domingo

6 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.

 

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO



En oriente y occidente
ALFREDO ARGILÉS

La cantidad la ponen los chinos pero la calidad se queda en occidente, donde comer arroz significa no solo alimentarse con las proteínas y los hidratos de carbono que lo componen, sino afinar el paladar para que los múltiples ingredientes con los que coció se fijen en nuestras papilas y a partir de ese punto empecemos a reconocer las carnes y los pescados, las verduras, quesos, mantecas y las especias con que se adorna la gramínea en la gastronomía europea.
La cantidad la ponen los chinos, pero la calidad se queda en occidente
Porque en el viejo continente se fabrican hermosos risottos piamonteses, inconmensurables paellas valencianas, nutritivos calderos murcianos o arroces rojos de La Camargue en los que untar abundante all i oli, como parece procedente en La Provenza. Y así, pese a la dificultad que representa encontrar la mantequilla logidiana que exigía el escritor Carlo Emilio Gadda, los granos de Muscat que reclamaba -bien despepitados- el gastrónomo Dumas, o los patos de la Albufera que desearía cualquier comensal valenciano, todos los días se cocinan y consumen los antedichos privilegios y otros muchos más a los que nunca llegaremos a acostumbrarnos sin asombro.
¿Qué pensar de la ingeniosa mente que recomienda mezclar a la mantequilla que cuece el arroz unos tiernos tuétanos, que le proporcionan -no hablamos de calorías- inigualable y suave sabor?
¿Y de aquella que insiste en penetrar los granos con un indecible fumet de galeras y cangrejos, o del caldo de cocción de aquello que el mercado califica como morralla y que suele encontrar entre sus habitantes los más sabrosos ejemplares?
Nada significan para la mayoría de la población mundial, cuyo noventa por cien consume el arroz hervido y sin más ornato que el agua. A los dos mil millones de toneladas que se cosechan de esta gramínea se adicionan, en las cocinas de las lejanas tierras del oriente, según gustos y posibilidades, los más diversos materiales, con la peculiaridad de que la condimentación es por completo ajena e independiente del producto principal. Por eso los langostinos tailandeses, las coles chinas o el cerdo vietnamita -exceptuado sea el pastel Bahn Chung- se comen al lado del arroz sin que su sabor interfiera en el más bien anodino que preside cada bocado en su naturalidad.
Sin embargo para nosotros lo contrario nos parece incuestionable, todo se hierve al compás y congrandísima unión, y por eso utilizamos las variedades del tipo japónica, de grano más corto que las índicas pero con una mayor capacidad de absorción de los sabores que lo acompañan. El bomba, el bahía, el sénia en nuestros campos; y el carnaroli, el arborio, el vialone, en los italianos, están reduciendo su producción por aquello de las modas del sushi que vienen del Este, pero su poder es incuestionable en lo culinario y nadie olvida una paella con el punto justo de fuego aglutinador en nuestros campos, ni un risotto regado en el último instante con un potente Barolo y adornado, ahí es nada, con unas láminas de trufas blancas de Alba.


INTIMIDADES
Delicias de la noche
TANIA CASTRO

Zampar, engullir, devorar, cenar atiborrándote hasta no poder más. Y a pesar de ello levantarse a medianoche martirizada con la idea de ese cuarto de tortilla de patata jugosa que quedó abandonado en la nevera. Un tenedor. Un inocente trocito. Un poco más. ¡Fría esta casi más rica! Finiquitamos la tortilla, pero entre bocado y bocado hemos encendido la televisión. ¡Aquella película! ¿Y ahora qué? Hemos finiquitado la tortilla y no tenemos al insomnio como excusa para mantenernos de pie pues fue la gula, la dulce gula trasnochadora, la que nos llevó hasta aquí. La película nos está enganchando. La noche silenciosa y cómplice nos susurra: un poco de vino sería ideal para ese regustito en el paladar. Dudamos por un segundo, al día siguiente habrá que trabajar. Pero acabamos rindiéndonos a la tentación del Pepito grillo estomacal. Vino, un poco de queso, no vaya a ser que me emborrache, además, un poco de pan con tomate y unas olivitas. Ya que nos ponemos. Termina la película. Comienza a amanecer. Nos levantamos del sofá con la sonrisa puesta. Dos o tres copitas en vez de una, al final. Vuelta a la cama, cerramos las ventanas. Nos acurrucamos entre las sábanas. Respiro profundo. La tripa llena y el recuerdo de aquel delicioso trocito de tortilla de patatas

EL APERITIVO
El principio de una fiesta y en compañía
CUCHITA LLUCH
Para mí el aperitivo representa el principio de una fiesta, ya que siempre asocio el aperitivo al momento de relax, de deleite con los amigos previo a una buena comida. El aperitivo siempre es en compañía. Si tengo que elegir una bebida es sin duda el champagne, si es rosé mejor, porque acompaña una buena comida de principio a fin. Como estamos en verano, empezaré por mis clásicos; en Ibiza, a pie de playa, en la tumbona, con Nanda, Amparo y Sefa, en Cala Bassa Beach Club, de David Reartes.
De vuelta a Valencia, en la barra de Oleo, su famosa ensaladilla rusa y sus espectaculares croquetas. Al atardecer en Casa Manolo, de Daimús, con Mamen y Guillermina, el delicioso pulpito encebollado y la yema de huevo con trufa. En Quique Dacosta Restaurante, en su terraza nos deleitamos con la Albahaca Canela, el Kalanchoe y Aceite, el Raim de pastor encurtido y el caracol. Además de su ostra, que nunca me puede faltar. Sin salir de Dénia y en el mes de febrero acudo al Sendra, con Lourdes, para tomar los erizos y el pulpo seco. En invierno nuestro fijo es Aquarium, donde tomamos Juana, Marina, Javi, Juanra y Lorenzo rabanitos y empanadillas con el Dry Martini. En primavera a Casa Montaña, para degustar con mi amiga Ángeles sus deliciosas clòtxines. Para terminar mis aperitivos más queridos. Los que mi madre y mi hermana preparan en nuestra casa, alrededor de una paella o un increíble gazpacho manchego. Devoramos sus croquetas de bacalao, sus anchoas, el foie y la berenjena rebozada.
Cuchita Lluch es presidenta de la Academia de Gastronomía de la Comunidad Valenciana


QUIQUE DACOSTA
Arroz con verduras

Con el arroz no tiene problemas con el coste del menú, con que ascienda mucho la factura de una comida en su propia casa (risas). Quiero decir que con dos euros tenemos un kilo de arroz de excelente calidad. Para evitar que suba mucho su factura evite mariscos caros, porque se puede hacer magia con mariscos económicos. Por ejemplo el mejillón o la galera, o incluso los erizos de mar, con otros ingredientes marinos como las algas frescas, estas menos comunes, de momento. Con fondos más suculentos como los de tubérculos, y pie de cerdo; más típicos del interior de nuestra Comunidad, pero igualmente ricos, muy económicos; o de vegetales y sepia... en fin ya sabemos que el mundo del arroz es infinito y que tan noble producto es mágico sin necesidad de ponerle productos caros. Yo lo recomiendo mucho con verduras. Alcachofas, ajitos tiernos, habas, algo de azafrán, pimentón y siempre un fondo noble y rico que tenga que ver con los ingredientes principales.
A tener en cuenta: siempre la variedad de arroz para cada tipo de elaboración. Sénia, el comodín. Bomba, para secos. Albufera, para melosos. Arrisottados, carnaroli. Caldosos, o sénia, o albufera o carnaroli. 

FUENTE: ELPAIS.
www.quiquedacosta.es

viernes

5 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




Interpretación de La joven de la perla
TANIA CASTRO
Homenaje al maíz, en una interpretación de La joven de la perla, de Johannes Vermeer.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Palomitas de maíz

ALFREDO ARGILÉS

Es una realidad. Los cereales allí donde van -¡es un decir!- se hacen mágicos, y más que eso, sobrenaturales, propicios al dios de turno que es tanto como decir al dios de cada lugar, de cada religión, de cada cultura. El maíz, primero entre los primeros, cultivado en todo el mundo, fue el tótem de los mayas, y de los incas, y de todos los pueblos que habitaran desde la lejanía del principio de la humanidad las tierras de Mesoamérica.
Era la fórmula de supervivencia para los habitantes del centro de América
Lo contaba un fraile, Bernardino de Sahagún, que en su Historia general de las cosas de Nueva España trata del maíz, producto que se codea con las más altas magistraturas divinas y les suplica: "Señor, castigad a este que me vio derramado y no me recogió". Porque en México sucede con ese grano como antaño con el trigo entre nuestros conciudadanos: caía el pan y el descuidado que había cometido la falta lo recogía y besaba, presa del mayor temor ante el error cometido y las posibles desgracias que le pudiesen acontecer por la ira de los dioses.
Pues claro, desde hace más de siete mil años los habitantes del centro de América se habían alimentado de este cereal, que era su fórmula de supervivencia: cocido, asado, a la lumbre o al calor de las piedras; aunque a diferencia de nuestras culturas nunca su harina amasada había sido sometida a la acción de la levadura, diríamos que las tortitas siempre fueron ázimas y lo continúan siendo.
Sopas, pasteles, quesadillas, antojitos, y sobre todo tamales, que esta es su principal ocupación, servir de continente comestible a toda suerte de carnes, pescados, mariscos y frutas, que así se suprime el plato, al estilo de alguno de nuestros gazpachos manchegos. Las recetas -las llamaremos así- como vemos son infinitas, por no hablar de las bebidas que con él se preparan, como el atole, cocción aguada de su masa que originariamente se bebía en estado simple y puro, y al que el tiempo y los placeres añadieron azúcar o miel, cacao, leche, frutas, y como no podía ser menos en región tan aficionada, algunos picantes chiles, que lo integraban de un golpe en la culinaria básica de la zona.
Si masticamos maíz, escupimos los líquidos que de tal manipulación resultan, y los conservamos unos días encerrados y a la sombra, habremos obtenido la chicha, bebida alcohólica que se produce por la fermentación del cereal y que se aprecia y consume en todo el centro y sur de América, aunque ahora el proceso de fabricación es menos manual -bucal- y mucho más industrial y ordinario.
En nuestro entorno, pese a sus grandes virtudes, el maíz es poco consumido en la dieta habitual ya que nuestra cultura gira por otros derroteros y costumbres. No obstante, parece imprescindible para alguna parte de la industria nacional, porque, ¿qué sería de nuestro cinematógrafo si en sus salas de exhibición no se oyese el continuo trasegar, masticar y engullir de las palomitas que fabrican por doquier para ser expendidas en los más lujosos ambigús?

TANIA CASTRO

Traumas y palomitas

TANIA CASTRO

No hay cosa que me traiga mejores recuerdos que el maíz. Por mis orígenes y por mi infancia en general. Palomitas, palomitas y más palomitas, por favor. ¡Qué es una película sin palomitas! Y por mi origen: ¿habéis probado las quesadillas, más allá de las archiconocidas con queso, las verdaderamente deliciosas, las quesadillas de flor de calabaza? Recuerdo a mi abuela mano para aquí y mano para allá, convirtiendo aquellas bolitas de masa en esferas perfectas para después tirar a las brasas. Buenos recuerdos. Con el maíz puedes hacer de todo: harinas, licores, ropa y, por supuesto, palomitas. Mi primera película y palomitas, y película tras película, palomitas. Pero de ahí no son todos buenos recuerdos. De ahí vienen los traumas. Un chico, una chica, el atardecer sobre una playa, el beso perfecto, los violines. Un chico, una chica, la copa de champán y el tremendo pedrusco dentro; o como contaban mis amigas hace pocos días, exaltadas "es mucho más bonito cuando él coge el anillo de su lata de refresco y se lo coloca sin pensarlo en el dedo, ¡qué romántico tía!" Pero en la vida real no suenan violines sino lavadoras y, "nos casamos porque nos viene mejor para la declaración de la renta". Te revuelcas en la playa. ¡Y se te llena hasta la oreja de arena! Qué poco romántico, ¡tía!

Crema de maíz

QUIQUE DACOSTA

Dos elaboraciones muy sencillas para un producto singular, muy poco usado en fresco en nuestra cocina popular moderna. Me encantan los granos de maíz frescos, acuosos, dulces y con una fina membrana que los envuelve. Sé que así no se reconoce a una planta que se seca y se asocia a las palomitas de maíz. En Quique Dacosta Restaurante hacemos un plato de granos de maíz fresco a la parrilla. Desgranamos la mazorca, pintamos los granos con aceite de oliva, ponemos sal y lo colocamos en un colador de acero, y este a la parrilla. Si no tuviéramos parrilla, los salteamos a la sartén muy muy caliente, para que se grille, coja ese sabor, y quede crudo. Una vez asados, se les puede incorporar encima láminas de foie gras, ingrediente más pretencioso que el humilde maíz, pero es la asociación natural, de lo que se alimentan los patos... Un toque fresco para el plato sería hacer brotes con las semillas, a partir de grano seco, hidrataríamos y entre papeles húmedos germinaríamos la planta.
Hacer una crema de maíz es igualmente sencillo: maíz crudo en un plástico; caldo de ave. 30% de maíz, 70% caldo de ave. Calentar el conjunto en el microondas cuatro minutos a máxima potencia y triturar en vaso americano, a máxima potencia, y colar. Punto de sal y listo. 

FUENTE:ELPAÍS.
www.quiquedacosta.es
 




jueves

4 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




Homenaje al cacao en una interpretación de La maja vestida, de Francisco de Goya.- TANIA CASTRO


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO



Moneda convertible
ALFREDOARGILÉS
Cuentan las crónicas que una de las primeras noticias que tenemos sobre el cacao se la debemos a Benzo, soldado español en tierras de Moctezuma, que cuando probó la bebida que con sus granos se fabricaba exclamó: "Más apropiada es para tirarla a los cerdos que para ser consumida por los hombres".
Los postres desde entonces fueron más oscuros, densos y sustanciosos
Dicen que los buenos principios presagian malos finales, y su opuesto debe ser igualmente cierto. Los españoles, que no solo el tal Benzo, tomaban el cacao preparado por los indios y se hacían cruces de cómo podían beberlo los indígenas con la fruición que lo hacían, y aún más pensando que añadían a la cocción picantes chiles, pimienta o harina de maíz, que como se sabe es un magnífico espesante.
Sin embargo, de forma diferente pensaban cuando lo sometían al juicio de la economía, ya que en la época de la conquista de las Indias los granos de cacao eran oro de ley y se utilizaban como moneda en las transacciones comerciales. Tanto es así que Cortés, guerrero con ambiciones políticas, solicitó como regalo al todopoderoso rey azteca un terrenito en Maniatelpec, en el que casualmente se cultivaba el mejor cacao y que actuaba para él como banco emisor de moneda convertible.
Mas para su triunfo gastronómico era preciso que el cacao se convirtiera en chocolate, lo cual lograron los españoles adicionando al mismo una buena cantidad de azúcar, amén de trabajar los granos para hacer de su cocción una bebida apta a sus paladares. De esta forma el chocolate se exportó a España, y de allí, en un rápido progreso, a las nobles mesas de Italia, de Francia, de Alemania y de Inglaterra, que ven cómo la bebida los cautiva, a la vez que la adornan, como es norma, de toda suerte de poderes curativos y erógenos, con lo cual el éxito queda asegurado.
Por algunas de estas virtudes su posición en los conventos se torna regia, ya que es capaz de producir energía sin romper el ayuno -conclusión a la que se llega después de las consabidas discusiones tan teológicas como bizantinas- lo cual es determinante para que el clero lo consuma a toda hora. Su influencia en la sociedad fue notable, y el chocolate líquido se consumió por doquier solo o como gustoso apoyo en el que mojar las innumerables pastas que para el evento se adecuaron, llámense churros o porras, azucarillos o mostachones.
Las chocolaterías proliferaron por doquier, las principales fábricas de porcelana adecuaron sus jícaras y tazones, el pueblo se adueñó del invento para bebérselo en las reuniones sociales de media tarde y los postres desde entonces fueron más oscuros y sustanciosos, densos como una crema, sutiles como un aroma.
Pero las modernas técnicas llevaron a modificar el gusto de los aficionados, no tanto en el producto sino en su forma de consumirlo, y ahora el chocolate se supone formando tableta y enriquecido su sabor por mil y una aportaciones frutales: con avellanas, con nueces, con almendras o pistachos por parte de los frutos secos, y con naranjas o mandarinas e incluso con jengibre y con wasabi para los más exóticos.


TANIA CASTRO
Dietas e injusticias
TANIA CASTRO


Cómo no hablar de la terrible palabra en estas fechas. Esa palabra odiosa que comienza a atacarnos por primavera. La única novedad en costumbre tan ancestral es que ahora no solo la practican mujeres sino también hombres. Da gloria ver a un hombre negándose el placer de una cerveza, o sin probar el pan. El otro día me llevé un alegrón al coincidir en la elección de la barrita alimenticia de yogur versus naranja con chocolate con un usuario de mi farmacia. Salí contenta al comprobar que ya no somos el único género que se somete a tal sacrificio. Duró poco mi alegría. Me adelantó con paso veloz el susodicho. Él y sus pantalones dos tallas más pequeñas de la que le correspondía. Tenía un trasero perfecto, muslos firmes, sin el más mínimo rastro de piel de naranja. ¡Injusticia, injusticia divina absoluta! Pensé que aún era poco castigo el que les salga pelo por todas partes. ¡Más debían de tener! Y estar obligados a depilárselo una vez al mes. Es esta una sociedad extraña en la que nos esforzamos por no ser nosotros mismos. Dietas, cremas, uñas postizas, wonderbra y ¡wonderslip para ellos! Si es que sales y no sabes ni con quién ligas. En un acto de reafirmación personal absoluta agarro el bikini y me largo a la playa a enseñar lo que me sobra y lo que no.


QUIQUE DACOSTA
Pequeños obradores
QUIQUE DACOSTA
Siempre que hablo de chocolate debo pedir permiso al doctor Paco Torreblanca. Con su permiso maestro: sin ser esta tierra nuestra una tierra de cultivo de cacao, ni por climatología, una buena región para la elaboración de chocolate, ¿cómo puede ser que haya tal cultura, y tan buenos artesanos y artistas detrás de ese mundo? Hago mis reflexiones, que me llevan a una explicación sencilla. La culpa la tiene el turrón.
Donde se ha tratado siempre el turrón en nuestra región, en los pequeños obradores, en la temporada no productiva del turrón, encontraban un ingrediente como el cacao y una elaboración como el chocolate donde seguir obrando, en el parón estival, poco propio de turrones, creando una corriente que creo errónea, ya que el turrón, como el chocolate, se puede consumir todo el año. Una elaboración simple para estos días. Compremos una rosquilleta plana con pipas saladas y peladas, ponemos sobre esta trocitos de chocolate del tamaño de un garbanzo. La ponemos tres minutos al sol y cuando empiece a fundirse, lo resguardamos del sol, le ponemos unas gotitas de aceite de oliva virgen. De ahí a la boca: un postre fácil, divertido para comer con las manos y que puede comerse desde el desayuno a la comida, la merienda o la cena. Adelante.

FUENTE : ELPAÍS
www.quiquedacosta.es
quiquedacosta@quiquedacosta.es

miércoles

3 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.




Cabeza de vaca
TANIA CASTRO | 03-08-2011
Cabeza de vaca, en una interpretación de Salomé con la cabeza de Juan Bautista, de Bernardino Luini.

 

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

 

Subyugadas por Bach

ALFREDO ARGILÉS

Qué es preferible, vivir largos años de una vida que no es vida -como diría el conocido chiste- o gozar de una opulenta estancia en este mundo, rodeado de los mayores placeres, así el lapso entre el nacimiento y el sacrificio final sea breve en su duración?
De la vaca y su compañero el toro se esperan abundantes bienes
A esa terrible duda deben someterse las vacas en el momento de la concepción: ser oriundas de la India u otro cualquier país que las adore, aunque las mate de hambre y de otras penurias, o venir al mundo en el paraíso de Kobe, allá en el Japón, donde si eres de la casta -o raza- wagyu, tienes aseguradas caricias y mimos, y hasta masajes sin fin, además de verdes y frescas hierbas que nos alimenten, y cerveza que nos restañe la sed mientras al fondo suena infinitamente dulce un órgano que entona a Bach. Siempre la religión influyó en los humanos, pero también en los bóvidos, como hemos hecho notar.
No obstante, y a despecho de ancestrales creencias, el interés que en nuestro entorno suscitan las vacas más se dirige a los beneficios que nos procuran que a su canonización, y es de ver la alegría que suscita entre sus fieles el solomillo del animal al arrimo de las brasas u otra cualquiera parte de la misma formando parte del festín alimentario.
Porque de la vaca y su compañero el toro se esperan abundantes bienes, que comienzan con la leche y terminan en el rabo, macerado con buen vino y ablandado tras prolongada cocción.
Entre ambos extremos se sitúan fabulosas recetas culinarias, que han encandilado a la humanidad. Estúdiese el afamado buey a la mode -que encantaba a la burguesía del vecino país a la vez que a nuestro admirado Josep Pla-, hermosa pieza de tapilla que se rodeaba de mantecas y demás óleos para cocer más de cinco horas, previamente marinado en vino blanco y acompañado en su tránsito por el fogón de manos de ternera y ligeros detalles de la huerta, que añadían al conjunto su punto vegetariano.
Hágase lo propio con las costillas de un gran animal, mantenidas a temperaturas cercanas al cero durante 40 días, para que de esta suerte la carne se haya sedado y consolidado, las grasas que la rodean y la penetran enranciado, y sus músculos ablandado, y de esta suerte su paso por la parrilla sea corto y fructífero, dejando en el aire el aroma penetrante del asado y en la boca un armonioso e inolvidable sabor.
Y compruébese cómo con similares características realizan sus platos los argentinos con el bife de sus terneras, los norteamericanos con el t-bonne de las suyas o los ingleses con sus Hereford, que transforman en roast beef en sus más señalados templos culinarios. Para ratificarlo diríjanse, por favor, al eterno Simpson's londinense.
Si quieren pagar un poquito más vayan al país del sol naciente, a la ciudad que les anunciábamos al principio, donde podrán adquirir por la módica cantidad de 300 euros, en alguna carnicería del lugar, un kilogramo de suculenta carne, heredera del uro de nuestros ancestros.

INTIMIDADES

Ubres, las suyas

TANIA CASTRO

Según la temporada del año descubro en mi piel manchitas. Maldito verano y sus dañinos rayos uva. Manchitas oscuras sobre fondo claro. Parezco piel de vaca, vamos. Me da por pensar en qué otras similitudes tendría con tan adorable y exquisito animal. Puedo parir y amamantar. No sé muy bien cómo pero pensando en tan digno y tierno acto me asalta rápidamente el refrán: "Teta que mano no cubre no es teta sino ubre", y también otros bellísimos piropos de la construcción: "¡Eso son ubres, morena!", "¡Ya quisiera yo ser ubre para que me apretaras!", "Niña, tienes unas ubres que ni las vacas de mi pueblo", "¡Ay!, con esas ubres te ordeñaba yo a bocaos"... Legendarias. ¡Qué sería de la cultura popular sin ellos, nuestros ilustres artesanos! Me observo. Me descubro a mí misma. Me palpo. Me palpo bien. Me aprieto las carnes y acierto a decir que mi tercio de libra trasero está jugoso y tierno. La época de tercio recio quedó en el pasado. Pobre de mí. Para no engañarles he de declarar que, además, me encanta pastar. Tirarme horas en la verde pradera hincando el diente en alguna ramita verde. Deduzco pues que la vaca y yo somos primas hermanas. Con la gran diferencia de que a ella le sientan mucho mejor las manchas, y para ubres, ¡las suyas!


EL APERITIVO DE

Espumosos: el aperitivo perfecto

JUAN VIÑA
Los vinos espumosos, en especial el champagne y el cava, son el componente imprescindible para un aperitivo adecuado en cualquier circunstancia que la vida nos depare. Según Napoleón, el champagne te lo mereces para celebrar las victorias y lo necesitas para llevar dignamente las derrotas. Todo patrón de comportamiento institucionalizado es cultura y no disfrutar de un aperitivo antes de las comidas nos ha transformado en personas que nos organizamos bien el tiempo para poder ser más eficaces en nuestro trabajo, pero también en ciudadanos menos cultos. El deleite de un excelente cava o champagne comienza al observar cómo las burbujas suben hacia la parte superior de la copa, haciéndose más grandes y con creciente velocidad hasta romperse en la superficie. Después, observas los diferentes tonos de color y por último, cuando lo bebes, se notan todo tipo de matices. El abate Dom Perignon lo resumió claramente cuando probó el champagne por primera vez: venid deprisa, dijo a sus compañeros, acabo de probar las estrellas. Los vinos espumosos también pueden ser utilizados para hacer espléndidos cócteles, como detalla muy bien Colin Peter Field en su libro The cocktails of the Ritz-Paris. Entre los combinados recogidos en el libro les recomiendo el Benderitter, creado en 1995 por el autor del libro. Se trata de una mezcla de champagne con esencias de jengibre y con una ligera cortada de piel de kumquat, que es un tipo naranja china. Nuestras naranjas, sin embargo, siempre serán una mejor opción. ¡A disfrutar!
Juan Viña es catedrático de Bioquímica y director de la Fundación del Hospital Clínico.



DESDE MI DESPENSA

Hígado a la plancha

QUIQUE DACOSTA

Si una vaca tiene un solomillo, si una vaca tiene dos riñonadas, si solo tiene dos carrilleras y un rabo, y estas son las partes más solicitadas de la especie, ¿qué pasa con el resto del animal, que puede pesar en su sacrificio entre 500 y 600 kilos? Sabemos que se consumen tapa, aguja, espalda, contra, contratapa, pescuezo, pecho, llana, morcillo, falda, babilla, redondo, vacío, aleta, pez, corazón, hígado, cadera, rabillo, cantero, contra de chuleta... en fin.
Si un solomillo pesa entre 3 y 6 kilos, una riñonada 20 kilos, una carrillera 600 gramos, un rabo 1 kilo, resultará que falta mucha carne por controlar, por consumir. Y eso porque la gente preferimos las que tienen nombre aunque haya otras de similar nobleza. Una para asados, otras para estofados, guisos y salteados... pero el caso es que si queremos solomillo para todos, y un animal de 600 kilos en canal da un solomillo de 6 kilos, empieza la reflexión de que tenemos que bajar los brazos, levantar la cabeza y darnos cuenta de que la naturaleza de las cosas no es como nosotros queremos verla, si no como es. Sentido común. Me viene a la cabeza hígado de ternera lechal a la plancha, en tacos, a los que acomodamos sobre un encebollado con pimientos verdes y sal en escamas, con unas vueltas de pimientas. Pan tostadito y a almorzar. 

FUENTE : EL PAÍS.

www.quiquedacosta.es
quiquedacosta@quiquedacosta.es

martes

2 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



 Interpretación de El caballero de la mano en el pecho
TANIA CASTRO |
Homenaje al trigo en una interpretación de El caballero de la mano en el pecho, de El Greco.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO 


ALFREDOARGILÉS

Material inelástico


Si pensamos en trigo pensamos en pan. Y aquellos más imaginativos se elevan a las alturas de lo gourmand y transforman los duros granos en pasteles sin cuento, en obleas, almojábanas, milhojas y toda suerte de masas harinosas en los que el azúcar o la miel desempeñan un indiscutible papel.
Mientras, los aficionados a la historia evocan las tortas hechas de grano molido y puesto a tostar después de hecha una masa con agua, entre las brasas o las piedras, al estilo de los asirios y los sumerios en aquellos asentamientos que en Mesopotamia configuraron la humanidad como ahora la conocemos.
El trigo nace creando la agricultura, cuando las cabras y las ovejas que pacían libres y errantes son estabuladas y de esta suerte los nómadas hacen hogar y patria. El Trigo primigenio se transforma y educa –dejando en el camino la escanda de la que proviene, que sigue su trazado ecológico que llega hasta hoy- y aun se descascarilla, perdiendo en nutriente tanto como gana en finura y delicadeza. Con su harina después de la molienda hacen los primeros sedentarios las tortas de pan ácimo, que se prolongan a lo largo de la historia y la geografía, bifurcándose su vida en el momento en que la ciencia o el azar lo mezclan con levadura para dar lugar al pan tal como lo conocemos en nuestras latitudes, hermoso, hinchado, volátil por el carbónico que ha penetrado en sus entrañas.
Fueron los egipcios el primer pueblo que hermosea el alimento que proviene del trigo, lo cuecen en hornos y le dan caprichosas formas que aún hoy nos intrigan, aunque los expertos nos indican que algunas de ellas son exclusivas del linaje del comensal o de la utilidad que se les daba en las ceremonias religiosas, como ofrenda a los dioses, utilidad que pervive, con los oportunos aggiornamenti, hasta hoy.
Son infinitas las veces que el pan aparece en nuestras vidas si somos habitantes de lo que llamamos Occidente. No ha habido cultura ni religión que no lo situase entre sus intocables, y el pan como nutriente de los pueblos se destaca de cualquier otro alimento.
Deberemos decir que los griegos y los romanos lo adoraban? Deberemos señalar que en la Baja Edad Media el consumo de pan por persona era superior a un kilogramo diario?
Y que a los economistas se les llenaban la boca –y no de pan- cuando explicaban las teorías sobra la inelasticidad en la demanda, poniendo al producto como ejemplo: por más que suba o baje el precio del pan su consumo permanece casi inalterable.
Parece que esta cualidad de supervivencia le restaría importancia gastronómica, pero no es así. Amén de las masas endulzadas ya referidos, hoy el pan, más elástico, se torna capricho de gourmets, y las combinaciones con otros alimentos que lo completan, mejoran y también desfiguran son incontables: panes con pasas, aceitunas, comino, frutos secos, y dulces…incontables.
Y alguno, más tradicional y cargado de energía, permanece en nuestra cultura: como olvidar el bocadillo cuando el hambre aprieta.

 

EL APETIRIOTIVOI DE KOSME DE BARAÑANO.

Un invento del aeropuerto de Shannon.

Cuando uno pasa de 50 años el repertorio de aperitivos que lleva encima da para una enciclopedia más que para una columna. Los mejores dry martinis los he tomado en Bilbao. Un bar de Guernica, el Auzokoa, ha servido los mejores gin-tonics que cualquier marino haya podido tomar. Trasplantado al Mediterráneo he cambiado de costumbres. Disfruto de lo que aquí se llama almuerzo, esa recuperación de fuerzas a las 10,30 para los que tenemos costumbres germanas de desayunar a las 6. Después de unas anchoas o de una mojama, que te trae el recuerdo de los romanos y de los árabes, qué mejor que el vicio de un café irlandés: café bien cargado, whisky y una nata montada con la paciencia, el ritmo y el cariño de un personaje como Jose Luis Cuartero en el Hoyo 19 del Golf La Sella en Denia. Unos polvos de canela completan los olores de este conjunto que algunos puristas dicen arruina tres buenas bebidas. Es un invento de aeropuerto (del de Shannon en 1943, en Irlanda, de ahí su nombre) para reconfortarte de los antiguos vuelos transatlánticos, un tres en uno que desengrasa el sistema nervioso. Es un hot toddy no para ir a la cama o quitarte un resfriado, sino un reconstituyente de mañana para los que escribimos y necesitamos una pausa para dar marcha a las neuronas con un buen swing. Nunca me ha gustado el golf pero disfrutar de este equilibrio de líquidos en armonía sin tocarse entre ellos, contemplando el cielo azul de la Diana romana y las verdes colinas ibéricas de Jesús Pobre, rodeado de alemanes, te hace salir de la banalidad de lo cotidiano. Una mezcla de culturas, droga sudaca, sutileza francesa y espíritu británico bajo el equivocado nombre de café irlandés. Aunque algunos bárbaros se lo tomen como postre.
Kosme de Barañano

Kosme de Barañano es catedrático de Bellas Artes en Altea y ex director del IVAM

TANIA CASTRO

Pequeños placeres


La vuelta a casa resulta más placentera cuando has cumplido la tarea de comprar pan antes de llegar. Entras al horno y te parece un lugar donde nada malo puede pasar. ¡Huele tan bien! En ese momento no tengo claro si quiero ser el niño del pan de Robert Doisneau o Cher revolcándome sobre la harina en Hechizo de Luna.
El pan, el pan, el pan es delicioso y la oferta se vuelve cada vez más variada y apetecible. Así que hemos pasado de una barra de pan con pan a una colección de harinas mezcladas con pipas, nueces, pasas, aceitunas, algo de queso. ¡Hasta hay de calabacín! Y de salvado, integral, de pueblo, redondo, baguette, sobado, cañadas, con aceite, hmm... Tras un vistazo rápido al interior de la bolsa de tesoros y el inevitable deleite olfativo procedo al clásico pellizquito. Ralentizo el paso. Me siento de domingo aunque sea martes. Retraso el regreso al hogar y me acomodo en un banco. Miro el cielo, la gente caminando, las hojas de los árboles... No escucho nada en concreto. Es todo más bien un murmullo agradable. La vida es otra cosa con un trozo de tierno pan en la boca. Al llegar a destino un beso y una pregunta: ¿mucha hambre? No. Y se escapa una sonrisa con miga en el labio


QUIQUE DACOSTA

Ragú de quinoa


El Trigo es uno de los pilares de la pirámide de la Dieta Mediterránea en la que estamos trabajando  desde el prisma de la “Nueva Dieta/Cocina Mediterránea” en nuestro restaurante.
Una de las elaboraciones más inmediatas con este cereal es utilizar su polenta.
A mi me gustar de muela fina, que me permite dotar de densidad a un liquido, y dotar de un sabor fácilmente identificable, y su molienda fina da una textura sedosa en boca, singular, sin necesidad más elaboraciones, y además se cuece en 3 ó 4 minutos. Inmediatez en cocina, igualmente importante.
Trigos hay de mil variedades, poco a poco entran en nuestra cultura siendo de otros países, como por el ejemplo el trigo sarraceno. Un cereal de forma piramidal, con unas connotaciones gustativas muy interesantes.
Otro cereal que recomiendo altamente (aunque no sea de la familia de trigo) pese a que no esta en la dieta mediterránea y que debemos introducirlo, es la quinoa. Un cereal de origen Inca y que para mi representa posiblemente el ideal. Elaborarlo simplemente, con un encebollado de puerro y cebolleta  frescas, a partes iguales, y rehogarlo en ellos una vez pochados, añadir caldo de ave y una bola de pimienta, una brizna de tomillo y tendremos un ragú de quinoa, que con alguna seta picada se expresará de forma impresionante.

FUENTE : ELPAÍS.

www.quiquedacosta.es

lunes

1 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Interpretación de El nacimiento de Venus
TANIA CASTRO | 01-08-2011
Homenaje al agua en una interpretación de El nacimiento de Venus, de Boticelli.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

ALFREDO ARGILÉS

Para narices de oro

ALFREDO ARGILÉS 01/08/2011

Su valor es inmenso, o ínfimo. Ya sabemos, la ley de la oferta y la demanda se ceba sin piedad con las primeras materias, y el arbitraje económico se hace sentir en los productos imprescindibles para la humanidad.
Los desiertos las aclaman mientras los océanos reniegan de ellas. El valor del agua del Amazonas en el Amazonas es nada, por contra el de las límpidas corrientes de los ríos escoceses que atraviesan los subsuelos de turba y de ellos se perfuman se cotizan como el oro -líquido o en forma de cubitos- en lujosos bares de París a New York, donde refrescarán y harán más suaves al paladar los destilados del centeno que en ellos se expenden.
El agua se puede beber, o degustar, según el proceso mental que nos lleve a su consumo; la sed es mala consejera para las sutilezas palatales, y la llamada del organismo a reponer los líquidos perdidos fulmina de raíz cualquier tentativa de averiguar los cientos de componentes que inundan el originario hache dos o.
Aguas blandas y duras, calizas, ferruginosos, llenas de sodio y de potasio, con gases en disolución o con grumos en suspensión preceden al sabor que nuestras papilas deberán encontrar en el mar que las anega cuando bebemos un trago de aquella agua de aspecto inmaculado.
El agua es pura gastronomía, y sus expertos las más finas narices de oro de la humanidad. Con su imprescindible concurso se han cocinado todos los productos que comemos, y su influencia en el resultado final de los platos es incontestable. La paella solo con agua de Valencia, el cocido con las blandas aguas madrileñas y los mejores garbanzos con las límpidas que arroja la lluvia. Las gambas y langostinos con agua del mar Mediterráneo, aunque según nos dicen los adelantados para el pescado y algunos fríos mariscos nada mejor que las que obtenemos en los caladeros de las islas Hébridas, que como se sabe están aledaños a Escocia y que aportan la justa sal al convite.
Los sabores de las aguas están producidos por sus excipientes, que como sabemos -y en cantidad suficiente- las definen y clasifican. Los grandes restaurantes han dado por someterlas al juicio de una clientela ahíta de vinos y demás alcoholes, y en sugerirlas para cada plato según su composición: planas y naturales, carbónicas y manipuladas, que surgen del manantial o que están sometidas a mil procesos e ionizaciones para que al trasegarlas por nuestra garganta la alcachofa que las acompañe alcance su grado máximo de dulzura o la ginebra de un gin tonic alcance la frescura y el sabor que nunca soñó cuando surgía del alambique.
El agua sirve para casi todo: para lavarse, para cocer, para unirse con toda suerte de concentrados, para apagar incendios, para sobre ella navegar, para enfriar y para calentar... E incluso, y en última instancia, tal como reconocía un obispo que acompañaba al insaciable Pantagruel en la obra de Rabelais, cuando el estómago se ha hinchado de una infinita ración de botarga, para matar la sed que con ella se origina.

EL APERITIVO DE MIQUEL NAVARRO

"Aquellos aperitivos de los años sesenta"

A finales de los años cincuenta, siendo yo un jovencito, y durante los sesenta, solía tomar el aperitivo en una taberna cercana a mi casa llamada Casa el Carbonero. A veces, después del aperitivo, también comía allí. Muy bien, por cierto. El local vendía además barras de hielo, y carbón con el que alimentaban un gran fogón o cocina económica, que tenía una plancha donde hacían la sepia y las clóchinas. Estas últimas se preparaban in situ, con una gran tapadera hasta que se abrían. Se ofrecían al cliente con el mismo aliñado que el de la sepia: ajo, aceite y perejil, presentándolas solo con media cáscara, y las tomabas cogiéndolas del extremo, como si de una cuchara se tratase. La bebida usual eran las primeras cañas de cerveza que se tomaban en España, o el tradicional vermut negro de garrafa, solo, fresco y optativamente con un poco de sifón. Otros aperitivos podían ser las aceitunas o los boquerones en vinagre. En aquella época eran también frecuentes los aperitivos familiares, a modo de entremeses que se servían antes de una buena paella o un cocido. Consistían en charcutería, queso manchego, algún fruto seco y, por qué no, tortilla de patatas o latas de berberechos o navajas. Estas son cosas de mi pasado, porque en la actualidad apenas tomo el aperitivo. Es un tema personal. A mis 65 años evito estos pequeños excesos. Me cuido. No obstante, alguna vez suelo pedir un plato de olivas rellenas antes de la comida. Me da vergüenza decir que las acompaño con Coca-Cola Light o Zero. ¿Qué le vamos a hacer? En alguna ocasión se me ocurre comer con tapas, que me sirven de almuerzo o cena. Es el equivalente a un gran aperitivo.

TANIA CASTRO

Divorcios varios


Tengo oído que cuando más divorcios se producen es en verano. Razones, varias. Mucho tiempo juntos, la más común. Una amiga opina que la cuestión es que hay mucha luz y poca ropa. Un día, charlando, me distraigo con tremenda visión y pienso que hay divorcios que resultarían beneficiosos. La señora Cebada y ese hombre hace tiempo que tendrían que haber decidido que lo suyo no tenía buen futuro. Pero ahí siguen. Él agarra con fuerza y la besa en profundidad. Se le ve tan feliz. Muerta de envidia ante tanto gozo, me lanzo a imitarlo. No sabría decir si fue el calor o el ansia por alcanzar ese clímax pero declaro que lo nuestro fue amor a primera vista. Inseparable de mi vino blanco durante años me perdí en la dorada infidelidad. Admito que aquella primera opinión debería habérmela aplicado, pues desde el comienzo de mi tórrido romance he tenido que trampear con el ojal de mis pantalones y faldas. Y tras algunas noches de loca pasión me he visto obligada a recurrir a tijeras, aguja e hilo. Tras abandonar una estable relación con mi delicioso Riesling y aquella aventura espumosa, tome el camino que toda mujer debe tomar en algún momento. Di el sí. Sí al agua.

Tengo oído que cuando más divorcios se producen es en verano. Razones, varias. Mucho tiempo juntos, la más común. Una amiga opina que la cuestión es que hay mucha luz y poca ropa. Un día, charlando, me distraigo con tremenda visión y pienso que hay divorcios que resultarían beneficiosos. La señora Cebada y ese hombre hace tiempo que tendrían que haber decidido que lo suyo no tenía buen futuro. Pero ahí siguen. Él agarra con fuerza y la besa en profundidad. Se le ve tan feliz. Muerta de envidia ante tanto gozo, me lanzo a imitarlo. No sabría decir si fue el calor o el ansia por alcanzar ese clímax pero declaro que lo nuestro fue amor a primera vista. Inseparable de mi vino blanco durante años me perdí en la dorada infidelidad. Admito que aquella primera opinión debería habérmela aplicado, pues desde el comienzo de mi tórrido romance he tenido que trampear con el ojal de mis pantalones y faldas. Y tras algunas noches de loca pasión me he visto obligada a recurrir a tijeras, aguja e hilo. Tras abandonar una estable relación con mi delicioso Riesling y aquella aventura espumosa, tome el camino que toda mujer debe tomar en algún momento. Di el sí. Sí al agua.


QUIQUE DACOSTA

Agua al hinojo

Ahora que los hinojos están bien espigados, o con flor y a punto de hacerlo, lo que haría sería cortar una caña de hinojo, que esta hueca en su interior, y como si fuera una pajita de las que ahora fabrican de plástico, la introduciría en un agua helada, y sorbería desde esta pajita artesanal y silvestre que nos hemos fabricado en el mismo monte o ladera. Agua al hinojo...
Me encantan las infusiones. Estas las haría siempre de hierbas silvestres o de cultivos biológicos, pero siempre con productos frescos, recién cogidos en el campo o en el monte...
Las infusiones deben tomarse ahora, en el verano, siempre en frío, aunque previamente hubiésemos de prepararlas en caliente. Luego, con una tetera en la nevera, o incluso en un botijo, intentaremos saciar nuestra sed con agua perfumada de aromas refrescantes desde el tomillo al orégano, la menta, el hinojo, el romero, la albahaca, la salvia... Si se desea, esta infusión fría se puede tunear con unas gotas de ginebra, o vodka, tal vez con anís, o con algún licor específico y concreto que vaya bien con la hierba inficionada. Siempre debemos añadir el alcohol en frío.

FUENTE: ELPAÍS
Quique Dacosta Restaurante.
www.quiquedacosta.es