martes

23 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO.

Biodiésel para el cuerpo
ALFREDO ARGILÉS

Ferran Adrià lograba, mediante la esferificación de los productos, convertir en huevas de caviar cualquier simple melón, sandía o manzana, aunque bien es verdad que solo en su aspecto externo, que en el interior brillaban como nunca los originarios sabores campestres.
La soja sirve para casi todo: se come concentrada en aceites o al natural
Los pueblos emergentes, que pusieron a trabajar a los ingenieros de medio mundo para que lograsen que donde había unas habas de soja que daba gloria verlas aparezcan ahora, esta vez por medio de la transesterificación, los llamados biodiesel, combustibles vegetales aptos para que los vehículos a motor puedan circular por caminos y autopistas, y que presuntamente nos podrían llevar incluso al propio restaurante El Bulli.
Porque la soja, al igual que la colza o el girasol, sirve para casi todo: se come al natural o concentrada en aceites, y de estas suertes aprovecha para todo como bien saben los orientales -en especial los chinos- que llevan miles de años consumiéndola en sus distintas preparaciones, salvando con ello las hambrunas que asolaban de tarde en tarde -o de nada en nada- aquellos países; también se come con fruición y por doquier formando un queso -un sucedáneo de queso- que se llama tofu y adorna las ensaladas del Oriente y Occidente, mezclado con toda suerte de vegetales y aliñadas según costumbres, con aceite y vinagre, con limón, o con más salsa de soja.
Proteína barata y vegetal, sustituye con ventaja a la carne en sus fundamentos alimenticios, amén de parecer más saludable que sus imitadas vacas y bueyes según el criterio de algunos dietistas. A tal fin se han inventado las hamburguesas hechas con las habas del vegetal y huevo, cebolla, orégano y algunos otros condimentos como el ajo, que les prestan la vivacidad de la que carece.
Pero en nuestro entorno parece que la soja más se consume como aditamento que como alimento. Las salsas que con ella se componen, también originarias de los tiempos en que la conservación de los alimentos pasaba por su inmersión en medios ácidos y no de las neveras y frigidaires, mojan sin dudar toda suerte de cocina japonesa o vietnamita, de Schezuan o de Sanghai. Sushis y sashimis, arroces y verduras, rollitos y pastelitos se impregnan en esa salsa ya universal para aportarles el fuerte sabor salado con fondo dulce que proporciona la soja fermentada.
Y es que además de ser salsa para mojar es salsa para combinar, ya que con su contribución se desarrollan todas aquellas salsas donde anegar los palillos: la salsa de ostras que también se hace con ostras; la hoisin, que a la soja añade ajos, vinagres y chiles; la agridulce, con clavos jengibre y miel; la satay, con un toque de mantequilla; la ponzu, que lleva vino de arroz, algunas algas y otro imprescindible condimento japonés, el katsuobushi, finísimas láminas de atún desecadas y vueltas a la vida sin más que añadirles un poco de agua, o más salsa de la inconmensurable soja.


EL APERITIVO
Limonada y whisky: Mediterráneo y Europa

Si hay un sabor característico en las ciudades mediterráneas es el limón exprimido mezclado con agua y azúcar, y si hay un momento especial para tomarlo, ese es el aperitivo. No solo por sus sabidos beneficios como bebida refrescante y saludable, sino porque es un sabor que ha ido creciendo conmigo.
Es el recuerdo de mi infancia: la limonada, el limón granizado de la Explanada, indicándonos el inicio del verano. Sabores que, pese a que he pasado fuera de España casi un tercio de mi vida y que mi trabajo me obliga a viajar, tomarlo en el aperitivo se ha convertido en uno de los hábitos más cotidianos de las costumbres mediterráneas a las que, se pueden imaginar, me apego con más devoción.
En Argel, Sarajevo o Nicosia, por poner tres ejemplos de ciudades mediterráneas, he bebido con verdadero deleite la tradicional limonada que te ofrecen antes de las comidas. Este detalle me hace sentir como en casa. Y es que la limonada es una bebida cuyo sabor nos identifica como región y como pueblo.
Debo de confesar que al vivir tantos años fuera de España acabas coqueteando con otras costumbres, con otros aperitivos. Así en Holanda, y a lo largo de los continuos viajes por Europa, empecé a disfrutar el aperitivo antes de las cenas y el whisky pasó a ser definitivamente mi bebida. De entre todos los lugares de Amsterdam, os recomiendo el L&B whiskycafe, un lugar para aprender a amar el whisky de verdad.
Yolanda Parrado es la directora general de la Casa Mediterráneo.


INTIMIDADES
Mis sabores
TANIA CASTRO

He probado langostas exquisitas, manchas en mi plato que, me juran, son exquisiteces; trufa, caviar, ¡hasta oro ha llegado a mi paladar! Pero lo mejor: la paella de la madre de mi amiga Merche. La llevo comiendo desde el instituto y no solo me sabe a una buena paella: me sabe a buenos recuerdos. Y es que la comida no solo alimenta nuestros estómagos sino también nuestra memoria. ¿Qué pasa si digo: Tigretones, Pantera Rosa, Phoskitos, bocadillo de atún con olivas, Brascada... ¡Chivito!? Sí, yo era de Chivito aunque siempre acabará con las camisetas manchadas. Y de Cola Cao, con sus grumitos. Por alguna extraña razón siempre sentí que no me podía llevar bien con los de Nesquik, esos sositos sin grumitos no podían ser de mi bando. El invierno me sigue sabiendo a chocolate espeso y el verano a polo de agua de limón o de naranja. Aunque hace ya mucho tiempo que no pruebo ninguno de los dos. Podemos hacer grandes viajes. Cruzar océanos, doce horas de avión pero ninguno nos será tan placentero ni nos llevará tan lejos como volver a morder un Bollicao a media mañana. Crecemos. Nos volvemos más complicados o sofisticados, elija cada uno su definición. Pero, curiosamente, la felicidad, la felicidad de la buena, suele estar siempre llena de cotidianidad y de recuerdos con buenos sabores.

El arte de las semillas
QUIQUE  DACOSTA

Soja: Glycine max. O la verde, mungo, para comer al vapor, fresca, con un poquito de sal. Dar vida. Este es uno de los sentidos de los platos que creé y aún creo con semillas. Su germinación es una de las formas más saludables de tomar algunas de ellas y la mejor manera de conservar sus propiedades naturales.
Por lo tanto: Papel de cocina bien humedecido en una bandeja. La selección de semillas que más le guste de entrada, y para las pruebas, lo que tenga a mano. ¿No tengo nada? No es verdad, seguro que tiene en la alacena, lentejas. Bien, pues lentejas. Reparta estas por el papel, que tendrá tres o cuatro capas, bien humedecido, y lo cubrimos con otro papel igualmente humedecido. Con film de cocina tapamos la bandeja, perforamos para que respiren las semillas y lo dejamos en un lugar cálido, no seco y no necesariamente con luz... Revisaremos la humedad, importantísima para esta elaboración, durante dos o tres días.
Tras la germinación hay que saltearlas levemente. Un revuelto con jamoncito picado en la sartén, y a la parrilla en un colador, con unas gotas de aceite y sal. Poco hecho siempre. A partir de ahí con soja (más tiempo en la bandeja) o cualquier otra semilla.

FUENTE: ELPAIS CV.
www.quiquedacosta.es


lunes

22 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




Una interpretación de 'Inmortalidad'
TANIA CASTRO | 22-08-2011
Una interpretación de Inmortalidad, de Fantin-Latour.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

La infusión trascendental

ALFREDO ARGILÉS

El té se ha convertido en bebida universal, y amén de esto, mítica y aún religiosa: tanto cuando los árabes nos lo ofrecen para agasajar nuestra llegada como en el té de las cinco inglés, o en el ritual japonés, que nos invita a tomarlo con trascendencia. Con azúcar, solo o con pastas, la ceremonia es la misma. Quianlong, emperador de la China, tomaba el té con leche añadiendo a la infusión un buen trozo de mantequilla, costumbre que venía de las más profundas tradiciones de su país. El té lo toman desde siempre los tibetanos con ese añadido calórico, la mantequilla de yak, imprescindible para soportar con alegría las frías temperaturas ambientales y por tanto formando parte de sus vidas.
El té se ha convertido en bebida universal, mítica y religiosa
Y decir China es hablar del té, ya que de allí procede el arbusto de ese nombre, las hojas que lo cubren y la bebida que con ellas se confecciona. Parece que fue el sabio Shennang, hermano del Emperador Amarillo, de la dinastía Zhou, quien en los años dos mil ochocientos antes de nuestra era encontró la planta, la calificó, la incluyó entre los remedios de la medicina china que él desarrolló, y además de todo eso la convirtió en moda para bebedores que deseaban limpiar sus cuerpos con la infusión.
Una infusión, la del té, con trascendencia universal, y es que por razón de los impuestos que el rey Jorge quiso imponer a las colonias americanas, estas se rebelaron e independizaron -esa historia cuentan los libros- y dieron lugar a los actuales EE UU, donde, por cierto, se utiliza el té mucho menos de lo que parecería educado ante tamaño favor.
El arbusto nació en la China pero derivó hacia la India y Ceilán, y hacia Kenia y Turquía, que lo adoran, producen y consumen en grandísimas cantidades. Hasta un total de más de tres millones de toneladas al año, lo que considerando el peso de la hoja desecada parece una barbaridad, a todos menos a los abnegados marinos que lo transportaron en otras épocas al continente, que obtenían por su rapidez y buen hacer innumerables premios y regalías.
En nuestro entorno hay incondicionales y forofos -aunque deberemos reconocer que no son mayoría- que tienen en la cabeza su té ideal o se pirran por probar las infinitas posibilidades que les brinda el mercado. Además de las fórmulas remotas, que distinguen las hojas según su nivel de oxidación, y que van del blanco al negro pasando por el verde y algunos tostados, y otras calificaciones posteriores que definen el grado de fermentación, el picado de la hoja y su acumulación, lo cierto es que para experimentar nuevas sensaciones deberán acudir al mercado anglosajón, que por propia vocación o por el recuerdo de su extinto imperio en los reinos del té, ha logrado sabores sin par al depositar las hojitas y sus mezclas en la hirviente agua que contiene la imprescindible porcelana. Té negro al aroma de vainilla, o de ciruela y pétalos de rosa; té verde con jazmín; té con frutas del bosque o con sabor a melón....
Y un té freddo en Florián, a la sombra del campanile veneciano.

EL APERITIVO DE CARLOS GÓMEZ

Una terraza en el Mercado, con flores y entre amigos

El aperitivo es para mi la antesala de algo bueno: el inicio del fin de semana, el prólogo de una buena comida o la preparación de una reunión familiar o con amigos. Por ello hay algo de mágico que hace que te apetezca vivir esos momentos que se alargan con una agradable conversación, con la seguridad de que después siempre viene algo bueno.
Mi lugar favorito para ir de aperitivos en Alicante está en los alrededores del Mercado Central y especialmente en su plaza, repleta de terrazas y de puestos de flores que los viernes y sábados rebosa alegría, vitalidad y una energía muy especial. Me encanta empezar el fin de semana cumpliendo con la costumbre de tomar el aperitivo en la plaza del mercado y comprar flores, compartiendo una cerveza con los amigos. Son dos ingredientes necesarios en cualquier aperitivo que se precie: la buena conversación junto a una estupenda compañía, y en la plaza del mercado es muy fácil conseguirlo, haciendo que los aperitivos se alarguen.
Pero en Alicante no hay tanta tradición de aperitivos como en sus pueblos, especialmente en los de la montaña, donde el aperitivo es todo un ritual. Junto a las tradicionales cervezas y vermús, han conseguido hacer del café licor un componente esencial en las relaciones sociales, que a la hora del aperitivo lo llaman barralet, tomado en vaso pequeño solo, con un poco de agua o gaseosa y acompañándolo de raciones de pescaditos, sepia o calamares.
Carlos Gómez es sociólogo y profesor en la Universidad de Alicante

Oda al microondas

Tania Castro 
Me lo han dicho por activa y pasiva: el microondas no es un buen electrodoméstico. Que destroza la comida y no es bueno para salud. Pero seriedad: llevo más de veinte años fumando sin ser fumadora. Que es posible que sucumba a un cáncer de oído, según los últimos estudios sobre móviles. Que mi miopía aumenta por las horas que paso frente a una pantalla. Que me estoy quedando sorda con tanto sonido envolvente en las salas de cine. Que son las doce de la noche y llego a casa muerta de hambre, derrotada después del trabajo. Y bendita sea la madre que me parió y me enseñó las maravillas de los tupper. Abres la nevera, coges la cajita de plástico, la llevas a la cajita de metal y le das a un botoncito. Más fácil imposible, y a estas alturas, que neuronas te puede destrozar el aparatito que no haya destrozado ya tu jefe con empeño durante todo el día. Esperas mirando anhelante su ventanita iluminada, con el tenedor en la mano. Abres la puerta. Sale el vapor impregnado de olor. Hincas el tenedor, te quemas la lengua, masticas rápido y tragas. Que queréis que os diga: que viva el inventor que lo parió. ¡Qué guapo, guapo y guapo! Que juro cuidarlo el resto de mi vida. Que cuando muera lo llevaré a un buen cementerio de chatarras y prometo serle fiel a sus hijos, a sus nietos y a sus tataranietos.

No más de 65 grados

QUIQUE DACOSTA

Manuela Romeralo, experta en vinos y otras bebidas espirituosas y espirituales, aunque estas sean alcoholes, tiene una percepción infinita sobre el té. Hablar con ella es aprender sobre cualquier tema que tratemos. Una de las conversaciones más fructíferas que he tenido referente a las infusiones de caldos, salados y dulces, fue con ella. Lo importante, me decía, es el tiempo de la infusión, así como su estado (en polvo o en rama), y sobre todo la temperatura a la que se le incorpora el agua.
Yo les recomiendo no sobrepasar de 65 grados porque los amargos surgen intensamente, y los otros aromas se evaporan con facilidad. Si le gustan las infusiones frías, con más razón. En fin, en verano infusiones frías para hidratarse sobretodo para el disfrute de los amantes de este tipo de bebidas. Cuidado con la teína excita tanto o más que la cafeína. Recomiendo el té Ceylan. En la cocina hice una combinación maravillosa: Ostra cruda que se bebía con té Ceylan (muy aromático) frío. Ahí...repetiré hoy.. hagan la prueba poniendo a este té además rodaja de limón y ramita de menta piperita.


FUENTE ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es

domingo

21 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




'El hombre de turbante rojo'
TANIA CASTRO | 21-08-2011
Interpretación del lienzo El hombre de turbante rojo, de Jan Van Eyck.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Jamón, animal de bellota
ALFREDO ARGILÉS

Del cerdo, hasta los andares. Pero no va a ser por el grácil contoneo de sus caderas, sino por lo torneado de sus muslos que nos dicen: ¡cómeme!!, por lo que lo recordaremos.
Su fama la ha alcanzado al ser comido solo, que no en soledad
Los muslos de este animal -curados a la sal y a los aires de la sierra- son en sí mismos toda una industria, imprescindible para los que en ella trabajan e inigualable para los que la consumen, valga la figura retórica. Pero para que tan afortunada conjunción de intereses se produzca será menester que el gorrino pertenezca a una raza que no haya pervertido, a lo largo de generaciones, sus magras y sus tocinos adorando al pienso compuesto; que se haya consagrado a comer la bellota de la encina, y que lo haya hecho paseando por los campos, endureciendo los músculos para que las carnes no queden flácidas y descolgadas.
En una palabra, que sea uno de esos que denomina, al margen de los nombres oficiales y protegidos, pata negra, ibérico, de bellota y de otras varias suertes. Para ello es necesario que, además de poseer la adecuada genealogía, haya nacido en las dehesas extremeñas o del occidente andaluz, haya sido muerto en los fríos meses del invierno, y sus carnes y sus grasas estén debidamente secadas por la acción de la sal, y curadas con el tiempo y el mimo que requiere la sublime operación de la transmigración de los perfumes y los sabores entre todas las partes que componen el objeto de deseo, que así fusionados logran una unidad sápida cercana a la perfección.
Su fama la ha alcanzado al ser comido solo, que no en soledad, por la mañana o la noche, a la hora de la comida o del aperitivo, con tostadas en el desayuno y con vinos finos amontillados a cualquier hora, con seco champagne blanco o rosado, cortado en muy finas lascas, casi traslúcidas, en las que se pueden apreciar los tonos que nos auguran impecable sabor. Las carnes, rojas, sin exagerar; los tocinos, blancos, también sin exagerar, sutilmente amarillentos y enranciados, incardinados entre la magra, en alargadas vetas y produciendo un brillo que todo lo inunda, clara señal de que en su añejamiento la temperatura exterior pretendió fundirlo aunque solo lo ablandó.
No obstante, y pese al crimen que supone desvirtuar sabor como el que ostenta por sí mismo, las gentes bondadosas -así sean de exóticos criterios- lo combinan con toda suerte de materiales comestibles, a los que otorga parte de su talento y otro tanto de su lujosa imagen. Así: melón con jamón, huevos con jamón, sofritos para lentejas o jamón con habas y tantísimas más son perversiones que solo se pueden disculpar si el vicio y la adicción por el preciado manjar han llegado a extremos insondables.
Ya que para producir los efectos que nos son tan conocidos de aromatizar y salar, elevar el tono y tesitura de los muy dignos acompañantes en los platos que recitábamos, no es necesario sacrificar la gloria de los campos, tan solo es necesario añadir las virutas de algún primo lejano de ese incomparable jamón.



EL APERITIVO :
Vino tinto con sifón, almendras y aceitunas de Onil


El aperitivo en mi niñez era una práctica de los domingos. Entre semana no había aperitivo. Al salir de misa de 12 acompañaba a mis padres al casino de Monóvar. Mi padre pedía un vermú seco de las bodegas de don Primitivo Quiles, excelente bitter que todavía hoy se puede comprar en las tiendas. Le añadía dos golpes de sifón que procedían de una ingeniosa máquina cromada que colgaba de la pared y que Casa Miguel Juan en Dénia mantiene activa. Mi madre tomaba vino blanco que dejaba acercarme levemente a los labios. Se acompañaba con patatas fritas hechas allí mismo, cortadas no demasiado finas, con mucho aceite de oliva y con sal gorda que se quedaba pegada. El aperitivo de verano, sin embargo, era casi todos los días, al lado de la balsa de riego donde nos bañábamos agarrados a negros neumáticos de camión. El calor de agosto imponía tomar una palometa, anís seco con agua y trozos de hielo arrancado de una barra con un martillo. El rey de la tapa veraniega era sin duda el capellanet asado, bacaladilla de lomos gordos, sabrosa y barata. A veces, los Baeza del Campello nos enviaban marraix, tiburón marrajo de sabor intenso y piel dura que devorábamos con entusiasmo antes de atacar el también escaso budellet o tripa del atún rojo braseada sobre sarmientos.
Ahora, mi condición de enólogo me obliga a probar los cientos de aperitivos que salen cada año, pero, en la canícula estival, siempre vuelvo al vino tinto con sifón, almendras fritas con sal y unas aceitunas negras de Onil, las imbatibles del Cuquello.
Rafael Poveda es enólogo.




Comentar, compartir
TANIA CASTRO

Qué fuerte ¡ ¿Qué te pasa? Del último post que he colgado en mi Facebook nadie dice nada, solo tengo un me gusta y es el mío. La vida cambió cuando aparecieron las nuevas tecnologías pero la vida ha cambiado radicalmente desde que llegaron las redes sociales. Me despierto y antes de lavarme la cara ya sé que: Vicente tuvo concierto anoche, que una conocida después de pasar la tarde en una librería, cenó en el centro y esta mañana está en la playa y que Belén ya ha salido para Cuenca sin haberme dado las llaves de su casa de la playa. Ten amigas para esto. Si sales de fiesta o estás en un restaurante magnífico y no cuelgas las fotos, no ha pasado. Hasta quien jura que no caerá -"yo solo lo quiero por trabajo"-, te sorprende un día cualquiera con la foto de su tripa capaz de sostener una jarra de cerveza. ¿Aburrido, te sientes solo? No hay problema. Puedes pasear por el cibermundo y acabar siendo uno de los cincuenta y cuatro mil cuatrocientos once miembros del grupo "señoras que se desmaquillan con KH7", o mucho más actual: "Quiero que suelten al toro Ratón en el Congreso de los Diputados". No tengo nada en contra, yo soy una adicta. Pero veo problemas cuando me cuentan que Luis por fin tiene novia y respondo: ¡pero si pone soltero en su perfil! Y es que parece que si no cibervives es que no tienes vida.


¿Sabemos de jamones?
QUIQUE DACOSTA

Sabemos leer las etiquetas y lo que ahí expresan?¿Son del todo legibles? Jamón Ibérico, rezan unas. Jamón pata negra rezaban otras...jamón ibérico cebo, muchas más, y jamón de recebo, jamón de bellota...así hasta el infinito y luego entramos en las regiones de la producción, Denominaciones de Origen y si hablamos o nos hablan de zonas de curación... Ay! que me estoy liando...Y si nos liamos, malo, porque somos peces que queremos ser pescados en un engaño... Por otro lado, entiendo que nos podamos dejar engañar. Ahí empieza el todo. Quiero saber qué compro, muchas veces el precio es significativo de lo que es cada jamón, pero para que se aprecie y se valore lo que cuesta un maravilloso jamón ibérico de bellota de una dehesa debemos hacer una labor didáctica. De un jamón maravilloso hay que decir que ya no es un producto, sino una elaboración. El jamón no es carne cruda, sino que ya está curada, elaborada. Si es maravilloso comerlo cortado finísimo a cuchillo, con acompañamiento de pan con tomate a lo sumo. Un buen vino del estilo de Jerez. Con la mano, el jamón se come con las manos, se huele cada loncha que nos metemos en la boca y lo degustamos, dejando transmitir su aroma y jugosidad en boca: respirarlo y vivirlo.


FUENTE ELPAIS CV.
www.quiquedacosta.es

sábado

20 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

 

El café en 'Retrato de un hombre'

TANIA CASTRO | 20-08-2011
El café en Retrato de un hombre, de G. B. Moroni.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Las cabras lo descubrieron
ALFREDO ARGILÉS Es de todos conocido lo que sucedió a las cabras que pastaban entre los bosques de Kaffa, allá por Etiopía, que comían las bayas de los arbustos que aquí y ahí salpicaban el paisaje, y las rumiaban como era su obligación, y de estas maniobras bucales y estomacales surgió un jugo que las excitaba y no les permitía reposar.
El café se expandió de África a lo que hoy es Turquía, donde sentó plaza
Visto lo visto, el pastor que las cuidaba se encomendó a la autoridad intelectual de aquellas tierras, que no podía ser otro que el abad de su convento, el cual después de algunas pruebas y fracasos constató la capacidad de la baya para despejar las mentes y azorar los cuerpos.
Hermosa la leyenda, la realidad, más prosaica, indica que las bayas ya las masticaban los antiguos pobladores de esas tierras con el mismo ánimo de animarse. Y de allá llegó aquí, como en un soplido, de las costas africanas a Turquía, donde sentó plaza. El café tuvo tal éxito en aquella cultura que se abrieron en la antigua Constantinopla lugares específicos para tomarlo, y que curiosamente se llamaron cafés, siendo 1475 el año de su primera apertura. Su expansión por el mundo fue fulgurante, y más lo hubiese sido si la Iglesia Católica, encabezada entonces por Clemente VIII, no lo hubiese puesto en cuarentena, según algunos porque era producto para infieles, según otros porque pretendía suplir al vino, marca de referencia de la casa desde que Noé dio en santificarlo. Como quiera que fuese, se extendió entre nosotros, y la proliferación de los establecimientos donde se vendía devino imparable: Marsella, Londres, Ámsterdam, Viena, Hamburgo convirtieron el café en su bebida favorita y el lugar dónde se tomaba se tornó centro de encuentro social y literario, cuando no de conspiración.
Decíamos que el café es una baya, que hay que tostar y moler -o despedazar, que eso va en gustos- para lograr que cuando pase el agua a su través se convierta en el líquido esencial. Clases hay muchas, muchísimas deberíamos decir, aunque las más señaladas discurren por los caminos que marca su origen: el africano y el americano. Porque sí, el producto encontró tierras de promisión en las Américas, en aquellos territorios cuyo suelo y altitud convenía al arbusto, y Brasil y más tarde Colombia se hicieron con una sustancial parte del mercado. El Coffee arabica y el canephora robusta se han erigido entre los más solventes, aunque no debemos olvidar la importantísima contribución actual de los vietnamitas, que producen la mayoría de los que se venden en estuches aunque sea menor su calidad. El café hace brillar la mente, opinaban los clásicos del producto, alucinados por las luces que genera al más romo de los intelectuales. Al respecto debo reproducir la brillante arenga que escribe Balzac para los que logren tomar de buena mañana un seco y concentrado polvo de café: "Llegan los recuerdos al paso ligero, con las banderas al viento: la caballería ligera de las comparaciones se despliega con magnífico galope ...".


EL APERITIVO DE JORGE OLCINA
Capellanes a la brasa y 'nuvolet' de agua muy fría


Este verano he disfrutado viendo los documentales sobre elBulli en La 2. Se podrá estar más o menos de acuerdo con la innovación y la deconstrucción culinaria, pero debe reconocerse que Adrià es un genio que ha hecho arte de su profesión. Ha colocado a la cocina española en la órbita mundial, abriendo paso a una generación de jóvenes cocineros que no pueden hacerlo mejor de lo bien que lo hacen. Y varios de ellos son de nuestra Comunidad Valenciana. Pero yo disfruto igualmente con el plato tradicional, con el aperitivo más común, con la cocina popular que nos ofrece platos de exquisito sabor. Una comida veraniega, en esos días de aire sahariano, sol y fuerte calor, puede inaugurarse con un sencillo aperitivo a base de pincho de tortilla, ensaladilla rusa, capellanes a la brasa y una bebida refrescante, espirituosa, alicantina y de reminiscencias meteorológicas: el nuvolet. La tortilla poco cuajada, un poco melosa; la ensaladilla sin pepinillos y con el punto justo de mayonesa; los capellanes bien braseados y el nuvolet como debe hacerse un nuvolet, con sus cinco partes de agua muy fría y una de buen anís seco de Monforte del Cid. Nuestra cocina -la de alta gama y la más popular- es otro de los atractivos turísticos del territorio valenciano. Pocos placeres pueden equipararse al que se experimenta ante un aperitivo de este tipo tomado a mediodía en una terraza, con la brisa soplando y con el azul mediterráneo de fondo.
Jorge Olcina es catedrático de Geografía.

Todo y sexo
TANIA CASTRO

Tú lees, él lee, ella lee, nosotros leemos, me leen y yo leo. Y leyendo, leo el mensaje que me ha enviado una amiga a la que tuve el placer de acompañar a elegir su nueva televisión: "Al final me he quedado con la tele negra y gorda en vez de la blanca finita y estrecha". Entro en mi Facebook y leo, en el interesante link que alguien ha dejado a pie de mi último post: "No entrar, estoy viendo una peli porno". ¡Lo firma una chica! Sí, señores, en contra de las creencias, o vergüenzas, las chicas vemos porno o cine erótico, según sensibilidades. Cierro el ordenador y decido ponerme a leer cosas más serias y leo en el periódico: "Fui y compré pepinos españoles". Me queda claro que hoy la lectura no me acompañará en lo que a concentrarse se refiere.
Así que mejor dejar de leer y relajarme un rato mirando por la ventana. Me siento, me relajo, miro y veo: una chica ajustándose el escote, apurando la tela para que le quede justo en el filo del pezón. Y no lo tiene difícil porque el vestido que lleva tiene ya de por sí poca tela. Que se lo pregunten, si no, al chico que lleva babeando justo detrás. ¡Esto no puede ser obra solo del calor! ¿Será que la vida, que todo y que todos somos puro sexo? Se me hace tarde. Me voy al trabajo. Con suerte me encuentro un orgasmo por el camino.

Café ¿salado?
QUIQUE DACOSTA

Reconozco estar viciado por el café. Tomo muchos al día, tantos que no quiero ni decirlo, no vaya a ser que mi médico me llame al orden o mi mujer me cante las cuarenta... En serio, el café es una maravilla, cuando es bueno. En mi restaurante lo cuidamos muchísimo. Tenemos dos cafeteras para ello, y cada una para los 15 tipos de café que tenemos en nuestra carta, con las infusiones... En fin, ya saben, pura locura lo de estos restaurantes, que llegamos a tener 70 referencias en vinos de Jerez y 200 de champán. Sin embargo, el café no ha entrado en la cocina principal, como han entrado otras bebidas. El café acompaña a los postres, armonías con chocolate, leche... En fin en el mundo dulce, sí, mucho menos que en el salado. De todas formas, yo no hablo por mí, que en mi cocina salada el café ha tenido dos incorporaciones claras en los últimos años. Una de las más representativas fue en el plato "La Gallina de los huevos de Oro", en el que el caldo tiene un puntito de café, buscando un torrefacto que diera potencia. También recuerdo un coctel de bienvenida al restaurante. Sin alcohol, que alternábamos con un vino dulce. Maravillosa idea.


FUENTE: ELPAIS CV
www.quiquedacosta.es




19 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




 El cordero en el Saturno devorando a su hijo

TANIA CASTRO
El cordero en el Saturno devorando a su hijo de Goya.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
En un oasis de paz
En el cordero se dan cita la religión, la honestidad y la alimentación
ALFREDO ARGILÉS

El arqueólogo Vere Gordon Childe, que escribió El origen de la civilización, mantiene la teoría de que las glaciaciones y las subsiguientes sequías propiciaron los desiertos, y en estos los oasis, lugar de encuentro de personas, animales y frutos, y de este conocimiento nació la agricultura y la ganadería, y aún muchas cosas más que por ahora evitaremos señalar.
Al norte del Sinaí, en los montes de Negev, se desarrolló temprano la pasión por la estabilización, pues se han encontrado cercados de 20.000 años de antigüedad, donde guardar gacelas y gamos, animales que hoy nos parecen a despropósito para la actividad del pastoreo pero que en aquellos momentos creían de lo más adecuado. No olvidemos que los egipcios tenían a estos animales como domésticos y de corral -antes habían intentado lo propio con las hienas con escasa ventura- y que los trogloditas del norte de África, en aquellos tempranos años de nuestra convivencia, poseían rebaños de musmones -bichos entre carnero y cabra- que los proveían de leche y carne, y que era habitual en aquellas geografías considerar animal doméstico al antílope y al camello, como era en las tierras más cercanas a nosotros asumir a los bóvidos y los suidos -los corderos y familia, y los jabalíes, los cerdos y demás parentela- como propios, como hacían las hordas que venían del Oriente con los caballos o los incas con las llamas.
Observado el asunto con la perspectiva que dan los años, parece que la actividad económica generada por el flujo de la desertización y la glaciación no es despreciable hoy, ni siquiera a los ojos de los mercados de futuros. Mas debemos ocuparnos en señalar que no solo de cotizaciones vive el hombre, sino que además debe comer y alimentarse, a ser posible con la mayor elegancia y honestidad, con temor y respeto a los dioses, y sobre todo con altas dosis de culinaria.
Elijamos al cordero como insigne representante de los estabulados, por darse cita en él las precisiones señaladas -alimentación, honestidad, religión- con su mayor nota, y en cuanto a la fundamental cuestión gastronómica podemos inundar a ejemplos positivos y contundentes a cualquier persona dubitativa que nos asalte con sus dudas al respecto. Le responderemos: ¿recuerda usted el cordero asado con sus propios jugos en cualquiera de los asadores de las tierras de Castilla? ¿Recuerda usted el cordero al estilo de un navarín, primaveral y rodeado de suaves y jugosas verduras? ¿Recuerda las hermosas y carnosas costillas del llamado pré-salé por las hierbas de los prados salados de Normandía de los que se alimenta? ¿Y el irish stew, criado en prados irlandeses y hecho con patatas? ¿Y el cordero a la menta de lainjustamente denostada cocina inglesa?
Por no hablar de los riñones, los sesos, las lenguas, los cuellos y demás adminículos que se desprenden del cuerpo del cordero para satisfacción de sus miles de glotones.

EL APERITIVO
Cerveza, pero ojo, que la monogamia causa desgracias

El mejor aperitivo existente, desde los sumerios, es la cerveza. Mentes perversas la han prostituido estos últimos años añadiéndole limonadas y otros brebajes inferiores. Debería estar penado. Y, sobre todo, ¡no "afeitéis" las soberbias barbas de una buena cerveza! La espuma debe reposar unos instantes, y sólo así notaremos su fresco gusto amargo, con el mágico lúpulo de sabor de fondo. Como aperitivo, mejor las ligeras, las ale. Si se puede escoger, las procedentes de Chequia son inimitables.
Europa se divide en dos, con el euro o sin él: la Europa del vino -la sangre de la tierra-, que incluso le ha dedicado una religión, y la Europa del centro y del norte, la de la cerveza. La ley más antigua que existe sobre alimentación es un decreto sobre la cerveza en pleno siglo XIII y en Inglaterra. Sabrosas pero nocivas son las tapas: quitan el apetito y engordan; la cerveza, por sí sola, no engorda. Y, por supuesto, debe ir acompañada de conversación: una sosegada plática sobre el tiempo, sobre los dislates políticos (un tema eterno) o sobre las amenidades que nos presta nuestra pareja, todo eso que hablamos, con la cabeza reposada en la cabecera del sofá o con los codos en las rodillas, con ligereza y exquisita educación (por ejemplo, escuchando la cháchara del acompañante, y no sólo fingiéndolo), pues todo eso le da mejor sabor a la rubia, rizada, excitante cerveza. Ahora bien, beber cerveza cada día puede llegar a ser monótono y convertirse en un hábito. Y así pierde toda su magia: la monogamia ha causado ya demasiadas desgracias.
Isabel-Clara Simó es escritora.


Calor de 'peli' porno
TANIA CASTRO
Lleva dos días mi cuerpo siendo un manantial con piernas. Suena entre poético y horrible, lo sé, pero es la pura realidad. Anoche, tras despertarme varias veces, decidí dejar que me ganará la partida el calor y me levanté rumbo a la única salvación posible: la nevera y una botella bien fría de agua. De pie, frente a mi electrodoméstico favorito en esta época del año, vi mi cuerpo iluminado y las mil gotitas de sudor resbalando por él. Entendí en un segundo esa frase que hace no mucho escuché: "Hace un calor de peli porno". Imaginé inmediatamente las fresas frías recorriendo mi espalda. Las uvas frescas resbalando hasta mi ombligo. El champán casi congelado haciendo temblar mis muslos. El helado derritiéndose en mis labios. El sudor en mi hombro, absolutamente sensual, resbalando hasta el final de los dedos de mi mano. Hipnotizada por la luz de mi nevera y entregada a mis fantasías, de pronto: ¡picotazo de mosquito¡ y de vuelta a la realidad. Miro mi nevera: ni helado, ni uvas, ni fresas y mucho menos champán. El sudor hacía que me escocieran los ojos y al calor de mi cuerpo se había sumado el mental. Cerré la nevera y resolví que la única solución era una buena ducha de agua fría y rezar porque llegara pronto el invierno. Por si acaso yo hoy me compro una botella de champán.

Costillar carnoso
QUIQUE DACOSTA

Aunque sea un infanticidio terrible comer cordero lechal, lo hacemos.... En fin, pasado este trauma, vamos a la cazuela. Para ello, mil formas de asarlo y cocinarlo. Desde asado en hornos de leña, a hacerlo a la plancha, a la parrilla sus chuletitas, en caldereta con patatas -magnífico lo hace Luismi en el Ruta en Jarandilla de la Vera (Caceres)- o las piernas asadas, que tan ricas están con sus patatas panadera o una simple ensalada de lechuga trocadero con cebolleta fresca, aceite, sal y unas gotas de vinagre de Jerez. En fin, para el cordero formas mil. También dependerá de la raza. Una de mis favoritas, el pré salé de la Bretaña francesa, de costillar carnoso y sin sabor a borrego, como también sucede con los merinos burgaleses, de pasto seco y fino. Se entiende que sin las servidumbres del viaje al matadero, en penumbrosos camiones, donde se orinan encima y marcan sus carnes para el futuro.
En mi memoria, un cordero absoluto y maravilloso fue el del Racó de Can Fabes, con su chef Santi Santamaria al frente, que en paz descanse. Este hacía, y su familia continúa haciendo, un gigot de cordero asado y caramelizado a la salvia fresca que justifica ir hasta Sant Celoni.

 FUENTE: ELPAIS CV

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