miércoles

31 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Homenaje a la Coca-Cola
TANIA CASTRO | 31-08-2011
Homenaje a la Coca-Cola en una interpretación de Vilhem Hammershoi.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Un indefinible sabor

ALFREDO ARGILÉS
Primero fue la zarzaparrilla quien habitó entre nosotros, aunque hace tiempo que su nombre cayó en el olvido y su sabor en la desdicha, y eso que Arzak la había elevado a la cumbre de la gastronomía armonizándola con percebes y calamares, ¡nada menos! Después vinieron todos los demás refrescos, algunos de reconocible perfume inspirado por las frutas, y otros de indefinible sabor y oscuros como el caballero Batman merced a los azúcares tostados que los alimentan; y lo hicieron con tal potencia y fortuna que no hay humano en el mundo conocido -así sea beduino o inuit- que no los tenga hoy al alcance de su mano.
Algunos chef convierten esta bebida en papel comestible
Eran los años finales del siglo antepasado cuando los farmacéuticos americanos dieron en inventar jugosas bebidas que llevaban en su seno los granos del árbol de la cola junto con otros líquidos tonificantes, tal que la cafeína, o saborizantes como la vainilla y la canela. Y también otros terceros y más secretos a los que en algunos casos no parece fuesen ajenas las hojas del arbusto que llaman erythroxilum coca, que al decir de los andinos que las mastican producen efectos analgésicos y euforizantes. Sea o no cierta la creencia, lo real es que con un nombre compuesto por ambos exóticos componentes la bebida se popularizó y su sabor enganchó y el número de consumidores creció hasta el infinito, de forma tal que su cifra de negocios nos parece incalculable.
Su fórmula se presume uno de los arcanos mejor guardados de este mundo -algo así como las predicciones de Fátima, pero en pagano- y han sido y son innumerables las bebidas alternativas a la original que intentan ocupar su puesto en el mercado. Su crecimiento ha sido imparable y al compás de ella su diversificación, siempre al hilo de los tiempos: cuando fue necesario endulzó las vidas propias a la vez que nos engordaba y cuando las modas y la salud lo aconsejaron vinieron las light y las zero que permitían conservar el figurín de la silueta. Con y sin cafeína, con lejano sabor a cereza, a vainilla, a lima y a limón, a frambuesa y hasta a naranja, en un proceso imparable. Para niños y jóvenes, segunda y tercera edad, cualquier raza y religión.
Se bebe sola o acompañada de los más inverosímiles productos, que mezclan en todas las proporciones, aunque justo será reconocer que la combinación con los cálidos licores caribeños se lleva la palma, pese a que en diversos hemisferios y latitudes se la ha visto acompañando al whisky irlandés o al escocés, a la ginebra o al vodka, e incluso en nuestro entorno a los más impresentables vinos tintos, conformando aquello que llaman calimocho.
Y luce en las más prestigiosas cartas del lugar en forma de plato, elevada por los grandes cocineros a la condición de producto masticable. Obsérvense las creaciones de Dani García o Paco Roncero, que la convierten en papel comestible con regusto de vainilla. O de mi compañero de página, Quique Dacosta, que la ha transformado en mito sin más que unirla al foie con un poquito de ron. Cuba libre. ¿La chispa de la vida?

EL APERITIVO DE FRAN BERNABEU

En Sueca, 'a la fresca' y chocolate con churros


Es verdad, resulta un tanto extraño. Recuerdo con cariño mis veranos de la infancia en el pueblo. En Sueca, las mujeres ponían la calle cuando caía la tarde de agosto. Montaban gran cantidad de mesas con caballetes y sacaban sillas para que los hombres se tomasen una cervecita a la fresca. Los niños andábamos por allí, a la que caía. Yo, que nunca fui un gran comedor, me zampaba antes de cenar un buen chocolate con sus churros, en pleno mes de agosto. Luego, claro, pocas veces cenaba.
Lo cierto es que entonces me tiraba el día de aperitivo. Mi mal comer obligaba a mi madre a desmigajar el bocadillo de la merienda con gran paciencia mientras yo jugaba en la plaza del pueblo. Mi boca, es verdad, apenas se abría más que la de un pajarillo.
Con los años me he adaptado a la cosa de los mayores. Ya hace tiempo que viajo bastante y quieras que no, el paladar se acostumbra a lo extraño. De hecho, uno de mis aperitivos favoritos lo tomo en un bar japonés que se ha abierto en Valencia, en la avenida de las Cortes Valencianas. Me encanta el sushi con salmón. ¡Está riquísimo! En realidad, acudir allí se ha convertido en una especie de ritual, una forma de situarme, de no perderme.
Me encantaría volver a las tardes viejas del pueblo, esa germanor, ese lugar sin tiempo. En cierta forma se ha perdido y tampoco tengo demasiado tiempo de volver entre el trabajo y demás.
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Fran Bernabeu es el doble oficial de Michael Jackson

Ya queda menos

TANIA CASTRO

Cierro la puerta. Doble vuelta de llaves. Bajo las escaleras. Me cruzo con la vecina. De su casa siempre sale un riquísimo olor a comida. Reviso el buzón. Me coloco los auriculares. Sara Vaughan me susurra al oído "algunas de sus cosas favoritas". Ya estoy en la calle. La bodega ha vuelto a abrir. Su dueña es una mujer menuda de pelo muy rizado y un precioso acento extranjero. Camino por la sombra. El aire huele diferente. La avenida vuelve a lucir viva, llena de tráfico y gente que camina deprisa. Termina el verano. Vuelve el estrés, los horarios, las narices rojas de constipado, los días cortos y las noches largas, ¡Camps y su juicio eterno! Pero también vuelven los amigos, los domingos de película, sofá y manta, los estrenos buenos en el cine, el fútbol... Y es que no puedo remediarlo, aunque viva enamorada del mar, no soporto las toallas amontonadas, la crema solar y la arena pegándose en mi cuerpo. Yo soy de otoño, de invierno, como mucho de primavera. Me gustan las tardes de lluvia, los días de bufanda y las noches de vino caliente especiado. Miro el reloj. Voy bien de tiempo. Camino más despacio. Una ráfaga de aire. Miro al cielo. Busco la copa de esos pequeños árboles con los que todos los días me cruzo. No, aún no. Ninguna hoja amarilla cae. Pero queda menos, ya queda menos.

Foie gras y Coca-Cola

QUIQUE DACOSTA

Cubalibre de Foie Gras, Año 2000:  Me da por pensar en como realzar los productos que utilizamos. Y aparece la idea de retirar el foie de la carta, tan usado entonces en los restaurantes. El foie es un producto mágico cuando el hígado es muy fresco, se elabora bien y se consume pronto.
Antes de tirar la toalla hago un último intento. La idea viene de una conversación con Alfredo Argilés. Hablando de simetrías, de bocados iguales, de proporciones. Pues bien, era el foie gras el producto que me lo iba permitir. Para ello una crema de foie gras en papel, que cubriría con una reducción de Coca-Cola con piel de limones maduros y verdes y, en frío le añadiría ron añejo, bien cargado de madera.
Buscaba sustituir el típico vino dulce con el que se solía (y se suele) acompañar todo foie gras, encontrando en la reducción de la Coca-Cola un propio maridaje; y con el ron, su toque a barrica. Añadir rúcula y tendríamos en el montaje un plato simétrico en las proporciones, los ingredientes, los sabores básico (dulce Coca-Cola, salado con la sal que añadíamos, amargo con la rúcula, y ácido con la escarcha de limón). Cerrábamos así varios círculos que en mi cabeza rondaban tras la conversación con el señor Argilés.

FUENTE EL PAIS CV.




martes

30 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

 

Homenaje a la ballena en una reinterpretación de Jonás y la ballena de Frederick van Valkenborch

TANIA CASTRO
Reinterpretación de Jonás y la ballena

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Esperma para alumbrar

ALFREDO ARGILÉS
Cuentan que en Roday (Noruega) se han encontrado pinturas rupestres con una antigüedad de cuatro mil años que representan a los primeros balleneros de los que se tiene noticia en los momentos en los que intentaban capturar al gigante marino armados de rudimentarias lanzas y cuchillos.
De la ballena, todo se aprovechaba: grasas para jabón, glicerinas o velas
No dudamos que lo conseguían, porque seguro que sus ambiciones eran menores que las del capitán Ahab, que pretendió ir contra la naturaleza de las cosas arponeando con la fuerza de los brazos a Moby Dick, la ballena blanca, que debía pesar sus buenas doscientas toneladas.
Novelas y obsesiones aparte lo cierto es que durante la Alta Edad Media y hasta hace nada, un par de centurias, los marinos de todo el mundo se concitaban en la ruta de los cetáceos para cazarlos y así obtener su carne y lo que era más importante, la grasa que atesoraban en su cuerpo, que alumbraba las calles y habitaciones de buena parte de la humanidad.
Más que grasa para alumbrar la ballena -el cachalote- aportaba su cabeza, exactamente el líquido contenido en su hermosa parte frontal, que es una especie de suave aceite o cera que arde con prontitud y fijeza, y que curiosamente lleva el impropio nombre de espermaceti, siendo así que ninguno de sus componentes tiene facultad alguna para engendrar.
Los marinos, una vez el animal flotaba yerto junto a su barco, se introducían por la cabeza y trasegaban a cubos los tres mil litros del esperma que se alojaban en dicho lugar, prosiguiendo con su tarea hasta no dejar rastro de su existencia. De la ballena, como del cerdo, todo se aprovechaba. Y algunas grasas, para perfumes; otras, para jabones; tantas, para glicerinas, aquellas para jabón, para velas, para margarina y otros aceites; y la carne para comer, que las proteínas ni se tiran ni se regalan.
Semejante lucrativa actividad frenó de forma notable cuando el petróleo hizo irrupción en el mundo y se constituyó en combustible indispensable, por lo que el espermaceti dejó de tener seguidores más allá de lo que convenía a la industria perfumera, que era su segundo destino capital.
Decimos que la venida del petróleo frustró el negocio, que por otra parte, y por más que suene extraño, era de tipo financiero y no industrial, ya que las enormes cantidades de dinero que eran necesarias para el flete de los barcos y garantía de la inversión, hicieron de los aseguradores y banqueros los mayores defensores de su pesca.
Dinero y luz, porque a decir verdad, más allá de los inuits y otros habitantes de las regiones polares, la disposición de los gastrónomos para dejarse seducir por las ricas carnes del mamífero marino ha sido más bien escasa, siendo quizás ahora -cuando su pesca está prohibida y solo se aprovechan los restos de las capturadas para investigación- el momento en que Japón hace de sus carnes sushi y sashimi y ricas hamburguesas, que sustituyen con ventaja las que todos conocemos de ignotos productos cárnicos.

EL APERITIVO DE PACO ROCA

Soy de cañas, quinto en su defecto


Mis padres nunca han sido muy de bares. Pero recuerdo que de pequeño, en nuestra visita rutinaria los domingos al jardín de Viveros, se saltaban la austeridad y nunca faltaba una Pepsi-cola en el bar La Pérgola. Para mí era un momento muy especial tomar esa bebida directamente de la botella sorbiendo con una pajita y encaramado a aquellos taburetes fijos al suelo. Al bar La Pérgola suelo ir ahora por nostalgia, en especial cuando se celebra el Festival de Cómic de Valencia. Algunos de los camareros son aficionados al asunto y suelo llevar a mis colegas dibujantes. Otra de mis zonas favoritas para tomar un aperitivo es la plaza del Collado y los escalones de La Lonja. Esta placita tiene todo el sabor del casco antiguo de Valencia y en verano están repletas de gente interesante. Allí siempre me encuentro a alguien conocido, lo cual es un alivio: para mí el aperitivo es un acto social, lleva implícito la conversación, jamás he podido disfrutar de un aperitivo en solitario. En cuanto al qué beber, la verdad es que no varío mucho, soy de cañas, quintos en su defecto. Solo varío de bebida en la cercana tasca Ángel pidiéndome un Albariño para acompañar las sardinas a la plancha. Es un lugar perfecto para el aperitivo dominical, bullicioso y alegre. Adoro también los aperitivos largos que derivan en comida, algo que siempre me pasa cuando voy a Casa Montaña en El Cabanyal. El lugar es acogedor, la carta buena y variada y a poco que te descuides son las cinco de la tarde y no has parado de comer y beber. Es cuando llega el mejor momento del aperitivo español: la siesta.
Paco Roca es dibujante.

TANIA CASTRO

De tripas, corazón

TANIA CASTRO.

Los seres humanos tenemos muchas malas costumbres y de las peores, mentir. Además nos gusta clasificar las mentiras para aliviar nuestra conciencia. Piadosas: la archiconocida "no querida, no estás gorda, es que antes estabas muy delgada". Otras que bien parecen un clásico del día a día: "Por favor, pase usted primero". Y la abuelita de todos los días te vuelve a ganar el turno. Bien parece que sepa tu horario laboral o que te espere todos los días en la esquina. Y todo lo contrario, cedemos el turno en la farmacia gustosamente porque "no tenemos prisa" y lo que en realidad queremos es quedarnos sin público para pedir la caja grande de preservativos. Las chungas, las que hacen daño: "Cariño, para mí eres la única". Pero en esas, mejor no entremos. Y después las que son imposibles de entender: banquete de boda o comunión donde te dejas casi medio empaste en la carne. Suplicarías porque algún lindo minino se acercara para repartir con él las gambas, no encuentras suficientes botellas de agua para tragar el pastel y a la pregunta de si todo estaba bueno, respondes: "¡Buenísimo!" Y aunque la indigestión os lleve a todos, novios incluidos, a ser accionistas por derecho de Almax, jamás confesaréis que era mentira. Pero hay momentos en que no queda otro remedio que hacer de tripas, corazón.


Mousse de naranja

QUIQUE DACOSTA

Ballena? ¿Me han pedido hablar de ballenas? Lo siento, pero nunca cocino ballena; ni la comí, ni la voy a comer, ni a cocinar. Por varios motivos. Comer ballena me parece poco propio de estos tiempos. Tiempos sensibilizados con la sostenibilidad del planeta. Además, está prohibida su pesca, y como consecuencia comerla. Por lo tanto, como no hubo recetas de atún rojo, no hay en mi blog receta de ballena.
Hablemos mejor de frutas, que en estos 31 temas no hemos hablado de ninguna fruta; bueno sí, del dátil. Lo voy a hacer de la naranja. Muy nuestra.
Le cortamos la parte superior, como si de su tapa se tratase. Con una cuchara sacamos la carne, para licuarla o sacar su zumo. Metemos la cáscara en el congelador.
Aparte del zumo, le pondremos unas gotas de Cointreau y lo gelificaremos con gelatina. Lo reservamos en frío. Con más zumo hacemos una mousse clásica, con ralladura de sus pieles, para aromatizar y transmitir sabor. Reservar en frío. Llenamos la cáscara con una cucharada de gelatina, luego gajos de otra naranja. Sobre estos la mousse. Y adornamos con unas hojas de menta.

FUENTE ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es


lunes

29 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Homenaje a la leche
TANIA CASTRO | 29-08-2011
Homenaje a la leche en una reinterpretación de la obra La lechera de Vermeer.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

La madre de todos los quesos

ALFREDO ARGILÉS

La leche de foca contiene más de un 50% de materia grasa, lo que permite a estos animales dar de mamar una vez y destinar el resto de su tiempo a la caza, la pesca u otras actividades lúdicas. Sin embargo, los humanos debemos tomarla en nuestra más tierna infancia muchas veces al día, por razones de capacidad estomacal y porque los contenidos alimentarios del producto son menores. En ese orden cerca de las focas estarían las búfalas y cerca de los humanos, las vacas y las ovejas.
En las Indias de Colón no existía el queso. Y en Oriente, lo hacían de soja
Como alimento natural que se ha consumido desde el principio de los tiempos y su uso ha sido amplio en el espacio geográfico y gastronómico, siendo innumerables las comidas que utilizan la leche para su preparación.
No obstante estas generalidades por todos conocidas, lo cierto es que la leche no tiene en sí misma el protagonismo que debiera en el mundo adulto, que decide pasar de los sabores simples y adentrarse en otros de mayor complejidad, cayendo mediante esta liviana meditación en el mundo de los quesos. Mundo complejo, que mueve economías a la vez que pasiones, que enardece sentimientos nacionalistas y obliga a que a diplomacia extreme sus artes, para que los queseros y sus adictos no lleguen a las armas en defensa de sus sabores.
Leo que los cavernícolas, hace la friolera de nueve mil años, ya fabricaban queso, lo que conocemos por las pinturas rupestres. Y que en las orillas del lago Neuchâtel -Suiza tenía que ser- se han encontrado vasijas de barro agujereadas para que por sus orificios se filtrasen los restos de la fabricación de leche cuajada, con una antigüedad similar a la anterior.
Debió de ser el azar el que propició la contaminación de los restos de leche por multitud de bacterias, algunas de las cuales procedieron a acidificarlo, a cuajarlo, a solidificarlo; y lo que era líquido devino en denso y nos deleitó.
La leche era de casi imposible conservación, sin embargo los quesos eran de difícil putrefacción, por lo que en la batalla por acompañar al caminante ganaron los segundos, como muestran las historias y las leyendas de la antigüedad. Homero en su Odisea ya sugiere el queso como alimento de cíclopes; David quería apaciguar a Goliat con sus regalos del mismo material, y es sabido que algunas culturas de los desiertos africanos y asiáticos utilizaban estómagos de animales para transportar la leche, que por milagro llegaba transformada en queso, después que fuera trabajada por los fermentos que la acompañaban en tan calurosos viajes.
Ellos utilizarían leche de camella o de yegua; nuestros directos antepasados de vaca, oveja o cabra. En las Indias de Colón no existía el queso. Y en el Oriente, lo hacían de soja. Ahora nuestra cultura, que lo adora, lo premia con mil y una bacterias distintas, que lo transforman y perfeccionan al gusto del consumidor, surgiendo de una misma técnica las infinitas diversidades con las que llega al mercado: según su origen, su grasa, su textura, su color. Y ante todo, según su sabor.

EL APERITIVO DE JOSÉ MARI MANZANARES

Marisco, con un blanco Marina Alta


Los toreros somos personas que debido a nuestra profesión nos pasamos el día viajando. En verano, en temporada, por toda España y parte de Francia, y en invierno, cuando hacemos temporada americana, por multitud de lugares de Sudamérica. Debido a esto estamos acostumbrados a comer siempre fuera de casa. Por ahí probamos platos buenísimos, en lugares preciosos y muy diferentes, desde un gazpacho andaluz en un bar de carretera, que te puede saber a gloria después de un largo camino, hasta el mejor menú de siete platos. Aunque, si tenemos que pensar en "la comida perfecta" la verdad es que no tengo dudas, prefiero lo sencillo, que hasta en la comida suele ser lo mejor. No hay nada como la comida cuando estoy en casa, en familia, con mis amigos, con mis perros, disfrutando de su compañía. En todo caso, cuando estoy en casa o cuando viajo fuera, de aperitivo, marisquito y poco más, acompañado de un blanco Marina Alta. Si después viene un arroz mejor, y si estuviese hecho por mi amigo Quique Dacosta, entonces sí que sería ¡perfecto! El arroz es mi plato estrella, arroz de cualquier tipo, la verdad es que me gustan todos: arroz a banda, con conejo y caracoles, magro y verduras, arroz con bogavante, arroz negro... como buen alicantino que soy, je, je, y todo esto acompañado también del vinito de mi tierra, que me encanta. Después una larga sobremesa y por último un buen flamenquito, que le dé el toque a todo esto. ¡Qué arte!
José Mari Manzanares es torero.

TANIA CASTRO

Flores y alcohol

TANIA CASTRO

Lágrimas y alcohol. Dolor y comida. ¿Quién no se ha entregado a una botella de alcohol e inundado una copa con lágrimas sin consuelo? ¿Quién no se ha mimado, en las circunstancias más tristes, preparándose el mejor de los festines? Leí, hace algún tiempo, mientras recorría los rincones de mi amada Turquía, que en una de sus fronteras rusas existió un médico que curaba con flores. Dolores y tristezas, en general, sanaban con media hora en una pequeña cabina acompañada de lirios, margaritas, rosas o tulipanes. Me resulta maravilloso que las margaritas ya no solo sirvan para rifar si te quiere o no. Sino que curan y últimamente, además, se cocinan. Atún rojo con salvia, souflés o helado de violetas, ensaladas de crisantemos, arroz con caléndulas o gelatina de pensamientos... Y ahora que las hemos sumado a nuestra cocina, podemos sumarlas, también, a nuestros consuelos. ¿Se te quiebra el alma? media docena de rosas y una buena botella de vino. Sumerjamos la nariz entre sus pétalos hasta inundarnos de su aroma, procuremos darles un buen mordisco y bebamos a gusto mientras corren nuestras lágrimas por las mejillas. Y es que, a veces, aunque salga el sol, parece que el mundo se apaga. Más tranquilos, mañana será otro día y volverá el sol en su eterno empeño de iluminarnos y hacer crecer las flores.

Capuccino con crema

QUIQUE DACOSTA

Cuántos postres quedarían en el recetario dulce si quitáramos la leche y sus derivados. Cuando se habla de productos importantes en la alimentación y la gastronomía, este es uno. Otro que para mí es muy importante y que le llamo el ingrediente invisible es la sal. Como es normal, esta solo aparece o cuando te quedas corto y, sobre todo, si te pasas, porque entonces todo el mundo la nombra. Mientras tanto invisible e indispensable. Potenciador de sabor como pocos, base de nuestras despensas históricas y seguro en todas las cocinas, sin discusión. Moderación en su consumo.
También las especias, casi seguro en todas las cocinas. Pero un detalle. Las especias, también caducan... o se aconsejan consumir en un tiempo limitados. Por ello, al usarse normalmente poco, los botes son pequeños. Pero conviene renovar las especias anualmente. Con el pimentón es indispensable, por ejemplo.
Un capuccino cremoso. A un vaso de la leche, que compramos de tetrabrik, póngale una cuchara de mantequilla fría. Caliente levemente la leche para diluir la mantequilla, y con una barrilla agite intensamente la leche, para crear la crema densa del capuccino. Cubra con un café maravilloso esta crema de leche.

FUENTE ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es



jueves

25 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Interpretación del cuadro La pesadilla de Fuseli.
TANIA CASTRO | 25-08-2011
Homenaje al pollo en la interpretación del cuadro La pesadilla de Fuseli.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

La visión de Columela

Napoleón gustaba del pollo frito al vino blanco, con ajos, setas y trufas

ALFREDO ARGILÉS

Hay mitos que parecen indestructibles, que su fama va a perdurar incólume por los siglos de los siglos, que sus virtudes se cantarán durante la eternidad. Y resulta que no. Su reputación se desvanece como un azucarillo en aguas turbulentas, y lo que en otro tiempo fueron grandes parabienes ahora se truecan en palabras de consuelo dichas al descuido, sin pizca de emoción.
Entre nosotros: el pollo. Su caída ha sido constante y progresiva. La fama adquirida en los duros momentos de penuria fue trastabillada en algunos -pocos- años de desarrollismo barato, tiempos de multiplicación hasta el infinito de los panes, los peces y las aves de corral.
Porque todos queríamos comer pollo. Nos lo contaban los libros, las historias, las minutas de los grandiosos menús que a toda hora se cocinaban por las casas nobles y las embajadas. Hasta el Papa de Roma contaba entre sus platos preferidos un pollo relleno de huevos y pasas. Hermosos y granados, o tomateros, como se llamaban a aquellos de inferior edad y tiernas carnes, listos para cocer en un jugo de tomate. Y de estas furias del apetito a la destrucción de los valores de la raza. Donde había solidez ahora es blandura; donde sabor, pienso compuesto; donde madurez, floja juventud. Las granjas han hecho universal el ansiado pollo para todos, y lo han llenado de inanidad.
La culpa quizás la tuvo el gaditano Columela, o alguien de su oficio, que ya en los tiempos del Imperio Universal dio en crear las granjas que ahora padecemos. Los pollos serían clasificados, estabulados, engordados y puestos a criar. Desposeídos de sus órganos más íntimos -capados- si eso parecía conveniente a los fines diseñados, e inmovilizados para que los músculos no concentrasen mayores poderes que los asimilables en una simple, limpia y liviana dentellada.
De los romanos acá muchos eventos han acaecido, y además el mundo se ha llenado con más de seis mil millones de humanos, que reclaman el ave que les corresponde. La visión de Columela queda corta, no hay que encerrar a los pollos, hay que inmovilizarlos. Para que su engorde sea vertiginoso y dejen su puesto al siguiente de la infinita lista de los sacrificados en aras del derecho universal a ser comido. Más de setenta y cinco millones de toneladas de ese producto nos comeremos este año, y claro, todos no caben en un corral donde poder picotear las piedras y gusanitos a los que tan aficionados eran sus antecesores.
Mientras aguardamos la continuación de tan humana película en lo social, pero tan triste en lo gastronómico, recordemos aquellos pollos al chilindrón con multitudes de jamón, pimientos y cebollas, tal como se guisan en Aragón; los que al estilo del batzoki cocinan en Euskadi; o en el colmo de la sofisticación el que crearon para el propio Napoleón en Marengo, muy cerca de Alejandría, que en síntesis consistía en freírlo en aceite de oliva, añadirle vino blanco y ajo, y rodearlo de setas, trufas y torreznos en cantidad.

EL APERITIVO DE Eloy Moreno

Los recuerdos que no aparecen en las fotografías

Es curioso descubrir que la mayoría de los recuerdos casi nunca aparecen en las fotos. No hablo de los recuerdos que se ven o se tocan, sino de los recuerdos que se huelen, que se saborean, que se sienten... los recuerdos que sólo podremos encontrar en ese tesoro que todos llevamos dentro. En ese tesoro llamado infancia a día de hoy soy capaz de cerrar los ojos y descubrir, con el resto de los sentidos, una tarde cualquiera en la calle principal del pueblo, en Motilla del Palancar. Tardes en las que, de la mano de mis padres, salíamos con sus amigos en busca del bar en el que nos tomaríamos el aperitivo del día. Y allí, en una mesa que se convertía en el centro de algo que sólo entendí más adelante, nosotros, los niños, éramos meros satélites que, de vez en cuando, pasaban por allí para capturar un trozo de sepia con perejil, un calamar rociado de limón o unas cuantas papas de una bolsa que siempre se quedaba pequeña.
Ahora que ya estoy a mil estrellas de aquel pequeño planeta que construíamos cada tarde, sigo buscando los mismos sabores en distintos lugares. Puedo decir que he encontrado las mismas papas, incluso los mismos calamares, pero he de admitir mi derrota al intentar encontrar aquella misma sepia que, cortada en pequeños trozos y mojada en perejil, me sabía a gloria. Y es que a veces es difícil encontrar un lugar donde preparen tapas con sabor a infancia...
Eloy Moreno es el autor de El bolígrafo de gel verde.

INTIMIDADES

Cócteles que salvan

TANIA CASTRO


No soy alcohólica. Vamos, eso lo tengo claro, aunque ayer por la noche tuve serias dudas ya que las circunstancias me empujaron a ello. Se acaban las vacaciones y vuelven mis amigas, y con ello las eternas sesiones de fotos y relatos de todo aquello que han vivido. Por la mañana, almuerzo: pedí cervecita, comienzo suave. Contentita me fui a comer, y me di al vino, blanco y fresquito. No tuvieron bastante con la comida y aún quedaban los vídeos, maldita tecnología punta, nos movimos a una bonita terraza para los digestivos. Yo, mareada, y no de alcohol, vi claramente que no tendría suficiente con un limoncello o un orujito de hierbas, así que me pasé directamente a la fresca Margarita. Después de más de una hora -y de un "espera que en esta aún no asoma la cabeza la tortuga", "mira, en esta se le ve un poco, ¡en esta!, o "no, espera, que está más adelante"- dije: "¿Y si pedimos una jarrita de Agua de Valencia?". Cuando pensé que todo había acabado llamaron los que faltaban. Venga, todos juntos a cenar. Me pareció el mejor momento para imitar a las famosas protagonistas de Sexo en Nueva York, pero en vez de un refinado Cosmopolitan, pedí un gin tónic, asegurándome de indicarle al camarero que estuviese bien cargadito. Termino el día muy mal: yo, muy perjudicada y bajo la amenaza de volver a quedar.

Pollo de corral asado

QUIQUE DACOSTA

El pollo es posiblemente el animal más consumido en unidades del mundo. A los niños y jóvenes les encanta, no diré que a los mayores no les guste, pero entiendo que a los jóvenes más. Aunque creo que no asocian el que pueden ver en el campo con el que comen. Como si fuera otro animal, y es que me da que no queremos pensar que la carne que nos comemos proviene de animales que no hace más de un par de días estaban vivitos y coleando. En fin, lástima pero así es.
Bueno ,para lo que me han contratado. Una receta. Pues diré para no ir contra la norma, el pollo asado. Pero hay que asarlo en casa, comprar un pollo lo más parecido posible a los de corral, bien alimentado, y asémoslo con hierbas frescas, gajos de patata, aceite de oliva, sal, y pimienta, y piel de limón. Todo ello dentro de una bolsa que se hace llamar papel feta, que se puede conseguir tiendas especializadas de cocina, e incluso en grandes superficies de alimentación. Una bolsa que permite asar cosas dentro, creando un papillote; más rápido que de la forma convencional e impregnando los aromas de los acompañantes en la carne del pollo. Además, no mancha el horno ni se funde al calor.


FUENTE ELPAIS CV.
www.quiquedacosta.es

miércoles

24 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Para sacar sus mejores jugos
ALFREDO ARGILÉS
Picual, arbequina, hojiblanca, blanqueta, verdial, manzanilla, cornicabra y muchas más son las variedades de aceitunas patrias, que se comen con sus huesos o van a dar al esparto, que las contiene hasta que la prensa las ataca para sacar sus mejores jugos, que resultan ser aceite. Aceite de oliva, con su color y regusto especial, según sea una u otra, o varias a la vez, el tipo escogido para la obtención del óleo deseado. Suave o picante, verde o amarillo, oloroso o moderado en sus perfumes, dulce o amargo, afrutado o hierba verde, todas son características que transmiten las aceitunas y que los expertos valoran en sus fichas de cata para dar fe de que aquello que comemos y bebemos, o empapamos, si una hogaza de pan nos acompaña, se ajusta a lo prometido.
La tríada prodigiosa del pan, el vino y el aceite conforma la "dieta mediterránea"
Más de dos mil variedades de aceitunas se conocen, en una multiplicación inverosímil desde que los habitantes de Canaan o sus vecinos dieron en cuidar y proteger el barroco y retorcido árbol que las acoge. Parece que todo empezó en la antigua Libia hace muchos miles de años, y los viajeros fenicios que habitaban aquellas tierras las extendieron por todo el Mediterráneo. Egipto, Grecia, Roma, Hispania: por doquier se plantaron los árboles que procurarían las coronas necesarias para ceñir las cabezas de los atletas y otros héroes, los óleos que ungirían las frentes de los reyes de Israel para su consagración y los cuerpos de los enfermos para su sanación, y las ramas que mostrarían la paz, o nos avisarían de que el diluvio universal -por fin- había concluido.
Pero además de todas esas públicas virtudes el aceite ha tenido, en lo gastronómico, importancia primordial en nuestra existencia. La tríada prodigiosa del pan, el vino y el aceite ha conformado toda una forma de vivir que se traduce en "dieta mediterránea", comprendiendo esa expresión un conjunto de normas saludables, que podrían estar presididas por el aceite versus las grasas y mantequillas.
Con el aceite freímos, con el aceite aliñamos, con el aceite conservamos. Toda suerte de alimentos pasan en nuestra cultura, por una u otra razón, a través del aceite a nuestros cuerpos. Carnes, pescados, verduras, todos se consagran con el aceite, vehículo magistral para transmitir sabores y perfeccionarlos, para que los elementos que pretendemos cocinar gocen del cuidado que les proporciona su capacidad de calentarse hasta muy altas temperaturas sin perder su consistencia y sabor, ni sus más finas propiedades; para que los que pretendemos enlatar se recubran del óleo que impide la oxidación y putrefacción; para que los que pretendemos comer crudos disfruten de esa particular suavidad que proporciona su viscosa consistencia.
Y además, en nuestro caso, aporta a la economía multitud de empleos y beneficios, por algo somos principal país productor del invento, con casi novecientas mil toneladas anuales sobre un total mundial de 2,5 millones, lo cual, en los tiempos que corren, invita a celebrarlo con una romería por los campos de Jaén.

Hacer la vaca, otra forma de llamar al aperitivo
EL APERITIVO DE XAVI CASTILLO
XAVI CASTILLO ES HUMORISTA.

Y después de que el Papa invitara a los jóvenes a practicar la mansedumbre, hablemos de aperitivos. Crecí en Alcoi, donde el capitán moro suele estirarse con los fieles. De allí viene su famosa frase Això ho pague jo. Aperitivo en Alcoi se llama picaeta, un momento sagrado. Al Bar Ideal de la plaza del Ayuntamiento íbamos a parar después de ensayar en La Cassola, el mítico grupo de teatro independiente de Alcoi. La picaeta era queso blanco, espardenyes, garibaldinos, abisinios, albóndigas de boquerón, ensaladilla, calamares... Y, cómo no, un colpet de café licor, aunque soy más de cervecita.
El trabajo, la vida y las imitaciones de Camps y Rita me han llevado a otros sitios. Así probé el figatell de Gandia, los langostinos de Vinaròs o el paté con mermelada de níspero de Callosa d'En Sarriá. Pero hace poco descubrí por cuestiones familiares ¡La vaca! Estas líneas son un homenaje a Paco y Trini. De visita con la familia en Calp antes de comer me preguntaron: ¿Hacemos la vaca? Podría haber contestado que yo puedo hacer de Rita-Godzilla o de Aguilucho-Camps. Pero resulta que lo de la vaca es otra forma de llamar al aperitivo en Almadén. No conocía sus espectaculares berenjenas en vinagre. Es como cuando en Ratatouille, Remy mezcla sabores en la boca y la flipa en colores, nunca mejor dicho. La morcilla de Almadén, el atún de Calp, los caracoles, el tomate del huerto de Paco y Trini, el queso Lorimchar... No soy un sibarita, no tengo una mierda de paladar, pero... ¡Viva la vaca!

De alma débil
TANIA CASTRO

Ayer me salió mi primer orzuelo. Cosa molesta y dolorosa. A alguien se le ocurrió contarme que su abuela decía: "Te pones una llave de esas antiguas bajo del ojo y se van". No sé si por la molestia del ojo, el calor o el homenaje que me pegué para cenar pero dieron las tres y seguía sin dormirme. Busqué la llave de mi viejo armario y allí estábamos, yo, mi mano, mi ojo y una llave en plena madrugada. Triste, muy triste. Soy un alma débil, influenciable. Siempre lo he sabido y, consciente de mi defecto, he procurado evitar ciertas costumbres o actos que sé que en mi caso serían definitorios. Que te echen las cartas o la típica visita a una bruja que te dirá cuantos hijos vas a tener. ¡Ni hablar! Bastante tengo con no pasar bajo las escaleras, los gatos negros, no derramar sal o que la escoba no roce mis pies. Una vez no pude librarme de que una gitana me leyera la mano, pero es que era eso o echaba todos los males del mundo sobre mí y eso sí que hubiese sido una putada, me dijo, en aquel entonces, cuando era una joven y lozana adolescente, que me casaría tres veces. Aún me despierto pensando que he cruzado la frontera de los treinta y pocos y no contabilizo ni una boda. Intento quitarme idea tan absurda de mi cabeza y cuando veo que no lo consigo me aferro al recurso de decirme: tranquila, para eso están Las Vegas.


¿Cuánto sé de aceites?
QUIQUE DACOSTA

Me hago una pregunta: ¿cuánto sé de aceites? Sin pretenderlo, hemos aprendido algunas cosas de aceite de oliva. Me limitaré a estos.
Para empezar, qué puedo o debo hacer con cada tipo de aceite, con cada variedad, con cada coupage, con cada calidad. ¿Siempre virgen extra? ¿Sería mejor vulgarizar su finura?
Pues todas las preguntas tienen una respuesta y cada producto una aplicación específica que mejora aquello que con ese aceite se trata.
¿Para ensalada, para freír, para hacer un sofrito, para un all i oli, una mahonesa?
Para freír, picual; para ensalada, arbequina, para sofritos hojiblanca; para emulsiones el de aceituna manzanilla cacereña -dulce y aromático-; para consumir, en abundancia sin que su sabor nos amargue la boca.
Pero claro, habría que matizar : virgen, virgen extra, refinado y muchas más clasificaciones, variedades. Y están las regiones, y los coupages, como si de vinos se tratase. ¿Y de qué tamaños? El aceite se enrancia con el tiempo y no debemos desaprovecharlo.
Tenemos mucho estudiar sobre el aceite.

FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es

24 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Para sacar sus mejores jugos
ALFREDO ARGILÉS
Picual, arbequina, hojiblanca, blanqueta, verdial, manzanilla, cornicabra y muchas más son las variedades de aceitunas patrias, que se comen con sus huesos o van a dar al esparto, que las contiene hasta que la prensa las ataca para sacar sus mejores jugos, que resultan ser aceite. Aceite de oliva, con su color y regusto especial, según sea una u otra, o varias a la vez, el tipo escogido para la obtención del óleo deseado. Suave o picante, verde o amarillo, oloroso o moderado en sus perfumes, dulce o amargo, afrutado o hierba verde, todas son características que transmiten las aceitunas y que los expertos valoran en sus fichas de cata para dar fe de que aquello que comemos y bebemos, o empapamos, si una hogaza de pan nos acompaña, se ajusta a lo prometido.
La tríada prodigiosa del pan, el vino y el aceite conforma la "dieta mediterránea"
Más de dos mil variedades de aceitunas se conocen, en una multiplicación inverosímil desde que los habitantes de Canaan o sus vecinos dieron en cuidar y proteger el barroco y retorcido árbol que las acoge. Parece que todo empezó en la antigua Libia hace muchos miles de años, y los viajeros fenicios que habitaban aquellas tierras las extendieron por todo el Mediterráneo. Egipto, Grecia, Roma, Hispania: por doquier se plantaron los árboles que procurarían las coronas necesarias para ceñir las cabezas de los atletas y otros héroes, los óleos que ungirían las frentes de los reyes de Israel para su consagración y los cuerpos de los enfermos para su sanación, y las ramas que mostrarían la paz, o nos avisarían de que el diluvio universal -por fin- había concluido.
Pero además de todas esas públicas virtudes el aceite ha tenido, en lo gastronómico, importancia primordial en nuestra existencia. La tríada prodigiosa del pan, el vino y el aceite ha conformado toda una forma de vivir que se traduce en "dieta mediterránea", comprendiendo esa expresión un conjunto de normas saludables, que podrían estar presididas por el aceite versus las grasas y mantequillas.
Con el aceite freímos, con el aceite aliñamos, con el aceite conservamos. Toda suerte de alimentos pasan en nuestra cultura, por una u otra razón, a través del aceite a nuestros cuerpos. Carnes, pescados, verduras, todos se consagran con el aceite, vehículo magistral para transmitir sabores y perfeccionarlos, para que los elementos que pretendemos cocinar gocen del cuidado que les proporciona su capacidad de calentarse hasta muy altas temperaturas sin perder su consistencia y sabor, ni sus más finas propiedades; para que los que pretendemos enlatar se recubran del óleo que impide la oxidación y putrefacción; para que los que pretendemos comer crudos disfruten de esa particular suavidad que proporciona su viscosa consistencia.
Y además, en nuestro caso, aporta a la economía multitud de empleos y beneficios, por algo somos principal país productor del invento, con casi novecientas mil toneladas anuales sobre un total mundial de 2,5 millones, lo cual, en los tiempos que corren, invita a celebrarlo con una romería por los campos de Jaén.

Hacer la vaca, otra forma de llamar al aperitivo
EL APERITIVO DE XAVI CASTILLO
XAVI CASTILLO ES HUMORISTA.

Y después de que el Papa invitara a los jóvenes a practicar la mansedumbre, hablemos de aperitivos. Crecí en Alcoi, donde el capitán moro suele estirarse con los fieles. De allí viene su famosa frase Això ho pague jo. Aperitivo en Alcoi se llama picaeta, un momento sagrado. Al Bar Ideal de la plaza del Ayuntamiento íbamos a parar después de ensayar en La Cassola, el mítico grupo de teatro independiente de Alcoi. La picaeta era queso blanco, espardenyes, garibaldinos, abisinios, albóndigas de boquerón, ensaladilla, calamares... Y, cómo no, un colpet de café licor, aunque soy más de cervecita.
El trabajo, la vida y las imitaciones de Camps y Rita me han llevado a otros sitios. Así probé el figatell de Gandia, los langostinos de Vinaròs o el paté con mermelada de níspero de Callosa d'En Sarriá. Pero hace poco descubrí por cuestiones familiares ¡La vaca! Estas líneas son un homenaje a Paco y Trini. De visita con la familia en Calp antes de comer me preguntaron: ¿Hacemos la vaca? Podría haber contestado que yo puedo hacer de Rita-Godzilla o de Aguilucho-Camps. Pero resulta que lo de la vaca es otra forma de llamar al aperitivo en Almadén. No conocía sus espectaculares berenjenas en vinagre. Es como cuando en Ratatouille, Remy mezcla sabores en la boca y la flipa en colores, nunca mejor dicho. La morcilla de Almadén, el atún de Calp, los caracoles, el tomate del huerto de Paco y Trini, el queso Lorimchar... No soy un sibarita, no tengo una mierda de paladar, pero... ¡Viva la vaca!

De alma débil
TANIA CASTRO

Ayer me salió mi primer orzuelo. Cosa molesta y dolorosa. A alguien se le ocurrió contarme que su abuela decía: "Te pones una llave de esas antiguas bajo del ojo y se van". No sé si por la molestia del ojo, el calor o el homenaje que me pegué para cenar pero dieron las tres y seguía sin dormirme. Busqué la llave de mi viejo armario y allí estábamos, yo, mi mano, mi ojo y una llave en plena madrugada. Triste, muy triste. Soy un alma débil, influenciable. Siempre lo he sabido y, consciente de mi defecto, he procurado evitar ciertas costumbres o actos que sé que en mi caso serían definitorios. Que te echen las cartas o la típica visita a una bruja que te dirá cuantos hijos vas a tener. ¡Ni hablar! Bastante tengo con no pasar bajo las escaleras, los gatos negros, no derramar sal o que la escoba no roce mis pies. Una vez no pude librarme de que una gitana me leyera la mano, pero es que era eso o echaba todos los males del mundo sobre mí y eso sí que hubiese sido una putada, me dijo, en aquel entonces, cuando era una joven y lozana adolescente, que me casaría tres veces. Aún me despierto pensando que he cruzado la frontera de los treinta y pocos y no contabilizo ni una boda. Intento quitarme idea tan absurda de mi cabeza y cuando veo que no lo consigo me aferro al recurso de decirme: tranquila, para eso están Las Vegas.


¿Cuánto sé de aceites?
QUIQUE DACOSTA

Me hago una pregunta: ¿cuánto sé de aceites? Sin pretenderlo, hemos aprendido algunas cosas de aceite de oliva. Me limitaré a estos.
Para empezar, qué puedo o debo hacer con cada tipo de aceite, con cada variedad, con cada coupage, con cada calidad. ¿Siempre virgen extra? ¿Sería mejor vulgarizar su finura?
Pues todas las preguntas tienen una respuesta y cada producto una aplicación específica que mejora aquello que con ese aceite se trata.
¿Para ensalada, para freír, para hacer un sofrito, para un all i oli, una mahonesa?
Para freír, picual; para ensalada, arbequina, para sofritos hojiblanca; para emulsiones el de aceituna manzanilla cacereña -dulce y aromático-; para consumir, en abundancia sin que su sabor nos amargue la boca.
Pero claro, habría que matizar : virgen, virgen extra, refinado y muchas más clasificaciones, variedades. Y están las regiones, y los coupages, como si de vinos se tratase. ¿Y de qué tamaños? El aceite se enrancia con el tiempo y no debemos desaprovecharlo.
Tenemos mucho estudiar sobre el aceite.

FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es