Homenaje a la ballena en una reinterpretación de Jonás y la ballena de Frederick van Valkenborch
TANIA
CASTRO
Reinterpretación
de Jonás y la ballena
31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Esperma para alumbrar
ALFREDO ARGILÉS
Cuentan
que en Roday (Noruega) se han encontrado pinturas rupestres con una antigüedad
de cuatro mil años que representan a los primeros balleneros de los que se
tiene noticia en los momentos en los que intentaban capturar al gigante marino
armados de rudimentarias lanzas y cuchillos.
De
la ballena, todo se aprovechaba: grasas para jabón, glicerinas o velas
No
dudamos que lo conseguían, porque seguro que sus ambiciones eran menores que
las del capitán Ahab, que pretendió ir contra la naturaleza de las cosas
arponeando con la fuerza de los brazos a Moby Dick, la ballena blanca, que
debía pesar sus buenas doscientas toneladas.
Novelas
y obsesiones aparte lo cierto es que durante la Alta Edad Media y hasta hace
nada, un par de centurias, los marinos de todo el mundo se concitaban en la
ruta de los cetáceos para cazarlos y así obtener su carne y lo que era más
importante, la grasa que atesoraban en su cuerpo, que alumbraba las calles y
habitaciones de buena parte de la humanidad.
Más
que grasa para alumbrar la ballena -el cachalote- aportaba su cabeza,
exactamente el líquido contenido en su hermosa parte frontal, que es una
especie de suave aceite o cera que arde con prontitud y fijeza, y que
curiosamente lleva el impropio nombre de espermaceti, siendo así que ninguno de
sus componentes tiene facultad alguna para engendrar.
Los
marinos, una vez el animal flotaba yerto junto a su barco, se introducían por
la cabeza y trasegaban a cubos los tres mil litros del esperma que se alojaban
en dicho lugar, prosiguiendo con su tarea hasta no dejar rastro de su
existencia. De la ballena, como del cerdo, todo se aprovechaba. Y algunas
grasas, para perfumes; otras, para jabones; tantas, para glicerinas, aquellas
para jabón, para velas, para margarina y otros aceites; y la carne para comer,
que las proteínas ni se tiran ni se regalan.
Semejante
lucrativa actividad frenó de forma notable cuando el petróleo hizo irrupción en
el mundo y se constituyó en combustible indispensable, por lo que el
espermaceti dejó de tener seguidores más allá de lo que convenía a la industria
perfumera, que era su segundo destino capital.
Decimos
que la venida del petróleo frustró el negocio, que por otra parte, y por más
que suene extraño, era de tipo financiero y no industrial, ya que las enormes
cantidades de dinero que eran necesarias para el flete de los barcos y garantía
de la inversión, hicieron de los aseguradores y banqueros los mayores defensores
de su pesca.
Dinero
y luz, porque a decir verdad, más allá de los inuits y otros habitantes de las
regiones polares, la disposición de los gastrónomos para dejarse seducir por
las ricas carnes del mamífero marino ha sido más bien escasa, siendo quizás ahora
-cuando su pesca está prohibida y solo se aprovechan los restos de las
capturadas para investigación- el momento en que Japón hace de sus carnes sushi
y sashimi y ricas hamburguesas, que sustituyen con ventaja las que todos
conocemos de ignotos productos cárnicos.
EL APERITIVO DE PACO ROCA
Soy de cañas, quinto en su defecto
Mis
padres nunca han sido muy de bares. Pero recuerdo que de pequeño, en nuestra
visita rutinaria los domingos al jardín de Viveros, se saltaban la austeridad y
nunca faltaba una Pepsi-cola en el bar La Pérgola. Para mí era un momento muy
especial tomar esa bebida directamente de la botella sorbiendo con una pajita y
encaramado a aquellos taburetes fijos al suelo. Al bar La Pérgola suelo ir
ahora por nostalgia, en especial cuando se celebra el Festival de Cómic de
Valencia. Algunos de los camareros son aficionados al asunto y suelo llevar a
mis colegas dibujantes. Otra de mis zonas favoritas para tomar un aperitivo es
la plaza del Collado y los escalones de La Lonja. Esta placita tiene todo el
sabor del casco antiguo de Valencia y en verano están repletas de gente
interesante. Allí siempre me encuentro a alguien conocido, lo cual es un
alivio: para mí el aperitivo es un acto social, lleva implícito la
conversación, jamás he podido disfrutar de un aperitivo en solitario. En cuanto
al qué beber, la verdad es que no varío mucho, soy de cañas, quintos en su
defecto. Solo varío de bebida en la cercana tasca Ángel pidiéndome un Albariño
para acompañar las sardinas a la plancha. Es un lugar perfecto para el
aperitivo dominical, bullicioso y alegre. Adoro también los aperitivos largos
que derivan en comida, algo que siempre me pasa cuando voy a Casa Montaña en El
Cabanyal. El lugar es acogedor, la carta buena y variada y a poco que te descuides
son las cinco de la tarde y no has parado de comer y beber. Es cuando llega el
mejor momento del aperitivo español: la siesta.
Paco Roca es dibujante.
TANIA CASTRO
De tripas, corazón
TANIA CASTRO.
Los
seres humanos tenemos muchas malas costumbres y de las peores, mentir. Además
nos gusta clasificar las mentiras para aliviar nuestra conciencia. Piadosas: la
archiconocida "no querida, no estás gorda, es que antes estabas muy
delgada". Otras que bien parecen un clásico del día a día: "Por
favor, pase usted primero". Y la abuelita de todos los días te vuelve a
ganar el turno. Bien parece que sepa tu horario laboral o que te espere todos
los días en la esquina. Y todo lo contrario, cedemos el turno en la farmacia
gustosamente porque "no tenemos prisa" y lo que en realidad queremos
es quedarnos sin público para pedir la caja grande de preservativos. Las
chungas, las que hacen daño: "Cariño, para mí eres la única". Pero en
esas, mejor no entremos. Y después las que son imposibles de entender: banquete
de boda o comunión donde te dejas casi medio empaste en la carne. Suplicarías
porque algún lindo minino se acercara para repartir con él las gambas, no
encuentras suficientes botellas de agua para tragar el pastel y a la pregunta
de si todo estaba bueno, respondes: "¡Buenísimo!" Y aunque la
indigestión os lleve a todos, novios incluidos, a ser accionistas por derecho
de Almax, jamás confesaréis que era mentira. Pero hay momentos en que no queda
otro remedio que hacer de tripas, corazón.
Mousse de naranja
QUIQUE DACOSTA
Ballena?
¿Me han pedido hablar de ballenas? Lo siento, pero nunca cocino ballena; ni la
comí, ni la voy a comer, ni a cocinar. Por varios motivos. Comer ballena me
parece poco propio de estos tiempos. Tiempos sensibilizados con la
sostenibilidad del planeta. Además, está prohibida su pesca, y como
consecuencia comerla. Por lo tanto, como no hubo recetas de atún rojo, no hay
en mi blog receta de ballena.
Hablemos
mejor de frutas, que en estos 31 temas no hemos hablado de ninguna fruta; bueno
sí, del dátil. Lo voy a hacer de la naranja. Muy nuestra.
Le
cortamos la parte superior, como si de su tapa se tratase. Con una cuchara
sacamos la carne, para licuarla o sacar su zumo. Metemos la cáscara en el
congelador.
Aparte
del zumo, le pondremos unas gotas de Cointreau y lo gelificaremos con gelatina.
Lo reservamos en frío. Con más zumo hacemos una mousse clásica, con ralladura
de sus pieles, para aromatizar y transmitir sabor. Reservar en frío. Llenamos
la cáscara con una cucharada de gelatina, luego gajos de otra naranja. Sobre
estos la mousse. Y adornamos con unas hojas de menta.
FUENTE ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es

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