miércoles

31 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Homenaje a la Coca-Cola
TANIA CASTRO | 31-08-2011
Homenaje a la Coca-Cola en una interpretación de Vilhem Hammershoi.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Un indefinible sabor

ALFREDO ARGILÉS
Primero fue la zarzaparrilla quien habitó entre nosotros, aunque hace tiempo que su nombre cayó en el olvido y su sabor en la desdicha, y eso que Arzak la había elevado a la cumbre de la gastronomía armonizándola con percebes y calamares, ¡nada menos! Después vinieron todos los demás refrescos, algunos de reconocible perfume inspirado por las frutas, y otros de indefinible sabor y oscuros como el caballero Batman merced a los azúcares tostados que los alimentan; y lo hicieron con tal potencia y fortuna que no hay humano en el mundo conocido -así sea beduino o inuit- que no los tenga hoy al alcance de su mano.
Algunos chef convierten esta bebida en papel comestible
Eran los años finales del siglo antepasado cuando los farmacéuticos americanos dieron en inventar jugosas bebidas que llevaban en su seno los granos del árbol de la cola junto con otros líquidos tonificantes, tal que la cafeína, o saborizantes como la vainilla y la canela. Y también otros terceros y más secretos a los que en algunos casos no parece fuesen ajenas las hojas del arbusto que llaman erythroxilum coca, que al decir de los andinos que las mastican producen efectos analgésicos y euforizantes. Sea o no cierta la creencia, lo real es que con un nombre compuesto por ambos exóticos componentes la bebida se popularizó y su sabor enganchó y el número de consumidores creció hasta el infinito, de forma tal que su cifra de negocios nos parece incalculable.
Su fórmula se presume uno de los arcanos mejor guardados de este mundo -algo así como las predicciones de Fátima, pero en pagano- y han sido y son innumerables las bebidas alternativas a la original que intentan ocupar su puesto en el mercado. Su crecimiento ha sido imparable y al compás de ella su diversificación, siempre al hilo de los tiempos: cuando fue necesario endulzó las vidas propias a la vez que nos engordaba y cuando las modas y la salud lo aconsejaron vinieron las light y las zero que permitían conservar el figurín de la silueta. Con y sin cafeína, con lejano sabor a cereza, a vainilla, a lima y a limón, a frambuesa y hasta a naranja, en un proceso imparable. Para niños y jóvenes, segunda y tercera edad, cualquier raza y religión.
Se bebe sola o acompañada de los más inverosímiles productos, que mezclan en todas las proporciones, aunque justo será reconocer que la combinación con los cálidos licores caribeños se lleva la palma, pese a que en diversos hemisferios y latitudes se la ha visto acompañando al whisky irlandés o al escocés, a la ginebra o al vodka, e incluso en nuestro entorno a los más impresentables vinos tintos, conformando aquello que llaman calimocho.
Y luce en las más prestigiosas cartas del lugar en forma de plato, elevada por los grandes cocineros a la condición de producto masticable. Obsérvense las creaciones de Dani García o Paco Roncero, que la convierten en papel comestible con regusto de vainilla. O de mi compañero de página, Quique Dacosta, que la ha transformado en mito sin más que unirla al foie con un poquito de ron. Cuba libre. ¿La chispa de la vida?

EL APERITIVO DE FRAN BERNABEU

En Sueca, 'a la fresca' y chocolate con churros


Es verdad, resulta un tanto extraño. Recuerdo con cariño mis veranos de la infancia en el pueblo. En Sueca, las mujeres ponían la calle cuando caía la tarde de agosto. Montaban gran cantidad de mesas con caballetes y sacaban sillas para que los hombres se tomasen una cervecita a la fresca. Los niños andábamos por allí, a la que caía. Yo, que nunca fui un gran comedor, me zampaba antes de cenar un buen chocolate con sus churros, en pleno mes de agosto. Luego, claro, pocas veces cenaba.
Lo cierto es que entonces me tiraba el día de aperitivo. Mi mal comer obligaba a mi madre a desmigajar el bocadillo de la merienda con gran paciencia mientras yo jugaba en la plaza del pueblo. Mi boca, es verdad, apenas se abría más que la de un pajarillo.
Con los años me he adaptado a la cosa de los mayores. Ya hace tiempo que viajo bastante y quieras que no, el paladar se acostumbra a lo extraño. De hecho, uno de mis aperitivos favoritos lo tomo en un bar japonés que se ha abierto en Valencia, en la avenida de las Cortes Valencianas. Me encanta el sushi con salmón. ¡Está riquísimo! En realidad, acudir allí se ha convertido en una especie de ritual, una forma de situarme, de no perderme.
Me encantaría volver a las tardes viejas del pueblo, esa germanor, ese lugar sin tiempo. En cierta forma se ha perdido y tampoco tengo demasiado tiempo de volver entre el trabajo y demás.
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Fran Bernabeu es el doble oficial de Michael Jackson

Ya queda menos

TANIA CASTRO

Cierro la puerta. Doble vuelta de llaves. Bajo las escaleras. Me cruzo con la vecina. De su casa siempre sale un riquísimo olor a comida. Reviso el buzón. Me coloco los auriculares. Sara Vaughan me susurra al oído "algunas de sus cosas favoritas". Ya estoy en la calle. La bodega ha vuelto a abrir. Su dueña es una mujer menuda de pelo muy rizado y un precioso acento extranjero. Camino por la sombra. El aire huele diferente. La avenida vuelve a lucir viva, llena de tráfico y gente que camina deprisa. Termina el verano. Vuelve el estrés, los horarios, las narices rojas de constipado, los días cortos y las noches largas, ¡Camps y su juicio eterno! Pero también vuelven los amigos, los domingos de película, sofá y manta, los estrenos buenos en el cine, el fútbol... Y es que no puedo remediarlo, aunque viva enamorada del mar, no soporto las toallas amontonadas, la crema solar y la arena pegándose en mi cuerpo. Yo soy de otoño, de invierno, como mucho de primavera. Me gustan las tardes de lluvia, los días de bufanda y las noches de vino caliente especiado. Miro el reloj. Voy bien de tiempo. Camino más despacio. Una ráfaga de aire. Miro al cielo. Busco la copa de esos pequeños árboles con los que todos los días me cruzo. No, aún no. Ninguna hoja amarilla cae. Pero queda menos, ya queda menos.

Foie gras y Coca-Cola

QUIQUE DACOSTA

Cubalibre de Foie Gras, Año 2000:  Me da por pensar en como realzar los productos que utilizamos. Y aparece la idea de retirar el foie de la carta, tan usado entonces en los restaurantes. El foie es un producto mágico cuando el hígado es muy fresco, se elabora bien y se consume pronto.
Antes de tirar la toalla hago un último intento. La idea viene de una conversación con Alfredo Argilés. Hablando de simetrías, de bocados iguales, de proporciones. Pues bien, era el foie gras el producto que me lo iba permitir. Para ello una crema de foie gras en papel, que cubriría con una reducción de Coca-Cola con piel de limones maduros y verdes y, en frío le añadiría ron añejo, bien cargado de madera.
Buscaba sustituir el típico vino dulce con el que se solía (y se suele) acompañar todo foie gras, encontrando en la reducción de la Coca-Cola un propio maridaje; y con el ron, su toque a barrica. Añadir rúcula y tendríamos en el montaje un plato simétrico en las proporciones, los ingredientes, los sabores básico (dulce Coca-Cola, salado con la sal que añadíamos, amargo con la rúcula, y ácido con la escarcha de limón). Cerrábamos así varios círculos que en mi cabeza rondaban tras la conversación con el señor Argilés.

FUENTE EL PAIS CV.




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