madre ha instalado toda una despensa a disposición del nasciturus.
Velázquez admiró los huevos fritos, ora con jamón, ora con chorizo
Parece razonable pensar que la apropiación de los nutrientes que contienen los huevos es tan antigua como los huevos mismos, y fuese el astuto ladrón cualquier bicho que se moviese. Y entre los bichos más peligrosos sobresalía el humano, que los contempló como fuente de vida desde la más lejana prehistoria. Allí donde había un huevo, existía un predador que lo deseaba.
Pero una cosa es robar los huevos en el nido ajeno y la otra hacer de ellos una fuente organizada de riqueza, y aun más, base de una culinaria que puede ser sencilla, casi primitiva, o elevarse a las alturas de las grandes creaciones gastronómicas.
Los cocineros señalan que no hay salsa mejor que el huevo crudo, que posee ligereza a la vez que alimento, y que unta, protege, suaviza, e incorpora su sabor sin ocultar el que cubre. Admírense los huevos pasados por agua -solo pasados- cuando son mojados con una brioche, el rebozo de un pescado, o esa impensable sutileza que es la salsa mahonesa y sus derivadas, la holandesa, la bearnesa ...
Si los freímos batidos obtenemos la tortilla, huérfana de acompañantes o completada con patatas, o pimientos, berenjenas, gambas, camarones, ajos o cebollas, y cualquier producto que el intelecto pueda deducir. Y si enteros, los inconmensurables huevos fritos, que hasta Velázquez admiró, ora con jamón, ora con chorizo o con un corte de tocino en nuestra clásica culinaria. Miles de huevos, cocidos, poché, recubiertos por cien salsas o cubriendo mil verduras. Rellenos o rebozados. Revueltos. A la plancha. A baja temperatura. Al horno. Y al microondas.
En todos los países y en todas las épocas. No conocemos restricciones religiosas para su consumo, excepto las que surgen por ayunos o abstinencias y por unas y otras cosas su consumo es alucinante. Se producen en el mundo más de sesenta millones de toneladas cada año, que a ojo de buen cubero deben significar unos cien mil millones de docenas, si todos fuesen de gallina, que no lo son.
Grandes de avestruz, pequeños de codorniz, medianos de pavo, más pequeños de pato, de tortuga y leo que en México hasta de mosquito, por no hablar de aquellos que cogemos de los caracoles o los infinitos de pescados, que se llevan la palma de finura y sabor. Al respecto, y como ejemplo a seguir, obsérvense las huevas aprisionadas que generamos con el esfuerzo del hombre y el sacrificio del atún.

 

EL APERITIVO DE Carmen Alborch.

La mojama de Alcoi, la cerveza, el 'sushi' y el vino

Mariscal decía hace algunos años que en Valencia la vida era fácil porque si algo no iba bien te ibas a la Malva-rosa, te tomabas una cervecita y te cambiaba el estado de ánimo. Aunque la cerveza no es mi aperitivo ideal, la asocio con el alivio de la pausa en el trabajo, inmediatamente antes de la comida. Recuerdo las primeras cervezas belgas que tomé y la japonesa con mi primer sushi. Ahora saboreo las de aquí, las artesanales. El primer aperitivo que aparece en mi memoria es el vermú con papas y aceitunas rellenas que tomaban mis padres con sus amigos, algunos domingos, en el antiguo aeropuerto de Valencia. Un buen martini, uhmm, se puede tomar en muchas partes del mundo, aunque prefiero saborear las especialidades que, además, pueden ser evocadoras. A pesar de las bondades de algunas bebidas, si tuviera que elegir, me quedaría con el vino y con los aperitivos caseros. Recuerdo la mojama que traía mi abuelo desde Alcoi y la que compro ahora con Josevi en el Mercat Central. Son todos estos aperitivos que relaciono con la amistad, la generosidad, el saber y el placer. Vicente Todoli siempre nos sorprende con sus últimos descubrimientos, siempre es sugerente la conversación en torno a la mesa de los Navarro Baldeweg. La hospitalidad y el conocimiento combinan especialmente en la bodega de Parcent de la familia Gutiérrez de la Vega. Por cierto, hace años, en un delicioso viaje a Oporto y a San Sadurní, proyecté escribir historias sobre las mujeres y la vinicultura. Os deseo un buen brindis.
Carmen Alborch es exministra de Cultura.

Huevos y creación
TANIA CASTRO

Eh! oye, tú, toma este huevo ¿Me podrías hacer una gallina? y así me hace compañía. Tú, es decir, Dios, se puso manos a la obra. Pero la gallina no le salía. Comenzó a dudar, además, si ya había creado una gallina pues ahí estaba el huevo. Fue en ese preciso instante cuando se creó la eterna cuestión. La verdadera eterna cuestión, no esa tontería que dicen por ahí del ser o no ser. Si es que a la gente le encanta soltar mentirijillas e ir de intelectual. Como cuando llegas a casa de un amigo a comer y tiene puesto el programa Corazón, corazón. Antes de que te dé tiempo a preguntar comienza a explicarte que en realidad no lo está viendo sino espera que comience el telediario del mediodía. Aunque ante tu sorpresa sobre el apuesto novio que se ha buscado la Duquesa te sabe explicar a la perfección que ya ha firmado los papeles prematrimoniales renunciando a todo y por fin se pueden casar. ¡Espectacular! Bueno, la verdadera eterna cuestión: ¿fue antes el huevo o la gallina? Y digo yo, si Dios no halló la respuesta ¿cómo vamos a hacerlo nosotros? Tras gastar muchos huevos sin encontrar la fórmula, rendido y agotado, decidió darle otra cosa. "Toma hijo. Seguiré trabajando. Mientras tanto te doy a una mujer de compañía. Ya nunca más estarás solo. ¡Pero cuidado! creo que la he hecho sobrada de huevos".

Ojo con el huevo
QUIQUE DACOSTA

Se ha preguntado qué hay detrás del código de barras de un huevo? Si es un huevo español debe poner ES detrás del primer número. Si es un 3 el primer número del código son "criadas en jaulas": las gallinas están dentro de jaulas diseñadas para facilitar la recogida de los huevos, evitando que se ensucien con el estiércol. Tienen acceso continuo a agua y a una alimentación equilibrada. Estas instalaciones facilitan el control sanitario y la limpieza. Las gallinas dentro de estas jaulas no se pueden mover. Se les corta el pico y se les controla la iluminación para aumentar su productividad. * Si es un 2, "criadas en suelo": se mueven libremente dentro del gallinero, en el que tienen comida, agua, ponederos y zonas de paseo. * Si es un 1, "camperas": las granjas tienen, además, corrales al aire libre donde picotear, escarbar y darse baños de arena. * Si es un 0, son "de producción ecológica". Para mí, la mejor elaboración posible para un huevo es frito. Para ello, aceite de oliva virgen extra picual. Caliente, casi humeante, echar el huevo, ayudar con una rasera a añadir el aceite por encima, para hacer la puntillita crujiente, la yema cruda y caliente. Sal fina por encima una vez fuera de la sartén y pan artesanal para mojar.

FUENTE: ELPAIS.
www.quiquedacosta.es

sábado

13 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Amor sacro y amor profano
TANIA CASTRO
Homenaje a los ajos en la obra Amor sacro y amor profano, de Tiziano.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Para construir vocaciones
ALFREDO ARGILÉS

Fue Heródoto un aclamado historiador que vivió en la Grecia clásica en los tiempos del siglo V antes de nuestra era. Viajó por el mundo conocido, y fruto de estas visitas resultaron los escritos sobre los pueblos que conoció, entre los cuales se encuentra Egipto. Allí admiró las pirámides, construidas muchos siglos antes, cuando los faraones eran los amos del mundo, hasta que llegó Cleopatra y con ella - y Julio César- el imperio decayó.
El faraón Keops gastó, al cambio, 44 millones de euros en comprar ajo
Pues bien, Herodoto, que era solvente investigador, indagó sobre la citada construcción, quienes las habían hecho, qué habían comido y cuánto había costado la habilitación de semejante tropa. El resultado fue inesperado: los trabajadores de empeño tan colosal habían subsistido con rábanos, cebollas y ajos, que les daban el necesario vigor. En esas sutilezas palatales, el faraón Keops había gastado la nada módica cantidad de mil setecientos talentos de plata, cifra que calculamos equivaldría hoy a más de cuarenta y cuatro millones de euros, lo cual nos indica la cotización del ajo en la antigüedad.
A más de un euro el kilo se cotiza actualmente el morado de Las Pedroñeras, cima de la calidad aunque no de la cantidad, que en eso los chinos nos abruman con más de doce millones de toneladas al año.
Los chinos los comen envueltos en los rollitos y guarneciendo y combinando los patos y demás ambrosías de las que tienen costumbre, aunque para nuestro gusto queden sutiles, acostumbrados como estamos a los raciales y fuertes sabores que nos brinda perlas de nuestra más clásica y humilde gastronomía.
Para comenzar unas sopas de ajo, llamada así porque en su contenido brilla la familia alióidea, del género allium, sobre todos los demás. Las verdaderas sopas de ese nombre se caracterizaban por la simpleza de su concepción, que se resumía en el fruto frito y algo requemado, que daba sabor al agua que los cocía y por tanto al pan que anegaban. Y fin.
Con estos sabrosos mimbres se construyeron vocaciones, aunque no pirámides, y los conventos se llenaban de olor al sempiterno ajo nada más el día se hacía presente. Pero claro, el afán de superar lo conocido llega a todas partes, y ahora es costumbre que el caldo contenga trazas de jamón, que el pan sea hecho ex profeso a tal fin culinario, y que hasta se añadan al servir la colación de algunos huevos, que se pochen en la mezcla y le confieran las calorías que desconocía.
Y después el ajoblanco, el all i oli, el pesto, la salsa que llaman "a la espalda", y ese infame manjar compuesto con aceite y perejil que cubre, en los bares de este nuestro mundo, cualquier sepia a la plancha que se precie.
Elemento imprescindible de nuestra cultura, logra estar presente en todas las salsas, comenzando por el inevitable sofrito que proporcionará sabor a guisos y más guisos, y continuando con toda suerte de especialidades locales y provinciales, de las que pueden servir como inmejorables ejemplos el ajoarriero, el atascaburras, las gambas y las angulas. Sin ir mas lejos.


EL APERITIVO DE
La coca 'malhecha', la merengada y entre tanto la olla

Adoraba los veranos de mi infancia. Mis padres nos llevaban a todos mis hermanos y a mi a Altura, en el Alto Palancia (Castellón) a pasar el calor con mis abuelos y mi tía Ángeles. De Altura me decanto por la visita al Santuario de Cueva Santa, el bañito en la piscina Municipal, el salir a la fresca a la plaza del pueblo con los amigos... Pero sobre todo eso, lo que más me gustaba y me gusta, es salir por la mañana temprano al horno del pueblo y comprar una porción de coca malhecha. Luego, con el mediodía, tener en la mesa un plato de olla de los que hacían mi abuela o mi tía; que me tendréis que disculpar cuando os digo que era "para chuparse los dedos". Y como no, para un hombre goloso como yo, lo que más visitaba (y de hecho, en cuanto tengo la ocasión no dudo en visitar) es la heladería del pueblo para tomar un buen helado casero de leche merengada.
Muchas veces, sobre todo en estos días de verano de 38 grados, llego a casa tras un día de duro trabajo, y no os podéis ni imaginar lo mucho que echo de menos mi infancia en Altura. Allí hace calor pero por la noche dormíamos con una "mantita". Aquí, en la Vall d'Uixó, este lujo solo lo tenemos si encendemos el aire acondicionado.
Desde luego, recomiendo a todo aquel que tenga la oportunidad y sea igual de "glotón" que yo, que pase un día por Altura, que deguste los buenos dulces caseros que ya os he nombrado anteriormente y que le eche dos horas al aperitivo y a la coca malhecha.
Alex Debón es piloto de motociclismo.



TANIA CASTRO
Hambre literaria
TANIA Me desperté con ansia. Un ansia profunda de leer. Busqué entre mis libros y no sentí antojo de ninguno de ellos. Marché de ruta. Una librería céntrica y grande. Otra más pequeña. Esa antigua a la que siempre había pensado entrar pero aún no lo había hecho. Seguía sintiendo ansia pero no conseguía definir de qué. Compré el periódico. Busqué alguna referencia entre sus páginas, nada. Mi hambre no hacia más que crecer. Era cada vez más grande. Comencé a morderme las uñas y decidí volver a aquella gran librería. Un libro tras otro pasaban por mis manos. ¡ Este!, ¡no, este!, que va, va a ser ¡este!. Eran todos excelentes pero ninguno era el que buscaba. Frustrada, comencé el retorno a casa. Despacio, un poco triste y aún muerta de hambre literaria. A mitad de calle, de pronto, un graffiti: una pareja y un voraz cuadrado negro entre los dos junto con la frase "El espacio que impide que dos personas se amen eternamente". Unas calles más allá, una cara enorme con barba de serpientes y la tabla de los diez mandamientos donde solo se leía la letra euro. Justo enfrente, un montón de coches aparcados en vertical como menú suculento. Continué andando. Una escalera hacia el cielo y la frase "Bonjour tristesse". Después de algunas horas sentí mi ansia saciada y comprendí que también existe la literatura urbana.


El ajo y el remedio
QUIQUE DACOSTA


El ajo no esta muy bien visto en las comidas finolis. No lo esta por sus efectos secundarios: su olor, que me repite, que me deja mal sabor de boca. ¡Donde ha quedado el carácter mediterráneo y el componente cañí de nuestra cultura! Es verdad que el ajo, como la cebolla y el pimentón, son ingredientes muy presentes en nuestra cocina popular. ¿Cómo domesticamos el ajo, para poder seguir disfrutando de él, sin que este sea tan invasivo?
Pensemos que mañana tenemos un arroz que hacer, una sopa o un guiso: caliente un vaso de aceite de oliva en la sartén. Solo calentar. Introduzca un diente de ajo y apartar inmediatamente la sartén. Dejamos reposar toda la noche juntos. Al día siguiente quite el diente de ajo y utilice el aceite para realizar su guiso. Tendrá el matiz de ajo deseado. Si quiere que sea menos potente todavía, retire al ajo del aceite antes.
Si por el contrario prefiere una sopa fría, emulsionada con ajo, sin que este se apodere de la elaboración, le propongo hacer lo mismo pero con el aceite en frío, sin calentarlo. Introduzca en el aceite un diente de ajo una noche y al día siguiente lo retira. Este aceite tendrá el aroma de ajo, que usted podrá controlar.

FUENTE:ELPAIS.

viernes

12 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Un perfume irrepetible
ALFREDO ARGILÉS

Refinadísimo y elegante manjar, conocido y también admirado desde la antigüedad, de irrepetible perfume en todas sus variedades y que lo mismo se come asada a las brasas, envuelta en ceniza, que adosada a un par de huevos fritos, con algo de sal gruesa y una mínima punta del mejor vinagre. Para dar testimonio de su nombradía baste decir que el propio Apicio, autor del más conocido recetario de la Roma imperial describe en su tratado De re coquinaria seis formas de preparar el producto, y hay que señalar que los romanos en este caso no gozaban de aquellas más sabrosas y se conformaban con importarlas de Libia, que las produce de una clase inferior.
Cualquier producto, hasta los humildes espaguetis, bastan para admirarla
Quizás es nuestra obligación comenzar señalando que trufas que cumplan lo prometido en los sueños gastronómicos hay pocas, y cabría clasificarlas en dos especies principales: la trufa negra, que se recoge en invierno en pequeños parajes poblados de robles y encinas, la tuber melanosporum, y la trufa blanca -tuber magnatum- que solo se produce en el Piamonte italiano y que por esa razón también recibe el nombre de trufa de Alba, en reconocimiento al pueblo que las ampara. La negra posee potente aroma e igual concentrado sabor, y su utilización pasa por tomarla sola o acompañando singulares o vulgares platos, a los que se pretende dar una mayor entidad. La blanca, sin embargo, de inigualable aroma que tiende hacia el del ajo matizado, solo tiene utilidad por su perfume, que no por su sabor, que es nulo, y adquiere sus mayores virtudes cuando la colocamos en finísimas láminas, cruda, sobre una base que la caliente y con ello eleve su olor a nuestra pituitaria. Cualquier producto, hasta los humildes espaguetis con mantequilla, bastan para admirarla, aunque otras sofisticadas recetas como el puré de patatas con sabayón de trufas que preparan en el restaurante Drolma de Barcelona nos acercan al paraíso.
Produce gran ilusión conseguir tan limitado tesoro como es la trufa de Alba, cuyo precio por kilogramo asciende a varios miles de euros, mas la trufa por excelencia es la melanosporum, y ello en base a la magnífica publicidad que produjo la admiración que le profesaron algunos insignes gastrónomos como Brillat Savarín, que la calificó como "diamante negro de la gastronomía" y otras lindezas similares.
La burguesía que surgió después de la revolución francesa parecía no tener límites en su admiración y consumo, y el fruto del Perigord se expandió en las mesas de los nuevos dueños del poder como elemento indispensable para figurar entre los elegidos. Todo se trufaba, desde los pollos a los hígados de pato, en una acumulación sápida sin fin, y con el paso del tiempo de las mesas pasó a las industrias, que dieron por comercializar, conservados y enlatados, los productos más variados con el añadido de: trufado.
En nuestro entorno próximo la fiebre ha llegado, con retraso, y las magníficas trufas del Maestrazgo y aledaños se comercializan, en una suerte de mercado sigiloso, por las calles de Sarrión.



INTIMIDADES
Otras delicias
TANIA CASTRO

El caviar iraní, la trufa blanca, la carne de Kobe, el pez globo, la sal de la isla de Laeso, los restaurantes de una sola mesa, la cocina sensorial, en la que te vendan los ojos, y para los más caprichosos menú degustación en globo aerostático. Me contaban que en un parisino restaurante de la plaza de Athenée, cuando pides un té sacan un carrito con pequeños arbustos y cortan hojas frescas para hacerte la infusión. Delicias -quizá algo caras- de la vida, pero delicias desde luego. Sin renunciar a la posibilidad de disfrutar en algún momento de tan exquisitos platos y delicada atención, pienso en cosas más plebeyas: una copa de vino al llegar a casa. Uno de siete euros la botella ¡nada menos! El mar mojando nuestros primeros pasos más allá de la caliente arena. El sudor cayendo a gotitas sobre la enorme espalda del socorrista. Sí, sí, ¡por supuesto! no todo van a ser exquisiteces y romanticismo, que la vida está llena de cosas mundanas de lo más imprescindibles: tirarse de bomba a la piscina, beber del brick a pie de nevera, la pizza fría, o cortarse las uñas de los pies. Raro, lo sé, pero, ¡venga!, todos nos hemos sentido reconfortados y mirado enorgullecidos nuestras cuidadas extremidades. Y personalmente, prefiero una mesa inmensa, porque no hay mayor placer, amén de gratuito, que compartir.


FUENTE : ELPAIS.
www.quiquedacosta.es



jueves

11 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

Tania Castro.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

La divina roca

ALFREDO ARGILÉS
Sal de salario. Suma que se daba a los soldados para que comprasen sal. Sofisticando el sistema financiero sucedía que en Caniclu, provincia sometida al imperio del Gran Kan, fabricaban una moneda de sal -cocida para darle forma en su secado- que era parte fundamental del sistema monetario, con peso exacto y buena ley al decir de los nativos, aunque se desconoce si la ley se medía por la concentración de carbonatos sódicos o potásicos que contuviese.
Sazonar las comidas con sal no deja de ser una redundancia
Pero antes de acuñar moneda con la divina roca los reyes ya sabían que el poder de la sal es tan eximio y más valioso que el del oro, y los tributos de sal eran mucho más apreciados por los beneficiarios que los demás, al contrario que sucedía con los contribuyentes, que por cualquier gabela organizaban una revuelta. Así opina, al menos, erudito tan versado en cuestiones de la sal como don Bernardino Gómez Miedes, obispo que fue de Albarracín, que a mediados del siglo XVI se estrujó el magín para pergeñar más de 800 páginas -¡en latín!- sobre el condimento, haciéndonos de esta suerte admiradores de su talento y devotos de la sustancia.
Imprescindible para la existencia, todos nuestros alimentos la llevan consigo -ya demostró el científico Claude Bernard en el siglo XIX que el líquido extracelular está lleno de ella- y sazonar las comidas con sal no deja de ser una redundancia alimentaria aunque también un placer para el paladar, que rezuma de satisfacción cuando por medio de esta sustancia lo que ingerimos aumenta su sabor y penetra nuestras papilas.
Ingrediente y conservante, todo en uno, por su merced prosperaron el comercio y la industria, e incluso alguna religión como la católica, ya que fue capaz de alimentar el cuerpo -que no el espíritu- a los millones de practicantes de esa cultura que tenían que conformarse con el salado bacalao para que sus devociones en tiempo de Cuaresma no se viesen frustradas por las hambres. A falta de sorbatos, sulfitos, nitritos, acetatos, propionatos y demás químicos conservantes, los grandes pescadores noreuropeos tenían la sal inundarnos de los excedentes que les proporcionaban sus fríos mares, que aquí y en todos los mundos del interior comían los parroquianos con la pasión del converso.
Aunque hoy las cosas han cambiado, y ya no es castigo sino placer lo que obtenemos de la inmemorial técnica curativa; cuando pensamos en sal pensamos en salazón y, según nuestras posibilidades, en el abadejo o el curadillo, en el arenque y en el capellanet, o en las más importantes razones gastronómicas que nos proporcionan las huevas conservadas, sean de mújol o de atún, de salmón o de esturión.
La sal en la cocina lo es todo y no es nada, como impuesto que fue transforma en oro todo lo que toca y una comida sin sal resulta deleznable cuando menos. Sin embargo, por sí misma hoy nada vale y no ha habido ingenio que la prescriba en soledad, así sus orígenes se sitúen en los mares de Torrevieja o en las altas rocas del Himalaya.

 

EL APERITIVO DE

Una apuesta por los productos de la huerta y las latas

PABLO LLORENS

Qué le vamos a hacer. No soy muy de vinos, ni de café, nunca di el paso. Igual que de pequeño jugaba con plastilina y ahora me dedico a la animación, quizá me quedé anclado a la infancia en esto del aperitivo, el comer y el beber. Si hay colacao, mejor, si hay coca-cola, también. Me gusta el colorido de la mesa antes de comer, de la mesa del verano. Recuerdo mi niñez estival en la playa de Gandia con mis abuelos. Eran de Alcoi. Cuando aún no había torres de apartamentos, contaba mi abuelo, cogía a la familia y plantaba una chabola en la arena para pasar el fin de semana. Luego se compró una de las primeras casas y los primos y nietos la disfrutamos. Me gusta el colorido que recuerdo de esa mesa, los cuatro platos que parecen una fiesta, un cumpleaños del Chiquipark: papas, berberechos y coca-cola mezclados con el sabor a cloro de las gotas de agua que resbalaban a mis labios. Esa es la felicidad. Ahora hago un poco lo mismo, sigo apostando por las latas y productos de la huerta y quizá, pues es la verdad, sucumbo de vez en cuando a los encantos de las tortillas de don Vicente. No sé qué hace, nadie lo sabe, pero tiene mano. Don Vicente es el padre de mi novia y es famoso en la familia por su tortilla. Él la hace y luego cada uno la tunea a su manera, la pone entre pan, le echa un poco de queso, tomate frito... Placeres sencillos, de niño. Igual debería cambiar, no sé, pero es que hay sabores demasiado complicados. Quizá mis papilas gustativas jamás maduraron.
Pablo Llorens es animador cinematográfico.


INTIMIDADES
Patrimonio mundial
TANIA CASTRO
Si usted no llega al final de este escrito no debe preocuparse. No está muerto. Simplemente, está dormido. La siesta lo ha poseído y contra esto no hay exorcismo. En mi búsqueda de información sobre tan importante asunto he encontrado por Internet una guía de viaje inglesa que afirma: "The siesta is one of the most famous aspects of Spanishlife". ¡Sí señores y señoras! Llevamos años esforzándonos por ser un referente cultural, gastronómico, ¡artístico! ¿Para qué? Porque incluso más allá de nuestros clichés de toros, sevillanas y ¡olés!, nuestra verdadera aportación a la humanidad es esa cabezadita tras la comida. Y yo no estoy en contra, ¡para nada! yo abogo por pedir a la Unesco que la declare Patrimonio de la Humanidad. La siesta, está demostrado, es buena en cualquier época del año. Con manta, sin nada, liviana o seria: la de nuestro Camilo José Cela, "con pijama, Padrenuestro y orinal". La única espinita en mi corazón es porqué la típica cabezadita mexicana bajo sombrero tiene tan mala fama y la española es algo sanísimo. No tengo respuesta, pero muy lejos de querer comenzar una disputa internacional apuesto por una acción de apoyo a la integración de culturas. Véase: acomodémonos en el sofá, ajustémonos el sombrero mariachi y sucumbamos en un gran homenaje al typical spanish way of life.


QUIQUE DACOSTA

Sal y pescados

QUIQUE DACOSTA
La sal, o a la sal. Me viene a la cabeza la cantidad de pescados que hemos hecho en mi vida de cocinero en el restaurante del que hoy soy propietario. Pescados a la sal. Dios, hemos hecho el Mediterráneo entero. Pues bien, ya es sabido, pescado, sal y un horno... así de fácil, así de difícil.
Fácil porque para hacerlo solo es necesario un pescado tipo lubina, dorada, lenguado, rodaballo, cubierto de sal gruesa marina de una capa de 2 cm arriba y abajo, y puesto al horno. Conviene secar previamente la piel del pescado, para que no se pegue la sal al mismo, y así facilitar la tarea a la hora de servirlo. Después, 17 minutos a 220 grados centígrados si el pescado pesa un kilo. Dos minutos más de horno por cada kilo de más... así rezan los diccionarios de cocina. No hay que fiarse siempre. Ahora que los hornos ya tienen una sonda de temperatura, podemos aprovecharla. Si el pescado que utilizamos es uno de los nombrados, u otros más económicos, como la sardina o el salmonete de roca (con más espina, pero igualmente sabroso), debemos comprobar que llegue a 45º C en el interior, y ya podemos sacarlo, dejarlo reposar cinco minutos más y después a limpiar. Aliñar con aceite de oliva virgen extra, y adelante con él.

FUENTE: ELPAIS
www.quiquedacosta.es