miércoles

17 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Un plato japonés

 

ALFREDO ARGILÉS

Decían los romanos que el atún tiene que ser pescado en Bizancio, y que debe capturarse en el plazo que transcurre desde la salida de las Pléyades hasta la puesta de Arcturus, entre mediados de mayo y finales de octubre, para que sus carnes se nos muestren en plenitud. Los atunes procedentes del Océano Atlántico por su parte norte casi en los fríos polares se dirigen al Mediterráneo para desovar las importantes cantidades de nonatos que portan en su seno que en los animales mejor constituidos llega a ser de cuarenta y cinco millones por madre y en ese discurrir por las ahora cálidas aguas se encuentran con las artes de pesca tradicionales o con otras más modernas y sofisticadas, para caer en las redes de los captores y así dar con sus huesos en un plato japonés.
En Japón, un atún de 300 kilos puede llegar a costar 300.000 euros
Claro que el japonés tiene el capricho de comerlo casi al instante, y aquí capturado y sin congelar, a bordo de un avión lo llevan a Tokio, en cuyo mercado son capaces de pagar 300.000 euros por un hermoso ejemplar de poco más de trescientos kilos.
Cada bocado sale por un pico, pero qué decir del sabor que almacenan sus carnes, generadas por mil comilonas que los atunes hacen de las anchoas y otros pequeños y sabrosos pececillos que les rodean en sus correrías a lo largo de los mares. Ya el romano Orata daba a sus doradas de piscifactoría para comer solo ostras del lago Lucrino, que tenían fama de ser las más finas y sabrosas. Y es que la idea de que lo que se come se cría viene de muy antiguo.
La perfección gastronómica del atún dicen que se produce en el corte y no en el cocinado, y en eso son maestros los orientales, que han exportado a medio mundo la delicadeza del sushi y del sashimi, aunque en otras culturas más cercanas se han utilizado para hacer sabrosísimos marmitakos, rodeados de patatas y aliñados con dureza con rico pimentón; o bien mezclado con cebolla, caramelizada tras un largo paso por el aceite y la sartén.
Mas para cortar y cocinar es preciso el paso previo de despiezar, ya que las distintas partes del atún son diferentes, así como su precio y utilidad: amén de la sacrosanta ventresca nos fijaremos en el mormo, delicadísima pieza que forma el cogote y que se come sin mayor preparación; los lomos -descargado, plato- se cocinan o se secan, dando lugar a la mojama. El morrillo se hace a la plancha, así como el descargamiento y el tarantelo -situado detrás de la ventresca, en la parte baja del ánima- pudiendo dejar para los guisos la cola y espina blanca, y el contramormo, que como suponemos se aloja cerca de la cabeza.
La pieza final es la hueva del pez, sin duda su mayor tesoro. La bolsa que forma, suavemente deshidratada, prensada, salada y secada, formando un solo cuerpo compuesto de miles de ellos, con un sabor que sin duda surge de la inmensa concentración de crías por bocado, supera al caviar de esturión en profundidad de gusto, y solo nuestra ventura nos permite saborearla a un asumible aunque alto precio.

EL APERITIVO DE NANI JIMÉNEZ

Morteruelo y ajoarriero entre cascadas de agua


Con esto de actuar me da tiempo a poca cosa, respiros los justos y aperitivos los menos; pero ¡qué aperitivos cuando caen! Mi padre es de Fuentealbilla -sí, como Iniesta el del Barça- y mi madre de La Vega del Codorno, en Cuenca. Al primero, voy poco, pero al de mi madre me escapo siempre que puedo. Allí pasaba los veranos, cerca del nacimiento del río Cuervo, en plena serranía conquense. Es una tradición que mantengo. Cojo, me echo los calcetines, ato los cordones y subo el sendero hasta arriba, hasta el nacimiento. Allí me esperan las cascadas, los colores de temporada, los pinos... Pero el mejor momento llega a la bajada. Hay tres restaurantes que cuando llega el buen tiempo sacan unas mesitas y una se sienta y acepta la cervecita como los niños el recreo en el colegio. Ese paisaje, las piernas en reposo, el azul celeste amable... Puro bienestar. Luego llega el aperitivo y con él, las delicias del lugar: un poquito de ajoarriero, algo de morteruelo, quizá unas papas, aceitunas y a echar horas al suelo. Habré visto el nacimiento unas 20.000 veces, pero no me canso. He aprendido a degustar cada momento, a esperar a ver los saltos de agua, igual que los colores estivales del río aguantan pacientemente a que remitan los azules fríos de invierno. Me gusta eso, la calma del pueblo. Ver correr chatos de vino en el bar durante el aperitivo y esperar que llegue el resolí perezoso de después de comer. El resolí es un licor de Cuenca, una especie de orujo pero con sabor a café, por cierto.
Nani Jiménez es actriz

Cebollas para llorar
TANIA CASTRO
Lloro cuando pico cebolla. Siempre lo hago. Según me cuenta mi madre, si lloras cuando picas cebolla es porque eres celosa. En el año 2002 Shinsuke Imai, un investigador japonés, descubrió el porqué de las lágrimas. Efectivamente, eran el resultado de una relación de tres, como ya apuntaba mi sabia progenitora. Una cebolla, un cuchillo y nuestro lagrimal. Mientras la cebolla permanece unida no hay problema, pero llega el cuchillo y lo rompe todo. Una sustancia volátil que llaman Sin-Propantial-S-óxido, rica en azufre, se esparce e impregna el ambiente. Nuestros ojos, para defenderse, generan aún más agua y de ahí nuestras lágrimas. Cuatro años más tarde, este mismo investigador, junto a otros colegotas listillos, crearon una cebolla transgénica que no hace llorar. Sin llegar a ningún extremo, que queréis que os diga, siento que prefiero la versión más visceral de mi muy amada creadora. Me gusta llorar cuando corto cebolla. Soltarlo todo. Quedarme a gusto. Entregarme por completo a los sentimientos y las sensaciones. ¿Quién no ha querido ser Sofía Loren tirándole las maletas a Marcello Mastroianni por aquel precioso balcón? Ser esa gran mujer, viva, con carácter, amante apasionada, y llorar sobre aquel maravilloso escote. Yo sí. Creo que la vida es y está para vivirla con pasión.

No hay atún rojo
QUIQUE DACOSTA
Recuperación de especies. Recuperación y promoción de semillas vegetales para nuestras huertas, y agricultura biodinámica con agricultores sensibilizados con la tierra, cultivando con artes ecológicas... No solo es muy importante reactivar, hay que conservar lo que tenemos y ya nos hemos cargado demasiadas especies. Empiezo a enfadarme con este tema del atún rojo. Yo que he tenido siempre un plato con atún rojo he decidido este 2011 no cocinarlo en mi restaurante de Dénia. Lo siento por quienes hacen bien su trabajo. Lo siento por las almadrabas y sus pescadores que además de hacerlo bien, con artes milenarias y una pesca sostenible y respetuosa con el medio ambiente, ahora se les recorta el número de capturas. No son ellos lo que están haciendo el mal al atún rojo. No son ellos. Todos lo sabemos. Hemos leído, visto, oído a muchísimas personas dialogando, hablando y hasta gritando por un equilibrio entre las razas. No podemos permanecer impasible antes una pesca "incontrolada" en aguas internaciones. Hoy no hay receta con atún rojo. Quiero hablar de que aquí, en mi restaurante, no se cocina atún rojo. Lo siento pero no. Sostenibilidad, equilibrio y cuidado con los fondos marinos.

FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es


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