martes

30 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

 

Homenaje a la ballena en una reinterpretación de Jonás y la ballena de Frederick van Valkenborch

TANIA CASTRO
Reinterpretación de Jonás y la ballena

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Esperma para alumbrar

ALFREDO ARGILÉS
Cuentan que en Roday (Noruega) se han encontrado pinturas rupestres con una antigüedad de cuatro mil años que representan a los primeros balleneros de los que se tiene noticia en los momentos en los que intentaban capturar al gigante marino armados de rudimentarias lanzas y cuchillos.
De la ballena, todo se aprovechaba: grasas para jabón, glicerinas o velas
No dudamos que lo conseguían, porque seguro que sus ambiciones eran menores que las del capitán Ahab, que pretendió ir contra la naturaleza de las cosas arponeando con la fuerza de los brazos a Moby Dick, la ballena blanca, que debía pesar sus buenas doscientas toneladas.
Novelas y obsesiones aparte lo cierto es que durante la Alta Edad Media y hasta hace nada, un par de centurias, los marinos de todo el mundo se concitaban en la ruta de los cetáceos para cazarlos y así obtener su carne y lo que era más importante, la grasa que atesoraban en su cuerpo, que alumbraba las calles y habitaciones de buena parte de la humanidad.
Más que grasa para alumbrar la ballena -el cachalote- aportaba su cabeza, exactamente el líquido contenido en su hermosa parte frontal, que es una especie de suave aceite o cera que arde con prontitud y fijeza, y que curiosamente lleva el impropio nombre de espermaceti, siendo así que ninguno de sus componentes tiene facultad alguna para engendrar.
Los marinos, una vez el animal flotaba yerto junto a su barco, se introducían por la cabeza y trasegaban a cubos los tres mil litros del esperma que se alojaban en dicho lugar, prosiguiendo con su tarea hasta no dejar rastro de su existencia. De la ballena, como del cerdo, todo se aprovechaba. Y algunas grasas, para perfumes; otras, para jabones; tantas, para glicerinas, aquellas para jabón, para velas, para margarina y otros aceites; y la carne para comer, que las proteínas ni se tiran ni se regalan.
Semejante lucrativa actividad frenó de forma notable cuando el petróleo hizo irrupción en el mundo y se constituyó en combustible indispensable, por lo que el espermaceti dejó de tener seguidores más allá de lo que convenía a la industria perfumera, que era su segundo destino capital.
Decimos que la venida del petróleo frustró el negocio, que por otra parte, y por más que suene extraño, era de tipo financiero y no industrial, ya que las enormes cantidades de dinero que eran necesarias para el flete de los barcos y garantía de la inversión, hicieron de los aseguradores y banqueros los mayores defensores de su pesca.
Dinero y luz, porque a decir verdad, más allá de los inuits y otros habitantes de las regiones polares, la disposición de los gastrónomos para dejarse seducir por las ricas carnes del mamífero marino ha sido más bien escasa, siendo quizás ahora -cuando su pesca está prohibida y solo se aprovechan los restos de las capturadas para investigación- el momento en que Japón hace de sus carnes sushi y sashimi y ricas hamburguesas, que sustituyen con ventaja las que todos conocemos de ignotos productos cárnicos.

EL APERITIVO DE PACO ROCA

Soy de cañas, quinto en su defecto


Mis padres nunca han sido muy de bares. Pero recuerdo que de pequeño, en nuestra visita rutinaria los domingos al jardín de Viveros, se saltaban la austeridad y nunca faltaba una Pepsi-cola en el bar La Pérgola. Para mí era un momento muy especial tomar esa bebida directamente de la botella sorbiendo con una pajita y encaramado a aquellos taburetes fijos al suelo. Al bar La Pérgola suelo ir ahora por nostalgia, en especial cuando se celebra el Festival de Cómic de Valencia. Algunos de los camareros son aficionados al asunto y suelo llevar a mis colegas dibujantes. Otra de mis zonas favoritas para tomar un aperitivo es la plaza del Collado y los escalones de La Lonja. Esta placita tiene todo el sabor del casco antiguo de Valencia y en verano están repletas de gente interesante. Allí siempre me encuentro a alguien conocido, lo cual es un alivio: para mí el aperitivo es un acto social, lleva implícito la conversación, jamás he podido disfrutar de un aperitivo en solitario. En cuanto al qué beber, la verdad es que no varío mucho, soy de cañas, quintos en su defecto. Solo varío de bebida en la cercana tasca Ángel pidiéndome un Albariño para acompañar las sardinas a la plancha. Es un lugar perfecto para el aperitivo dominical, bullicioso y alegre. Adoro también los aperitivos largos que derivan en comida, algo que siempre me pasa cuando voy a Casa Montaña en El Cabanyal. El lugar es acogedor, la carta buena y variada y a poco que te descuides son las cinco de la tarde y no has parado de comer y beber. Es cuando llega el mejor momento del aperitivo español: la siesta.
Paco Roca es dibujante.

TANIA CASTRO

De tripas, corazón

TANIA CASTRO.

Los seres humanos tenemos muchas malas costumbres y de las peores, mentir. Además nos gusta clasificar las mentiras para aliviar nuestra conciencia. Piadosas: la archiconocida "no querida, no estás gorda, es que antes estabas muy delgada". Otras que bien parecen un clásico del día a día: "Por favor, pase usted primero". Y la abuelita de todos los días te vuelve a ganar el turno. Bien parece que sepa tu horario laboral o que te espere todos los días en la esquina. Y todo lo contrario, cedemos el turno en la farmacia gustosamente porque "no tenemos prisa" y lo que en realidad queremos es quedarnos sin público para pedir la caja grande de preservativos. Las chungas, las que hacen daño: "Cariño, para mí eres la única". Pero en esas, mejor no entremos. Y después las que son imposibles de entender: banquete de boda o comunión donde te dejas casi medio empaste en la carne. Suplicarías porque algún lindo minino se acercara para repartir con él las gambas, no encuentras suficientes botellas de agua para tragar el pastel y a la pregunta de si todo estaba bueno, respondes: "¡Buenísimo!" Y aunque la indigestión os lleve a todos, novios incluidos, a ser accionistas por derecho de Almax, jamás confesaréis que era mentira. Pero hay momentos en que no queda otro remedio que hacer de tripas, corazón.


Mousse de naranja

QUIQUE DACOSTA

Ballena? ¿Me han pedido hablar de ballenas? Lo siento, pero nunca cocino ballena; ni la comí, ni la voy a comer, ni a cocinar. Por varios motivos. Comer ballena me parece poco propio de estos tiempos. Tiempos sensibilizados con la sostenibilidad del planeta. Además, está prohibida su pesca, y como consecuencia comerla. Por lo tanto, como no hubo recetas de atún rojo, no hay en mi blog receta de ballena.
Hablemos mejor de frutas, que en estos 31 temas no hemos hablado de ninguna fruta; bueno sí, del dátil. Lo voy a hacer de la naranja. Muy nuestra.
Le cortamos la parte superior, como si de su tapa se tratase. Con una cuchara sacamos la carne, para licuarla o sacar su zumo. Metemos la cáscara en el congelador.
Aparte del zumo, le pondremos unas gotas de Cointreau y lo gelificaremos con gelatina. Lo reservamos en frío. Con más zumo hacemos una mousse clásica, con ralladura de sus pieles, para aromatizar y transmitir sabor. Reservar en frío. Llenamos la cáscara con una cucharada de gelatina, luego gajos de otra naranja. Sobre estos la mousse. Y adornamos con unas hojas de menta.

FUENTE ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es


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