martes

23 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO.

Biodiésel para el cuerpo
ALFREDO ARGILÉS

Ferran Adrià lograba, mediante la esferificación de los productos, convertir en huevas de caviar cualquier simple melón, sandía o manzana, aunque bien es verdad que solo en su aspecto externo, que en el interior brillaban como nunca los originarios sabores campestres.
La soja sirve para casi todo: se come concentrada en aceites o al natural
Los pueblos emergentes, que pusieron a trabajar a los ingenieros de medio mundo para que lograsen que donde había unas habas de soja que daba gloria verlas aparezcan ahora, esta vez por medio de la transesterificación, los llamados biodiesel, combustibles vegetales aptos para que los vehículos a motor puedan circular por caminos y autopistas, y que presuntamente nos podrían llevar incluso al propio restaurante El Bulli.
Porque la soja, al igual que la colza o el girasol, sirve para casi todo: se come al natural o concentrada en aceites, y de estas suertes aprovecha para todo como bien saben los orientales -en especial los chinos- que llevan miles de años consumiéndola en sus distintas preparaciones, salvando con ello las hambrunas que asolaban de tarde en tarde -o de nada en nada- aquellos países; también se come con fruición y por doquier formando un queso -un sucedáneo de queso- que se llama tofu y adorna las ensaladas del Oriente y Occidente, mezclado con toda suerte de vegetales y aliñadas según costumbres, con aceite y vinagre, con limón, o con más salsa de soja.
Proteína barata y vegetal, sustituye con ventaja a la carne en sus fundamentos alimenticios, amén de parecer más saludable que sus imitadas vacas y bueyes según el criterio de algunos dietistas. A tal fin se han inventado las hamburguesas hechas con las habas del vegetal y huevo, cebolla, orégano y algunos otros condimentos como el ajo, que les prestan la vivacidad de la que carece.
Pero en nuestro entorno parece que la soja más se consume como aditamento que como alimento. Las salsas que con ella se componen, también originarias de los tiempos en que la conservación de los alimentos pasaba por su inmersión en medios ácidos y no de las neveras y frigidaires, mojan sin dudar toda suerte de cocina japonesa o vietnamita, de Schezuan o de Sanghai. Sushis y sashimis, arroces y verduras, rollitos y pastelitos se impregnan en esa salsa ya universal para aportarles el fuerte sabor salado con fondo dulce que proporciona la soja fermentada.
Y es que además de ser salsa para mojar es salsa para combinar, ya que con su contribución se desarrollan todas aquellas salsas donde anegar los palillos: la salsa de ostras que también se hace con ostras; la hoisin, que a la soja añade ajos, vinagres y chiles; la agridulce, con clavos jengibre y miel; la satay, con un toque de mantequilla; la ponzu, que lleva vino de arroz, algunas algas y otro imprescindible condimento japonés, el katsuobushi, finísimas láminas de atún desecadas y vueltas a la vida sin más que añadirles un poco de agua, o más salsa de la inconmensurable soja.


EL APERITIVO
Limonada y whisky: Mediterráneo y Europa

Si hay un sabor característico en las ciudades mediterráneas es el limón exprimido mezclado con agua y azúcar, y si hay un momento especial para tomarlo, ese es el aperitivo. No solo por sus sabidos beneficios como bebida refrescante y saludable, sino porque es un sabor que ha ido creciendo conmigo.
Es el recuerdo de mi infancia: la limonada, el limón granizado de la Explanada, indicándonos el inicio del verano. Sabores que, pese a que he pasado fuera de España casi un tercio de mi vida y que mi trabajo me obliga a viajar, tomarlo en el aperitivo se ha convertido en uno de los hábitos más cotidianos de las costumbres mediterráneas a las que, se pueden imaginar, me apego con más devoción.
En Argel, Sarajevo o Nicosia, por poner tres ejemplos de ciudades mediterráneas, he bebido con verdadero deleite la tradicional limonada que te ofrecen antes de las comidas. Este detalle me hace sentir como en casa. Y es que la limonada es una bebida cuyo sabor nos identifica como región y como pueblo.
Debo de confesar que al vivir tantos años fuera de España acabas coqueteando con otras costumbres, con otros aperitivos. Así en Holanda, y a lo largo de los continuos viajes por Europa, empecé a disfrutar el aperitivo antes de las cenas y el whisky pasó a ser definitivamente mi bebida. De entre todos los lugares de Amsterdam, os recomiendo el L&B whiskycafe, un lugar para aprender a amar el whisky de verdad.
Yolanda Parrado es la directora general de la Casa Mediterráneo.


INTIMIDADES
Mis sabores
TANIA CASTRO

He probado langostas exquisitas, manchas en mi plato que, me juran, son exquisiteces; trufa, caviar, ¡hasta oro ha llegado a mi paladar! Pero lo mejor: la paella de la madre de mi amiga Merche. La llevo comiendo desde el instituto y no solo me sabe a una buena paella: me sabe a buenos recuerdos. Y es que la comida no solo alimenta nuestros estómagos sino también nuestra memoria. ¿Qué pasa si digo: Tigretones, Pantera Rosa, Phoskitos, bocadillo de atún con olivas, Brascada... ¡Chivito!? Sí, yo era de Chivito aunque siempre acabará con las camisetas manchadas. Y de Cola Cao, con sus grumitos. Por alguna extraña razón siempre sentí que no me podía llevar bien con los de Nesquik, esos sositos sin grumitos no podían ser de mi bando. El invierno me sigue sabiendo a chocolate espeso y el verano a polo de agua de limón o de naranja. Aunque hace ya mucho tiempo que no pruebo ninguno de los dos. Podemos hacer grandes viajes. Cruzar océanos, doce horas de avión pero ninguno nos será tan placentero ni nos llevará tan lejos como volver a morder un Bollicao a media mañana. Crecemos. Nos volvemos más complicados o sofisticados, elija cada uno su definición. Pero, curiosamente, la felicidad, la felicidad de la buena, suele estar siempre llena de cotidianidad y de recuerdos con buenos sabores.

El arte de las semillas
QUIQUE  DACOSTA

Soja: Glycine max. O la verde, mungo, para comer al vapor, fresca, con un poquito de sal. Dar vida. Este es uno de los sentidos de los platos que creé y aún creo con semillas. Su germinación es una de las formas más saludables de tomar algunas de ellas y la mejor manera de conservar sus propiedades naturales.
Por lo tanto: Papel de cocina bien humedecido en una bandeja. La selección de semillas que más le guste de entrada, y para las pruebas, lo que tenga a mano. ¿No tengo nada? No es verdad, seguro que tiene en la alacena, lentejas. Bien, pues lentejas. Reparta estas por el papel, que tendrá tres o cuatro capas, bien humedecido, y lo cubrimos con otro papel igualmente humedecido. Con film de cocina tapamos la bandeja, perforamos para que respiren las semillas y lo dejamos en un lugar cálido, no seco y no necesariamente con luz... Revisaremos la humedad, importantísima para esta elaboración, durante dos o tres días.
Tras la germinación hay que saltearlas levemente. Un revuelto con jamoncito picado en la sartén, y a la parrilla en un colador, con unas gotas de aceite y sal. Poco hecho siempre. A partir de ahí con soja (más tiempo en la bandeja) o cualquier otra semilla.

FUENTE: ELPAIS CV.
www.quiquedacosta.es


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