sábado

20 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

 

El café en 'Retrato de un hombre'

TANIA CASTRO | 20-08-2011
El café en Retrato de un hombre, de G. B. Moroni.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Las cabras lo descubrieron
ALFREDO ARGILÉS Es de todos conocido lo que sucedió a las cabras que pastaban entre los bosques de Kaffa, allá por Etiopía, que comían las bayas de los arbustos que aquí y ahí salpicaban el paisaje, y las rumiaban como era su obligación, y de estas maniobras bucales y estomacales surgió un jugo que las excitaba y no les permitía reposar.
El café se expandió de África a lo que hoy es Turquía, donde sentó plaza
Visto lo visto, el pastor que las cuidaba se encomendó a la autoridad intelectual de aquellas tierras, que no podía ser otro que el abad de su convento, el cual después de algunas pruebas y fracasos constató la capacidad de la baya para despejar las mentes y azorar los cuerpos.
Hermosa la leyenda, la realidad, más prosaica, indica que las bayas ya las masticaban los antiguos pobladores de esas tierras con el mismo ánimo de animarse. Y de allá llegó aquí, como en un soplido, de las costas africanas a Turquía, donde sentó plaza. El café tuvo tal éxito en aquella cultura que se abrieron en la antigua Constantinopla lugares específicos para tomarlo, y que curiosamente se llamaron cafés, siendo 1475 el año de su primera apertura. Su expansión por el mundo fue fulgurante, y más lo hubiese sido si la Iglesia Católica, encabezada entonces por Clemente VIII, no lo hubiese puesto en cuarentena, según algunos porque era producto para infieles, según otros porque pretendía suplir al vino, marca de referencia de la casa desde que Noé dio en santificarlo. Como quiera que fuese, se extendió entre nosotros, y la proliferación de los establecimientos donde se vendía devino imparable: Marsella, Londres, Ámsterdam, Viena, Hamburgo convirtieron el café en su bebida favorita y el lugar dónde se tomaba se tornó centro de encuentro social y literario, cuando no de conspiración.
Decíamos que el café es una baya, que hay que tostar y moler -o despedazar, que eso va en gustos- para lograr que cuando pase el agua a su través se convierta en el líquido esencial. Clases hay muchas, muchísimas deberíamos decir, aunque las más señaladas discurren por los caminos que marca su origen: el africano y el americano. Porque sí, el producto encontró tierras de promisión en las Américas, en aquellos territorios cuyo suelo y altitud convenía al arbusto, y Brasil y más tarde Colombia se hicieron con una sustancial parte del mercado. El Coffee arabica y el canephora robusta se han erigido entre los más solventes, aunque no debemos olvidar la importantísima contribución actual de los vietnamitas, que producen la mayoría de los que se venden en estuches aunque sea menor su calidad. El café hace brillar la mente, opinaban los clásicos del producto, alucinados por las luces que genera al más romo de los intelectuales. Al respecto debo reproducir la brillante arenga que escribe Balzac para los que logren tomar de buena mañana un seco y concentrado polvo de café: "Llegan los recuerdos al paso ligero, con las banderas al viento: la caballería ligera de las comparaciones se despliega con magnífico galope ...".


EL APERITIVO DE JORGE OLCINA
Capellanes a la brasa y 'nuvolet' de agua muy fría


Este verano he disfrutado viendo los documentales sobre elBulli en La 2. Se podrá estar más o menos de acuerdo con la innovación y la deconstrucción culinaria, pero debe reconocerse que Adrià es un genio que ha hecho arte de su profesión. Ha colocado a la cocina española en la órbita mundial, abriendo paso a una generación de jóvenes cocineros que no pueden hacerlo mejor de lo bien que lo hacen. Y varios de ellos son de nuestra Comunidad Valenciana. Pero yo disfruto igualmente con el plato tradicional, con el aperitivo más común, con la cocina popular que nos ofrece platos de exquisito sabor. Una comida veraniega, en esos días de aire sahariano, sol y fuerte calor, puede inaugurarse con un sencillo aperitivo a base de pincho de tortilla, ensaladilla rusa, capellanes a la brasa y una bebida refrescante, espirituosa, alicantina y de reminiscencias meteorológicas: el nuvolet. La tortilla poco cuajada, un poco melosa; la ensaladilla sin pepinillos y con el punto justo de mayonesa; los capellanes bien braseados y el nuvolet como debe hacerse un nuvolet, con sus cinco partes de agua muy fría y una de buen anís seco de Monforte del Cid. Nuestra cocina -la de alta gama y la más popular- es otro de los atractivos turísticos del territorio valenciano. Pocos placeres pueden equipararse al que se experimenta ante un aperitivo de este tipo tomado a mediodía en una terraza, con la brisa soplando y con el azul mediterráneo de fondo.
Jorge Olcina es catedrático de Geografía.

Todo y sexo
TANIA CASTRO

Tú lees, él lee, ella lee, nosotros leemos, me leen y yo leo. Y leyendo, leo el mensaje que me ha enviado una amiga a la que tuve el placer de acompañar a elegir su nueva televisión: "Al final me he quedado con la tele negra y gorda en vez de la blanca finita y estrecha". Entro en mi Facebook y leo, en el interesante link que alguien ha dejado a pie de mi último post: "No entrar, estoy viendo una peli porno". ¡Lo firma una chica! Sí, señores, en contra de las creencias, o vergüenzas, las chicas vemos porno o cine erótico, según sensibilidades. Cierro el ordenador y decido ponerme a leer cosas más serias y leo en el periódico: "Fui y compré pepinos españoles". Me queda claro que hoy la lectura no me acompañará en lo que a concentrarse se refiere.
Así que mejor dejar de leer y relajarme un rato mirando por la ventana. Me siento, me relajo, miro y veo: una chica ajustándose el escote, apurando la tela para que le quede justo en el filo del pezón. Y no lo tiene difícil porque el vestido que lleva tiene ya de por sí poca tela. Que se lo pregunten, si no, al chico que lleva babeando justo detrás. ¡Esto no puede ser obra solo del calor! ¿Será que la vida, que todo y que todos somos puro sexo? Se me hace tarde. Me voy al trabajo. Con suerte me encuentro un orgasmo por el camino.

Café ¿salado?
QUIQUE DACOSTA

Reconozco estar viciado por el café. Tomo muchos al día, tantos que no quiero ni decirlo, no vaya a ser que mi médico me llame al orden o mi mujer me cante las cuarenta... En serio, el café es una maravilla, cuando es bueno. En mi restaurante lo cuidamos muchísimo. Tenemos dos cafeteras para ello, y cada una para los 15 tipos de café que tenemos en nuestra carta, con las infusiones... En fin, ya saben, pura locura lo de estos restaurantes, que llegamos a tener 70 referencias en vinos de Jerez y 200 de champán. Sin embargo, el café no ha entrado en la cocina principal, como han entrado otras bebidas. El café acompaña a los postres, armonías con chocolate, leche... En fin en el mundo dulce, sí, mucho menos que en el salado. De todas formas, yo no hablo por mí, que en mi cocina salada el café ha tenido dos incorporaciones claras en los últimos años. Una de las más representativas fue en el plato "La Gallina de los huevos de Oro", en el que el caldo tiene un puntito de café, buscando un torrefacto que diera potencia. También recuerdo un coctel de bienvenida al restaurante. Sin alcohol, que alternábamos con un vino dulce. Maravillosa idea.


FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es




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