sábado

13 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Amor sacro y amor profano
TANIA CASTRO
Homenaje a los ajos en la obra Amor sacro y amor profano, de Tiziano.

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Para construir vocaciones
ALFREDO ARGILÉS

Fue Heródoto un aclamado historiador que vivió en la Grecia clásica en los tiempos del siglo V antes de nuestra era. Viajó por el mundo conocido, y fruto de estas visitas resultaron los escritos sobre los pueblos que conoció, entre los cuales se encuentra Egipto. Allí admiró las pirámides, construidas muchos siglos antes, cuando los faraones eran los amos del mundo, hasta que llegó Cleopatra y con ella - y Julio César- el imperio decayó.
El faraón Keops gastó, al cambio, 44 millones de euros en comprar ajo
Pues bien, Herodoto, que era solvente investigador, indagó sobre la citada construcción, quienes las habían hecho, qué habían comido y cuánto había costado la habilitación de semejante tropa. El resultado fue inesperado: los trabajadores de empeño tan colosal habían subsistido con rábanos, cebollas y ajos, que les daban el necesario vigor. En esas sutilezas palatales, el faraón Keops había gastado la nada módica cantidad de mil setecientos talentos de plata, cifra que calculamos equivaldría hoy a más de cuarenta y cuatro millones de euros, lo cual nos indica la cotización del ajo en la antigüedad.
A más de un euro el kilo se cotiza actualmente el morado de Las Pedroñeras, cima de la calidad aunque no de la cantidad, que en eso los chinos nos abruman con más de doce millones de toneladas al año.
Los chinos los comen envueltos en los rollitos y guarneciendo y combinando los patos y demás ambrosías de las que tienen costumbre, aunque para nuestro gusto queden sutiles, acostumbrados como estamos a los raciales y fuertes sabores que nos brinda perlas de nuestra más clásica y humilde gastronomía.
Para comenzar unas sopas de ajo, llamada así porque en su contenido brilla la familia alióidea, del género allium, sobre todos los demás. Las verdaderas sopas de ese nombre se caracterizaban por la simpleza de su concepción, que se resumía en el fruto frito y algo requemado, que daba sabor al agua que los cocía y por tanto al pan que anegaban. Y fin.
Con estos sabrosos mimbres se construyeron vocaciones, aunque no pirámides, y los conventos se llenaban de olor al sempiterno ajo nada más el día se hacía presente. Pero claro, el afán de superar lo conocido llega a todas partes, y ahora es costumbre que el caldo contenga trazas de jamón, que el pan sea hecho ex profeso a tal fin culinario, y que hasta se añadan al servir la colación de algunos huevos, que se pochen en la mezcla y le confieran las calorías que desconocía.
Y después el ajoblanco, el all i oli, el pesto, la salsa que llaman "a la espalda", y ese infame manjar compuesto con aceite y perejil que cubre, en los bares de este nuestro mundo, cualquier sepia a la plancha que se precie.
Elemento imprescindible de nuestra cultura, logra estar presente en todas las salsas, comenzando por el inevitable sofrito que proporcionará sabor a guisos y más guisos, y continuando con toda suerte de especialidades locales y provinciales, de las que pueden servir como inmejorables ejemplos el ajoarriero, el atascaburras, las gambas y las angulas. Sin ir mas lejos.


EL APERITIVO DE
La coca 'malhecha', la merengada y entre tanto la olla

Adoraba los veranos de mi infancia. Mis padres nos llevaban a todos mis hermanos y a mi a Altura, en el Alto Palancia (Castellón) a pasar el calor con mis abuelos y mi tía Ángeles. De Altura me decanto por la visita al Santuario de Cueva Santa, el bañito en la piscina Municipal, el salir a la fresca a la plaza del pueblo con los amigos... Pero sobre todo eso, lo que más me gustaba y me gusta, es salir por la mañana temprano al horno del pueblo y comprar una porción de coca malhecha. Luego, con el mediodía, tener en la mesa un plato de olla de los que hacían mi abuela o mi tía; que me tendréis que disculpar cuando os digo que era "para chuparse los dedos". Y como no, para un hombre goloso como yo, lo que más visitaba (y de hecho, en cuanto tengo la ocasión no dudo en visitar) es la heladería del pueblo para tomar un buen helado casero de leche merengada.
Muchas veces, sobre todo en estos días de verano de 38 grados, llego a casa tras un día de duro trabajo, y no os podéis ni imaginar lo mucho que echo de menos mi infancia en Altura. Allí hace calor pero por la noche dormíamos con una "mantita". Aquí, en la Vall d'Uixó, este lujo solo lo tenemos si encendemos el aire acondicionado.
Desde luego, recomiendo a todo aquel que tenga la oportunidad y sea igual de "glotón" que yo, que pase un día por Altura, que deguste los buenos dulces caseros que ya os he nombrado anteriormente y que le eche dos horas al aperitivo y a la coca malhecha.
Alex Debón es piloto de motociclismo.



TANIA CASTRO
Hambre literaria
TANIA Me desperté con ansia. Un ansia profunda de leer. Busqué entre mis libros y no sentí antojo de ninguno de ellos. Marché de ruta. Una librería céntrica y grande. Otra más pequeña. Esa antigua a la que siempre había pensado entrar pero aún no lo había hecho. Seguía sintiendo ansia pero no conseguía definir de qué. Compré el periódico. Busqué alguna referencia entre sus páginas, nada. Mi hambre no hacia más que crecer. Era cada vez más grande. Comencé a morderme las uñas y decidí volver a aquella gran librería. Un libro tras otro pasaban por mis manos. ¡ Este!, ¡no, este!, que va, va a ser ¡este!. Eran todos excelentes pero ninguno era el que buscaba. Frustrada, comencé el retorno a casa. Despacio, un poco triste y aún muerta de hambre literaria. A mitad de calle, de pronto, un graffiti: una pareja y un voraz cuadrado negro entre los dos junto con la frase "El espacio que impide que dos personas se amen eternamente". Unas calles más allá, una cara enorme con barba de serpientes y la tabla de los diez mandamientos donde solo se leía la letra euro. Justo enfrente, un montón de coches aparcados en vertical como menú suculento. Continué andando. Una escalera hacia el cielo y la frase "Bonjour tristesse". Después de algunas horas sentí mi ansia saciada y comprendí que también existe la literatura urbana.


El ajo y el remedio
QUIQUE DACOSTA


El ajo no esta muy bien visto en las comidas finolis. No lo esta por sus efectos secundarios: su olor, que me repite, que me deja mal sabor de boca. ¡Donde ha quedado el carácter mediterráneo y el componente cañí de nuestra cultura! Es verdad que el ajo, como la cebolla y el pimentón, son ingredientes muy presentes en nuestra cocina popular. ¿Cómo domesticamos el ajo, para poder seguir disfrutando de él, sin que este sea tan invasivo?
Pensemos que mañana tenemos un arroz que hacer, una sopa o un guiso: caliente un vaso de aceite de oliva en la sartén. Solo calentar. Introduzca un diente de ajo y apartar inmediatamente la sartén. Dejamos reposar toda la noche juntos. Al día siguiente quite el diente de ajo y utilice el aceite para realizar su guiso. Tendrá el matiz de ajo deseado. Si quiere que sea menos potente todavía, retire al ajo del aceite antes.
Si por el contrario prefiere una sopa fría, emulsionada con ajo, sin que este se apodere de la elaboración, le propongo hacer lo mismo pero con el aceite en frío, sin calentarlo. Introduzca en el aceite un diente de ajo una noche y al día siguiente lo retira. Este aceite tendrá el aroma de ajo, que usted podrá controlar.

FUENTE:ELPAIS.

viernes

12 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Un perfume irrepetible
ALFREDO ARGILÉS

Refinadísimo y elegante manjar, conocido y también admirado desde la antigüedad, de irrepetible perfume en todas sus variedades y que lo mismo se come asada a las brasas, envuelta en ceniza, que adosada a un par de huevos fritos, con algo de sal gruesa y una mínima punta del mejor vinagre. Para dar testimonio de su nombradía baste decir que el propio Apicio, autor del más conocido recetario de la Roma imperial describe en su tratado De re coquinaria seis formas de preparar el producto, y hay que señalar que los romanos en este caso no gozaban de aquellas más sabrosas y se conformaban con importarlas de Libia, que las produce de una clase inferior.
Cualquier producto, hasta los humildes espaguetis, bastan para admirarla
Quizás es nuestra obligación comenzar señalando que trufas que cumplan lo prometido en los sueños gastronómicos hay pocas, y cabría clasificarlas en dos especies principales: la trufa negra, que se recoge en invierno en pequeños parajes poblados de robles y encinas, la tuber melanosporum, y la trufa blanca -tuber magnatum- que solo se produce en el Piamonte italiano y que por esa razón también recibe el nombre de trufa de Alba, en reconocimiento al pueblo que las ampara. La negra posee potente aroma e igual concentrado sabor, y su utilización pasa por tomarla sola o acompañando singulares o vulgares platos, a los que se pretende dar una mayor entidad. La blanca, sin embargo, de inigualable aroma que tiende hacia el del ajo matizado, solo tiene utilidad por su perfume, que no por su sabor, que es nulo, y adquiere sus mayores virtudes cuando la colocamos en finísimas láminas, cruda, sobre una base que la caliente y con ello eleve su olor a nuestra pituitaria. Cualquier producto, hasta los humildes espaguetis con mantequilla, bastan para admirarla, aunque otras sofisticadas recetas como el puré de patatas con sabayón de trufas que preparan en el restaurante Drolma de Barcelona nos acercan al paraíso.
Produce gran ilusión conseguir tan limitado tesoro como es la trufa de Alba, cuyo precio por kilogramo asciende a varios miles de euros, mas la trufa por excelencia es la melanosporum, y ello en base a la magnífica publicidad que produjo la admiración que le profesaron algunos insignes gastrónomos como Brillat Savarín, que la calificó como "diamante negro de la gastronomía" y otras lindezas similares.
La burguesía que surgió después de la revolución francesa parecía no tener límites en su admiración y consumo, y el fruto del Perigord se expandió en las mesas de los nuevos dueños del poder como elemento indispensable para figurar entre los elegidos. Todo se trufaba, desde los pollos a los hígados de pato, en una acumulación sápida sin fin, y con el paso del tiempo de las mesas pasó a las industrias, que dieron por comercializar, conservados y enlatados, los productos más variados con el añadido de: trufado.
En nuestro entorno próximo la fiebre ha llegado, con retraso, y las magníficas trufas del Maestrazgo y aledaños se comercializan, en una suerte de mercado sigiloso, por las calles de Sarrión.



INTIMIDADES
Otras delicias
TANIA CASTRO

El caviar iraní, la trufa blanca, la carne de Kobe, el pez globo, la sal de la isla de Laeso, los restaurantes de una sola mesa, la cocina sensorial, en la que te vendan los ojos, y para los más caprichosos menú degustación en globo aerostático. Me contaban que en un parisino restaurante de la plaza de Athenée, cuando pides un té sacan un carrito con pequeños arbustos y cortan hojas frescas para hacerte la infusión. Delicias -quizá algo caras- de la vida, pero delicias desde luego. Sin renunciar a la posibilidad de disfrutar en algún momento de tan exquisitos platos y delicada atención, pienso en cosas más plebeyas: una copa de vino al llegar a casa. Uno de siete euros la botella ¡nada menos! El mar mojando nuestros primeros pasos más allá de la caliente arena. El sudor cayendo a gotitas sobre la enorme espalda del socorrista. Sí, sí, ¡por supuesto! no todo van a ser exquisiteces y romanticismo, que la vida está llena de cosas mundanas de lo más imprescindibles: tirarse de bomba a la piscina, beber del brick a pie de nevera, la pizza fría, o cortarse las uñas de los pies. Raro, lo sé, pero, ¡venga!, todos nos hemos sentido reconfortados y mirado enorgullecidos nuestras cuidadas extremidades. Y personalmente, prefiero una mesa inmensa, porque no hay mayor placer, amén de gratuito, que compartir.


FUENTE : ELPAIS.
www.quiquedacosta.es



jueves

11 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.


 

Tania Castro.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

La divina roca

ALFREDO ARGILÉS
Sal de salario. Suma que se daba a los soldados para que comprasen sal. Sofisticando el sistema financiero sucedía que en Caniclu, provincia sometida al imperio del Gran Kan, fabricaban una moneda de sal -cocida para darle forma en su secado- que era parte fundamental del sistema monetario, con peso exacto y buena ley al decir de los nativos, aunque se desconoce si la ley se medía por la concentración de carbonatos sódicos o potásicos que contuviese.
Sazonar las comidas con sal no deja de ser una redundancia
Pero antes de acuñar moneda con la divina roca los reyes ya sabían que el poder de la sal es tan eximio y más valioso que el del oro, y los tributos de sal eran mucho más apreciados por los beneficiarios que los demás, al contrario que sucedía con los contribuyentes, que por cualquier gabela organizaban una revuelta. Así opina, al menos, erudito tan versado en cuestiones de la sal como don Bernardino Gómez Miedes, obispo que fue de Albarracín, que a mediados del siglo XVI se estrujó el magín para pergeñar más de 800 páginas -¡en latín!- sobre el condimento, haciéndonos de esta suerte admiradores de su talento y devotos de la sustancia.
Imprescindible para la existencia, todos nuestros alimentos la llevan consigo -ya demostró el científico Claude Bernard en el siglo XIX que el líquido extracelular está lleno de ella- y sazonar las comidas con sal no deja de ser una redundancia alimentaria aunque también un placer para el paladar, que rezuma de satisfacción cuando por medio de esta sustancia lo que ingerimos aumenta su sabor y penetra nuestras papilas.
Ingrediente y conservante, todo en uno, por su merced prosperaron el comercio y la industria, e incluso alguna religión como la católica, ya que fue capaz de alimentar el cuerpo -que no el espíritu- a los millones de practicantes de esa cultura que tenían que conformarse con el salado bacalao para que sus devociones en tiempo de Cuaresma no se viesen frustradas por las hambres. A falta de sorbatos, sulfitos, nitritos, acetatos, propionatos y demás químicos conservantes, los grandes pescadores noreuropeos tenían la sal inundarnos de los excedentes que les proporcionaban sus fríos mares, que aquí y en todos los mundos del interior comían los parroquianos con la pasión del converso.
Aunque hoy las cosas han cambiado, y ya no es castigo sino placer lo que obtenemos de la inmemorial técnica curativa; cuando pensamos en sal pensamos en salazón y, según nuestras posibilidades, en el abadejo o el curadillo, en el arenque y en el capellanet, o en las más importantes razones gastronómicas que nos proporcionan las huevas conservadas, sean de mújol o de atún, de salmón o de esturión.
La sal en la cocina lo es todo y no es nada, como impuesto que fue transforma en oro todo lo que toca y una comida sin sal resulta deleznable cuando menos. Sin embargo, por sí misma hoy nada vale y no ha habido ingenio que la prescriba en soledad, así sus orígenes se sitúen en los mares de Torrevieja o en las altas rocas del Himalaya.

 

EL APERITIVO DE

Una apuesta por los productos de la huerta y las latas

PABLO LLORENS

Qué le vamos a hacer. No soy muy de vinos, ni de café, nunca di el paso. Igual que de pequeño jugaba con plastilina y ahora me dedico a la animación, quizá me quedé anclado a la infancia en esto del aperitivo, el comer y el beber. Si hay colacao, mejor, si hay coca-cola, también. Me gusta el colorido de la mesa antes de comer, de la mesa del verano. Recuerdo mi niñez estival en la playa de Gandia con mis abuelos. Eran de Alcoi. Cuando aún no había torres de apartamentos, contaba mi abuelo, cogía a la familia y plantaba una chabola en la arena para pasar el fin de semana. Luego se compró una de las primeras casas y los primos y nietos la disfrutamos. Me gusta el colorido que recuerdo de esa mesa, los cuatro platos que parecen una fiesta, un cumpleaños del Chiquipark: papas, berberechos y coca-cola mezclados con el sabor a cloro de las gotas de agua que resbalaban a mis labios. Esa es la felicidad. Ahora hago un poco lo mismo, sigo apostando por las latas y productos de la huerta y quizá, pues es la verdad, sucumbo de vez en cuando a los encantos de las tortillas de don Vicente. No sé qué hace, nadie lo sabe, pero tiene mano. Don Vicente es el padre de mi novia y es famoso en la familia por su tortilla. Él la hace y luego cada uno la tunea a su manera, la pone entre pan, le echa un poco de queso, tomate frito... Placeres sencillos, de niño. Igual debería cambiar, no sé, pero es que hay sabores demasiado complicados. Quizá mis papilas gustativas jamás maduraron.
Pablo Llorens es animador cinematográfico.


INTIMIDADES
Patrimonio mundial
TANIA CASTRO
Si usted no llega al final de este escrito no debe preocuparse. No está muerto. Simplemente, está dormido. La siesta lo ha poseído y contra esto no hay exorcismo. En mi búsqueda de información sobre tan importante asunto he encontrado por Internet una guía de viaje inglesa que afirma: "The siesta is one of the most famous aspects of Spanishlife". ¡Sí señores y señoras! Llevamos años esforzándonos por ser un referente cultural, gastronómico, ¡artístico! ¿Para qué? Porque incluso más allá de nuestros clichés de toros, sevillanas y ¡olés!, nuestra verdadera aportación a la humanidad es esa cabezadita tras la comida. Y yo no estoy en contra, ¡para nada! yo abogo por pedir a la Unesco que la declare Patrimonio de la Humanidad. La siesta, está demostrado, es buena en cualquier época del año. Con manta, sin nada, liviana o seria: la de nuestro Camilo José Cela, "con pijama, Padrenuestro y orinal". La única espinita en mi corazón es porqué la típica cabezadita mexicana bajo sombrero tiene tan mala fama y la española es algo sanísimo. No tengo respuesta, pero muy lejos de querer comenzar una disputa internacional apuesto por una acción de apoyo a la integración de culturas. Véase: acomodémonos en el sofá, ajustémonos el sombrero mariachi y sucumbamos en un gran homenaje al typical spanish way of life.


QUIQUE DACOSTA

Sal y pescados

QUIQUE DACOSTA
La sal, o a la sal. Me viene a la cabeza la cantidad de pescados que hemos hecho en mi vida de cocinero en el restaurante del que hoy soy propietario. Pescados a la sal. Dios, hemos hecho el Mediterráneo entero. Pues bien, ya es sabido, pescado, sal y un horno... así de fácil, así de difícil.
Fácil porque para hacerlo solo es necesario un pescado tipo lubina, dorada, lenguado, rodaballo, cubierto de sal gruesa marina de una capa de 2 cm arriba y abajo, y puesto al horno. Conviene secar previamente la piel del pescado, para que no se pegue la sal al mismo, y así facilitar la tarea a la hora de servirlo. Después, 17 minutos a 220 grados centígrados si el pescado pesa un kilo. Dos minutos más de horno por cada kilo de más... así rezan los diccionarios de cocina. No hay que fiarse siempre. Ahora que los hornos ya tienen una sonda de temperatura, podemos aprovecharla. Si el pescado que utilizamos es uno de los nombrados, u otros más económicos, como la sardina o el salmonete de roca (con más espina, pero igualmente sabroso), debemos comprobar que llegue a 45º C en el interior, y ya podemos sacarlo, dejarlo reposar cinco minutos más y después a limpiar. Aliñar con aceite de oliva virgen extra, y adelante con él.

FUENTE: ELPAIS
www.quiquedacosta.es


MANUELA ROMERALO.

Entrevista


Hablando con MANUELA ROMERALO

SUMILLER PROFESIONAL

MANUELA ROMERALO Licenciada en Psicología industrial por la Complutense de Madrid, sumiller del Restaurante La Sucursal hasta junio del 2010 y actual Directora y Sumiller de Vuelve Carolina (Quique Dacosta). Docente en CDT Valencia, Gandía, Alicante, Castellón, Cátedra Ferrán Adriá, Universidad Politécnica de Valencia, Consejos reguladores del Marco de Jerez, en F.E.H.V. Subcampeona de España Habanosommelier 2004, Campeona España de Habanosommelier 2005 y del mundo 2006. Campeona de España de Cata Orujos 2005 ; Premio Epicur Habanos 2006,Título honorífico Embajadora del Habano en Valencia 2006; Premios nacionales a Mejor sumiller del años por Guía Gourmetour 2008/09, Mejor Servicio del vino de España en el restaurante por Verema 2007, Mejor sumiller del año 2008 por la Cofradía Buena Mesa y Premio Nacional Gastronomía por la Real Academia Española de Gastronomía 2008; Mayoral de Honor del vino por la Cofradía de Valdepeñas 2009, Mejor Labor en Pro del Vino 2010 por Lo mejor de la Gastronomía , Miembro de la Ordre des Coteaux de Champagne y Premio Internacional de Gastronomía al Mejor sumiller 2010 por la Academia Internacional de Gastronomía.
“EL CONTACTO DIRECTO DEL DÍA A DÍA ME LLEVÓ A CONOCERLOS MÁS, Y EL CONOCIMIENTO ME LLEVÓ A QUERERLOS”
Sumiller Manuela Romeralo, Premio Nacional de Gastronomía al Mejor Sumiller 2008 y campeona del mundo de Habanosommelier en Cuba en 2006. Recordamos algunos de los grandes que han tenido la suerte de contar con esta profesional entre sus filas: Kailuze, La Sucursal... Su apuesta actual: Vuelve Carolina de Quique Dacosta en pleno centro de Valencia.

¿Qué te empujó a meterte en este mundo, fue casual, necesidad o por pasión?
Casual, sin duda. Me inicié en hostelería pensando que sería un trabajo temporal, por la necesidad de estar activa. Podríamos decir que los vinos se cruzaron en mi camino y despertaron mi curiosidad; desde entonces no he podido separarme de ellos. Ocurrió lo mismo con los habanos, los quesos, las aguas, los destilados... El contacto directo del día a día me llevó a conocerlos más, y el conocimiento me llevó a quererlos.

¿Apuestas por la nueva restauración o los clásicos?
Apuesto por el sentido común, por trabajar bajo un criterio propio definido. Apuesto por la creatividad y por la innovación sin perder de vista las raíces y los valores tradicionales, que, no nos equivoquemos, son el soporte de nuestra cultura gastronómica.

¿Cuales son tus pilares básicos a la hora de gestionar una bodega?
Crear una oferta atractiva para el cliente y rentable para la propiedad. Y cuando digo atractiva quiero decir con una amplia gama de precios, con vinos conocidos y desconocidos, clásicos y de vinificaciones actuales, de diferentes zonas geográficas, nacionales e internacionales. Bodega dinámica y heterogénea en todos los sentidos, cuando esto se consolida, es irremediablemente rentable. No concibo la rentabilidad en la simpleza de elevar el precio del vino, sino como una oferta adecuada para que los clientes puedan consumirlo sin temor al coste.

¿Es difícil compaginar con la vida privada?
No lo creo, es una cuestión de organizarse. Es cierto que nuestros horarios son especiales, pero como puedan ser algunos de otros sectores. Es algo que se debe tener asumido y que quizá, con el paso de los años se deba ir modelando. Cuando una persona tiene la sensación de que su trabajo interfiere demasiado en su vida privada acaba dejándolo, y creo que es la decisión más correcta.


¿Y la restauración? ¿Cómo estamos a nivel comparativo con otros países?
Nuestros restaurantes, nuestros chefs, nuestros jefes de sala, nuestros sumilleres, son reconocidos mundialmente. No pasamos ni mucho menos desapercibidos para las grandes guías gastronómicas, ni dejamos impasibles al turismo que viene a visitarnos.

Tu apuesta por los Habanos: Mejor habano sumiller del mundo...¿ te dejan desarrollar este logro con la Ley sin humo?
Una ley puede hacer que se cambien conductas, pero no que desaparezcan convicciones. Afortunadamente he podido desarrollar mi trabajo como HabanoSumiller durante años, antes y después de mi premio. Es evidente que ahora no enciendo Habanos en Vuelve Carolina, pero sigo disfrutando de ellos. Ahora me nutro más con el conocimiento, con mis cursos, sigo charlando con mis clientes de cigarros, y por supuesto sigo fumando y sigo defendiendo la posibilidad de tener espacios adecuados para que la gastronomía no se mutile de la forma en que se ha hecho.

Como docente ¿Cómo ves la nueva cantera de jóvenes inquietos?
Prometedora. Dará frutos importantes. En cada edición de cursos en la que participo, siempre veo algún alumno con una sensibilidad especial o un modo particular de comunicarse y relacionarse con los vinos y demás productos, con una metodología de trabajo donde prima la emoción y se deja a un lado el coste del esfuerzo. Me divierte hacer apuestas internas porque sé que con el tiempo oiré hablar de ellos, y cuando ocurre, no puedo evitar sonreír y pensar..."lo sabía, sabía que eras grande".

Por qué plaza a nivel geográfico te decantarías como lugar de grandes posibilidades de desarrollo para un sumiller?
Estoy en Valencia. Decidí quedarme aquí. Nunca se sabe hacia dónde te vas a encaminar, pero creo que son las personas las que pueden hacer grande una plaza, aunque no se puede negar que algunas facilitan el trabajo. El desarrollo de un sumiller depende de él mismo, por muy buena plaza que tenga, si no torea bien, acabará cogiéndolo el toro.

¿Tu cliente favorito?¿El peor?
Bromeas? Un cliente es un regalo. No creo que haya clientes buenos o malos, hay clientes que entienden más o menos lo que hacemos y lo que ofrecemos en nuestros restaurantes. Los clientes son personas con perfiles tan diversos como nuestros amigos, familiares, vecinos. Considero que el error está en enfadarse cuando un comensal nos evidencia que algo no le gusta o no está de acuerdo, porque es respetable. Sería distinto si en vez de interpretar esto como quejas o ataques, lo hiciéramos como simples opiniones. Desde mi punto de vista, instintivamente, cuando se percibe agresión, se responde con agresión. Ahora bien, lo ideal sería que estas opiniones se manifestaran siempre con el máximo respeto y con las formas adecuadas.

FUENTE: www.chefsbook.es



www.vuelvecarolina.com

www.quiquedacosta.es



miércoles

10 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Reinterpretación de la obra La Gioconda
TANIA CASTRO
Homenaje a la patata en una reinterpretación de la obra La Gioconda, de Leonardo da Vinci.


31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Remedio contra la hambruna

ALFREDO ARGILÉS

Quién supondría, mientras degusta una sutil patata a la muselina, hecha puré y dulcemente mezclada con mantequilla, huevos y nuez moscada, o cocida y vaciada, y rellena de cangrejos, y bañada en una salsa bechamel reforzada con sabores a marisco -en magistral fórmula que toma su apelativo del famoso duque del mismo nombre- que pocos siglos antes la vulgar patata fuese pasto de los cerdos y de las más humildes gentes, y que su falta -por grave y contagiosa enfermedad- supondría una de las hambrunas mayores de las que se tiene recuerdo.
Con su feo aspecto ha sido capaz de relevar al nabo alimenticio
Sucedió en la Irlanda de mediados del antepasado siglo, cuando la importancia alcanzada por el tubérculo para la alimentación de algunas regiones de Europa era capital, nunca soñada por aquellos que la trajeron casi como curiosidad desde su América natal. La plaga de roya -el hongo Phytophthora infestans- se hizo presente y arruinó las cosechas en un momento en el que no existían los cereales salvadores de antaño. Fue la muerte y desolación, ya que la población disminuyó en más de dos millones de personas.
Primero dicen que fue la colocasia, producto tropical de notables semejanzas -quizás antecedente de la papa andina- de la que se proveyeron los peruanos desde tiempo inmemorial, y después ya el conocido tubérculo, el que por más de siete mil años fue indispensable fuente de supervivencia: "La mitad de los indios no comen otra cosa", decían los conquistadores hispanos cuando invadieron las altas tierras de los Andes.
Y es que la que llegó a ser llamada trufa por nuestros antecesores ha salvado la vida a mil generaciones de la humanidad, con su feo aspecto y su monótono sabor ha sido capaz de relevar al todopoderoso nabo alimenticio de nuestro Medievo, a la imprescindible col que conformó el choucroute de los pueblos germánicos hasta hace pocos siglos, y hasta al todopoderoso trigo cuando las cosechas del cereal así lo obligaban.
Cuarto producto en la producción mundial agrícola, no se hace noble y gastronómico hasta que no cae en manos del Viejo Mundo, que lo sofistica hasta el primor después de haber desempeñado su labor alimentaria. Pero antes tuvo que intervenir Antoine Parmentier, que sacó la patata del ostracismo que la había ocultado al mundo por el temor que inspiraba su consumo, ya que se consideraba producto venenoso. La preocupación a mediados del siglo XVII por la alimentación había propiciado por parte de la Academia de las Ciencias francesa un concurso con el sugestivo título de: Para la búsqueda de una sustancia que pueda atenuar las calamidades de la hambruna, que fue ganado por el agrónomo al que hacemos referencia, que llegó a plantarlas en los terrenos que el rey le había concedido para sus experimentos, logrando de esta suerte el favor popular y el nobiliario. Los ejércitos se alimentaron de patatas, imitando así a los campesinos, que las consumían a placer. Desde entonces, civiles y militares nos inflamos a comerlas.

TANIA CASTRO

Días estupendos

TANIA CASTRO
Hoy es uno de eso días estupendos en los que te sientes feliz mirando durante horas tu pie izquierdo. Ese tipo de días en los que caminar por la orilla del mar parece romántico, único, especial. La niña con braguitas de volantes, el pescador con su sombrero, la señora madura y atractiva con el pelo al viento y la luz del Mediterráneo. Un cuadro de Sorolla delante de nuestros ojos. Hasta estas orillas también ha llegado el arte contemporáneo. Bellos y bellas Botero. Adolescentes con bikini y cara a lo Warhol. Cuerpos esculturales dignos de ser retratados por Helmut Newton. Parejitas que parecen sacadas de una viñeta de Jordi Labanda, asiáticos de Juan Muñoz que no hablan pero sí sonríen. Y en mi locura marina juro haber visto a una abuelita con una enorme barra de pan que me recordó a mi adorada Louise de Bourgeois con aquel enorme pene bajo su brazo. Uno de esos días que piensas en mimarte y te acercas al mercado. Compras uvas regordetas y moradas, pescadito fresco con receta incluida. Buena gente la del mercado. Y el mercado, nuestro monumental Mercado Central. Da igual las veces que vayas, siempre resulta espectacular. Pico cebolla, rodajas de tomate, ajo, albahaca y añado el antojo del día. La vida es dulce y por alguna razón parece que la felicidad pasa siempre por la mesa.


EL APERITIVO DE

Va de uvas la cosa; también de 'nyesples'

Soy un hombre de pocas costumbres fijas, nada me domina si lo puedo evitar. Lo del aperitivo no casa mucho conmigo, un término muy formal para mi escaso apego al horario. Como mucha fruta, a todas horas. Estos días estoy en Murano, muy cerca de Venecia. Trabajo el cristal de la zona para mis piezas y vivo la mayor parte del día entre hornos a 1.300 grados. En esta situación, no hay bocado mejor que la fruta. El otro día me llevaron a Venecia y me acerqué al Erbaria, el mercado de la fruta. ¡Me compré una sandía melona...! Me pasé el día comiendo sandía. De todas formas, cuando estoy en casa, prefiero la uva. Me gusta toda la fruta, la de temporada, pero si tengo que decir una, la uva. Me apetece siempre que esté fresca. ¡Me la como como los pajaritos que van picando la primera fruta que llega! En casa tengo suerte. Tengo melocotoneros, manzanos, perales. Tengo matas de fresas y de frambuesas. Tengo hasta un árbol de nyesples. Es una fruta rara, difícil de encontrar. Su sabor resulta áspero, agridulce. Si te la comes un poquito verde, no te cabe la lengua en la boca. Lo curioso es que no madura en el árbol. Tienes que tomarlas cuando están coloradas y dejarlas sobre un paño seco a la sombra, así maduran bien.
Siempre he sido muy austero. Me gusta pasear por mi mas y coger la fruta de los árboles. No me gustan las grasas, apenas como una vez al día y ya tengo 80 años. ¿El truco? Comer lechuga como una cabra y beber aceite de oliva a tragos. De aperitivo o de lo que sea.
Juan Ripollés es escultor.


QUIQUE DACOSTA

Patatas fritas

QUIQUE DACOSTA
¿Patata? Como usted quiera, pero que no le quede cruda. Creo que es de las peores sensaciones que uno puede tener al enfrentarse a un plato que lleva patata. Un suquet con la patata encallada o dura, o una tortilla de patata, o una ensaladilla rusa. Ufff qué mal. Mi elaboración favorita con unas patatas son, sin lugar a dudas, las patatas fritas, y a tenor del éxito popular, no soy el único. Eso sí, jugosas por dentro, bien doradas y sin grasa. Punto de sal equilibrado, fantástica elaboración.
Otra cosa que estamos haciendo con un tubérculo en mi restaurante es una sopa fría de chufas, sin azúcar, para un plato salado. Hacemos una horchata que tras triturarla y tamizarla en un termomix emulsionamos con calor. El calor hará que la fécula espese y dé una consistencia singular a la horchata, que nos permite emulsionar con algo de aceite de oliva.
Eso sí, rápidamente a enfriar y servir. Nosotros la acompañamos con unas trufas de foie, usted en casa no es necesario que haga esa elaboración enrevesada, pero sí puede cortar cinco daditos por plato de foie gras, una escama de sal encima de cada dadito y cinco gotas de aceite de trufa negra al lado del foie gras.

FUENTE: ELPAIS
www.quiquedacosta.es

martes

feliz 25 aniversario a mis amigos



















El restaurante El Celler de Can Roca cumple este mes 25 años en un "momento dulce" y de "sueños cumplidos".

Hijo de propietarios de un pequeño restaurante en un barrio obrero de las afueras de Gerona, Joan Roca siempre supo que quería ser cocinero, por lo que estudió hostelería, sin imaginar que el éxito llegaría de la manera más contundente con los años. "Nos sentimos muy afortunados de vivir el momento fantástico de la gastronomía en nuestro país, ser cocinero ahora es maravilloso", apunta.

En mi nombre y en el de todo el equipo de Quique Dacosta Restaurante queremos transmitiros nuestra más sincera enhorabuena por estos 25 años de luz. Un ejemplo de gastronomía. Gracias.



Vuestro amigo, Quique.

9 agosto 2011. Pagina de Gastronomía.



Homenaje al dátil en la obra Maquiavelo, de Santi di Tito.
TANIA CASTRO

31 PRODUCTOS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Cereal árabe
ALFREDO ARGILÉS
Los seguidores del código de Hammurabi, en general hijos de Mesopotamia, estaban al corriente por los escritos de su rey de que los dátiles tenían dos especiales utilidades: se comían y también se bebían, convertidos en alcohol según las técnicas cerveceras de la época. Pero ante todo los comían, en especial los dioses, que según cuentan consumían con inagotable apetito los 450 litros de estos frutos que recibían todos los días de sus fieles. Anu, Antu, Ishtar y Nanaia, deidades todas residentes en el magnífico templo de Uruk, se solazaban con su dulzor, aunque sin duda alguna parte de la dádiva la comerían sus fieles sacerdotes. Así lo señalan las tablillas seleúcidas, que es tanto como decir la crónica de los hechos acaecidos tras el imperio de Alejandro Magno.
El dátil es a la cultura árabe lo que los cereales a la nuestra
Debían estar orondos los dioses y las diosas, y sus servidores, habida cuenta del alto contenido energético del producto en cuestión, que era capaz de alimentar a un beduino durante tres días con la sencilla fórmula de comer un día la piel, al siguiente la carne y el tercero el hueso, de forma que con ligero equipaje podían desplazarse los señores del desierto a la búsqueda del oasis perdido. Eso refiere la historia o la leyenda, que tanto da.
No es lo mismo, pero sí es igual: el dátil es a la cultura árabe lo que algunos cereales a la nuestra. Los habitantes de aquellos lugares lo tienen en un pedestal ya que logró sacarlos del atolladero de las hambres cuando debían desplazarse a través del desierto contando con sus solas fuerzas más la leche de sus rebaños... y los duraderos dátiles. En Persia los adoraron, en Arabia Saudí los comieron como base de su sustento, y en Egipto, adonde llegaron por la ruta que viene del Paraíso Terrenal, se tomaban como fruta y fuente de dulzor, por lo que nunca se olvidaba situarlos en las cámaras funerarias, por si en la larga noche de los tiempos el difunto tenía un antojo.
La cocina árabe, y como consecuencia la hispana dependiente de aquella cultura los utiliza sin pudor, tanto en platos dulces como salados, teniendo estos como paradigma el Hutbu-Etob marroquí, que aglutina en un mismo ser los pescados y su relleno, que no son otros que los dátiles. Admírese la receta que nos describe Alan Davidson en su libro de cocina del mar Mediterráneo: tómese una saboga -casi un sábalo- muy grande y vacíela de sus vísceras, rellene unos dátiles con sémola, almendras picadas, azúcar, mantequilla y jengibre. Introdúzcalos en el cuerpo de la saboga, para ser asados juntos y comidos uno al lado de los otros, bien espolvoreados con canela.
En nuestro entorno los tomamos solos o en compañía de otros frutos de su estilo, a no ser que nos decantemos por la solución de cocerlos en cerveza negra. Exótico aperitivo para integrar las culturas sajona y mediterránea Porque dice la ciencia, y la tradición, que nuestro palmeral de Elche sobrepasa en antigüedad a las invasiones que vinieron del sur. Fusionemos su gastronomía con el norte.


EL APERITIVO DE Carmen Calvo.
Jerez y la tela del pintor

Recuerdo con cariño el café licor que preparaba, de modo artesanal y casero, el señor Paco, oriundo de Alcoi y padre de mi amiga Aguas Vivas. Lo obtenía por la maceración durante unos días del café con el alcohol. Lo guardaba en botellas y lo servía fresquito acompañado de unas aceitunas. Siempre visito el rastro de las ciudades en las que me encuentro. Hace cuarenta años en Valencia se montaba en la calle del Palau. Cada domingo nos encontrábamos un grupo de amigos y después de nuestras excavaciones arqueológicas de papel, revistas y objetos nos dirigíamos, con todos nuestros trastos, a una tasca situada en la misma calle. La oferta no era demasiado plural y nuestro bolsillo tampoco podía permitirnos muchas exquisiteces. Así pues, recurríamos a una tortilla de patatas regada con un chatito de vino. La cerveza llegaría más tarde. El vino, con su color y textura, los racimos, las hojas de las vides y las bacanales que provoca están presentes en las telas de los grandes pintores como Caravaggio, Rubens, Velázquez, Poussin o Picasso. Como la pintura, necesita su tiempo y su reposo. Para un buen aperitivo elegiría un Jerez. Prefiero un fino seco o la manzanilla, pero también el amontillado y, según las ocasiones, el Pale Cream. Dicen que se fabrica desde el 1.100 a.C., que viajó, cruzó los mares, llegó a América y fue disputado por Inglaterra. Me encanta tomarlo frío en un espacio íntimo y agradable como El Tossal, junto
Carmen Calvo es pintora.

Cuestión de edad
TANIA CASTRO
Espero. Sí. Su aroma, su tacto suave, agrio, amargo. Lento, deslizándose por mi lengua. Un minuto, un segundo y todo el placer derramado en mi boca. Cierro los ojos. Recuerdo todo lo que he leído sobre este instante. Nada me convence. Nada me satisface. Nada lo describe con suficiente profundidad. Prometo que he intentado ilustrarme lo suficiente para no actuar sin conocimiento de causa. Prepararlo todo como corresponde. Tomarme mi tiempo. Darle el suyo. Pero nada como vivirlo en carne propia. Y mientras disfruto más allá de lo admisible pienso en su historia. En todos los océanos que ha cruzado. Los climas adversos. Crueles e injustas negociaciones pero siempre fiel a su propósito, sobrevivió. Para todas y cada una de las mañanas hacerme feliz. Alguna que otra tarde y cuando me pongo el mundo por montera, ¡hasta alguna noche! Es cada vez más adictivo. He intentado dejarlo mil veces, todas han sido inútiles. ¡Practicarlo y practicarlo! Da igual que sea nacional, africano, americano, solo o en compañía. Con nata, inundado de alcohol o todo un clásico: con leche. Tengo viejos recuerdos en los que me decía a mí misma: qué horror, esto sabe fatal. Pero crecí y ahora no puedo vivir sin él. ¿Será una cuestión de edad tanta perversión? Una taza de café y el mundo puede empezar a rodar.

Dátil con almendra
QUIQUE DACOSTA

En el Huerto del Cura en Elche aseguran haber inventado en su día el dátil con almendra y beicon. Y es más que posible. Dátiles justamente no faltan, y almendras, tres cuartos de lo mismo. Contaban con un chef francés en el hotel entonces, lo cual era garantía de gastronomía, y así surgió una de las tapas más conocidas de nuestra tierra. Como la Gilda en versión semi-dulce. Los dátiles a mí me encantan, y más los frescos. Como legumbre son poco conocidos, y es ahí donde reside el alma de este fruto, aromáticamente, gustativamente y en sus texturas. Los he comido con sabor a aceituna verde, café, amargos, torrefactos, sésamo negro. Santiago Orts se encarga de que así me lleguen. Somos una tierra donde el sol ha hecho que nuestra gastronomía sea aún más plural. El sol nos secó dátiles, uvas, higos, tomates. El sol del que hoy hacemos bandera ya era una fuente de energía y de cocción para bien de nuestras despensas. Unamos dátiles frescos, con pasa y salazones, encontrando contrapuntos gustativos (sal, azúcar, dulce-ácido, sal-acidez, amargo, yodo), y hagamos como el dátil con almendra y beicon, nuestra tapa de bocado mítica...

FUENTE: ELPAIS.