El cordero en el Saturno devorando a su
hijo
TANIA
CASTRO
El cordero
en el Saturno devorando a su hijo de Goya.
31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
En un oasis de paz
En el cordero se dan cita la religión, la
honestidad y la alimentación
ALFREDO ARGILÉS
El
arqueólogo Vere Gordon Childe, que escribió El
origen de la civilización, mantiene la teoría de que las glaciaciones y las
subsiguientes sequías propiciaron los desiertos, y en estos los oasis, lugar de
encuentro de personas, animales y frutos, y de este conocimiento nació la
agricultura y la ganadería, y aún muchas cosas más que por ahora evitaremos
señalar.
Al norte
del Sinaí, en los montes de Negev, se desarrolló temprano la pasión por la
estabilización, pues se han encontrado cercados de 20.000 años de antigüedad,
donde guardar gacelas y gamos, animales que hoy nos parecen a despropósito para
la actividad del pastoreo pero que en aquellos momentos creían de lo más
adecuado. No olvidemos que los egipcios tenían a estos animales como domésticos
y de corral -antes habían intentado lo propio con las hienas con escasa
ventura- y que los trogloditas del norte de África, en aquellos tempranos años
de nuestra convivencia, poseían rebaños de musmones -bichos entre carnero y
cabra- que los proveían de leche y carne, y que era habitual en aquellas
geografías considerar animal doméstico al antílope y al camello, como era en
las tierras más cercanas a nosotros asumir a los bóvidos y los suidos -los
corderos y familia, y los jabalíes, los cerdos y demás parentela- como propios,
como hacían las hordas que venían del Oriente con los caballos o los incas con
las llamas.
Observado
el asunto con la perspectiva que dan los años, parece que la actividad
económica generada por el flujo de la desertización y la glaciación no es
despreciable hoy, ni siquiera a los ojos de los mercados de futuros. Mas
debemos ocuparnos en señalar que no solo de cotizaciones vive el hombre, sino
que además debe comer y alimentarse, a ser posible con la mayor elegancia y
honestidad, con temor y respeto a los dioses, y sobre todo con altas dosis de
culinaria.
Elijamos
al cordero como insigne representante de los estabulados, por darse cita en él
las precisiones señaladas -alimentación, honestidad, religión- con su mayor
nota, y en cuanto a la fundamental cuestión gastronómica podemos inundar a
ejemplos positivos y contundentes a cualquier persona dubitativa que nos asalte
con sus dudas al respecto. Le responderemos: ¿recuerda usted el cordero asado
con sus propios jugos en cualquiera de los asadores de las tierras de Castilla?
¿Recuerda usted el cordero al estilo de un navarín, primaveral y rodeado de
suaves y jugosas verduras? ¿Recuerda las hermosas y carnosas costillas del llamado
pré-salé por las hierbas de los
prados salados de Normandía de los que se alimenta? ¿Y el irish stew, criado en prados irlandeses y hecho con patatas? ¿Y el
cordero a la menta de lainjustamente denostada cocina inglesa?
Por no
hablar de los riñones, los sesos, las lenguas, los cuellos y demás adminículos
que se desprenden del cuerpo del cordero para satisfacción de sus miles de glotones.
EL APERITIVO
Cerveza, pero ojo,
que la monogamia causa desgracias
El mejor
aperitivo existente, desde los sumerios, es la cerveza. Mentes perversas la han
prostituido estos últimos años añadiéndole limonadas y otros brebajes
inferiores. Debería estar penado. Y, sobre todo, ¡no "afeitéis" las
soberbias barbas de una buena cerveza! La espuma debe reposar unos instantes, y
sólo así notaremos su fresco gusto amargo, con el mágico lúpulo de sabor de
fondo. Como aperitivo, mejor las ligeras, las ale. Si se puede escoger, las procedentes de Chequia son
inimitables.
Europa se
divide en dos, con el euro o sin él: la Europa del vino -la sangre de la
tierra-, que incluso le ha dedicado una religión, y la Europa del centro y del
norte, la de la cerveza. La ley más antigua que existe sobre alimentación es un
decreto sobre la cerveza en pleno siglo XIII y en Inglaterra. Sabrosas pero
nocivas son las tapas: quitan el apetito y engordan; la cerveza, por sí sola, no
engorda. Y, por supuesto, debe ir acompañada de conversación: una sosegada
plática sobre el tiempo, sobre los dislates políticos (un tema eterno) o sobre
las amenidades que nos presta nuestra pareja, todo eso que hablamos, con la
cabeza reposada en la cabecera del sofá o con los codos en las rodillas, con
ligereza y exquisita educación (por ejemplo, escuchando la cháchara del
acompañante, y no sólo fingiéndolo), pues todo eso le da mejor sabor a la
rubia, rizada, excitante cerveza. Ahora bien, beber cerveza cada día puede
llegar a ser monótono y convertirse en un hábito. Y así pierde toda su magia:
la monogamia ha causado ya demasiadas desgracias.
Isabel-Clara Simó es escritora.
Calor de 'peli'
porno
TANIA CASTRO
Lleva dos
días mi cuerpo siendo un manantial con piernas. Suena entre poético y horrible,
lo sé, pero es la pura realidad. Anoche, tras despertarme varias veces, decidí
dejar que me ganará la partida el calor y me levanté rumbo a la única salvación
posible: la nevera y una botella bien fría de agua. De pie, frente a mi
electrodoméstico favorito en esta época del año, vi mi cuerpo iluminado y las
mil gotitas de sudor resbalando por él. Entendí en un segundo esa frase que
hace no mucho escuché: "Hace un calor de peli porno". Imaginé
inmediatamente las fresas frías recorriendo mi espalda. Las uvas frescas
resbalando hasta mi ombligo. El champán casi congelado haciendo temblar mis
muslos. El helado derritiéndose en mis labios. El sudor en mi hombro,
absolutamente sensual, resbalando hasta el final de los dedos de mi mano.
Hipnotizada por la luz de mi nevera y entregada a mis fantasías, de pronto:
¡picotazo de mosquito¡ y de vuelta a la realidad. Miro mi nevera: ni helado, ni
uvas, ni fresas y mucho menos champán. El sudor hacía que me escocieran los
ojos y al calor de mi cuerpo se había sumado el mental. Cerré la nevera y
resolví que la única solución era una buena ducha de agua fría y rezar porque llegara
pronto el invierno. Por si acaso yo hoy me compro una botella de champán.
Costillar carnoso
QUIQUE DACOSTA
Aunque sea
un infanticidio terrible comer cordero lechal, lo hacemos.... En fin, pasado
este trauma, vamos a la cazuela. Para ello, mil formas de asarlo y cocinarlo.
Desde asado en hornos de leña, a hacerlo a la plancha, a la parrilla sus
chuletitas, en caldereta con patatas -magnífico lo hace Luismi en el Ruta en
Jarandilla de la Vera (Caceres)- o las piernas asadas, que tan ricas están con
sus patatas panadera o una simple ensalada de lechuga trocadero con cebolleta
fresca, aceite, sal y unas gotas de vinagre de Jerez. En fin, para el cordero
formas mil. También dependerá de la raza. Una de mis favoritas, el pré salé de la Bretaña francesa, de
costillar carnoso y sin sabor a borrego, como también sucede con los merinos
burgaleses, de pasto seco y fino. Se entiende que sin las servidumbres del
viaje al matadero, en penumbrosos camiones, donde se orinan encima y marcan sus
carnes para el futuro.
En mi
memoria, un cordero absoluto y maravilloso fue el del Racó de Can Fabes, con su
chef Santi Santamaria al frente, que en paz descanse. Este hacía, y su familia
continúa haciendo, un gigot de
cordero asado y caramelizado a la salvia fresca que justifica ir hasta Sant Celoni.
FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es

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