martes

9 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Homenaje al dátil en la obra Maquiavelo, de Santi di Tito.
TANIA CASTRO

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Cereal árabe
ALFREDO ARGILÉS
Los seguidores del código de Hammurabi, en general hijos de Mesopotamia, estaban al corriente por los escritos de su rey de que los dátiles tenían dos especiales utilidades: se comían y también se bebían, convertidos en alcohol según las técnicas cerveceras de la época. Pero ante todo los comían, en especial los dioses, que según cuentan consumían con inagotable apetito los 450 litros de estos frutos que recibían todos los días de sus fieles. Anu, Antu, Ishtar y Nanaia, deidades todas residentes en el magnífico templo de Uruk, se solazaban con su dulzor, aunque sin duda alguna parte de la dádiva la comerían sus fieles sacerdotes. Así lo señalan las tablillas seleúcidas, que es tanto como decir la crónica de los hechos acaecidos tras el imperio de Alejandro Magno.
El dátil es a la cultura árabe lo que los cereales a la nuestra
Debían estar orondos los dioses y las diosas, y sus servidores, habida cuenta del alto contenido energético del producto en cuestión, que era capaz de alimentar a un beduino durante tres días con la sencilla fórmula de comer un día la piel, al siguiente la carne y el tercero el hueso, de forma que con ligero equipaje podían desplazarse los señores del desierto a la búsqueda del oasis perdido. Eso refiere la historia o la leyenda, que tanto da.
No es lo mismo, pero sí es igual: el dátil es a la cultura árabe lo que algunos cereales a la nuestra. Los habitantes de aquellos lugares lo tienen en un pedestal ya que logró sacarlos del atolladero de las hambres cuando debían desplazarse a través del desierto contando con sus solas fuerzas más la leche de sus rebaños... y los duraderos dátiles. En Persia los adoraron, en Arabia Saudí los comieron como base de su sustento, y en Egipto, adonde llegaron por la ruta que viene del Paraíso Terrenal, se tomaban como fruta y fuente de dulzor, por lo que nunca se olvidaba situarlos en las cámaras funerarias, por si en la larga noche de los tiempos el difunto tenía un antojo.
La cocina árabe, y como consecuencia la hispana dependiente de aquella cultura los utiliza sin pudor, tanto en platos dulces como salados, teniendo estos como paradigma el Hutbu-Etob marroquí, que aglutina en un mismo ser los pescados y su relleno, que no son otros que los dátiles. Admírese la receta que nos describe Alan Davidson en su libro de cocina del mar Mediterráneo: tómese una saboga -casi un sábalo- muy grande y vacíela de sus vísceras, rellene unos dátiles con sémola, almendras picadas, azúcar, mantequilla y jengibre. Introdúzcalos en el cuerpo de la saboga, para ser asados juntos y comidos uno al lado de los otros, bien espolvoreados con canela.
En nuestro entorno los tomamos solos o en compañía de otros frutos de su estilo, a no ser que nos decantemos por la solución de cocerlos en cerveza negra. Exótico aperitivo para integrar las culturas sajona y mediterránea Porque dice la ciencia, y la tradición, que nuestro palmeral de Elche sobrepasa en antigüedad a las invasiones que vinieron del sur. Fusionemos su gastronomía con el norte.


EL APERITIVO DE Carmen Calvo.
Jerez y la tela del pintor

Recuerdo con cariño el café licor que preparaba, de modo artesanal y casero, el señor Paco, oriundo de Alcoi y padre de mi amiga Aguas Vivas. Lo obtenía por la maceración durante unos días del café con el alcohol. Lo guardaba en botellas y lo servía fresquito acompañado de unas aceitunas. Siempre visito el rastro de las ciudades en las que me encuentro. Hace cuarenta años en Valencia se montaba en la calle del Palau. Cada domingo nos encontrábamos un grupo de amigos y después de nuestras excavaciones arqueológicas de papel, revistas y objetos nos dirigíamos, con todos nuestros trastos, a una tasca situada en la misma calle. La oferta no era demasiado plural y nuestro bolsillo tampoco podía permitirnos muchas exquisiteces. Así pues, recurríamos a una tortilla de patatas regada con un chatito de vino. La cerveza llegaría más tarde. El vino, con su color y textura, los racimos, las hojas de las vides y las bacanales que provoca están presentes en las telas de los grandes pintores como Caravaggio, Rubens, Velázquez, Poussin o Picasso. Como la pintura, necesita su tiempo y su reposo. Para un buen aperitivo elegiría un Jerez. Prefiero un fino seco o la manzanilla, pero también el amontillado y, según las ocasiones, el Pale Cream. Dicen que se fabrica desde el 1.100 a.C., que viajó, cruzó los mares, llegó a América y fue disputado por Inglaterra. Me encanta tomarlo frío en un espacio íntimo y agradable como El Tossal, junto
Carmen Calvo es pintora.

Cuestión de edad
TANIA CASTRO
Espero. Sí. Su aroma, su tacto suave, agrio, amargo. Lento, deslizándose por mi lengua. Un minuto, un segundo y todo el placer derramado en mi boca. Cierro los ojos. Recuerdo todo lo que he leído sobre este instante. Nada me convence. Nada me satisface. Nada lo describe con suficiente profundidad. Prometo que he intentado ilustrarme lo suficiente para no actuar sin conocimiento de causa. Prepararlo todo como corresponde. Tomarme mi tiempo. Darle el suyo. Pero nada como vivirlo en carne propia. Y mientras disfruto más allá de lo admisible pienso en su historia. En todos los océanos que ha cruzado. Los climas adversos. Crueles e injustas negociaciones pero siempre fiel a su propósito, sobrevivió. Para todas y cada una de las mañanas hacerme feliz. Alguna que otra tarde y cuando me pongo el mundo por montera, ¡hasta alguna noche! Es cada vez más adictivo. He intentado dejarlo mil veces, todas han sido inútiles. ¡Practicarlo y practicarlo! Da igual que sea nacional, africano, americano, solo o en compañía. Con nata, inundado de alcohol o todo un clásico: con leche. Tengo viejos recuerdos en los que me decía a mí misma: qué horror, esto sabe fatal. Pero crecí y ahora no puedo vivir sin él. ¿Será una cuestión de edad tanta perversión? Una taza de café y el mundo puede empezar a rodar.

Dátil con almendra
QUIQUE DACOSTA

En el Huerto del Cura en Elche aseguran haber inventado en su día el dátil con almendra y beicon. Y es más que posible. Dátiles justamente no faltan, y almendras, tres cuartos de lo mismo. Contaban con un chef francés en el hotel entonces, lo cual era garantía de gastronomía, y así surgió una de las tapas más conocidas de nuestra tierra. Como la Gilda en versión semi-dulce. Los dátiles a mí me encantan, y más los frescos. Como legumbre son poco conocidos, y es ahí donde reside el alma de este fruto, aromáticamente, gustativamente y en sus texturas. Los he comido con sabor a aceituna verde, café, amargos, torrefactos, sésamo negro. Santiago Orts se encarga de que así me lleguen. Somos una tierra donde el sol ha hecho que nuestra gastronomía sea aún más plural. El sol nos secó dátiles, uvas, higos, tomates. El sol del que hoy hacemos bandera ya era una fuente de energía y de cocción para bien de nuestras despensas. Unamos dátiles frescos, con pasa y salazones, encontrando contrapuntos gustativos (sal, azúcar, dulce-ácido, sal-acidez, amargo, yodo), y hagamos como el dátil con almendra y beicon, nuestra tapa de bocado mítica...

FUENTE: ELPAIS.



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