sábado

19 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




 El cordero en el Saturno devorando a su hijo

TANIA CASTRO
El cordero en el Saturno devorando a su hijo de Goya.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
En un oasis de paz
En el cordero se dan cita la religión, la honestidad y la alimentación
ALFREDO ARGILÉS

El arqueólogo Vere Gordon Childe, que escribió El origen de la civilización, mantiene la teoría de que las glaciaciones y las subsiguientes sequías propiciaron los desiertos, y en estos los oasis, lugar de encuentro de personas, animales y frutos, y de este conocimiento nació la agricultura y la ganadería, y aún muchas cosas más que por ahora evitaremos señalar.
Al norte del Sinaí, en los montes de Negev, se desarrolló temprano la pasión por la estabilización, pues se han encontrado cercados de 20.000 años de antigüedad, donde guardar gacelas y gamos, animales que hoy nos parecen a despropósito para la actividad del pastoreo pero que en aquellos momentos creían de lo más adecuado. No olvidemos que los egipcios tenían a estos animales como domésticos y de corral -antes habían intentado lo propio con las hienas con escasa ventura- y que los trogloditas del norte de África, en aquellos tempranos años de nuestra convivencia, poseían rebaños de musmones -bichos entre carnero y cabra- que los proveían de leche y carne, y que era habitual en aquellas geografías considerar animal doméstico al antílope y al camello, como era en las tierras más cercanas a nosotros asumir a los bóvidos y los suidos -los corderos y familia, y los jabalíes, los cerdos y demás parentela- como propios, como hacían las hordas que venían del Oriente con los caballos o los incas con las llamas.
Observado el asunto con la perspectiva que dan los años, parece que la actividad económica generada por el flujo de la desertización y la glaciación no es despreciable hoy, ni siquiera a los ojos de los mercados de futuros. Mas debemos ocuparnos en señalar que no solo de cotizaciones vive el hombre, sino que además debe comer y alimentarse, a ser posible con la mayor elegancia y honestidad, con temor y respeto a los dioses, y sobre todo con altas dosis de culinaria.
Elijamos al cordero como insigne representante de los estabulados, por darse cita en él las precisiones señaladas -alimentación, honestidad, religión- con su mayor nota, y en cuanto a la fundamental cuestión gastronómica podemos inundar a ejemplos positivos y contundentes a cualquier persona dubitativa que nos asalte con sus dudas al respecto. Le responderemos: ¿recuerda usted el cordero asado con sus propios jugos en cualquiera de los asadores de las tierras de Castilla? ¿Recuerda usted el cordero al estilo de un navarín, primaveral y rodeado de suaves y jugosas verduras? ¿Recuerda las hermosas y carnosas costillas del llamado pré-salé por las hierbas de los prados salados de Normandía de los que se alimenta? ¿Y el irish stew, criado en prados irlandeses y hecho con patatas? ¿Y el cordero a la menta de lainjustamente denostada cocina inglesa?
Por no hablar de los riñones, los sesos, las lenguas, los cuellos y demás adminículos que se desprenden del cuerpo del cordero para satisfacción de sus miles de glotones.

EL APERITIVO
Cerveza, pero ojo, que la monogamia causa desgracias

El mejor aperitivo existente, desde los sumerios, es la cerveza. Mentes perversas la han prostituido estos últimos años añadiéndole limonadas y otros brebajes inferiores. Debería estar penado. Y, sobre todo, ¡no "afeitéis" las soberbias barbas de una buena cerveza! La espuma debe reposar unos instantes, y sólo así notaremos su fresco gusto amargo, con el mágico lúpulo de sabor de fondo. Como aperitivo, mejor las ligeras, las ale. Si se puede escoger, las procedentes de Chequia son inimitables.
Europa se divide en dos, con el euro o sin él: la Europa del vino -la sangre de la tierra-, que incluso le ha dedicado una religión, y la Europa del centro y del norte, la de la cerveza. La ley más antigua que existe sobre alimentación es un decreto sobre la cerveza en pleno siglo XIII y en Inglaterra. Sabrosas pero nocivas son las tapas: quitan el apetito y engordan; la cerveza, por sí sola, no engorda. Y, por supuesto, debe ir acompañada de conversación: una sosegada plática sobre el tiempo, sobre los dislates políticos (un tema eterno) o sobre las amenidades que nos presta nuestra pareja, todo eso que hablamos, con la cabeza reposada en la cabecera del sofá o con los codos en las rodillas, con ligereza y exquisita educación (por ejemplo, escuchando la cháchara del acompañante, y no sólo fingiéndolo), pues todo eso le da mejor sabor a la rubia, rizada, excitante cerveza. Ahora bien, beber cerveza cada día puede llegar a ser monótono y convertirse en un hábito. Y así pierde toda su magia: la monogamia ha causado ya demasiadas desgracias.
Isabel-Clara Simó es escritora.


Calor de 'peli' porno
TANIA CASTRO
Lleva dos días mi cuerpo siendo un manantial con piernas. Suena entre poético y horrible, lo sé, pero es la pura realidad. Anoche, tras despertarme varias veces, decidí dejar que me ganará la partida el calor y me levanté rumbo a la única salvación posible: la nevera y una botella bien fría de agua. De pie, frente a mi electrodoméstico favorito en esta época del año, vi mi cuerpo iluminado y las mil gotitas de sudor resbalando por él. Entendí en un segundo esa frase que hace no mucho escuché: "Hace un calor de peli porno". Imaginé inmediatamente las fresas frías recorriendo mi espalda. Las uvas frescas resbalando hasta mi ombligo. El champán casi congelado haciendo temblar mis muslos. El helado derritiéndose en mis labios. El sudor en mi hombro, absolutamente sensual, resbalando hasta el final de los dedos de mi mano. Hipnotizada por la luz de mi nevera y entregada a mis fantasías, de pronto: ¡picotazo de mosquito¡ y de vuelta a la realidad. Miro mi nevera: ni helado, ni uvas, ni fresas y mucho menos champán. El sudor hacía que me escocieran los ojos y al calor de mi cuerpo se había sumado el mental. Cerré la nevera y resolví que la única solución era una buena ducha de agua fría y rezar porque llegara pronto el invierno. Por si acaso yo hoy me compro una botella de champán.

Costillar carnoso
QUIQUE DACOSTA

Aunque sea un infanticidio terrible comer cordero lechal, lo hacemos.... En fin, pasado este trauma, vamos a la cazuela. Para ello, mil formas de asarlo y cocinarlo. Desde asado en hornos de leña, a hacerlo a la plancha, a la parrilla sus chuletitas, en caldereta con patatas -magnífico lo hace Luismi en el Ruta en Jarandilla de la Vera (Caceres)- o las piernas asadas, que tan ricas están con sus patatas panadera o una simple ensalada de lechuga trocadero con cebolleta fresca, aceite, sal y unas gotas de vinagre de Jerez. En fin, para el cordero formas mil. También dependerá de la raza. Una de mis favoritas, el pré salé de la Bretaña francesa, de costillar carnoso y sin sabor a borrego, como también sucede con los merinos burgaleses, de pasto seco y fino. Se entiende que sin las servidumbres del viaje al matadero, en penumbrosos camiones, donde se orinan encima y marcan sus carnes para el futuro.
En mi memoria, un cordero absoluto y maravilloso fue el del Racó de Can Fabes, con su chef Santi Santamaria al frente, que en paz descanse. Este hacía, y su familia continúa haciendo, un gigot de cordero asado y caramelizado a la salvia fresca que justifica ir hasta Sant Celoni.

 FUENTE: ELPAIS CV

www.quiquedacosta.es 

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